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Callejón al desastre

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Ivanka Trump y el Secretario del Tesoro de EE.UU., Steven Mnuchin, en la ceremonia de inauguración de la embajada estadounidense en Arnona, Jerusalén. Foto: Reuters.

Si el rey Salomón fue como le describen, estaría disgustado con sus presuntos descendientes. Para comenzar, hubiera aceptado dos estados en las tierras de la antigua Canaán o sus inmediaciones. Sería lo más cercano a la afamada decisión que se le atribuye ante el dilema de dos mujeres que decían ser las madres de un solo niño u otras sabias determinaciones que se le adjudican.

Insistir en un gen único común que acredite a los judíos como elegidos por Dios, y tanto como para que este les permita haberle robado territorio y bienes a sus semejantes, degradarles y continuar asesinándolos, no es una discutible categoría religiosa y mucho menos étnica. ¿Olvidaron la formidable mezcla donde se unen  antiguos pueblos caucásicos y mesopotámicos, ancestros europeos y semíticos, en la extensa cadena de mestizajes a las que, en realidad, pertenecen los actuales hebreos?

Quizás tengan razón los historiadores que califican de estado teocrático al de Israel y a congregación religiosa los enlaces donde se entrecruzan sus habitantes, oriundos, en definitiva, de todos los puntos cardinales del planeta. Suponiendo que fueran puros hasta lo inimaginable, tampoco tienen derecho a someter a otro pueblo contra el cual actúan bestialmente.

Sin embargo, el primer ministro Benjamín Netanyahu, en su discurso de apertura de la nueva embajada norteamericana en Jerusalén, insistió en una historia de tres milenios, como si ellos hubieran sido los únicos habitantes de un área geográfica que perteneció a los faraones egipcios o fue invadida por los grandes reinos medioevales con las Cruzadas, otro esfuerzo por justificar con pretextos divinos, afanes maliciosamente terrenales.

Y uno se pregunta en este minuto el por qué Donald Trump, pese a los pactos internacionales ratificados,  tuvo tanto apuro por trasladar la sede diplomática estadounidense de Tel Aviv hacia la Ciudad Santa, como la consideran las tres grandes religiones monoteístas existentes.

Ni siquiera construyeron un nuevo edificio. Emplean un local secundario de un consulado con el cual contaban en esa urbe, y si algo material estrena allí es un muro, evidencia de un gusto desmedido por los obstáculos físicos y un disimulado sentimiento de culpabilidad que les hace sentir miedo.

Aparte de esos detalles o del trasfondo histórico discutible que subyace en uno de los conflictos más viejos y graves de la era moderna, el hecho incita a un examen cuidadoso de las razones para tanta precipitación.

Fue en diciembre que el mandatario norteamericano hizo saber su determinación de dale rango de capital a Jerusalén, ciudad ocupada por los sionistas en 1967, cuando también se anexaron el Sinaí egipcio, el Golán sirio, Cisjordania y otros enclaves.

Se suponía que el traslado iba a ocupar a Washington durante unos 3 años, pero, decíamos, no esperó ni un semestre para materializar la oferta que ahora Trump justifica con una resolución aprobada por el Congreso en 1995, aun cuando ningún presidente desde entonces se atrevió a poner en práctica, por la oposición, como ocurre ahora también, de la mayor parte del mundo y por precauciones para que los diferentes e infructuosos procesos de paz no se vieran perjudicados.

En el video mensaje que envió para la ocasión, el magnate neoyorquino devenido jefe de estado dijo: “Israel es una nación soberana con el derecho, como cualquier otra nación, a determinar su propia capital”. Obvio que a la comunidad palestina no se le otorga similar competencia.

Los muertos, heridos y despojados los siguen poniendo aquellos a quienes les quitaron el suelo bajo sus pies, casas, tierras y, está visto, cualquier derecho. Solo en esta ocasión más de dos mil lesionados, muchos de ellos menores y unos 50 muertos, fueron abatidos durante las protestas aunque estaban desarmados, pero recibiendo fuego real y se les obstaculizó la asistencia médica. Así lo hizo constar la ONU, llamando a una mesura que no parecen conocer las autoridades israelitas.

No es solo apuro insensato el mostrado por quien, desde la Casa Blanca lanza los truenos…o los permite. Apenas asumir su gobierno un año atrás, Trump dejó saber que no era imprescindible la existencia de dos estados, pese a lo establecido al crear  el de  Israel hace 70 años. Disposición reiterada en todos los foros y tribunas.

No es insustancial que diferentes analistas asocien los recientes bombardeos contra Siria y el abandono del pacto nuclear con Irán, con esta táctica complaciente pro sionista. Puede ser tan sencillo como un resultado de la plena identificación entre potentados recalcitrantes que no miden las consecuencias de los demonios que están liberando. No se debe al azar que  se considera al lobby judío norteamericano como uno de los grupos de poder más influyentes. La prepotencia ciega siempre es irresponsable o incapaz de medir las repercusiones de sus actos.

Ignorar o darle poco valor a que esta política alimenta a los extremistas israelíes y lo comprometido de las probables derivas que ello enlaza, es muy imprudente. No existe mucho comedimiento tampoco  al incrementar el enfrentamiento con Europa, incluso si el jefe de la Sala Oval a orillas del Potomac, discurre que presionando a ese grupo de países los tendrá a su merced. Puede que sí…o no.

De entrada,  que menos unas 40, de las 84 legaciones diplomáticas invitadas, asistieran a la recepción por la objetada capitalidad, anuncia más rechazo que aceptación y reacciones capaces de transitar en varias direcciones.

“No existe mayor simpatizante de Israel en la Tierra” que Estados Unidos, dijo Netanyahu en su discurso y lamentablemente, tiene razón, aunque no se percate  de quién tiene la culpa por tan pronunciada soledad.

Jerusalén recibió este lunes la Embajada de Estados Unidos en Israel, trasladada desde Tel Aviv por una decisión de la Casa Blanca que ha roto el consenso internacional, en un ciclo de varias semanas de tensión. Foto: Getty Images.

Se han publicado 6 comentarios



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  • Pedro R.Castro dijo:

    Lucido comentario de la gran profesora Elsa Claro que como siempre nos ha desmenusado con agudeza, la triste realidad de los que se creen dueños del mundo. Y ademas entreve posibles finales poco gloriosos para los que disfrutan hoy de una victoria pirrica que se se ceba con la sangre de los verdaderos herederos de los philisteos. Solo añadir que la soberbia y la vanidad siempre pierde al arrogante.

  • Dinardo Suárez Rojas dijo:

    “No existe mayor simpatizante de Israel en la Tierra” que Estados Unidos, dijo Netanyahu en su discurso y lamentablemente, tiene razón, aunque no se percate de quién tiene la culpa por tan pronunciada soledad.Aquí está dicho por Netanyahu la esencia de la desición de Trump.

  • Lomban dijo:

    El mundo está al borde de una guerra nuclear en esa zona.

  • Leon dijo:

    Parece que en su locura belica lo que mas comparten Israel y Estados Unidos es la creencia de su papel divino historico. Quien se imaginaria que al crear el estado de Israel para intentar aliviar el sufrimiento del pueblo judio por el holocausto y la persecucion milenaria, estaria creando un monstruo que posible nos conduzca a todos al exterminio por su arrogancia y crueldad sin limites.En este siglo y con los adelantos en la ciencia el ser humano debia vivir seguro, sin hambre y en paz, pero la historia es ciclica y se repiten los mismos desmanes una y otra vez.

  • EL VIEJO dijo:

    Adolf Hitler fue un austriaco judío que quiso ser alemán y en su afán de “grandeza aria impostora” llevo al pueblo alemán al matadero de la guerra y a los judíos de la época al matadero de la cámara de gases. Donald Trump es un norte americano que viene de familia de inmigrantes, ahora al parecer quiere ser judío israelí y justifica y apoya la grandeza del sionismo, si los norteamericanos no se ponen duro con él los llevará al matadero de la guerra y al pueblo judío a ser proscripto, ya el fascismo lo hizo una vez. Los pueblos no tienen la culpa, pero al final son los sufren por la indiferencia con que tratan los desatinos de sus líderes y gobernantes. Muchos judios alemanes y norte americanos apoyaron a Hittlel en su inico como Lider del Pueblo Aleman.

  • cam dijo:

    bienvenidos al irracional mundo donde la religión es la base de la política, en mi opinión a Trump no le interesa Israel, ni palestina, ni el mundo, ni las personas, a el solo le interesa que los judíos millonarios costeen sus deudas y que su nombre aparezca en las cosas, el resto son los extras que hacen su reality show parecer mas real

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Elsa Claro

Elsa Claro

Periodista cubana especializada en temas internacionales.

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