Imprimir
Inicio » Opinión, Política  »

Otra novedad en el frente

| 3

Un helicóptero militar turco sobrevuela tripas de Turquía y EE.UU. tras una operación en el norte de Siria, a inicios de septiembre de 2019. Foto: Reuters.

Extendido, pero incierto respiro, circula en las grandes capitales al saber que Rusia envió efectivos hacia el norte de Siria, con una clara misión: evitar un choque entre el ejército regular turco y el sirio. Este último acudió al llamado de los grupos kurdos que con anterioridad combatieron al Estado Islámico con apoyo estadounidense, pero se vieron solos con la abrupta decisión de Donald Trump, de poner fin a aquella colaboración, negándole suministros a esas fuerzas y sacando alrededor de mil soldados norteamericanos radicados en la zona, donde durante varios años predominó una organización local de la etnia montañesa a la cual tanto teme Recep Tayip Erdogán.

La cautela militar emprendida por Moscú estuvo asociada a un intercambio telefónico entre Vladimir Putin con su homólogo turco, así como el anuncio de un próximo encuentro personal entre ambos. Esos avances sugieren emergencia de arreglo para un asunto de posibles derivaciones catastróficas en su transcurso. En concreto, el patrullaje ruso implica una interposición entre paramilitares al servicio de Ankara, junto con la tropa oficial turca, y, del lado opuesto, las fuerzas del Ejército Árabe Sirio, movilizadas para darle ayuda a los kurdo-sirios de la zona, quienes pidieron la ayuda de Damasco ante la orfandad en que les dejó Estados Unidos, pese a promesas olvidadas por Washington.

Los trascendidos iniciales del diálogo Putin-Erdogan, hacen suponer que se reconduce hacia negociaciones antes suscritas que deben tener un momento clave en Ginebra –con participación de la ONU-  al finalizar octubre. Existe, como base, el acuerdo pre pactado entre Irán, Rusia y la propia Turquía buscando adelantar arreglos y evitar confrontaciones como la emprendida con la ofensiva turca el recién  pasado día 14. Aun así, los sucesos bien pudieran no andar por la senda lógica y deseable.

El enviado especial del Kremlin para Siria, Alexander Lavrentiev, aseguró que evitarán cualquier choque entre Ankara y la nación árabe. La rapidez y organicidad operativa justifican el prestigio ganado por Rusia a través del éxito conjunto de las fuerzas armadas de Bashar al Asad, y la oportuna y eficiente contribución que le añadieran desde el 2015, para batir a los terroristas que ocuparon parte de Irak y casi todo el territorio sirio.

La ofensiva turca sobre zonas al norte de Siria provocó sospechas sobre un eventual pacto oculto entre Washington Ankara aunque ambos lo nieguen y aparezcan enfrentados. De la administración Trump vale esperar cualquier dislate y Turquía, en realidad, nunca ocultó su malquerencia sobre las milicias kurdas. La simultaneidad del retiro de tropas norteamericanas y el suspensión de pertrechos a la etnia siria que fueran ¿sus protegidos?, no son asuntos fáciles de asociar con la casualidad.

El gobierno turco insiste en controlar una franja de unos 30 kilómetros al interior de la frontera con Siria con el doble propósito de aumentar su seguridad y, según hiciera público, buscando reasentar a entre  2 y 3 millones de refugiados que huyeron de sus asentamientos naturales por el avance del Estado Islámico. Europa, por ese motivo inundada de personas en busca de cobijo, ofreció asistencia material a Turquía para frenar las masas de emigrantes en fuga.

El temor de Erdogán hacia los kurdos se origina en una vieja batalla soberanista de ese conglomerado humano que tiene en Turquía el mayor de todos sus asentamientos en el Medio Oriente. Los kurdos-sirios combatieron exitosamente al Califato, aunque el presidente Trump se auto adjudique el éxito alcanzado por  quienes ahora abandona, añadiendo a su embustero ego, el criterio de que fue EE.UU. quien derrocó a los terroristas en los emplazamientos usurpados a Irak y Siria.

No es la exuberante imaginación de un megalómano desde el trono del mundo, sino otro modo de tergiversar los hechos y negarle méritos a quienes les pertenece. En su ayuda están los mayores repetidores de sus falsedades. ¿Recuerdan cómo los grandes medios informativos insistían en la “matanzas de civiles” durante el avance del Ejército Árabe Sirio? Ni a los sádicos terroristas culparon tanto como a quienes tenían todo el derecho de defender su suelo. En este momento, esos difusores de calumnias están desconcertados ante la doblez y ficción de tales “salvadores”.

Pero el mandatario estadounidense no solo juega con ideas y palabas, sino usa amenazas de la peor especie. Con cierto victimismo que mal le queda, Trump amenaza con trasladar “hasta las malditas fronteras de Europa” a los mercenarios y aventureros de baja ley originarios del Viejo Continente, señalando, en particular, a Francia y Alemania. La exigua moralidad de la Casa Blanca evidencia propaganda antes que propósitos válidos con ese modo de encarar una situación nada trivial.

El mandatario estadounidense puso en marcha lo que mejor sabe hacer: aumento de aranceles y sanciones contra funcionarios y entidades turcas. La variedad de agredidos por Trump está adquiriendo proporciones aberrantes y hace difícil distinguir a quienes considera amigos reales o a cuáles ubica en plano apócrifo.

Desconfianza y discrepancias no se limitan a sus aliados sino anda dentro, en la alta jerarquía castrense norteamericana y otros sectores domésticos no concordantes con Trump. Consideran atroz  deshacerse tan fácil de cófrades útiles, convirtiendo en increíbles otras alianzas en el futuro, máxime cuando hizo coincidir el repliegue en Siria con el envío de 3 000 soldados hacia Arabia Saudí, destinados a “defenderse” de Irán.

Pocos países concuerdan con esta política que ignora criterios como el de soberanía y violación de derechos territoriales, algo violentado por EE.U. y por todos cuantos le asistieron en la hipotética batalla contra el Estado Islámico, (con mayor exactitud parecía una guerra contra el gobierno sirio y no contra el sanguinario califato), hasta tanto Rusia aportó su decisiva ayuda, con anuencia de Damasco, es decir, respetando reglas básicas de entendimiento entre naciones.

A partir de ese principio, el jefe del estado ruso, Vladimir Putin, llamó a que todos los agentes externos no autorizados, abandonen Siria. En tanto, la ofensiva turca sobre el noroeste, está siendo  rechazada por organismos internacionales y naciones del área, pues impide el normal progreso de la reconstrucción posbélica y mina la solidez de una paz, apenas alcanzada tras  más de ocho años de guerra.

Las unidades armadas ‎kurdas (PYD), estuvieron combatiendo al DAESH por convicciones  propias, y, al mismo tiempo, creyendo en las ofertas de independencia prometidas por Estados Unidos, para crearles un estado propio, parecido al que se estableció en el norte de Irak, donde radican kurdos iraquíes a quienes se les permitió crear el  Gobierno Regional del Kurdistán, un experimento aún pendiente de expresar su status definitivo.

El reciente pacto entre kurdo-sirios y el gobierno central sirio destinado a detener la ofensiva turca, tuvo desde sus primeras horas un efecto neutralizante, pues lograron tomar el  control de aldeas y localidades estratégicas para las  comunicaciones y los abastecimientos. El asunto estriba en mantener esas posiciones, enfrentando al ejército turco, asistido por paramilitares que desde el inicio de esta guerra, aspiran a hacerse con el poder en ese país.

La pluralidad de aspectos a tener en cuenta, llevaron a que Moscú hiciera advertencias para trazar límites al punto de no retorno, capaces de lastimar las negociaciones patrocinadas por la propia Rusia, Irán y Turquía, convertida en juez y parte por azar de las actuales circunstancias. Turquía  decidió invadir la auto-proclamada Federación Democrática del Norte de Siria para “erradicar la presencia del Estado Islámico, la del PKK y reubicar a los refugiados”.

Como existe el peligro de un enfrentamiento entre los ejércitos turco y sirio,  Dimitri Peskov, portavoz del gobierno ruso,  estimó que sería preferible ni siquiera pensar en esa mala contingencia. Es de suponer que para impedir semejante desenlace, Moscú decidió mediar, con el visto bueno de la administración de Al Asad.

Al concluir estos juicios, circulaban noticias sobre el envío del vicepresidente  Mike Pence y el secretario de estado Mike Pompeo,  a negociaciones en Turquía desde donde Erdogán advirtió que no se iba a reunir con ellos y solo aceptaba hacerlo con Donald Trump. Una misión diplomática antecedida por castigos económicos y políticos, no tiene cara de buena estrategia si se desean resultados en concordancia con lo requerido por todas las partes, pero eso es lo que hay.

Se han publicado 3 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • Rafael Cantero P. dijo:

    Ahí hay gato encerrado entre EE.UU y Turquía, una vez más Putin dando muestras de ser excelente estratega.

  • Ray dijo:

    Excelente análisis sobre tan complicado problema.
    Los kurdos una vez mas traicionados. Resulta incomprensible que un pueblo de mas de 20 millones carezca de un estado propio o de autonomías en los estados receptores que les garanticen el ejercicio de sus derechos.
    Rusia actuando con consecuencia.
    Los Estados Unidos cada vez se parecen mas a la Roma en descomposición y Trump a Caligula.

  • Jose R. Oro dijo:

    He leído varios artículos sobre el tema de la invasión turca al noreste de Siria, las relaciones entre los kurdos y las otras partes en conflicto, y la retirada estadounidense. Este de la destacada periodista y analista internacional Elsa Claro, es en mi opinión el mejor y el más completo. Sin la presencia rusa en la región, la situación general ya hubiera desembocado en una mayor catástrofe.
    Personalmente, no me gusta Erdogan, pero las alternativas como son los militares “otanistas” que organizaron el intento de golpe militar de julio -2016, en combinación con el “resurgimiento” islámico dirigido por el clérigo Fethullah Gülen, son a mi juicio peores que Erdogan. La reversión del pensamiento de laicismo estatal de los “jóvenes turcos” y de Mustafá Kemal Ataturk, comenzado desde hace mas de un siglo, hacia formas precedentes de identificación del estado con el Islam, una especie de pensamiento cuasi otomano. Por lo que conozco, desafortunadamente Erdogan parece ser el menor entre dos males.
    Irán, Turquía y Arabia Saudita, son las tres potencias regionales. Irán profundamente anti – sionista y anti –imperialista, Turquía un país en que no se entienden a veces sus posiciones (siempre se piensa que hay una tendencia a la colusión secreta con los EE.UU.), pero que está muy dolida por ser un país clave de la OTAN que no ha sido aceptado en la Unión Europea, lo que ha creado una “des – europeización” mirando mas a países de su región (y algunos países recién resurgidos, como Azerbaiyán, Uzbekistán, Turkmenistán y otros estados de la antigua Unión Soviética) que a Europa propiamente dicha, la que sienten que los desdeñó. Arabia Saudita, bueno ya sabemos.
    Un gran articulo de Elsa Claro, muy serio y balanceado

Se han publicado 3 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

Elsa Claro

Elsa Claro

Periodista cubana especializada en temas internacionales.

Vea también