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Primaria de Alabama: Steve Bannon vence a Trump

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Donald Trump y Steve Bannon. Foto: Mandel Ngan / AFP

Donald Trump y Steve Bannon. Foto: Mandel Ngan / AFP

En medio del fracking geopolítico cada país se mueve y se adapta conforme a su idiosincrasia y su circunstancia.

En el llamado Occidente (whatever that means) –que incorpora a Japón, país oriental– agoniza el centrismo político que le confirió su caduca estabilidad y que, en su fractura, se mueve hacia sus dos polos extremos de la disfuncional cuan anacrónica taxonomía decimonónica entre derecha e izquierda y que, a inicios del siglo XXI, adopta la colisión entre el depredador globalismo bancario neoliberal y el denostado nacionalismo económico populista: cada quien con su versión de fake news en la fase global de posverdad.

En Estados Unidos (EU) gobierna un híbrido triunvirato del trumpismo –supremacismo blanco con nacionalismo económico (EU Primero)– acompasado del neomilitarismo –de la triada del general Kelly, jefe del gabinete; del general McMaster, asesor de Seguridad Nacional, y del general James Mad Dog Mattis, mandamás del Pentágono–, acoplados a los banqueros de Goldman Sachs y sus fondos de coberturas (hedge funds) representados por Steven Mnuchin, secretario del Tesoro, y Gary Cohn, jefe de economistas de la Casa Blanca.

En la coyuntura reciente y en espera de las cruciales elecciones intermedias de 2018 que definirán el rumbo y el destino de la presidencia de Trump y sus cuatro escenarios, el trumpismo del supremacismo blanco –con o sin Trump, en forma paradójica– descolgó una simbólica victoria en la primaria por el alma del Partido Republicano en Alabama, donde el ideólogo del trumpismo (con o sin Trump), defenestrado por el general Kelly, humilló al candidato apoyado por el presidente Trump y el establishment republicano.

El trumpismo del ideólogo Steve Bannon, con o sin Trump, aprovecha la lastimosa realidad de 50 millones de miserables (del total de 324 millones de habitantes) que han proliferado en el cinturón bíblico y en el cinturón industrial: base electoral del trumpismo (con o sin Trump).

Desde que Bannon fue defenestrado de la Casa Blanca por las intrigas palaciegas de Jared Kushner, yerno de Trump –quien, por cierto y sin contar sus crapulosos negocios a la sombra del poder, no pasa sus mejores momentos cuando ha sido desnudado al haber imitado el mismo pecado capital de Hillary (haber usado correos públicos en su cuenta personal) y al haber votado en forma polémica como mujer.

Según Breitbart , portavoz del nacionalismo económico populista (adonde regresó Bannon), el yerno incómodo Kushner volvió a empinar a su suegro al persuadirlo de apoyar en la primaria de Alabama a Luther Strange, al mismo tiempo candidato del establishment y del vapuleado jefe de la bancada republicana en el Senado, Mitch McConnell.

Breitbart se refocila con el triunfo del juez Roy Moore, todo un personaje del Viejo Oeste: el músculo popular de la base venció el dinero corporativo del Partido Republicano.

Tras borrar sus legendarios tuits, donde apoyaba al derrotado Strange, Trump prometió apuntalar al insurgente juez de Alabama Roy Moore en la elección del 12 de diciembre frente a Doug Jones, candidato deslucido del Partido Demócrata –que todavía no se atreve a romper sus lazos con el caduco centrismo de los Clinton y Obama, en lugar de apuntalar a sus más carismáticas figuras como Bernie Sanders y Elizabeth Warren: más cargados a la izquierda antifinanciera.

La base supremacista evangelista blanca (los WASP) se ha rebelado contra las recientes tratativas bipartidistas de Trump: su acuerdo con el liderazgo demócrata en el Congreso para incrementar el tope fiscal (debido al huracán Harvey, pero sin Puerto Rico) a cambio del apoyo a los dreamers y, quizá, del olvido transitorio de la erección de la tercera parte del muro con México, como ha declarado Chuck Schumer, líder neoyorquino de la minoría senatorial demócrata.

El incipiente bipartidismo de Trump ha sido zaherido por su mismo Partido Republicano que no le puede otorgar la mayoría funcional (en su segundo fracaso consecutivo) para repeler el polémico Obamacare (reforma de salud instalada por Obama).

Ahora Trump intenta diluir sus fracasos camarales, y de otra índole, con una temeraria cuan masiva reforma de recorte de los impuestos que beneficia a la plutocracia bancaria y satisface a todos los sectores del hoy fragmentado Partido Republicano y que, a juicio de la oposición demócrata, daña a la clase media y a la desahuciada clase obrera.

Según John Nolte, el “Partido Republicano teme que el fracaso de repeler el Obamacare signifique más Roy Moores en las elecciones intermedias de 2018”. ¿Cundirá un efecto dominó del evangelista nacionalismo económico populista?

El falso centrismo del establishment republicano lo ha autoflagelado debido a la revuelta en su granja evangelista.

Bannon arremetió contra el Partido de Davos (sic) que representa Mitch McConnell, quien se nota muy cansado a sus 75 años.

Demetri Sevastopulo, del Financial Times (FT), portavoz del globalismo neoliberal, admite que la derrota del candidato de Trump en Alabama estimula a los insurgentes: a grado tal que el triunfo del sector evangelista es susceptible de detonar una revolución (¡supersic!) en el seno del Partido Republicano.

Edward Luce, comentarista del FT y gran conocedor de la casa de naipes en EU, ubica la batalla ideológica y electoral de Trump contra Bannon en el sur profundo.

¿Opera Trump un doble juego: coquetea con el bipartidismo y con el establishment republicano que lo detesta (como el Partido Demócrata), al mismo tiempo que deja maniobrar desde el portal Breitbart a su ideólogo Bannon para propulsar la agenda del evangelista nacionalismo económico populista?

The New York Times, portavoz del centrismo clintoniano y de George Soros, diagnostica que el “triunfo de Alabama provee el plan de acción ( blueprint) de la nueva alianza de Bannon” con el multimillonario inversionista de hedge funds Robert Mercer y su hija Rebekah: se trata de “sustituir al establishment del Partido Republicano”.

¿Asistimos a la privatización de la vieja política en EU: de las dinastías de los Bush y los Clinton, con Obama, el establishment republicano, con el trumpismo (con o sin Trump) y con Bannon y sus financieros de la familia multimillonaria Mercer?

Bannon no oculta que libra una guerra contra los amigotes capitalistas y sus gatos obesos (sic) en Washington, Nueva York y Silicon Valley (sic). Contempla crear un partido en la sombra para avanzar el trumpismo (con o sin Trump).

Robert Mercer, científico en computación e IA, maneja 65 mil millones de dólares en su exitosa empresa Renaissance Technologies y estuvo detrás del financiamiento al Brexit mediante Cambridge Analytica (empresa de mina de megadatos y análisis) que captura las tendencias, motivaciones e ciberintimidad del electorado.

Hoy la vieja política en agonía ha sido tecnificada y secuestrada por los financieros de hedge funds tanto del Partido Demócrata (vía George Soros) como del Partido Republicano: la pléyade ultraconservadora de los hermanos Koch (Charles y David) y la familia Mercer.

(Tomado de La Jornada)

Se han publicado 6 comentarios



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  • lomejor dijo:

    Ni de derecha, ni de izquierda, del centro para poder tener lo mejor de ambos lados

  • Zugor Seg. dijo:

    …en mi tierra a los “centristas” (oportunistas), les dicen “manga e´ viento” (veletas), porque estan de donde sopla el viento…

    • lomejor dijo:

      A Zugor Seg.
      En mi mundo a los que no reconocen, o atacan de cualquier manera a los que piensan diferente, les decimos extremistas.

    • lomejor dijo:

      En mi mundo racional, los que no saben reconocer, ni dan espacios y persiguen los pensamientos pacificos diferentes se les llaman extremistas radicales, ¿seras unos de esos Zugor Seg?

      • humano dijo:

        Bannon es extrema derecha. No creo que sea ningún pacifista.

        Saludos.

  • Pepe dijo:

    Este artículo es muy difícil de leer :(

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Alfredo Jalife

Alfredo Jalife

Economista mexicano, profesor en la UNAM. Publica regularmente en periódicos como La Jornada y el El Financiero.

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