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Notas necesarias sobre el intercambio cultural reciente entre Cuba y los Estados Unidos

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Aldo López Gavilán. Foto: Archivo

Desde inicios del presente mes de mayo hasta los primeros días del venidero junio, se desliza el 3er aniversario del Festival Artes de Cuba, celebrado en el Kennedy Center[1], principalísima institución cultural de la capital estadounidense. Durante aquellos días del 2018, una representación de 427 artistas, intelectuales y promotores de la cultura cubana formaron parte de complejo programa de presentaciones que abarcaron desde las artes pláticas y el cine, hasta el teatro y el ballet. Más de 100 de aquellos cubanos viajaron a Washington DC desde sus actuales lugares de residencia fuera de la Isla.

Con un año de antelación, especialistas de la entidad estadounidense y diversas instituciones culturales en Cuba estuvieron tejiendo un sueño, que finalmente fue garantizado por una exquisita logística que tuvo que cubrir el traslado y la instalación de obras plásticas monumentales,  la proyección de sobretítulos, ensayos, transporte y también la gestión de visas para más de 250 personas en consulados fuera de Cuba, pues ya la oficina del Departamento de Estado en La Habana no prestaba servicios.

Durante las dos semanas concebidas para varias manifestaciones y una dedicada completamente al ballet, más de cien mil personas disfrutaron de una u otra manera del espectáculo, mientras alrededor de unas veinticinco mil compraron entradas en espacios cerrados. Todos los días de las primeras dos semanas culminaron con la celebración de noches cubanas en el último piso de la majestuosa instalación, donde sucedía una mezcla única de público, con artistas, críticos, personalidades locales, extranjeros residentes y diplomáticos.

Esa mezcla de experiencias intensas fue a lo que la Presidenta del Centro Deborah Rutter calificó desde sus inicios como “una gran celebración cultural”, en la que posiblemente su principal logro fue que en el diálogo entre admiradores y admirados no hubo una frase explícita sobre cuestiones políticas, ni para el bien o el mal de la relación bilateral. No obstante, hubo reconocimientos a lo evidente, como cuando el jazzista Arturo O´Farrill interrumpió su presentación para acercarse al micrófono y decir: “las autoridades cubanas merecen crédito por plantar escuelas de cultura en todas partes y mucho antes de que un niño reconozca su talento ya está en una de esas escuelas”, y agregó, “en Estados Unidos creemos que otros países tienen necesidades, cuando realmente somos nosotros los que tenemos necesidades”.

En aquellas jornadas la gente común y los expertos, sin necesidad de traducción, se acercaron a los escenarios a consumir mensajes de la cultura de un país que, siguiendo la sabiduría de Martí, había conocido todas las influencias, para construir su propia imagen hacia el mundo. Se percibieron las influencias mutuas y las construcciones conjuntas entre iguales. Jamás podrá olvidarse los rostros de jóvenes estudiantes cuando, al ser presentado un breve documental sobre la obra y la vida de la gran Alicia Alonso, fueron sorprendidos por la noticia de que ella estaba allí en el público.

Los especialistas del Kennedy Center habían organizado durante años eventos internacionales y festivales temáticos, pero cuando Artes de Cuba concluyó había quedado la impresión en más de uno de ellos de que ayudaron a construir algo único e irrepetible. No solo los espacios se repletaron y las entradas se agotaron, sino que el público había llegado a construir una relación personal y directa con actores, bailarinas, cineastas, pintores, expertos, con gente muy sencilla y amable, pero también muy orgullosa de sus raíces.

Para mayor repercusión, la empresa Google dispuso de las condiciones y de los recursos técnicos para trasmitir en directo hacia Cuba una pequeña parte de lo que acontecía en cada sesión, por lo que los escenarios se extendieron a once millones de cubanos en la Isla, al menos de manera simbólica.

A pesar de correr el riesgo de que un dato de archivo lo desmienta, muchos observadores aseguraron entonces que se trataba del mayor espectáculo de cultura cubana que se había producido en el exterior hasta la fecha. Sea ello verdad o no, lo cierto es que no era un suceso aislado.

Durante años anteriores y muy a pesar de las medidas coercitivas unilaterales de Estados Unidos contra Cuba, artistas e intelectuales cubanos habían viajado a aquel y país y habían recibido a sus contrapartes en la Isla, bien como invitados personales, como participantes en un evento oficial, o como parte de intercambios entre instituciones. La mayor parte de los cubanos que fueron a espacios estadounidenses lo hicieron literalmente por amor al arte, ante la imposibilidad de cobrar honorarios por sus presentaciones.

Pero lo singular de Artes de Cuba era que se trataba de una presentación masiva de cultura cubana en momentos en que se daban las peores condiciones políticas para ello. Sucedía bajo el gobierno de Donald Trump, cuando ya se tomaban una medida tras otra para afectar las relaciones bilaterales, limitar los intercambios entre ciudadanos comunes y establecer una matriz de opinión negativa contra la Isla. ¿Cómo aquello estaba sucediendo?, ¿era una muestra de la supuesta libertad de expresión de la que EE UU presume, o una contradicción inevitable con la política oficial?

Pero es que aquel no era un hecho aislado. Se había producido al menos otro antecedente significativo también bajo la sombra de Trump. En abril del 2017 una representación de 150 cubanos residentes en la Isla viajó hasta New Orleans, Luisiana, para participar como país invitado en el mayor y más importante festival de Jazz de los Estados Unidos. Los músicos cubanos, acompañados por artesanos y otros creadores se mezclaron por quince días con el público local y visitante. Cuando la Conga de los Hoyos de Santiago de Cuba dejó escapar su sonoridad en la inauguración del evento hizo que cada cual olvidara su nacionalidad, pero a la vez que todos recordaran por qué las naciones del arco del Caribe y pueblos del Sur de Estados Unidos mueven el cuerpo de manera similar ante ritmos específicos.

El festival sucede en un vasto espacio con diversos escenarios. El país invitado tiene su propia carpa techada al centro de todo lo que sucede allí. Resultó un espectáculo especial que cuando comenzaba una actuación en vivo de los grupos cubanos una gran masa humana se desplazaba hacia un mismo punto sin previo aviso, pero sintiendo una gran atracción. Cuando la música se detenía, la misma masa regresaba a sus puestos anteriores como despertando de cierto hipnotismo. New Orleans reciprocaba sin saberlo a la acogida que cada año daban los artistas cubanos en el Festival de Jazz de La Habana a los talentosos músicos estadounidenses de aquella ciudad.

También en el mes de abril, pero del año precedente, había viajado a la capital cubana una representación de la Comisión Presidencial de Artes y Humanidades de los Estados Unidos. Encabezada por su Presidenta y contando entre sus miembros al Secretario de la prestigiosa Smithsonian Institution[2], la delegación se propuso identificar y ampliar canales de comunicación entre los creadores de ambos países y propiciar su presentación en los escenarios de cada parte. Ya sin tiempo para ajustar una multitud de detalles, los funcionarios estadounidenses intentaron garantizar la presencia de Cuba como país invitado al Folklife Festival que organizaba cada año en el verano la Smithsonian en el llamado National Mall de la capital estadounidense, en el que solo durante 10 días del verano se agolpaban como promedio millón y medio de espectadores. Aunque tal participación no pudo concretarse, la Comisión otorgó uno de sus premios del 2016 a la compañía cubana de baile de Lizt Alfonso, teniendo en cuenta sus resultados artísticos y la formación de nuevos talentos, en ceremonia celebrada en la Casa Blanca en noviembre.

Fueron innumerables las presentaciones de artistas cubanos en auditorios estadounidenses durante aquellos años. Importantes instituciones en Los Angeles, Chicago, New York y otros polos de cultura en Estados Unidos acogieron a la danza, la música, el teatro y las artes plásticas de la Isla. Los creadores y las instituciones estadounidenses continuaron acompañando las acciones de acercamiento bilateral, aún cuando las condiciones políticas ya no fueron propicias para ello.

Viengsay Valdés en el Kennedy Center. Foto: Martha Andrés Román / PL

Un momento trascendente en el programa bilateral desarrollado por el Presidente Cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez, durante su participación en el segmento de alto nivel de la Asamblea General de Naciones Unidas (AGNU) en noviembre del 2018, lo constituyó un amplio intercambio con importantes figuras de la cultura estadounidense, que tuvo lugar en la ciudad de New York. Alejados de todo formalismo, los asistentes nuevamente repasaron logros y expectativas, con la confianza de que eventos como el Festival de Cine cubano anual de dicha ciudad constituyen espacios de acercamiento que se deben defender.

Aún en una situación de mayor deterioro de la relación bilateral entre Cuba y Estados Unidos en noviembre del 2019, también en el marco de las actividades de la AGNU, el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla tuvo un amplio intercambio de opiniones con gestores culturales estadounidenses, explorando entre otras iniciativas la viabilidad de articular estructuras binacionales que, entre otras cuestiones, ayudara a creadores de ambas orillas a sortear el efecto de aquellas normas que imposibilitan una mejor relación y a promover la obra de todos en un plano de igualdad.

Al parecer estos hechos pesaban como templos sobre los sueños de aquellos que se proponían cortar cualquier tipo de vínculo entre ambas naciones y se empeñaronen  hacer aún más difíciles los intercambios a cualquier costo. Ya en ese momento era un calvario para los artistas cubanos obtener visas para cumplir con compromisos en Estados Unidos, mientras que para los creadores estadounidenses fue cada vez más difícil encontrar un asiento disponible en vuelos reducidos por la Casa Blanca una y otra vez hasta casi llegar a cero y con un solo destino en Cuba.

Entonces, en la única ciudad estadounidense donde los políticos hacen carrera y fortuna atacando a Cuba sobrevino una decisión del concejo de gobierno local, por la que se prohibía que se invitara a espectáculos locales (básicamente cabarets y tarimas temporales) a artistas cubanos que tuvieran “nexos con el régimen”. A pesar de ser la capital del odio anticubano, Miami se había ido convirtiendo poco a poco  durante casi 30 años en un destino para músicos cubanos, que eran atraídos por una audiencia que reclamaba la calidad de la cultura que conocieron en la Isla y que no encontraban en su nuevo lugar de asentamiento. Dicha decisión se hizo valer en el concierto al aire libre organizado para despedir el año 2019, en el cual se eliminaron del programa a aquellos artistas que no estuvieron dispuestos a hacer declaraciones públicas contra el gobierno cubano.

La mayoría de los músicos cubanos que usualmente viajaban con dicho destino comenzaron a desviar sus presentaciones hacia todos otros espacios de la geografía estadounidense donde es apreciada la cultura cubana con mayúsculas. Con la llegada de la pandemia del COVID19 aquellos se empeñaron además en llevar lo mejor de sí a toda Cuba por vía presencial o virtual. Pero un pequeño número sucumbió ante el empuje mercantil.

A partir de entonces una campaña de ataques irrespetuosos contra creadores cubanos, que es imposible instalar en los grandes centros culturales estadounidenses, se desplazó sobre las redes sociales con financiamiento federal estadounidense y utilizando medios y plataformas que habían sido programados desde la época de los fallidos intentos de Zunzuneo y Piramideo[3]. El aparato de fabricación de disidentes de la USAID y la NED entregó dinero a individuos sin ninguna obra cultural reconocida en Cuba o en el exterior, para que posaran como víctimas y ciertos medios de prensa que tienen deudas con el Departamento de Estado y otras agencias redondearon la campaña magnificando “movimientos” de personas aisladas y de otros que fueron víctimas de la confusión.

En momentos en que no se produce casi movimiento humano entre Cuba y los Estados Unidos, y que es difícil conocer la realidad cubana de primera mano, estos voceros pretenden dar fe sobre “ataques contra la cultura y artistas cubanos” que son inexistentes y fácilmente refutables con toda la obra común que se ha explicado antes y en otros momentos. El COVID19 ha sumido a parte del planeta en la realidad virtual. La pandemia ha llevado a algunos de nuevo a la creencia del “ya viene llegando” y a los sueños de destrucción del modelo cubano de los años 90.

Si situamos la “carrera detrás de los bueyes” como decían nuestros ancestros, podremos concluir que los vínculos culturales entre Cuba y los Estados Unidos son de una magnitud tal que no pueden ser negados y mucho menos destruidos por la reiteración de ideas que no tienen sustento en la realidad de los hechos, ni cuentan con el respaldo del gran público estadounidense. El inmenso intercambio cultural que se ha producido entre ambos países es el hecho en sí, el resto es una macabra reacción desesperada que pretende negarlo.

La cultura y sus exponentes, como tantos otros sectores en la vida nacional de ambos países, serán de nuevo pilares de alguna época futura en que los gobernantes estadounidenses vuelvan a comprender que Cuba es un país vecino con el que deben coexistir.

[1] El nombre completo de la institución es Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas.
Guillermo Tell
[2] Centro de educación estadounidense que posee 9 centros de investigación y un complejo asociados de 19 museos, casi todos localizados en la capital. Parte importante de su financiamiento es federal. Posee 136 millones de piezas en sus colecciones y publica dos revistas.
Guillermo Tell
[3] Proyectos desarrollados en las redes sociales por los servicios especiales estadounidenses, que pretendían movilizar a ciegas a sectores juveniles cubanos a partir de la utilización de mensajes sobre deporte y cultura para que se manifestaran contra el gobierno revolucionario. La revelación de los mismos en un extenso artículo de la agencia Asociated Press  en el 2014 generó nuevos cuestionamientos sobre la actividad de la USAID en el exterior.
Guillermo Tell

Se han publicado 10 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • Virulo dijo:

    cuba y el imperio estan condenados a desentenderse para siempre jamas.Hasta que los imprialistas no devuelvan la parte de nuestro territorio que usurpan,no podra haber entendimiento.

    • Carlos dijo:

      A quien tu crees que afecta ese diferendo, al estadounidense? Claro que no, es al cubano de a pie así que no se que intentas con lo que dices. Todo diferendo se resuelve con un diálogo y no sólo con demandas de una sola parte.

      • Inmortal dijo:

        Bien dicho, se supone que esa sola parte que dices es el imperialismo yanqui, que nos demanda por la fuerza que hagamos las concesiones que el quiera, como hace con casi todo el mundo y por la fuerza.
        Eso no es dialogo, es imposición del más fuerte.
        Debes en cuando en la historia de la humanidad, sale un débil que no se deja imponer y si paga sus consecuencias por ello, después la historia y las leyendas se encarga de enaltecerlos y gracias a esos pueblos es la geografía actual, si no probablemente todo el mundo hablara un solo idioma

  • Revenge dijo:

    No hay necesidad de emitir notas por parte de nuestras instituciones en respuesta a personas que ya ni viven en Cuba. No hay por que agigantar ni conferir rentabilidad politica a creadores que nadie conoce, fuera de una parte de la comunidad cubana en EEUU (que en total no llega ni al 5% de su poblacion). Sus acciones pasarian desapercibidas, y ellos mismos no serian cotizables como peones de la confrontacion politica, si no fuera por estas muestras de atencion por parte de nuestro gobierno. La rica historia de las relaciones culturales entre Cuba y EEUU se remonta a mucho antes de 1959 y no deberia ser disminuida al enarbolarla como respuesta a posts y directas de apeame uno. Es una pena, que se tomen tan en serio expresiones y criterios nacidas del derecho elemental a expresarse, y se ignoren o minimicen sistematicamente planteamientos similares hechos en congresos y asambbleas por parte del gremio artistico que vive y desarrolla su obra en territorio nacional.

  • APP dijo:

    Impresionante artículo!!!!
    Indudablemente la "guerra de pensamiento".... . Nada es casual..... Todo responde a planes perfectamente articulados con un objetivo estratégico q sabemos cuál es....
    Nos toca como nos enseñó Martí y Fidel...ganarla a pensamiento...
    Tenemos ventaja en la verdad q está de nuestro lado... los propósitos nobles q mueven los ideales q defendemos ...no hay mal q dure cien años... VENCEREMOS!!!!

  • Lancero dijo:

    Saludos. Muy bien,pero la cultura sin política no existe y los artistas son seres con determinadas inclinaciones políticas. "...los gobernantes estadounidenses comprendan..."¿Comprender qué?¿Comprender que somos seres humanos?¿Comprender...?.Debemos comprender que ningún gobierno yanqui va a levantar el bloqueo y menos ahora que han perdido hegemonía. Es casi imposible en nuestro machucado planeta que un pais pueda sacar de su ecuación nacional a USA,pero de una forma u otra hay que seguir,el tiempo apremia.

  • Carlos alberto dijo:

    Este artículo merece ser publicado en todos los medios de prensa nacionales, ojalá que pueda ser leído por la mayor cantidad de cubanos posible. Y ojalá pudiera tabien ser leído por la mayor cantidad de norteamericanos posible.

    • APP dijo:

      De acuerdo!!!!

  • Criollov dijo:

    La política es un arte, o el arte de la política, entiendo que para propósitos político- ideológicos la Florida, es ideal: campañas, chismes, bretes, declaraciones serias, reflexiones, guaperías, todo es válido, y por aquí tenemos muchos que les encanta el medio. No se por qué se sigue insistiendo en la Florida cuando se quiere buscar entendimiento, existe y se puede estructurar, todo un movimiento encaminado al mundo negro, anglosajón y chicano de socialización CUBA: valores culturales, deportivos, científicos, religiosos y educacionales. Hay que recordar que donde Fidel primero se presentó fue ante las personas de habla inglesa (New York).

  • felix dijo:

    Es muy buen artículo, como es bueno que en medio del odio se imponga el arte. Muchos no entienden que el gobierno de ese país hace la guerra a un pequeño y pobre país como el nuestro, y con todos los que digan los apátridas o los confundidos, no se puede negar ese hecho. Por eso todo lo que rompa ese estado de cosas será bueno. Ojalá haya dialogo, pero sincero, ojalá triunfe la lógica y ojalá dejen de exigir desde 90 millas cómo debe funcionar este país, entonces, si eso sucede, se cambiarán muchas cosas, pero por voluntad nuestra, no del presidente de turno llámese Trum o Biden, que al final son la misma cosa

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José Ramón Cabañas Rodríguez

José Ramón Cabañas Rodríguez

Director del Centro de Investigaciones de Política Internacional.

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