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El 17 de mayo y los tropiezos de la cuarta Reforma Agraria

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Hace 60 años: Fidel firma la Ley de Reforma Agraria

Siempre he creído que el Belén de mi familia está en las faldas de la Sierra de Cubitas: sus tierras, sus árboles, las nubes descargando sobre el horizonte, sus aguaceros torrenciales, las cañadas, los arroyos y los ríos, el Charco de Joaquín; sus cuevas, el aire invernal, los relámpagos y los truenos, los fantasmas, sus personajes… Por mis venas siento que por sangre corre también el aire de la llanura.

El batey de Pueblo Nuevo donde nací era famoso por dos razones: porque de pueblo no tenía nada, y mucho menos de nuevo. Era un ajedrez de fincas campesinas.

La primera triada que conocí fue guajira. La formaban tres hermanos: Argeo, Nicasio y Ricardo. Con ellos me inicié en el difícil trance de ganarse la vida con una guataca o un machete. También en el «extraño abolengo» de ser pobre, pero honrado.

El de estos tres hombres y sus familias era como un micromundo. Un batey dentro del batey. Casitas de tabla y guano y piso de tierra, armadas a la forma de las aldeas de nuestros siboneyes, con unos patios inmensos y limpios; mucha pobreza, aunque mucha decencia.

Mi padre siempre recordaba las ocurrencias de Argeo. Al terminar las labores del campo iba a comprar el pan a la tienda, y se «posaba» en una de sus ventanas, con el tabaco terciado y el mendrugo apretado entre los sobacos sudorosos. Después iba a casa y lo colgaba en un garabato de madera en el centro de la sala: «Ya llevaba la mantequilla», decían los «jodedores».

Me invaden estos recuerdos mientras comparo, este 17 de Mayo, a los 60 años de la firma por Fidel de la Primera Ley de Reforma Agraria, con esta otra época histórica, en la que podría afirmarse que Cuba está viviendo, aunque sin firmarla y con la urgencia de reimpulsarla, otra histórica reforma en sus campos.

Intento adivinar el momento de la fractura entre el país en el que la «tierra» fue tantas veces soñada y pocas veces alcanzada en el capitalismo, y el otro, en el que se trastocó casi en aspiración «maldita» durante muchos años.

Desde mi experiencia entre campesinos desde 1965 hasta terminar la Universidad, presumo que se produjo una extraña contradicción: el país que garantizó el derecho físico a la tierra con sus leyes de reforma agraria, limitó el ansia sentimental de poseerla, con su abanico de oportunidades.

El proceso de cambios que tuvo entre sus inspiraciones justicieras la conquista de la tierra, y entre sus más ardorosos soldados a los campesinos, se debate aún hoy para encontrar el equilibrio entre el ansia modernizadora, el modelo político económico, y su tradición agraria.

Sufrimos ahora en parte la fiebre socializadora de la tierra de los años 80. Un voluntarismo general puesto al servicio de la colectivización. Los hijos abandonaron primero la finca de sus padres —en no pocos casos con el entusiasmo de estos—; y luego los jóvenes lo hicieron con las cooperativas. Era como si en el nuevo mundo que se abría se le cerrara el camino a vivir bendecido en la prosperidad de la tierra.

Mientras el ansia socializadora avanzaba mi Pueblo Nuevo natal se marchitaba. Con la migración a la ciudad nos íbamos no solo los brazos para hacer parir la tierra, también las tradiciones. El batey de los guateques de fin de semana con Cheo y sus muchachos, de los rodeos, de las excursiones a los ríos y las lomas, se apagaba irremediablemente.

Las consecuencias totales las pude palpar en unas vacaciones de hace unos años, cuando invité a mi madre y hermanos a visitar el Belén de nuestras vidas. Lo que antes fueron numerosas fincas productivas y prósperas, ahora están transformadas en monte, puro monte.

Por eso entusiasma la suerte de tantas medidas adoptadas tras el inicio de la actualización económica abierta por el VI Congreso del Partido, que no siempre tuvieron la simpatía de todos.

Recuerdo ahora las duras reacciones de un lector en la versión digital de Juventud Rebelde cuando, a apropósito de la aprobación del primero de los decretos para la entrega de tierras en usufructo. El cibernauta no compartía la idea, defendida por este redactor, de que dicha disposición —que fue bastante conservadora como después se demostró—, abría una excelente oportunidad de «recampesinar» nuestros campos; si profundizáramos en la pertinencia de entregar las tierras de por vida, y ahora agrego: con la posibilidad de traspaso a descendientes y hasta de cooperativizarse, si las circunstancias y la libre voluntad así lo aconsejaran.

«¿Fumigamos con avionetas, plátanos, yuca y arroz, juntitos? (una avioneta fumigando en microparcelitas mueve a risa). No podemos. Cada usufructuario siembra “cositas” diferentes. ¿Unimos las parcelitas en grandes latifundios monocultivados, para poder fumigar?, he ahí un dilema. Veamos otro ejemplito: con las cosechas, ¿“metemos” una cosechadora de arroz dentro de una parcela rodeada por dos platanales y dos guayabales?», se cuestionaba.

Y termina con una tajante afirmación: No sé cuál preguntita es más difícil, pero sí sé que con pequeños «propietariousufructuariocooperativistas», o como se les llame, no vamos muy lejos, aunque sí podemos erosionar el terreno cultivable en pocos añitos, y a esto le tengo pavor: remember Haití. Ya lo digo: el brete es grande y propenso a malas decisiones…».

Las consideraciones de este lector me hicieron recordar el sensible y enriquecedor intercambio que sostuve con un estudioso de nuestra economía. Este se manifestó preocupado por el contenido que ofrecí al término «recampesinar», y la importancia que le adjudiqué al Decreto-Ley 259, que no es poca en su opinión, tendente al minifundio, al trabajo individual. Desde su consideración, la agricultura, como el resto de las actividades humanas no prospera, ni consolida la economía de un país, menos en el socialismo, a través del trabajo individual.

«Este ahora solo es paliativo circunstancial y transitorio y puede generar valores, vicios y otras lacras de una sociedad en transición hacia el capitalismo, nunca al socialismo…» decía el especialista.

En ambos opinantes pervivía el prejuicio, o las suspicacias contra la existencia de un tradicional sector de propietarios individuales —sean o no campesinos— en la nación. Incluso se oponen a su fomento con las decisiones renovadoras de la economía.

Con esos criterios pudiéramos levantar algo así como minifundios del infundio —para no decir de lo infundado— en medio de una sociedad empeñada precisamente en sacudirse de las distorsiones y las consecuencias que semejantes ojerizas le acarrearon en estos años.

Ese tipo de valoraciones ignoran, como ya he apuntado, que la Revolución corrige ahora algunos de sus errores de idealismo y de voluntarismo; los mismos reconocidos transparentemente por Fidel en su diálogo con Ignacio Ramonet. Sencillamente —admite el líder de la Revolución— deben coexistir tantas formas de propiedad como las que contribuyan a la construcción y consolidación del socialismo.

Pueden albergarse las aprensiones que se estime hacia el sector campesino —muy injustamente acusado por ese lector hasta de gran depredador ambiental—, pero lo que no puede ignorarse es el peso abrumador de la realidad. La terca realidad está ahí para regalarnos la sabiduría de sus lecciones.

Según estudios agrícolas, hasta hace unos años —y son datos para actualizar— los campesinos individuales daban un uso eficiente al 68 por ciento de sus tierras, mientras en manos estatales solo lo hacían al 29 por ciento, en las UBPC al 48, y en las cooperativas de producción agropecuaria al 58.

Hasta hace no pocos años, según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas, las cooperativas de créditos y servicios (CCS) —que agrupan a los famosos «minifundistas»— y de producción agropecuaria (CPA), con solo el 24,4 por ciento de las tierras cultivables del país, producían el 57 por ciento de los alimentos.

Ahora bien, no basta con entregar tierras en usufructo para resolver el problema de la tierra en Cuba, un sector al que no le hemos hecho el suficiente honor, después de considerarlo de seguridad nacional y de iniciarse otra importante transformación estructural agraria tras el VI Congreso del Partido, que incluso ha modificado el mapa de la propiedad y la gestión agraria nacional, dejando atrás la hegemonía estatal, a partir de la entrega de tierras en usufructo, las cooperativas de producción agropecuaria y las unidades básicas de producción cooperativa, beneficiadas con 17 medidas para liberarlas del tutelaje de la empresa estatal y ponerlas en igualdad de condiciones para producir.

Todo ello no derivó aún en un despegue en propiedad de este sector, esencial para la reactivación económica nacional, pese a todas las decisiones adoptadas en los últimos tiempos.

En nuestras mesas se acumulan todavía, al parecer, más interrogantes que alimentos, aun cuando avanzamos hacia la profundidad de la actualización en la agricultura. No acaba de tener el filo suficiente, a juzgar por los resultados, la espada alejandrina que desate no ya el nudo, sino la multiplicidad de trabazones.
Recordemos que diversas medidas debieron derivar en mejores dividendos: significativas cantidades de terrenos tradicionalmente dedicados a la caña están ocupados ahora en cultivos varios, entrega de miles de hectáreas a usufructuarios, anillos productivos alrededor de las ciudades, incrementos de precios a los productores, cambios en la contratación, nuevas fórmulas experimentales de comercialización… por mencionar algunas de las más significativas.

A todas luces, aunque hay algunos resultados alentadores en algunos renglones, nada de lo anterior parece completar el acelerón que saque a la rama de los atasques en que se encuentra. Y no puede desconocerse que para los bolsillos y la existencia del ciudadano común esa situación está resultando costosa.

Algunas autoridades, con quienes intenté encontrar respuesta a este dilema, daban la razón a quienes afirman que ha faltado mayor integralidad y coherencia en el abordaje de la recuperación agrícola.

Por mencionar un solo aspecto, hay quienes sostienen que a todas las medidas ya mencionadas, como la de poner a las UBPC en igualdad de condiciones para producir —una estructura cuya aparición fue considerada como la Tercera reformas Agraria— y algo que requiere seguir profundizándose, debe agregarse mayor recapitalización y oxigenación de los grandes emporios estatales agrícolas.

Lo insoslayable es acabar de sembrar en nuestros campos la semilla de la prosperidad, sin la cual sería imposible la de todo el país. En agricultura, como en todo, creía el Apóstol de nuestra independencia, preparar bien ahorra tiempo, desengaños y riesgos. Y no se olvide que Martí situaba al campo entre los centros de la existencia material y espiritual de Cuba.

Un prominente naturalista norteamericano que decidió regresar al cultivo de la tierra de sus padres, sostiene que sin importar qué tan urbana sea nuestra vida, nuestros cuerpos viven de la agricultura; venimos de la tierra y retornaremos a ella, y es así que existimos en la agricultura tanto como existimos en nuestra propia carne.

Su tesis —sostengo nuevamente— podríamos acercarla a las exigencias actuales de Cuba. Nuestro país viene de la tierra y también retornamos a ella, y como reclama el actual proceso de actualización de la economía, deberíamos existir en la agricultura tanto como existimos en nuestra propia carne. Eso lo reclama esta cuarta Reforma Agraria.

Se han publicado 31 comentarios



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  • El Montero dijo:

    Es la primera vez que veo a un hombre de campo, con estudios comprobados, que le pone el dedo en la llaga de la agricultura cubana. Podran hacer no cuatro, sino diez reformas agrarias más, que mientras no recampesinen el campo, como usted mismo dice, no van a lograr nada.
    No sé que tipo de economistas tenemos que no se han dado cuenta que cada vez que colectivizan un poco de tierra se convierte en un par de años en marabuzales e improductividades, que los campesinos independientes son los que más producen y no hacen mas porque el gobierno le pone trabas a su gestión, he visto cosechas completas pudrirse en la guardarraya por no ir a recogerla ya que no le permiten al campesino llevarla el mismo a la ciudad. Sabemos que muchos hacen más dinero sin embarrarse la manos que los que trabajan la tierra, entre los directores de acopios, traslados,placitas y mercados hay más dinero que en las arcas del estado, pero nadie hace nada contra la corrupción.
    Me acuerdo que en mi Camagüey habían cayos de marabú en los enormes campos de caña ahora es al revés, esperemos que los que sacaron a los campesinos del campo creen las condiciones para que vuelvan.

    • jose suarez dijo:

      Suarez: Yo creo que si en eso recampenisar a Cuba, sría bueno que los escrirores como ustedes que son nada menos que de Camagûey se recampesinan también

    • Perdón.... dijo:

      Perdon, no son los economistas los que toman las decisiones. Conozco a muchos que han pasado años alertando de los desastres esperados. Tenemos muy buenos economistas.

    • Ana Gloria dijo:

      Tienes toda la razon, los campos sin campresinos laborioso son hambre segura…

  • jOSE SUAREZ dijo:

    Suarez. Le faltan datos que demuestren. por eljemplo: si el número de usufructuarios se corresponde con el aumento de la producción, eso nos diría lo acertado de la madida o el rendimiento por área que en un indicador importante sobre todo cuando la tierra altamente productiva no es mucha o si las formas de cultivo son las mejores.

  • Alberto Velázquez Del Rosario dijo:

    Aunque nunca me he decidido a publicar un comentario, soy fiel seguidor de sus publicaciones. Y como este último me ha conmovido al extremo de “sacudirme el piso”, trataré de racionalizar el espacio que se me permite para compartir también mis vivencias y reflexiones.
    Por razones de almanaque, no tuve el privilegio de vivir en carne propia la época de la firma de la 1ra Reforma Agraria; pero gracias a las enseñanzas (la escuela, mi abuelo, mi padre y mis tíos paternos, todos beneficiados) pude aprender de ella. Mi padre, de extracción campesina, después de la alfabetización se convirtió en obrero (ICRM, INDAF y finalmente Carpintero); mi madre, costurera empírica antes de la revolución, perfeccionó sus habilidades en las Escuelas Ana Betancourt -después de alfabetizada- y terminó su vida laboral jubilada como conserje en la escuela primaria del barrio, un barriecito costero, habitado mayoritariamente por mineros y pescadores -nada de sembrados, ni siquiera parcelas, solo contadas matas de plátano fruta, mango, guanábana o “guapén” para el autoconsumo; pero mi abuelo y tíos paternos sí fueron campesinos y continuaron, hasta el último de sus días, ligados a las labores del campo como pequeños agricultores. De modo que puedo decir que provengo de familia obrero-campesina, aunque sin mucho arraigo campesino y mucho menos experiencia, excepto las que adquirí en los períodos de vacaciones cuando visitábamos a los abuelos o en las Escuelas al Campo, donde estudié becado durante 6 años (Secundaria y “Pre”). Las demás “Reformas Agrarias” sí las he vivido y hasta sufrido.
    Tengo sobradas razones para amar el campo e igual que usted, también me invaden los recuerdos. Llevo en el corazón los esplendorosos años vividos en las “becas”. Recuerdo cómo -o movidos por el entusiasmo, la disciplina y el rigor o tal vez por ambos- íbamos al campo entonando a coro las canciones de moda, el yarey calado hasta las orejas, azadas al hombro, machetes afilados o simplemente las manos prestas a la labor… a trabajar. Cultivábamos la tierra y cosechábamos prácticamente “de todo”, según la época: productos de ciclo corto (papa, boniato, calabaza, frijoles, tomates, pimientos, lechuga, col…) y de ciclo mas largo (plátano, yuca, naranja, guayaba, mango… y hasta tabaco).
    Como usted, Ricardo, soy de procedencia humilde (humilde de los de verdad, no de los humildes de las biografías): desde el vientre de mi madre, desde mi “cuna”, desde mi primera cama. Soy, también como usted, un profesional (pero de las Ciencias Técnicas) y todo cuanto soy (convencido estoy, no me cabe la menor duda), ha sido gracias a la Revolución; a mi Revolución, a la Revolución de la que, a pesar de residir en el exterior, no reniego y a la que en cualquier circunstancia y en cualquier lugar que me encuentre, voy a defender hasta mis últimas consecuencias. Pero al pan, pan y al vino, vino.
    Hay que reconocer que nuestra actual situación y nuestra realidad, independientemente de la política hostil de los diferentes gobiernos de los Estados Unidos, sus medias y leyes, son el resultado y reflejo de lo que ha hecho nuestra propia Revolución y que la verdad (ontológica o lógica), es esa.
    Hace unos pocos años, pasé por donde estaban las escuelas donde hice la secundaria y el “pre”. Recreé mis tiempos juveniles en mis recuerdos; pero sentí una gran desilusión. Hoy no sé; pero por aquellos años, cuando pasé por allí, el marabú, la hierba y las malezas se habían apoderado de aquellas pródigas llanuras y sabanas. Las Escuelas donde estudié -pertenecían a un plan de unas 17 o 18 ESBEC de construcción tipo Girón- estaban, afortunadamente, habitadas por ¿campesinos? que según supe, se dedicarían -supuestamente- a sembrar y hacer producir aquellas tierras; pero la realidad era que, desafortunadamente, a la vista de todos, solo habían sembrado indiferencia y decepción. He escuchado -por comentarios y rumores- y ojalá me equivoque, que otras muchas tantas instituciones educacionales en todo el país corrieron -o están corriendo- la misma suerte.
    Recuerdo cuando en los 80’s (nada de periodo especial) en las vacaciones, visitábamos a los abuelos y me iba o bien con el abuelo o con alguno de los tíos a “trabajar la finca”, a recolectar y clasificar frutas de clase (mangos bizcochuelos y moros o piñas cubanas), rigurosamente escogidos para venderlos a Acopio; pero que finalmente pasaban a ser parte del consumo familiar o animal porque Acopio nunca fue a recogerlos. Eso no estaba mal, pero parafraseando la Santa Biblia (y que me perdonen los cristianos) “no solo de frutas vive el hombre”.
    No pocos han sido las coberturas de prensa (reportajes del NTV, la radio y la prensa plana) sobre camiones con viandas, vegetales, frutas, cántaras de leche fresca…, que en determinadas regiones de la isla no fueron a su destino final: los mercados o la industria, porque se echaron a perder debido a que no fueron recogidos a tiempo. Y hay muchos, muchos ejemplos más -no reportados- de campesinos y organismos inconformes por situaciones similares.
    En la escuela aprendimos que uno de los principios de la Revolución era eliminar las diferencias entre el campo y la ciudad. A 60 años de Revolución, nada más alejado de la realidad. El desarrollo desigual y la falta de autonomía territorial estimula la emigración interna. Y nuestros campesinos llevan una cuota importante en esta emigración. La falta de insumos, los bajos salarios, las trabas y la burocracia; la búsqueda de mejores accesos a servicios básicos como la electricidad -y los beneficios asociados a los equipos y efectos electrodomésticos-, el agua corriente, el transporte y las comunicaciones; los materiales de la construcción, mejores ofertas de comercio y gastronomía, oportunidades de empleo y salario, sistemas especializados de salud, mayores oportunidades de educación, superación y recreación, etc., han impulsado a nuestros campesinos a las ciudades. El Plan Turquino está ahí, pero no lo garantiza todo.
    La Revolución -y sus dirigentes, los que toman decisiones en los distintos niveles- en su noble empeño por construir el ansiado socialismo próspero y sostenible, de la misma manera que nos hizo el bien intencionado también, inintencionadamente (seguro estoy), nos ha provocado el mal. Ciertas “políticas” de preferir importar determinados productos que podían ser producidos en el país antes que pagar precios justos, desilusionaron a no pocos campesinos. Las extremas centralización y dependencia económica; el excesivo paternalismo ligado a los abusivos subsidios y gratuidades; la cuestionada confusión del término “igualdad” con “igualitarismo”, la corrupción, el descontrol y la tolerancia que nos condujeron a la ineficiencia, a sentirnos “pobres con mentalidad de ricos”, a gastar y consumir más de lo necesario o a vivir de los recursos del estado; la renuencia a reconocer e instaurar la propiedad privada (y otras que con justeza hoy se reconocen en la nueva constitución) como forma de gestión de la economía; la renuencia a reconocer el derecho de la transmisión de propiedad; los derechos (con apego a las leyes y normas jurídicas) a la ciudadanía y de los ciudadanos a viajar o migrar… y muchas otras tantas políticas a mi juicio desacertadas o mal interpretadas, nos han hecho daño, mucho daño.
    Sufrimos en parte, como usted dice: “la fiebre socializadora de los años 80”; quisimos llenar el país de técnicos e ingenieros veterinarios, agrónomos, agropecuarios y ramas afines con alumnos provenientes de las ciudades, sin priorizar el potencial humano con arraigo, tradición, habilidades o conocimientos existente en nuestros campos.
    Los “Lineamientos” y la Conceptualización de nuestro Modelo Económico y Social, las Bases del Plan Nacional de desarrollo económico y social hasta 2030, la Nueva Constitución… van ahí. Por suerte, la Revolución “corrige ahora algunos de sus errores de idealismo y voluntarismo”, como usted plantea. Se han revisado los precios a los productores, se experimentan nuevas formas de contratación y comercialización y se han entregado miles de hectáreas de tierra en usufructo, entre otras medias. El futuro se vislumbra, pero con los campos cuartones y corrales aun sin generar lo mínimo necesario y sin resolver el ansiado problema de la mesa que tiene su génesis, indudablemente, en nuestra incapacidad (por la razón que sea) para hacerlos producir. Ojalá las nuevas medidas logren poner en nuestras mesas “más alimentos que interrogantes”, que nuestros campesinos, como usted dice, logren “el equilibrio entre el ansia modernizadora, el modelo político económico y su tradición agraria” y que las entidades estatales logren, al menos, igualar a nuestros campesinos en el uso eficiente de las tierras.

    • Jose R. Oro dijo:

      Leí tanto el medular artículo de Ricardo Ronquillo como su excelente y sentido comentario, estimado Alberto Velázquez Del Rosario. Que bueno que se decidió a escribir sus opiniones, todo ello es de la mayor importancia. Creo firmemente que hoy Cubadebate es la consciencia de Cuba, donde todos ponemos nuestras ideas y mas íntimos sentimientos
      Un fuerte abrazo cubano para usted Alberto Velázquez Del Rosario y las mayores felicitaciones para Ricardo Ronquillo por su telúrico artículo

    • Manuel DL dijo:

      Alberto Velázquez del Rosario : Excelente reflexión y todavía siguen en sus cargos los responsables !!

  • Alberto Velázquez Del Rosario dijo:

    Aunque nunca me he decidido a publicar un comentario, soy fiel seguidor de sus publicaciones. Y como este último me ha conmovido al extremo de “sacudirme el piso”, trataré de racionalizar el espacio que se me permite para compartir también mis vivencias y reflexiones.
    Por razones de almanaque, no tuve el privilegio de vivir en carne propia la época de la firma de la 1ra Reforma Agraria; pero gracias a las enseñanzas (la escuela, mi abuelo, mi padre y mis tíos paternos, todos beneficiados) pude aprender de ella. Mi padre, de extracción campesina, después de la alfabetización se convirtió en obrero (ICRM, INDAF y finalmente Carpintero); mi madre, costurera empírica antes de la revolución, perfeccionó sus habilidades en las Escuelas Ana Betancourt -después de alfabetizada- y terminó su vida laboral jubilada como conserje en la escuela primaria del barrio, un barriecito costero, habitado mayoritariamente por mineros y pescadores -nada de sembrados, ni siquiera parcelas, solo contadas matas de plátano fruta, mango, guanábana o “guapén” para el autoconsumo; pero mi abuelo y tíos paternos sí fueron campesinos y continuaron, hasta el último de sus días, ligados a las labores del campo como pequeños agricultores. De modo que puedo decir que provengo de familia obrero-campesina, aunque sin mucho arraigo campesino y mucho menos experiencia, excepto las que adquirí en los períodos de vacaciones cuando visitábamos a los abuelos o en las Escuelas al Campo, donde estudié becado durante 6 años (Secundaria y “Pre”). Las demás “Reformas Agrarias” sí las he vivido y hasta sufrido.
    Tengo sobradas razones para amar el campo e igual que usted, también me invaden los recuerdos. Llevo en el corazón los esplendorosos años vividos en las “becas”. Recuerdo cómo -o movidos por el entusiasmo, la disciplina y el rigor o tal vez por ambos- íbamos al campo entonando a coro las canciones de moda, el yarey calado hasta las orejas, azadas al hombro, machetes afilados o simplemente las manos prestas a la labor… a trabajar. Cultivábamos la tierra y cosechábamos prácticamente “de todo”, según la época: productos de ciclo corto (papa, boniato, calabaza, frijoles, tomates, pimientos, lechuga, col…) y de ciclo mas largo (plátano, yuca, naranja, guayaba, mango… y hasta tabaco).
    Como usted, Ricardo, soy de procedencia humilde (humilde de los de verdad, no de los humildes de las biografías): desde el vientre de mi madre, desde mi “cuna”, desde mi primera cama. Soy, también como usted, un profesional (pero de las Ciencias Técnicas) y todo cuanto soy (convencido estoy, no me cabe la menor duda), ha sido gracias a la Revolución; a mi Revolución, a la Revolución de la que, a pesar de residir en el exterior, no reniego y a la que en cualquier circunstancia y en cualquier lugar que me encuentre, voy a defender hasta mis últimas consecuencias. Pero al pan, pan y al vino, vino.
    Hay que reconocer que nuestra actual situación y nuestra realidad, independientemente de la política hostil de los diferentes gobiernos de los Estados Unidos, sus medias y leyes, son el resultado y reflejo de lo que ha hecho nuestra propia Revolución y que la verdad (ontológica o lógica), es esa.
    Hace unos pocos años, pasé por donde estaban las escuelas donde hice la secundaria y el “pre”. Recreé mis tiempos juveniles en mis recuerdos; pero sentí una gran desilusión. Hoy no sé; pero por aquellos años, cuando pasé por allí, el marabú, la hierba y las malezas se habían apoderado de aquellas pródigas llanuras y sabanas. Las Escuelas donde estudié -pertenecían a un plan de unas 17 o 18 ESBEC de construcción tipo Girón- estaban, afortunadamente, habitadas por ¿campesinos? que según supe, se dedicarían -supuestamente- a sembrar y hacer producir aquellas tierras; pero la realidad era que, desafortunadamente, a la vista de todos, solo habían sembrado indiferencia y decepción. He escuchado -por comentarios y rumores- y ojalá me equivoque, que otras muchas tantas instituciones educacionales en todo el país corrieron -o están corriendo- la misma suerte.
    Recuerdo cuando en los 80’s (nada de periodo especial) en las vacaciones, visitábamos a los abuelos y me iba o bien con el abuelo o con alguno de los tíos a “trabajar la finca”, a recolectar y clasificar frutas de clase (mangos bizcochuelos y moros o piñas cubanas), rigurosamente escogidos para venderlos a Acopio; pero que finalmente pasaban a ser parte del consumo familiar o animal porque Acopio nunca fue a recogerlos. Eso no estaba mal, pero parafraseando la Santa Biblia (y que me perdonen los cristianos) “no solo de frutas vive el hombre”.
    No pocos han sido las coberturas de prensa (reportajes del NTV, la radio y la prensa plana) sobre camiones con viandas, vegetales, frutas, cántaras de leche fresca…, que en determinadas regiones de la isla no fueron a su destino final: los mercados o la industria, porque se echaron a perder debido a que no fueron recogidos a tiempo. Y hay muchos, muchos ejemplos más -no reportados- de campesinos y organismos inconformes por situaciones similares.
    En la escuela aprendimos que uno de los principios de la Revolución era eliminar las diferencias entre el campo y la ciudad. A 60 años de Revolución, nada más alejado de la realidad. El desarrollo desigual y la falta de autonomía territorial estimula la emigración interna. Y nuestros campesinos llevan una cuota importante en esta emigración. La falta de insumos, los bajos salarios, las trabas y la burocracia; la búsqueda de mejores accesos a servicios básicos como la electricidad -y los beneficios asociados a los equipos y efectos electrodomésticos-, el agua corriente, el transporte y las comunicaciones; los materiales de la construcción, mejores ofertas de comercio y gastronomía, oportunidades de empleo y salario, sistemas especializados de salud, mayores oportunidades de educación, superación y recreación, etc., han impulsado a nuestros campesinos a las ciudades. El Plan Turquino está ahí, pero no lo garantiza todo.
    La Revolución -y sus dirigentes, los que toman decisiones en los distintos niveles- en su noble empeño por construir el ansiado socialismo próspero y sostenible, de la misma manera que nos hizo el bien intencionado también, inintencionadamente (seguro estoy), nos ha provocado el mal. Ciertas “políticas” de preferir importar determinados productos que podían ser producidos en el país antes que pagar precios justos, desilusionaron a no pocos campesinos. Las extremas centralización y dependencia económica; el excesivo paternalismo ligado a los abusivos subsidios y gratuidades; la cuestionada confusión del término “igualdad” con “igualitarismo”, la corrupción, el descontrol y la tolerancia que nos condujeron a la ineficiencia, a sentirnos “pobres con mentalidad de ricos”, a gastar y consumir más de lo necesario o a vivir de los recursos del estado; la renuencia a reconocer e instaurar la propiedad privada (y otras que con justeza hoy se reconocen en la nueva constitución) como forma de gestión de la economía; la renuencia a reconocer el derecho de la transmisión de propiedad; los derechos (con apego a las leyes y normas jurídicas) a la ciudadanía y de los ciudadanos a viajar o migrar… y muchas otras tantas políticas a mi juicio desacertadas o mal interpretadas, nos han hecho daño, mucho daño.
    Sufrimos en parte, como usted dice: “la fiebre socializadora de los años 80”; quisimos llenar el país de técnicos e ingenieros veterinarios, agrónomos, agropecuarios y ramas afines con alumnos provenientes de las ciudades, sin priorizar el potencial humano con arraigo, tradición, habilidades o conocimientos existente en nuestros campos.
    Los “Lineamientos” y la Conceptualización de nuestro Modelo Económico y Social, las Bases del Plan Nacional de desarrollo económico y social hasta 2030, la Nueva Constitución… van ahí. Por suerte, la Revolución “corrige ahora algunos de sus errores de idealismo y voluntarismo”, como usted plantea. Se han revisado los precios a los productores, se experimentan nuevas formas de contratación y comercialización y se han entregado miles de hectáreas de tierra en usufructo, entre otras medias. El futuro se vislumbra, pero con los campos sin campesinos; los cuartones y corrales aun no generan lo mínimo necesario para satisfacer siquiera un sector de la población y el ansiado problema de la mesa tiene su génesis, indudablemente, en nuestra incapacidad (por la razón que sea) para producir bienes del campo. Ojalá el gobierno y las nuevas medidas logren que el campo atraiga a los campesinos para hacer producir la tierra, que nuestros campesinos, como usted dice, logren “el equilibrio entre el ansia modernizadora, el modelo político económico y su tradición agraria” y que las entidades estatales logren, al menos, igualar a nuestros campesinos en el uso eficiente de las tierras y tal vez en nuestras mesas hayan “más alimentos que interrogantes”.

  • arturo@1975 dijo:

    Ronquillo, no sé si será necesario una reforma agraria o algo similar, lo que si necesitamos de carrera es mayor cantidad de alimentos para satisfacer esa necesidad insustituible de alimentarnos, además de productos sanos y saludables. Si esa producción es nacional pues además es sano para la economía cubana.
    Yo creo que existe temor de que existan personas con poder económico y que a la vez ejerzan poder político al menos en su radio de acción. Es por eso las trabas y las barreras. Si existe una persona o grupo de personas, que trabajando, sin explotar a sus trabajadores, sin precios exorbitantes de sus productos, crean grandes cantidades de dinero pues bienvenido sea. Mientras usted produzca, pues gane lo que se merece y que esa misma persona o grupo, se compren uno o varios camioncitos y su combustible y partes y piezas y sean ellos quienes lleven sus producciones a los mercados y hasta tengan la tarima en esos mercados para que nadie se enriquezca a sus costillas. Eso va a garantizar un incentivo a producir. Esa persona o grupo le doy una licencia de importación y que pueda traer sus implementos, se puedan fabricar una casa confortable con todo lo que lleva dentro, con lujo, siempre que salga de su sudor bienvenido sea, que se puedan comprar un carrito o dos los que ellos puedan comprar. Lo que quiero decir es que las personas se tienen que sentir estimulados a trabajar y producir, tienen que ver que su trabajo le genera todo lo que ellos necesitan y eso va a permitir que parte de esos ingresos se conviertan en ganancias para el país también, porque esas familias van a ir instalaciones turísticas y van a dejar parte de esas ganancias allí, a esas familias se le va a cobrar impuestos, esas familias van a ejecutar gastos que al final son ganancias o ingresos para otros. Yo veo que en China HUAWEI es privada y trabaja con el gobierno y no pasa nada, solo por poner un ejemplo. Repito la producción agrícola hay que darle un vuelco, ya se dijo en algún momento es un problema de seguridad nacional. Es preferible hacer y equivocarnos a no hacer nada, si nos equivocamos volvemos a empezar pero ya por una camino trillado, no por un camino que hay que empezar a construir. La agricultura cubana debe despegar en todo lo que sea posible hacerlo, lo mismo en la producción de viandas, vegetales, granos, carne, todo. Hasta hoy nadie entiende, que una persona que produce reces, no tenga en su nevera 10 kilos de esa carne porque es un delito. Tiene que comprarla en el Mercado a precios que mueven más que a la risa al llanto. Hagámoslo hoy, ya mañana no habrá tiempo. Lo digo desde una posición de un cubano patriota.

    • Cubano dijo:

      Su ánalisis, con el mayor respeto, es soñador y utopico (demostrado por la historia de la humanidad).
      » persona o grupo de personas, que trabajando, sin explotar a sus trabajadores, sin precios exorbitantes de sus productos,» Sencillamente, eso es un sueño. El que tiene trabajadores, los explota, el quie tienen productos, especula con su precio. O es que ya no lo está viendo. A pesar de todas las cosas incorrectas hechas, ya tenemos unos cuantos años de probar (y sufrir) lo que Ud. propone, y para mi ya se nos hicieron evidentes todas las lacras del capitalismo en esta esfera. ¿En serio, Ud. cree que eso es solución perfecta? Sencillamente, eso que Ud. desea, el sector privado NO LO VA A HACER. El sector privado va a hacer, LO QUE HA HECHO HASTA AHORA.
      También Ud. dice:
      «esa misma persona o grupo, se compren uno o varios camioncitos y su combustible y partes y piezas y sean ellos quienes lleven sus producciones a los mercados y hasta tengan la tarima en esos mercados para que nadie se enriquezca a sus costillas» Otro sueño. Si el que produce tiene a otro que se lo compra, ahi mismo, en su tierra, sin tener que moverse, ¿para que diablos el va querer pasar el trabajo de tener que transportarlo y después ponerse todo el dia a vender en una tarima? Para lo cual, además, tiene comprar camiones, buscar choferes, etc. Eso amigo se llama especialización del trabajo, en que cada cual se especializa en su negocio, y por tanto, es mas eficiente y rentable. El productor, se especializa en producir, el transportista en trasportar, el comerciante en comercial. Sencillamente, eso que Ud. desea, el sector privado NO LO VA A HACER. El sector privado va a hacer, LO QUE HA HECHO HASTA AHORA.
      Realmente quién único puede y debe hacer lo que Ud. desea, es el Estado, por una sencilla razón. Por que el Estado somos todos, porque el Estado debe hacer lo que querramos todos, lo que es mejor para todos. Desgraciadamente (y sin meter al bloqueo en la pelea), nuestro Estado y sus dirigentes a todos los niveles (que son personas como Ud. y como yo), ha cometido errores y hemos dado bandazos. Y además, la mayoria de los cubanos, estamos MALCRIADOS, y nos encanta hecharle la culpa a otros, nos encanta ver la paja en el ojo ajeno, vivir sin trabajar, etc.
      Puedo decir, muchas cosas mas, pero me ABURRÍ.

  • Ruso dijo:

    Estudié 6 años en escuelas en el campo (ESBEC-IPUEC) y nunca entendí que hacia parte de la producción agricola de un pais en manos de niños y adolescentes…para mi, fueron buenos momentos en mi vida pero productivamente para el país aquello era un desastre, sin contar el mantenimiento de estas escuelas, y ni hablar de la cantidad de gente de campo que jamás volvió al mismo…la idea fue muy romantica, pero condidero que si se hubiesen invertido esos recursos en comunidades agrícolas la situación hoy fuese diferente, al margen de otras dificultades…..

  • Jorge dijo:

    Estimado Ronquillo, por tratarse de Usted leí el artículo, es que nuestra prensa está llena de escritos amplios y vacíos sobre la agricultura. En la década de 1920, Lenin aplicó la NEP en Rusia, un país devastado por la Guerra Civil y aumentó ostensiblemente la producción agropecuaria. Viet Nam hizo su
    «NEP» y a pesar de estar destruido por una guerra imperialista de muchos años, pasó de importador de arroz al 2do. exportador mundial. China era un país agrícola, más
    atrasado que Cuba en 1959 y no tengo que
    hablar de los resultados. Entonces, ?qué no hemos hecho o qué hemos hecho mal repetidamente? Pensé que Usted, con su experiencia y profesionalidad iba a hacerse
    estas preguntas. O sea, no las mías que son muy elementales, sino algunas que lleven a una reflexión verdaderamente transformadora, porque es evidente que tenemos que hacerlo diferente. No todo, no me malinterprete, sino fijarnos cómo los
    otros, que estaban peor ahora están mejor y aplicarlo. El Presidente nos llama a eliminar las trabas. Lo apoyo siempre que mantengamos el socialismo, pero habrá que
    revisar cuáles trabas traban los cambios. Gracias.

  • arcangel dijo:

    AUTONOMIA. somos el único país en el mundo q necesita centralizar en un edificio administrativo para llamarlo de alguna forma para el control de todas la industrias del país, los cuales en su gran mayoría radican en la Hab.
    la solución inmediata como funciona en todo el mundo es la autonomía para cualquier industria. por eso es q en los años q menciono había producción pq existian miles de males que hoy no tenemos pero la economía necesita autonomía. Mas q demostrado un joven con 9no grado de estudios puede administrar una tienda. no hay q ir a la luna. y puede poner todos los elementos q usted quiera. pero los q pican el cake están dentro de los edificios antes mencionados. y cree usted q después de 60 años van a dejar sus oficinas confortables con sus carros modernos y comodidades de viajes. para trabajar de VERDAD y para q de VERDAD avance un sector que pide a gritos AUTONOMIA.

  • Omar dijo:

    Soy hijo de campesinos que antes de la Revolución trabajaban a la tercera para los terratenientes explotadores que tenían su vivienda familiar en la cuidad cabecera provincial, mis abuelos sufrieron hasta desalojo, vivieron más de un año en la orilla de un camino real. Con esto no se necesita contar más para imaginar sus vicisitudes por las que pasaron antes de La Revolución
    Para ellos la reforma agraria que los hizo propietarios de la tierra que trabajan fue una Revolución dentro de la Revolución.
    Recuerdo la felicidad de mi niñez dentro de los verdes campos, el consumo de frutas natural debajo de las matas, las bandadas de aves y mariposas; el baño en ríos sin contaminación. Pues la desaparición de muchos de estos dos últimos es debido al cambio climático y no a la socialización de la tierra, ni a la despoblación del campo del campo
    La socialización de los años 80, fue la motivación por la que al no sentirse propietarios, los seis hijos de mi abuelo paterno y los 13 de mis abuelos maternos comenzaran a abandonar en su totalidad el campo a partir de esa fecha, buscando mejores oportunidades para sus hijos en la cuidad , muchos de los cuales nos hicimos profesionales. A los que nos fueron socializadas las tierras no sentimos agravios, al contrario nos sentimos agradecidos del hecho que nos llevó a buscar mejor vida en la cuidad.
    Cuando me hice profesional iba en un jeep al campo donde nací a chequeo de inversiones de modernas vaquerías que a partir de los años 90 desaparecieron en su casi totalidad
    En una zona donde partir de la primera y segunda reforma agraria los pequeños campesinos organizados en una en CCS (pequeños propietarios) producían, se autoabastecían y vendían en pequeñas cantidades cultivos varios, leches y carne (de cerdo, ovino y corral al estar prohibido sacrificar el ganado) producían y vendían en mayor cantidad tabaco para la exportación, era con lo que hacían su mayor ingreso de dinero.
    Hoy lo que predomina es el marabú y la desolación

    Los que se fueron para la cuidad, difícil regresen, pero los que quedan si se sintieran propietarios, se frenaría el éxodo y puede surgir un cambio que mejore la producción. Por lo que apoyo la cuarta reforma agraria. Hace años cuando se planteó lo de la entrega de tierras en usufructo un viejo Revolucionario que participo en las intervenciones de tierras a los terratenientes en el Escambray y trabajo por años en la agricultura, me dijo hasta que no se haga al cuarta reforma agraria devolviéndole como propietario al tierra al que produce no se resolverá el problema de la alimentación.
    Argumentaba la agricultura lleva inversiones continuas a largo plazo, primero prepara la tierra, comprar animales que demoran aproximadamente un año en tener cría, crear condiciones donde resguardar esos animales, comida para los animales en sequía, hacer como mínimo un pozo cuando tengas crías ampliar , según la cosecha va dando resultados, tener regadío, sembrar una arboleda para frutos y sombra ; y más. Para ser eso se necesita ser dueño y poderla heredar. Eso no se hace en algo prestado, en lo prestado no se puede invertir.
    Hay muchas experiencia internacionales ej una no positiva pero que muestra lo complejo del tema recientemente vi en la TV cubana creo que por telesur un programa sobre el problema de la propiedad de la tierra en Sudáfrica, donde se mantiene el conflicto de la tierra pues aún permanece en propiedad de los colonos blancos. Muestras una granja que se expropio al colono , se le entrego a uno de trabajadores antiguamente y no producen nada , no por vago , sino porque no tiene experiencia de administración , conocimiento de la cosecha , y principalmente dinero para invertir , donde estaba el tanque de agua con paredes de bloque seco , se agrieto y no tiene dinero para repararlo
    AL lado una granja que se cooperativiso donde el antiguo dueño sigue asesorando, mantiene la producción, y sus miembros contentos pues han aumentado sus ingreso.
    En Cuba a inicios de la década del 90 cuando se convirtieron las empresas estatales en UBPC, muchos funcionarios que las apadrinaban se les veía alegre por la cargan que le quitaban, pensaron que funcionarían automáticamente y el resultado fue que cuando las dejaron solas hubo menos producción, casi ni para el autoconsumo y hubo que apadrinarlas de nuevo para hacerlas funcionar, no puede pretender que sin enseñarlo a caminar el niño va correr por el solo hecho de soltarle las ataduras.
    Pongo estos ejemplos, para aportar a lo complejo del problema y lo complejo no nos puede dejar seguir esperando, estudiando y experimentado, pues hay sobradas experiencias nacionales e internacionales a tener en cuenta
    En la cuarta reforma agraria, se debe encontrar el equilibrio entre las diferentes formas de propiedad y producción: deben convivir las grandes extensiones organizadas en Empresas estatales y cooperativas de alta productividad con uso de las modernas tecnologías, dígase planes de arroz, caña de azúcar, las granjas avícolas y porcinas, esta como primera fuente aporte de alimentos al país, en segundo lugar el campesino individual al que debe dársele el derecho a hacerse propietario de su parcela, y en tercer lugar y no menos importante al agricultura urbana y familiar. Pueden existir otras como la moderna Granja avícola automatizada que se construye en Pinar del Rio.
    Los cubanos padecemos del defecto de que tomamos una sola idea o cosa en la creemos y con ella pensamos que resolvamos todos los problemas, de ahí el dicho de que cuando no llegamos nos pasamos. Por eso pienso en las diferentes formas de propiedad y producción es la mejor vía, está probado lo que da cada una, sus ventajas, existen en varios países, no hay que experimentar.
    El problemas del agricultura o defice de alimentos que hay que importar es además de propiedad, de fuerza de trabajo, inversiones hace falta dinero y recurso para poner una finca en producción, cambio climático, aunque por el agua se ha portado bien el año anterior y este parece que va bien y el clima de Cuba, tuve la oportunidad de visitar un organoponico en Europa, parece que trabajas con aire acondicionado natural nada comparable al clima abrazador de Cuba
    Un tema que se ha comentado mucho en estos días en otros escritos es sobre la legalización de que se pueda sacrificar y comercializar el ganado. Lei en un comentario aquí en Cuba debate que en EEUU un granjero para poder sacrificar y vender su ganado es a partir de la sesta cabeza, con eso garantizan el que no disminuya la masa, claro con un control que la séptima a vender no sea producto de la compra. No se lo real de esto pero es una idea interesante.

    Muchos países presentan el problema del abandonó del campo, lo tiene España sin socializar la tierra, por lo que considero vendría de todas formas más tarde, lo que la socialización lo aceleró. Por eso pensamos que es la culpable. Incluso el problema a nivel mundial es no solo abandono del campo, también se da de los pequeños poblados hacia las grandes ciudades que es donde hay más oportunidades, también se da en China donde les dio pequeñas parcelas a los campesino los jóvenes prefieren el peor de los trabajos menos remunerados en la cuidad a seguir con sus padres en el campo . De ahí parte de lo complejo del problema
    De esto de los pequeños poblados hace muchos años cuando era Jefe del Estado Mayor de las FAR Ulises Roles del Toro público un trabajo, sobre la importancia de los Bateyes en Cuba y lo que representaba la cantidad de población que en ellos vivía, que considero sería oportuno desempolvar por los que tienen que estudiar y decidir sobre la agricultura y el campo en Cuba , creo que hoy cobre más importancia que cuando lo escribió hace unos años, pues el campesino aislado es muy difícil llevarle la comodidad de la modernidad, pero a los asentamientos y pequeños poblados es menos complejo aproximarlo a la comodidades ciudades como electricidad , teléfono , servicios de salud aunque sea un consultorio , es un intermedio entre el campo aislado y la cuidad , ahí es donde está la fuerza de trabajo de donde se pueden nutrir nuestros campos.

  • HECTOR Y EL HERMANO dijo:

    Buen artículo, muy oportuno. Ni en los Estado Unidos, ni Francia ni Israel, ningún país que conciba un proyecto serio para abastecer de productos agrícolas frescos un mercado, se le ocurriría en estos tiempos, repartir la tierra en pedacitos, atomizar campesinos por doquier, plantearlo es algo absurdo, anticuado, falta de análisis científico, no es práctico, no se ajusta y no funciona en nuestras condiciones, aunque la idea en sí, lleva en su interior el concepto correcto para organizar ese tipo de producción, como concepto, lo pequeño, razonablemente pequeño, que es lo que necesitamos como primera célula organizativa dentro de un sistema agropecuario, es lo lógico, donde nos confundimos, y estamos locos, es en lo conceptual de concebir esa célula pequeña articulada dentro de un todo como parte de un sistema grande, y que sea algo que se ajuste al contexto y el desarrollo social del ámbito rural cubano, pero ese concepto tiene que estar dentro de un sistema. Lo pequeño fuera de un sistema es absurdo e ilógico, por eso las propuestas de campesinar haciendo pequeñas parcelas no responden a un sistema que se armonice con el resto de los sectores y funcione como un sistema. El concepto debe ser organizar la producción en pequeñas células básicas pero dentro de un sistema, jamás fuera de un sistema, eso es lo moderno, es la solución real, atomizar campesinos y pequeñas parcelas por doquier es una irresponsabilidad, es puro romanticismo. Lo importante es defender el concepto, que es en parte lo que trata de argumentar el periodista. Defiendo la cultura del concepto, para mi es la primera herramienta, imprescindible para penetrar en la esencia de un problema.
    Las verdaderas soluciones para provocar un cambio radical en la producción agropecuaria en nuestro país están, en lo organizativo y estructural de la base productiva, donde no existe un sistema coherente y funcional, es algo burdo y obvio, se trata de crear un sistema cooperativo. Cuando en Francia los campesinos individuales en 1945 recurrieron a las cooperativas, lo hicieron como última y única alternativa, o se unían o perecían ante las exigencias industria monopólica, así se desarrolló en forma cooperada la producción agropecuaria como hasta hoy la conocemos para ponerse a la altura del desarrollo que vive la sociedad.

    El asunto de las cooperativas en Cuba por su importancia y valor estratégico requieren de un análisis más científico y reflexivo, donde intervengan las ciencias sociales primero que los vinculados al sector, hoy se hace al revés, los directivos lo hacen todo y obvian a las ciencias sociales y la mayoría no sabe porque sucede esto, hay que profundizar más en el desarrollo social del ámbito rural para poder concebir un proyecto en lo estructural y organizativo a tono con esa realidad, que muchos creen conocer desde su ubicación y vida citadina, nos creemos sabios. El actual problema de las cooperativas cubanas esta en lo conceptual de lo organizativo y estructural de la base productiva, algo determinante para hacerlas triunfar, existe mucho desconocimiento sobre el asunto, incluido en los propios actores que hacen esa papel de cooperativistas, no atender en sus causas este asunto no nos permitirá avanzar en nuestro desarrollo económico. Fidel creo genialmente y como ningún país lo logro hacer, las cooperativas agropecuaria que hoy son el modelo que se intenta extrapolar al resto de la economía, pero las cooperativas creada s por Fidel se quedaron detenidas en el tiempo, en esa idea inicial de Fidel, no fuimos capaces de seguirlas desarrollando, perfeccionándolas bajo un proceso científico a tono con nuestro socialismo. Los problemas que tenemos en la agricultura en general en la base productiva se están extrapolando al resto dela economía con las cooperativas no agropecuarias, por eso no avanzan, los conceptos están equivocados, se requiere un nuevo replanteo conceptual, eso es lo primero, debemos hacer una pausa y reflexionar con más profundidad, existe mucho desconocimiento del tema, se aborda solo por sus aristas. Hasta que las cooperativas no se organicen con nuevos y modernos conceptos organizativos , bien en la agricultura como en el resto de la economía, nuevos conceptos en lo estructural, creando UN SISTEMA, no lo que tenemos hoy en la agricultura un MOVIMIENTO COOPERATIVO, que en sus inicios fue liderado por la ANAP, hay que crear un sistema que orgánicamente funcione como un sistema, como un todo dentro de una cooperativa de segundo grado, donde todos sus miembros interactúan con la misma responsabilidad y beneficios por su gestión organizados como cooperativas de primer grado y de segundo grado, no con los modelos y conceptos actuales que se tienen de cooperativa de primer grado, que en realidad no son correctos, modelos copiados como una empresa pero con nombre de cooperativa, distorsionando el concepto de cooperativa de primer grado, en Cuba no existe y nunca ha existido una cooperativa de primer grado, no puede existir fuera de un sistema cooperativo, no existe en el mundo una cooperativa de primer grado que tenga 300 o más cooperativistas, eso es imposible de dirigir y además obtener buenos resultados, una cooperativa de segundo grado puede tener más de 1000 cooperativistas, pero producto de la sumatoria de los cooperativistas de todas las cooperativas de primera grado que la integran, eso en la actual modernidad no funciona como lo venimos arrastrando, existe mucha experiencia en el mundo, esos 300 cooperativistas o más que tienen cualquier cooperativa actual, deben organizarse en varias cooperativas de primer grado con un solo y simple objeto social, producir o prestar un determinado servicio, algo simple y preciso, algo a tono con la realidad social de las zonas rurales, desconocer esa realidad del desarrollo social en lo rural es la razón principal porque los burócratas conciben una y otra vez modelos organizativos divorciados de ese desarrollo social, porque lo que abunda en las zonas rurales son hombres prácticos, no ingenieros, intelectuales, entonces el presidente de una cooperativa de primer grado tiene que ser un hombre practico, una simple y sencilla estructura organizativa, un traje a su medida, que es capaz de movilizar a sus cooperativista con su ejemplo, la única forma que existe de influir eficazmente en las personas, el ejemplo, por ahí ya iniciamos la revolución en la agricultura, el presidente de la cooperativa es el primero trabajando, no puede ser un ingeniero con una oficina, esos tiempos ya quedaron atrás, hay que evolucionar hacia formas superiores de organización, con una cooperativa de primer grado sin indirectos, cero indirectos, todos desde el presidente enfocados en su objeto social, producir, dentro de un sistema de una cooperativa de segundo grado, la cooperativa matriz, ciento de pequeñas cooperativas produciendo para una cooperativa de segundo grado. Es necesario bajo rigor científico hacer la primera en Cuba y validar sus resultados, es beneficioso para que todos podamos aprender a ver la potencialidad de estas magnificas y socialistas formas organizativas, por ahí aprenderemos nuevos conceptos en la dirección, tiene que existir en lo que concibamos, una lógica de dirección, algo demostrado en el mundo. Nueva Zelanda desplazó del mercado de la producción de leche a los Estados Unidos solo con cambios organizativos ajustando a las ´posibilidades reales de dirección de un individuo, lo estructural y organizativo, ni más ni menos, lo óptimo, dirigir 300 cooperativistas es algo que nadie haría en el la actual modernidad como eslabón de dirección, existen confusiones conceptuales en la organización que es la causa principal de los bajos rendimientos y eficiencia en nuestras producciones, nada que ver con el bloqueo, solo cambiando radicalmente esos conceptos en lo estructural que tenemos hoy en las cooperativas, resolveremos desde sus causas el problema, hasta que eso no pase, no recuperaremos ni la agricultura ni la producción azucarera, ni funcionaran como necesitamos las cooperativas, esa extraordinaria palanca para generar motivación y resultados, ese milagro lo puede aportar la cooperativa cubana. Se necesita un replanteo más revolucionario y abarcador enfocado más en los detalles de esa base productiva, hay que hacer la nanotecnología de este fenómeno eso es lo primero, ahí están nuestros principales problemas, cambiar lo organizativo y estructural de la base productiva, vital para salvar el socialismo, no se puede seguir hablando de dinero, inversiones o recursos materiales en la agricultura sin antes dar este cambio conceptual en lo organizativo y estructural.

  • Alejandro Antonio dijo:

    Profe Ronquillo, he leido su comentario y muchos dolores de cabeza me ha dado comprender las formas de propiedad, gestión, administración de la tierra agrícola en nuestro país.
    Hay un dilema ante nosotros, la atomización generalizada de agricultores individuales no va a producir ese salto cuantitativo que esperamos para abaratar costos y finalmente aumentar oferta y reducir precios.
    Ya usted lo planteba antes, la gallina o el huevo, el salario o los precios. Cuál subir o bajar primero.
    Volviendo a la agricultura. Por otro lado, la producción a gran escala (la que en el recorrido de la historia ha demostrado producir sobradamente para satisfacer las necesidades crecientes de las poblaciones, sobre todo despues de la industrialzación) es un hecho que el latifundio en manos de pocos es casi tan dañino como una mesa vacía. Sin embargo, la colectivización con sus trabas burocráticas tampoco ha funcionado como se espera.

    Pienso que ambas, la colectivización y la producción individual pasan por el mal momento de su mala industrialización. Ni el país entero puede industrializarse de la noche a la mañana ni un campesino por su cuenta puede dotarse de las modernas tecnologías.

    No sé. Pero creo que hay que arriesgarse un poco y aumentar la capacidad de gestión y el área de cultivo de estos agricultures individuales y dejar que crezcan más. Que sean ricos, o muy ricos. Pero que industrialicen sus tierras y aumenten las producciones.

  • Eduardo Ortega dijo:

    Un día como hoy cayó en Dos Ríos el Apóstol de nuestra independencia.
    Su vida fue corta, pero intensa; se entregó por hacer de Cuba un país libre, independiente, y próspero para todos.
    En mayo de 1884, explicando su idea de la necesidad de “Los maestros ambulantes”, Martí adelantaba una idea, que a mi modo de ver explica parte de lo que se está discutiendo en este magnífico artículo; los problemas que hemos tenido en Cuba con la contradicción que se nos ha dado entre el aumento de la educación de las personas de origen campesino y la disminución de la producción agrícola.
    Decía Martí: “El campesino no puede dejar su trabajo para ir a sendas millas a ver figuras geométricas incomprensibles, y aprender los cabos y los ríos de las penínsulas del Africa, y proveerse de vacíos términos didácticos.”
    Adelantándose en comprensión a lo que nos ha sucedido, continuaba:
    “Los hijos de los campesinos no pueden apartarse leguas enteras días tras días de la estancia paterna para ir a aprender declinaciones latinas y divisiones abreviadas.”
    Nosotros, ante la noble idea de dar estudio y preparación a los hijos de los campesinos, propiciamos que estos se apartasen de la estancia paterna para ir a aprender… y ahora los campos están despoblados; los que de allí salieron han logrado aumentar sus conocimientos, ser hombres educados, pero la producción agrícola cubana es mucho menor de lo que hace falta.
    ¡Cuánto necesitamos estudiar profundamente a Martí! él como gran visionario, se adelantó a los acontecimientos y vio claro lo que podía suceder si la instrucción de los hijos de los campesinos los alejaba de la estancia paterna.
    La solución la daba Martí en la siguiente idea: “Eso que va dicho es lo que pondríamos como alma de los maestros ambulantes. ¡Qué júbilo el de los campesinos, cuando viesen llegar, de tiempo en tiempo, al hombre bueno que les enseña lo que no saben, y con las efusiones de un trato expansivo les deja en el espíritu la quietud y elevación que quedan siempre de ver a un hombre amante y sano!”
    Este es el mismo artículo de Martí donde expresó:
    “Ser bueno es el único modo de ser dichoso.
    Ser culto es el único modo de ser libre.
    Pero, en lo común de la naturaleza humana, se necesita ser próspero para ser bueno.”
    SALUDOS!

    • Jose R. Oro dijo:

      Excelente comentario del destacado Cubadebatiente, Eduardo Ortega, con el que coincido completamente. Un fuerte abrazo cubano

    • Cubano100% dijo:

      Independientemente de que realmente en nuestro pais (como en todo el mundo), el éxodo de los campos a las ciudades es un fenomeno real con un impacto negativo generalmente negativo, me parece que Ud. esta correlacionando incorrectamente las palabras del Maestro, porque precisamente, lo que el aconsejó es lo que ha llevado a cabo nuestra revolución, es decir, llevar la educación al campo (junto con muchos otros adelantos como la electricidad, la salud, etc.) . En cualquier rincón de nuestro pais, en la montaña mas alejada, ahí hay un maestro, en ocasiones para darle clases a un solo niño. Entonces, precisamente esas y otras enseñanzas del Maestro es lo que aplicado nuestra Revolución. Entonces, ¿de que habla Ud.?
      Por lo que Ud. dice, no va la cosa. Hay que estudiar a Martí, pero mucho cuidado con las interpretaciones que hacemos de lo por el dicho.

  • Guillermo Miguel dijo:

    Muy agradecido de Ronquillo, aprecio mucho su humildad y su capacidad periodística. Deseo expresar una vez más que uno de los factores que afecta al campesinado en general y está relacionado con temas económicos, es verdad que la sequía, el bloqueo, la falta de insumos hacen daño, pero que daño hace la burocracia en el Ministerio de la Agricultura, las trabas para entregar tierras a los que desean trabajarla, la cantidad de papeles que van a manos de administrativos para darle solución a problemas que suben desde los campesinos, las comisiones agrarias demorando procesos, cuántos funcionarios de la ANAP, gobiernos, delegaciones del Minagri y de otros organismos chequeando y chequeando….chequeando qué?, luchando qué?, por favor ¿?.
    Otro factor es la aplicación por parte de la ONAT de impuestos muy altos, pensando en que se van hacer RICOS le imponen tasas progresivas a los ingresos, estan haciendo un daño muy grande ya que los costos son muy altos para hacer producir la tierra, se habla de los créditos bancarios y hay problemas también para su otorgamiento, lentitud, colas en los bancos, el personal bancario está sobrecargado de trabajo y cuando un campesino llega allí, casi no pueden atenderlo, el campesino no se siente atraido por esas formas de financiamientos, hacer gestiones en la ciudad, buscar ayuda y solo encontrar trabas les hace incómodo la solución de su problema, luego el Seguro y todo lo relacionado con estos temas los hace muy difícil. Al campesino hay que exhonerarlo del pago de tasas impositivas progresivas que desestimulen, no se les puede poner topes en cuanto a los niveles de producción como le exigen a los productores porcinos, solo pueden producir hasta 2 mil cabezas en sus granjas, por favor cómo es eso?, dejenlo producir todo cuanto sean capaces, deberían estimularlos por su capacidad multiplicadora de incrementar las producciones de carne y así llegar a la sustitución de importaciones, la crianza de pollos de corral en patios y fincas y que estas producciones sean pagadas a precios altos para estimular su posterior venta en mercados, a hospitales y escuelas. Y un tema bien feo y pendiente de solución, la llamada cadena de impagos de las empresas estatales con los campesinos, es penoso ver por televisión en todos los chequeas del consejo de ministro a las provincias donde sale la cadena de impagos, ahí estan afectados los campesinos, entregan confiados sus producciones para que las empresas le paguen a más tardar en 30 días y es doloroso ver reclamaciones de 6 meses, 2 años de impagos, por qué?, dónde está la responsabilidad penal?, por qué la fiscalía no actúa?, por qué afectar al campesino?, al final se pierde confianza en el sistema y desestimula al productor. No podemos seguir dilatando el tema de la producción agropecuaria, hay que descentralizar decisiones a niveles municipales, hay que buscar el autoabastecimiento local, no demoremos más estas decisiones. La población necesita Urgente alimentarse adecuadamente. Saludos y gracias

  • Carlos Gutiérrez dijo:

    Artículo interesante, extenso, enjundioso e intrincado: No apto para ser leído en la oficina, por la concentración que requieren sus muchos entresijos. Lo rumiaré más tarde en la casa.

    Tiene, no obstante, hitos punzantes que resaltan.

    Y, fluyendo tácitamente, lo que yo creo que es el problema fundamental de nuestra economía: LA GESTIÓN DE LOS MEDIOS DE PRODUCCIÓN. (Nótese que hablo de «gestión» y no de «propiedad»).

    El párrafo dedicado a los datos sobre el uso eficiente de la tierra, demuestra que hay más eficiencia mientras más lejos está la gestión estatal. Considero que buena parte de los residuos de ineficiencia en las modalidades más eficientes, se deben a que el Estado no gestiona sólo de manera directa (a través de un administrador y su inevitable aparato burocrático), sino también a través de normas jurídicas generales que constriñen la iniciativa de los gestores no estatales, tanto individuales como colectivos. Un pequeño agricultor tiene menos interferencia estatal que una CPA, y esta, a su vez, menos que una UBPC, aunque todos pasan por las grandes interferencias que representan, por ejemplo, Acopio y el monopolio estatal sobre el comercio exterior.

    Más tarde comentaré de nuevo con más elementos de juicio.

    Salud y suerte.

  • Yordan dijo:

    A mi criterio:
    Fue una mala decisión establecer un tarifa progresiva a los impuestos sobre ingresos personales derivados de las producciones agrícolas. En la mayoría de los paises la agricultura es subsidiada, creo que sería más inteligente eliminar todos los impuestos sobre las producciones agrícolas y no tener que importarlas en cuc con bloqueo, helms burton, trump y no se cuantos enredos más.

    Creo que sería inteligente emitir licencias de importaciones para equipos agrícolas, tractores, sistemas de riego, semillas, fertilizantes, herbicidas y cuánto aparato puedan importar a título personal los campesinos y cooperativas, sin que sea necesario los créditos estatales y endeudamiento del país.

    Hay tantas cosas que se pueden hacer y que no tienen nada que ver con el bloqueo…

    Lo que si no se puede hacer es seguir haciendo reuniones para decir “hay que hacer” lo que hay es que comenzar a hacee de verdad en el surco y no en un buró o en un programa de televisión.

    • Cubano dijo:

      Un pequeño detalle que quizá lo haga darle otra vuelta a su analisis.
      La agricultura subsidiada, solo se da fundamentalmente en los paises desarrollados, y no en todas las ramas ni en todas las regiones del mismo pais, y además, aunque estén subsidiados, mayormente, pagan impuestos.

    • Guillermo Miguel dijo:

      Muy de acuerdo con usted. Esas medidas entre otras se deben tomar de inmediato. Por favor retiren todos los impuestos que la ONAT le tienen a los productores agropecuarios, no hacen falta y menos aún una tasa impositiva progresiva. Hay que premiar la producción agropecuaria, hay que estimular a todos los que deseen aportar alimentos a la mesa de los cubanos. En otro escenario futuro evaluaremos esos aspectos, hoy la necesidad es una: seguridad alimentaria de Cuba. Todos por ese objetivo, sin restricciones y burocracia.

  • LeoVega dijo:

    Lo que no comprendo es como con la necesidad de apoyar al campesino y acercarle muchas de las cosas necesarias para trabajar, no aceptaron la producción en serie del tractor OGGUN que propuso un inversor norteamericano para producir en serie y facilitar el trabajo en el campo.

  • tomyone dijo:

    Todo bien , el articulo y los comentarios, pero la realidad es que no pasa nada positivo , ACOPIO no contrata, los carretoneros llenos , las tarimas de los mercado privados llenos y las palcitas de ACOPIO vacias , eso da ganas de llorar, en esos estancos los preios son 2,3 y 4 veces mas que en las Placitas del estado , entonces quine paga , el pueblo , mietras burocratas detras de buroes dicten sentencia nada cambiara , el ultimo y peor ejemplo la caja de pandora de los impuestos de casi la mitad de las ganacias a los porcicultores , eso parece ciencia ficcion y cual es la moraleja , NO HAY CARNE DE PUERCO y si la encuentras esta a 50 y 60 pesos la libra , sera posible, saludos y buen dia a todos

  • jorge dijo:

    Amigos aqui hay mucha tela por donde cortar. Creo que aun faltan muchas medidas para hacer producir la tierra en la forma que la necesitamos. El usufructo sigue sin ser la forma en que el campo de el gran salto que necesita. Por ejemplo tengo familia que tiene tierra en usufructo y tiene tanto ganado vacuno como agricultura y no se pueden imaginar las vicicitudes para vender tanto el ganado como la produccion agricola, las perdidas que tienen por la corrupcion casi generalizada entre quienes pesan las reses o las perdidas que tienen al llevar la cosecha (tomate) a las fabricas. Ademas los obligan a pertenecer a alguna CCS de donde les sacan dinero por todas las formas posibles en grandes cantidades y a lo cual no pueden negarse (no hablo de impuestos). En cada base de CCS hay un grupo de personas que viven del sudor de los que si trabjan de verdad y cada dia son mas ahora ya rondan los 10. Ademas te obligan a aportar una cifra que puede ser de miles de pesos para una fiesta por el 17 de mayo que en el mejor de los casos incluye algo de congris cerdo viandas dulces y cervezas y ron. En la mejor de las «paladares» les sobraria a una familia para sentarse con aire acondicionado a consumir y ser muy bien atendido

  • tomyone dijo:

    Foristas los remito a Deng Xiao Ping y al 20 congreso del partido chino en 1979 donde se opto por la apertura , apenas 40 años despues miren el desarrollo que han alcanzado , de tu a tu con una potencia de 200 años de desarrollo , entonces que estamos esperando, a seguir rectificando , abrir sin miedo, este pueblo esta probado, ha resistido y defendido la revolucion contra viento y marea , la burocracia, el secretismo y el voluntarismo a ultranza nos han llevado al rincon del ring donde perdemos la iniciativa , ojala salgamos del marasmo en que estamos , saludos y buen dia a todos

  • Sergio dijo:

    Claro que no es facil buscar una solución al CAMPO, en medio de tantos «proyectos fallidos y fracasados».

    Pero cualquier intento de solución, que repito, no es facil en estas circusntancias, pasa por LIBERRAR el comercio. Regulaciones las justas y las necesarias, y a partir de ahí que se generen las cosas. Control fiscal sí (esto es dificil en un país acostumbrado al despilfarro), pero no en lo que se proudce, ni como se produce (of corse, tienen que ser condiciones adecuadas) y mucho menos en como se comercializa, que es lo peor que tenemos hoy en día y es un mal que arrastramos desde finales de la decada del 60 cuando se acometió aquella llamada «Ofensiva Revolucionaria», que fue el comienzo del fin de muchas cosas en este país.

    En fin, he dicho lo que pienso, en aras de buscar alguna solución que mejores el caos que tenemos,,, que no sólo es consecuencia del BLOQUEO.

    Saludos,

  • Rogelio dijo:

    Muchos controles y visitas alos territorios y no se ve nada de nada. Sobre todo en carne, quesos, leche que e slo que de verdad alimenta y hace que las personas vivan mejor y con menos riesgos de enfermarse, además de temner una vida digna de verdad, no comer otras cosas que solo espara llenarse.
    POR FAVORRRR!!!

Se han publicado 31 comentarios



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Ricardo Ronquillo

Ricardo Ronquillo

Premio Juan Gualberto Gómez. Subdirector editoral y columnista de Juventud Rebelde.

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