Imprimir
Inicio » Opinión, Cultura  »

De muchos

| 34

Roberto Fernández Retamar. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

Hace ocho días murió, y aún no han transcurrido veinticuatro horas desde que deposité sus cenizas en el mar, el 27 de julio, justo el día en que mis padres se comprometieron para toda la vida, hace casi setenta años, coincidiendo con la fecha de cumpleaños de mi madre. Luego del impacto de ver cómo besaba mi mano, y acto seguido dejaba de respirar después de acompañarlo como mejor se podía durante sus últimos meses, (me había advertido: “tendrás el privilegio de verme morir”), y de dejarme un sinfín de instrucciones para su último libro, trabajando hasta el instante final con el rigor y la meticulosidad que lo caracterizaron, comenzaron a llegar por diferentes vías incontables muestras de condolencias. Con el egoísmo de una madre (“todavía era mi padre, pero ya se estaba convirtiendo en mi hijo”), me atribuí el dolor para mí sola.

Fue con el lento pasar del tiempo que empecé a sospechar que el hombre que nos abandonaba de este lado de la luna, no era mío, ni de sus tres nietos, ni de su yerno, ni del hermano que queda vivo, sino de muchísimos más. Antes de explicar este sentimiento de compartir dolores, debo hacer pública mi gratitud a todas las personas que de una forma u otra, con apoyo sentimental o cosas prácticas, con palabras de aliento o satisfaciendo hasta el mínimo detalle que se precisaba, ayudaron a que el tránsito hacia el destino final de mi padre fuera menos difícil. Mencionar sus nombres sería indelicado: ellos y ellas saben, y quizás no les sea grato que yo haga notoria la constancia de sus participaciones. No obstante, siento el deber moral de decir que no estuve sola, que mi padre fue mimado por amistades tan antiguas como él mismo, atendido por médicos que acudieron a mi llamado sin importar horarios ni dificultades, por mis hermanas y hermanos de afecto, que me soportaron hasta el minuto final, cuando las fuerzas amenazaban con flaquear. Hubo quien vino con potes de helado, una colega se encargaba de hacerle flanes deliciosos, otros se aparecían de pronto con barras de chocolate, llegaron licores lejanos, medicamentos cubanos y provenientes de ultramar, regalaron jugos envasados, ungüentos, parches, esencias revitalizadoras, un libro suyo editado en España, los más recientes números de la revista Casa (ambos traídos directamente del aeropuerto a su lecho): muchos amigos cooperaron con asombrosa celeridad, para darle el último gusto al poeta, para que se fuera sabiéndose querido, respetado. Amado hasta la empuñadura, sintió que nos dejaba, exigiéndonos cumplir la que fuera premisa fundamental de su existencia: trabajar. Me dictó cartas, me hizo prometerle que no descuidaría ningún detalle de su libro que sabía póstumo, cuyo título le repetí muchas veces, para que estuviera seguro de mi entendimiento. “Alternativas de Ariel” saldrá como quieres, papá, quédate tranquilo, le dije cada vez que me interrogaba, con solo mirarme. Sus íntimos colaboradores se acercaban a su lecho, y si su aliento lo permitía, sostenían intensas charlas, que luego lo dejaban exhausto, pero feliz. No hubo nunca una excusa, nadie intentó eludir un pedido suyo: muy al contrario, todos sus queridos colegas de siempre anhelaban venir a nuestra casa, acompañarlo, abrazarlo. Nadie quería dejarlo ir. No podíamos aceptar que el hombre principesco y sabio, el jefe justísimo, el profesor, el poeta, el ensayista inmenso, estuviera extinguiéndose de a poco. A todos los fieles que creyeron el milagro de la eternidad, pero que en el plano terrenal aportaron su amor concreto desprendiéndose de tiempo y de materialidades innombrables. Muchas Gracias.

El dolor compartido en su máxima expresión lo comprobé cuando fuimos a echar al mar un polvo oscuro llamado ceniza, que sigo creyendo imposible. No era “eso” mi padre, pero tampoco es exclusivamente mío el amor suyo, ni el privilegio de haberlo tenido por un tiempo que querría eterno. Cuando vi junto a las olas de Malecón y G a sus exalumnos, a sus amigos cantores, escritores, poetas, periodistas, dramaturgos, actores, ensayistas e historiadores, y sobre todo a sus compañeros de Casa de las Américas, jóvenes, veteranos, recién incorporados, fundadores, colegas todos tan desconsolados como yo, abrumados, tristísimos, supe que la congoja era …¿cómo decirlo? compartida, multiplicada. Esos rostros reflejaban la intensidad de una pérdida tan irreparable como la que sentía yo, y solo entonces descubrí que ellos y ellas habían perdido al mismo padre que dejaba de ser mío para ser de muchos. Sentir los sollozos ajenos, la ira contenida, la hondura del navajazo que significa no poder acudir a su siempre sabio consejo, ni volver a sentir la risa estruendosa, ni ver el lento caminar de un rey que se empeña en seguir yendo a sus salones a pesar del peso excesivo de su corona, me fortaleció. De repente, empecé a ofrecer yo las condolencias. Esa multitud estaba tan lastimada como yo, tan sin consuelo como yo, tan profundamente herida como yo, por lo cual mi condición privilegiada de hija biológica me compulsó a apaciguarla. Ya no sabíamos quién consolaba a quién, entre tantos besos, abrazos, palmadas: ahí también radica la gran obra de un gran hombre. Todos somos sus hijos, todas sus hermanas, todos colegas de trabajo, y de jugar, y de echar al aire lo que más nos enseñó: Salvas de porvenir. Lo recordaremos como pidió: “con alegría”, aunque violemos la otra parte de ese verso (“alguna vez”), porque, bien lo sabemos, será siempre, siempre, siempre.

(Tomado de La Jiribilla)

Se han publicado 34 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • @YanetDCuba dijo:

    Muy hondas estas palabras. De una hija para muchos hijos. Debemos volver a la obra d Retamar, sobre todo las generaciones más jóvenes, siempre, siempre, siempre.

  • Alejandro Fernández Costa dijo:

    ¡Claro que sí! De muchos.

  • MA. DEL CARMEN dijo:

    es lo mejor que una hija pueda escribir de su padre, hombres asi son eternos, confieso el delito de que no he leído mucho su obra, pero la que ha llegado a mis manos ha llegado a mi alma.
    Descanse en paz, ha ingresado a la gran lista de los inolvidables.

  • HECTOR Y EL HERMANO dijo:

    Que suerte ha tenido Retamar, posiblemente su mejor poema, tener el duende del amor siempre a su lado y apodarlo hija.

  • Lucía dijo:

    Laidi, su artículo es absolutamente verdadero, hubiese querido ir a ese privilegiado lugar del malecón donde volaron hacia el mar las cenizas de un hombre a quien no conocí, no soy su familia, ni su compañera de luchas, ni mucho menos colega en la conducción de Casa, Soy una simple cubana, que comencé admirando como poeta y mi respeto creció en la medida que fui conociendo la historia de ese gran hombre.
    UD. debe sentirse muy orgullosa de ser su hija y agradezco con sinceridad, la ternura con que ha compartido su amor hacia su padre con todos los cubanos que lo admiramos y siempre lo tendremos presente cada vez que querríamos disfrutar del buen leer.
    Gracias por la deferencia y crezca sobre su dolor, para que él, desde dónde está, pueda pasar su mano sobre su cabello y aminorar su tristeza.

  • Francisco Jiménez dijo:

    Perdimos a un gran hombre pero estoy seguro que sera recordado a través de los siglos

  • Alina dijo:

    Inexorable el paso del tiempo y en este caso el deterioro de la salud física. Lo único que me queda es decir que no tengo palabras que describan el valor de lo que ha perdido la cultura cubana con la desaparición física de Retamar. Menos mal que contaremos con su obra para toda la vida. Es cierto Laidi, no era solo de la familia, Roberto Fernandez Retamar es nuestro y de todos los que en el mundo amamos el arte, porque eso ha hecho siempre con su obra.

  • Cubanocogelucha dijo:

    La mejor forma de homenajear a tu padre es que ¡nunca! dejes de escribir, pues lo haces fascinantemente bien. El desafío más grande de un escritor del siglo XXI es eludir los lugares comunes para construir imágenes grandiosas por su sencillez, y eso usted lo tiene de su lado, casi que de manera genética. Saludos.

  • Directrize dijo:

    que hermosa despedida, hija digna de su padre

  • Zugor Seg. dijo:

    Hermoso, Alina, como hermosa es la vida de su padre…

  • Orlando Morell Agüero dijo:

    Grandes palabras para un gran hombre

  • ALOIDA dijo:

    Retamar fue amigo de mi padre…Amigo de esos años del instituto de economía en que se iban juntos hasta su casa, donde una madre cariñosa acogía al grupo de estudiantes con una sonrisa única y una carne fría que daba gusto y acogida familiar. Cada vez que papá veía a Retamar en cualquiera de sus apariciones públicas, se refería a aquellos años de juventud, en que compartían sueños, proyectos e inquietudes, siempre guiados y también en complicidad con Retamar padre…Para mí, más que el ensayista, poeta, profesor, habanero, estudioso, Retamar es una imagen familiar, que desde muy temprano me llagó por voz de mi padre. Quiso la vida (o la muerte) que hace apenas unos meses, justo el 19 de abril, unos minutos después de rectificarme unos datos sobre Emilio Roig Leuchsenring para un artículo que yo escribía, tan rápido que todavía resulta increíble, papá se iba para siempre. Él también fue de muchos. Su vida como maestro de generaciones de cubanos, lo convirtió en ese hombre de muchos. Por eso, cuando supe del fallecimiento de su padre, recordé el inmenso cariño que el mío le tenía, de cómo recordaba a los que fueran sus abuelos paternos, de como aquella generación de cubanos, incondicional a Cuba y su revolución nos legó esta siempre viva necesidad de contribuir con los demás, de pensar a la Patria como de todos…De sentir el dolor y la pérdida de seres queridos, más allá del mío. Comparto con usted este recuerdo de mi viejo, cuyas cenizas también fueron al mat y que de seguro, hoy reciben a su amigo de juventud.

  • Carmen Terry Berro dijo:

    Ade:

    Así te llamaba yo cuando compartíamos el mismo albergue en la Lenin; aunque nuestros caminos no han vuelto a converger, mantengo el mismo afecto que nos unió hace más de 40 años.Te reitero mis profundas condolencias y te felicito por este precioso artículo. No podía ser de otra manera. Un gran abrazo,

  • Isabel-Pinar dijo:

    Hermosa despedida de una hija, qué maravilla poder y tener la voluntad de hacer de todo por los vivos, más importante que eso nada, lo demás es sólo cenizas…abrazos infinitos a una hija enlutada por la pérdida de su padre, pero a la vez tan agradecida y luminosa.

  • María del Carmen dijo:

    Hermosa despedida.

  • Chloe dijo:

    Hermosas palabras de agradecimiento al pueblo que lo lloró, linda forma de homenajearlo, como el hombre de letras, militancia, jefe y padre de familia. Usted tuvo unos progenitores grandes, y sé que está a la altura de ellos. Le acompaño en su dolor que como usted misma dice es un dolor compartido.

  • vladimir dijo:

    Ese día estábamos en el mar, entre las olas, con él. Un beso

  • Francisco Tery Diaz CIGB dijo:

    GRACIAS LAIDI.UN ABRAZO

  • MAD dijo:

    Esta lectura fue un momento bello

  • Martica dijo:

    Muy sentida tu despedida,los que admiramos su obra tambien lo sentimos,,a tu padre lo vamos a recordar siempre y ojalá las nuevas generaciones conozcan su trabajo y lo admiren y lo quieran como nosotros,que sepan de sus poemas y su trabajo tan intenso por CASA DE LAS AMERICAS la casa de todos.
    Gracia por tus palabras de hija para un hombre de su talla.

  • Benito Pérez Maza dijo:

    Hermoso, sentido y merecido homenaje póstumo de una hija a su padre, venerado querido y respetado por tantos y tantas, que de ël recibieron todo lo bueno que fué capaz de dar de sí y que sin duda alguna incrementará los valores que mostró e inculcó a tantos y tantos, que es casi imposible.siquiera mencionar.

  • YOLA dijo:

    Emocionante escrito para un padre, llena de amor puro.

  • Belkis García dijo:

    Qué decir despues de leer a Laidi? Me quedé sin palabras.

  • pedro pablo dijo:

    Que linda eres Laidi, te admiro

  • Mariana dijo:

    Mis condolencias pero a la vez mis felicitaciones porque a través de lo escrito por tí donde me has hecho rememorar ese mismo pasaje vivido por mí tiempo atrás, pude constatar que has sido escurpida con amor, inteligencia y humildad y eso es lo mas valioso que tiene el ser humano.
    Estarás muy orgullosa del padre que tuviste pero él también deberás saber, que está mas que orgulloso de la hija que tuvo.
    Sigue escribiendo así sencillo pero profundo.

  • alina dijo:

    bellas palabras gran padre

  • idel dijo:

    ¿Qué es la poesía?, dices mientras clavas
    varias decenas de pinchos en la carne.
    ¿Qué es poesía?, ¿Y tú me lo preguntas?
    Que cualquier cosa sea posible, eso es la poesía.

  • Reyda Gonzalez Ramirez dijo:

    Conmovedoras palabras ante el dolor por la perdida de su padre y el agradecimiento a los que la acompañaron, me uno a su dolor pues lo vivi y se lo que se siente perder a un ser amado, que decirte, fortaleza y cumplir con lo que te pidio y sabes el merece de ti, desde donde esté.

  • Ivón dijo:

    Me siento extremadamente conmovida, hace apenas tres meses sufri la pérdida de mi padre, y nunca pensé que alguien pudiera describir todo mi sentir, hasta ahora. Me siento agradecida con esas palabras que no son mias , pero reflejan todo el dolor que puede expresar una hija ante la partida de su padre amado.

  • Gelsomina dijo:

    Cuando dieron la noticia en casa lloramos como cuando se pierde a un gran amigo, a un ser amado, a alquien a quien se ha aprendido a admirar, aún desde la distancia.Un abrazo de consuelo infinito para su familia y gracias. Gracias a todos los que hicieron por él, para que su paso por la vida estuviera colmado de tanto cariño y cuidados.

Se han publicado 34 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

Laidi Fernández de Juan

Laidi Fernández de Juan

Escritora cubana.

Vea también