Nostalgia por lo artesanal

Las nuevas tecnologías han inundado nuestras vidas. Foto: Justin Salomon/ CNBC.
No sé si alguien pudo avizorar la dureza de este 2020 y el modo en que sencillamente vivir ha sido una meta no superada por ninguna otra. Lo cierto es que en estos meses agobiantes hemos enfocado la mirada con énfasis en dos direcciones: hacia el pasado, o hacia el futuro; porque en el presente, tan incómodo y peligroso, no creo que muchos quieran detenerse, salvo para dar batallas imprescindibles.
Al porvenir tratamos de imaginarlo; pero al pasado, recordable, hemos estado viajando con especial ternura y nostalgia en estos días de confinamiento. Eso explica la aparición, en redes sociales, de fotografías como evidencias de la infancia de cada cual, o de una época de libertad que no habíamos extrañado hasta el sol de hoy, cuando el planeta palpita atado por las cuerdas del miedo a la COVID-19.
Lo cierto es que diversas escenas donde habitaron personajes que marcaron nuestras vidas, han inspirado conversaciones entre amigos. En mi caso, ha vuelto a brillar en todo su esplendor el piano que los abuelos maternos compraron para que alguna de sus hijas llegara a ser una artista de éxito.
En torno a ese objeto de lujo que terminó saliendo de la familia cuando las contingencias económicas hicieron de las suyas a finales del siglo XX, se reunieron intérpretes y compositores de talento. Al calor de aquella hoguera melódica eran felices, y hacían felices con su arte, amigos como Eddy Gaytán o el tío Eulogio (Yoyo) Casteleiro, o dos sentimentales de la guitarra como Jorge San Martín y Alberto Monasterio.
Así, en noches que siguen siendo nítidas, un manojo de canciones que sirven para cualquier época —casi todas timbradas por el amor— desbordaban una casa del Cerro habanero que parecía tener imán, sobre todo en las jornadas soleadas, para hermanos de la abuela, primos, jardineros, carpinteros, jóvenes maestros de las matemáticas, doctores, vecinos que eran como de la familia, seres que fueron dejando sus trazas en mis sentimientos de niña esperanzada y ávida por conocer el mundo.
Tal vez porque las nuevas tecnologías no nos habían inundado, yo apreciaba que en cada una de las personas que tocaron mi alma infantil reinaba el don de una habilidad admirable: los adultos cantaban bellas letras a sus hijos o nietos para dormirlos; algunos, como magos, encantaban narrando historias mientras sacaban golosinas de los bolsillos de un saco; una tía sabía bordar pañales con una precisión sobrecogedora; y en la cocina los abuelos hacían dulces que nunca más probé.
A veces he pensado que si el mundo —el mismo que ahora ha enlentecido su marcha— fuese más artesanal, más conectado a todo cuanto alguna vez se hizo con paciencia y con auténtico desprendimiento, las personas fuésemos más realizadas y mucho más libres del agobio de la modernidad.
, la vecina que casi me mata de nostalgia cada vez que vuelvo al barrio de la infancia y la saludo, a la cual mi abuela materna pidió que me enseñara a tejer abrigos. Ya no recuerdo las puntadas aprendidas con distracción; ni siquiera volví en otras temporadas sobre las combinaciones que quedaron pendientes.
Ojalá y a pesar del mundo virtual que subyuga a millones de seres con una dependencia casi enfermiza, pudiésemos convertirnos, desde nuestros hogares, en hábiles creadores de pequeñas cosas reales y útiles (ya sea una canción o un abrigo). Tengo la certeza, a estas alturas de mi adultez, de que una de las claves de nuestra felicidad está justamente en ganarle la batalla al aburrimiento. Y en eso creo que nuestros abuelos, sabios habitantes de un pasado que luce remoto, supieron llevar la mejor parte.
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Amiga aún atados a la tecnología un trío de amigos creamos un canal de poesias en telegram al calor de la Pandemia....
E leído con detenimiento tan verdadero artículo,tan humano ,tan bonito,ahora hay una moda de todo lo que se escribe, politizarlo y para mí es tan feo,gracias por estas letras llenas de nostalgia ,que pueden ser de cualquiera de nosotros ,educados y sorprendidos por las nuevas tecnologías
Si el hombre sirve la tierra sirve.
Por eso no me aburro jamás. Bordo, tejo y coso. Mi tía y mi madre me prepararon para la vida más allá de mi profesión de ingeniera. Y a mi hija le he enseñado igual.
Yo sigo tus escritos porqué tienen la magia de atraer , tienes razón en lo q dices , el mundo de las comunicaciones nos ha vuelto unís incomunicados sociales .
No niego la tecnología pero es tan distante de los abrazos, la buena conversación , las familias haciendo sus cuentos en la noche ,o esa casa del Cerro q acogía un buen pianista , seguro q la pasaban de maravilla .
No seamos robots nunca .
La pandemia nos ha mostrado que nada es como la necesaria cercanía con los seres humanos q tanto necesitamos y extrañamos .
Felicidades por tus palabras
Gracias Alina. Su artículo provoca mi reconexión con emociones hermosas, gracias. También provoca reflexiones en muchas direcciones. Como siempre, es una excelente experiencia personal leerle.
Muy emotiva tu crónica que invita a volcarnos a esos recuerdos de tiempos en que fuimos más hermanos, más amigos, más familiares para proyectar un futuro en que la tecnología sea un instrumento en manos del hombre y no al revés y la prioridad sea el mejoramiento de las personas.
Me gustó mucho tu artículo.Recuerdo cuando niña como me sentaba horas a ver a mi abuelo arreglando zapatos.Cuando mi padre hacía cualquier instalación eléctrica o trabajos de plomería.O cuando se ponía con mi mamá a hacer cualquier trabajo de construcción.Y al ver a mi madre bordando,tejiendo o cosiendo.Todo me llamaba la atención.Aprendí a tejer y coser y persigo los programas de la tv que nos enseñen esas cosas.Es una lástima que sean tan escasos.Siempre me gustaba ver en multivisión el programa Despuntadas.Como quisiera lo transmitieran otra vez
Alina, creo que el modo de vida de hace veinte años permitia un mayor uso de la imaginacion, lo que redundaba en una mayor creatividad a todos los niveles. Pero no puede ser que se le llame progreso al transito sucesivo del garabato al lenguaje de señas, de este a la tradicion oral, de esta al libro impreso, de este al audiovisual; y que cuando se pase de este a la internet, estemos involucionando. Como todas las demas formas de comunicacion lo fueron anteriormente, las nuevas tecnologias estan siendo acusadas de fomentar el empobrecimiento mental y la enajenacion social y afectiva. Yo pienso que, como en casi todo, no se trata de lo que tienes sino que haces con lo que tienes. El lenguaje oral, el libro y el audiovisual encontraron su camino en la vida de los personas para hacerla mejor, y asi debe ser con respecto a las redes. No es culpa del inventor de Facebook o Whatssap que una familia se vea mas en la pantalla que en persona porque la mitad vive en otra provincia, cuatro emigraron, dos estan de mision y uno este yendo a Belice a comprar pacotilla. Con todo respeto, al menos en nuestro pais la tradicion de las reuniones familiares no se perdio con el advenimiento de las nuevas tecnologias sino mucho antes, cuando organizar un encuentro se hizo dificil por la falta de quorum y por constituir un dolor de cabeza logistico y monetario. Con respecto a las manualidades, le comento que las redes sociales estan plagadas de grupos y tutoriales que se dedican a enseñar manualidades de todo tipo, el problema es donde estan las agujas, el hilo, la tela, etc. Los medios de comunicacion son producto del desarrollo investigativo aplicado a la necesidad de las compañias de vender. Cómo los utilizamos es un reflejo de nuestra vida, nuestros intereses y nuestras prioridades.
Excelente artículo, muy apegado a la realidad a está sucediendo hoy. Soy joven y no quiero un futuro así para mis hijos, un futuro donde es más importante el furor de redes sociales q leer un buen libro. Gracias por tan bella reflexión.
Lindo artículo Alina. Afloró en mí una gran nostalgia por mi hermosa abuela que me ensenó a bordar a mano y en su máquina de coser, multioficio, y que igual tuvimos que vender sobre los 90. Confieso que he bordado dos nasobucos en las esquinitas y ha sido recordando lo artesanal de mi infancia...gracias.