El Papa y la Rosa

El Papa Juan Pablo II saluda al presidente cubano Fidel Castro el 21 de enero de 1998 después de que el líder de la Revolución diera su discurso de bienvenida en el Aeropuerto Internacional José Martí, en La Habana. Foto: Estudio Revolución
Esta estampa, obviamente, es un homenaje al Papa Juan Pablo II (Hoy San Juan Pablo II) al cumplirse 25 años de su visita a Cuba, y a mi entrañable y nunca olvidada Rosa Fornés.
Cuando el Papa Juan Pablo II nos visitó en enero de 1998, el país se cargó de una euforia pocas veces vista. Esto que afirmo es desde mi modesto punto de vista.
En el plan de “actividades” que prepararon para el Sumo Pontífice el Vaticano y el Gobierno de Cuba, se contempló un encuentro en el Aula Magna de la Universidad de La Habana entre su Santidad y un pequeño grupo de artistas e intelectuales, que en mayor o menor medida, tuvieran relación con la iglesia católica. Estaban también, porque el revoltijo cubano es así, representantes de otras denominaciones religiosas, todos reunidos bajo el manto del ecumenismo.
En la tercera fila, a la derecha del camino que separa un ala de la otra en el magno salón, nos sentamos en este orden: Nisia Agüero (eminente y admirada promotora cultural) junto al pasillo —era por tanto la que estaría más cerca del Prelado cuando hiciera el paseíllo hasta la Presidencia—, a su lado la gran cantante Omara Portuondo, junto a ella, el declamador Luis Carbonell, quien se recuperaba por entonces de un problema de salud y estaba muy débil; luego, Rosa Fornés, nuestra vedette por excelencia, junto a Rosa yo, y después de mí los queridos escritores, Cintio Vitier, Fina García Marruz y Miguel Barnet.
Nos pidieron que estuviéramos allí, por cuestiones de seguridad, ¡cuatro horas antes del encuentro! Como todos nos conocíamos y algunos éramos amigos, se creó un agradable ambiente de cordialidad. Yo estuve hablando largo y tendido con la Fornés, siempre tan agradable, simpática y espontánea, a quien siempre consideré como otra madre.
Los temas se fueron agotando y la ansiedad crecía al compás de las horas, los minutos, los segundos.
De repente nos envolvió una música celestial que emergía del segundo piso, era el Salve Regina de La Misa a La Virgen de La Caridad del Cobre del Maestro José María Vitier en las voces del coro Exaudi. Acto seguido ingresaron al recinto miembros del Colegio Pontificio y purpurados cubanos, además de miembros del gobierno. Más tarde entraron por la puerta principal, nuestro Comandante en Jefe y su Santidad, todos nos pusimos de pie entre aplausos. El Papa quedaba de nuestro lado. Entonces Rosa, motivada por un instinto religioso apasionado, verdadero, y sin medir la distancia que la separaba del Pontífice, decidió besar su mano, se lanzó sobre Carbonell alargando el brazo, éste trastabilló y empujó a Omara, quien a su vez chocó contra Nisia que intentaba contener la avalancha apertrechada entre las dos filas. Rosa quedó en equilibrio con una pierna en mis brazos y la cabeza extendida con la mano del Papa en sus labios. Yo no encontraba manera de enderezar semejante dominó, pero logré sostener a Rosa de la cintura, agarré el cuello del saco de Carbonell para que se incorporara, Omara, que era muy ágil, se enderezó como una pluma y Nisia respiró indicándonos, con autoridad, que nos tranquilizáramos.
Ya todo compuesto, le dije a Rosa, que estaba llorosa por la emoción: “¡Madre, tienes el rímel corrido!” Entonces ella, mirándome seria y asombrada, olvidando soberanamente la inestabilidad provocada por su cristiano desafuero, sacó de la cartera un pequeño espejo, se recompuso y me dijo sedada y señorial, como si nada hubiera ocurrido, como si aquella locura momentánea no nos mantuviera con una carcajada contenida a los que disfrutamos de la escena “Bueno, ahora ya estoy lista para escuchar a Su Santidad ¿Cómo me veo, Amaurito?”-Bellísima, madre, como siempre.
Con un audio insuficiente y la frágil voz del jefe de la Iglesia Católica, no entendimos casi nada, pero de alguna manera el Papa logró que nuestras almas se sintieran en paz. Recuerdo esa tarde con especial estremecimiento.

Rosita Fornés. Foto: Peti.
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Formidable vivencia. Gracias por contarnosla, muy simpática.
QUE BUENO ERES AMAURY, LEO TODO LO TUYO Y CÓMO ME HACES REIR. TIENES EL DON DE LA COMUNICACION. FELICIDADES
Muy simpática la crónica, como siempre!!!
Verdaderamente tienes el don de comunicar como tu adorable madre.... Gracias por compartir esta vivencia tan peculiar
Recientemente Nicaragua rompió relaciones diplomáticas con el Vaticano pero la prensa revolucionaria parece no enterarse.
José: Como usted comprenderá ese asunto no tiene nada que ver conmigo y mucho menos con mis crónicas. Le saludo.
Amaury no escuches estos comentarios cargados de anacronismo. Por cierto yo vivi toda la visita de juan pablo el mejor papa sin dudas
Oro, mejor regresas a Cuba para que te sientas a gusto y mas relajado.
No sé cuál disfruté más, si la crónica o si la respuesta de Amaury.
Profesor Oro,......¿que tiene que ver una cosa con la otra?........gracias.
No creo que esto lo haya escrito el Profesor Oro. De todas formas, el podrá argumentar como bien lo sabe hacer.
Qué anécdota más divertida y bien escrita. Felicito a Amsiry
Gracias por compartir tanta cubania en esa crónica de la visita del papa, como nos tienes acostumbrado con tu inteligente pluma y a la vez tocado de tanta gracia narrativa.
Se le extraña compadre, vendría bien volver a verte en la tv o prensa cubana...
Saludos Amaury extrañamos tus amenas anécdotas y comentarios. Con un pueblo que te quiere, basta.
Bueno, menos mal que nadie de la seguridad se interpuso en su intrépido beso.
Yam es que fue todo MUY rápido!!!
Abrazos
Jajajajajajaja. Buenisima la anécdota. Es que somos lo máximo. Jajajajajajaja
Me encantas Amaury Pérez, no dejes de escribir anexo cómo estás !!!’
Simpatiquísimo. Me imagine la escena cómica y los rostros asombrados y casi severos de Carbonell y Nisia. Como hubiera dicho la protagonista de la novela brasileña de turno: "Organízate Rosita!"
Gracias por los cuentos, Amaury.
Saludos
Lo siento mucho pero no he podido dejar de reirme. Gracias
Muchas gracias Amaury tus escritos siempre son amenos, agradables e interesantes, que rico si los haces más frecuentes.
Estimada Lourdes: Son una vez a la semana. Los martes. Le saludo.
Querido Amaury, gracias; me has sacado lágrimas.
Linda historia,,, de seguro tienes muchas más.
Amaury, un esfuerzo y de ves en cuando publica estas historias.
Y..... cuando piensas aparecer en TV???,,, compadre, hasta las cuantas contigo,,,, vamos,, te esperamos.
tas haciendo tus reflexiones Amaury?
Claroooooo!!! Eso me consume una tremenda cantidad de tiempo, pero ahí voy. Saludos.
Gracias miles por tu anecdotario estremecedor. Una ovación para ti.
Esos son nuestros artistas. Gracias Amaury por tu bondad
Me enanta es particular forma de narrar. Bonita y emotiv anècdota .
Se le extraña Amaury !! Ojala pueda estar en el mismo proyecto o alguno nuevo , de 1 hora de duracion como minimo.
Nadie se da cuenta que Programas asi es lo que necesitamos??????? Debemos utilizar el presupuesto en programas que verdaderamente valgan la pena", pero entonces eliminamos los que gustan y aportan y mantenemos los que no le importan a nadie.
Gracias Amaury. No paro de reir.
Éste es el Amaury que me gusta. El cronista. Siempre lo logra.
Simpático como siempre.Te quiero Amaury.Mucha salud y no dejes de escribir.
Amaury, que filita esa, tenía una constelación de estrellas de la cultura nacional.
Rosita como siempre genial y original.
Ricardo: Rosa es, no fue, de las grandes de verdad!!l Le saludo.
... y me falto agregar algo que caracteriza a los verdaderamente grandes, su sencillez.
Un abrazo
Rosa, genio y figura, hasta la sepultura...
Bellísima cronica,admirable,mis saludos y bendiciones Amaury
Amaury, gracias. No soy ni religioso ni creyente y te pido disculpas por la confesión. Pero qué bien lo que cuentas, más que bien, bueno en la más alta acepción de la palabra. Qué mezcla de idiosincrasia, respeto y amor. Te admiraba como músico, compositor, cantante y comunicador. Lo que no sabía era de esa gracia natural que te acompaña como cronista. Gracias otra vez. Y por favor, no dejes de escribir.
Me sumo al comentario de Luis Raimund. ¡Ah! y comencé a guardar estas tus nuevas crónicas, como guardé aquellas otras de tu visita al Vaticano, ZR y Aznavour, etc. Constituyen una buena terapia antidepresión, ¡qué humor el tuyo! Gracias a tus padres, que te trajeron con nosotros... un beso, Reglita
Y.....¿no tendremos nunca mas a otros CON DOS QUE SE QUIERAN.........?
Que agudeza para fundir un hecho histórico con una anécdota humorística. Gracias Amaury.