Imprimir
Inicio » Opinión, Política  »

El factor determinante de la derrota de la democracia

| 1
congreso brasileno efe

La incapacidad del movimiento popular en su conjunto de impedir que la derecha eligiese un Congreso mucho más conservador que los anteriore fue un factor determinante en el triunfo del golpe en Brasil. Foto: EFE.

Fueron muchos los factores implicados en el triunfo del golpe sobre la democracia: algunos, se vienen arrastrando desde el año 2003; otros, surgieron durante el segundo mandato de Dilma Rousseff. No obstante, al cabo, el factor determinante en el triunfo del golpe y la derrota de la democracia fue la incapacidad del movimiento popular en su conjunto de impedir que la derecha eligiese un Congreso mucho más conservador que los anteriores.

Si la derecha logró derrotar a Dilma, sin ningún argumento que lo justificase, fue gracias a la amplia mayoría de que dispone en la Cámara y en el Senado. Es cierto que contó, y sigue contando con el silencio cómplice de Supremo Tribunal Federal, pero de nada le serviría eso si no hubiese contado con una sólida mayoría en el Congreso en el momento de las votaciones.

Apoyándose en esa mayoría, se están revisando derechos fundamentales para la gran mayoría de la población, se está entregando el pre-sal al capital extranjero, se están recortando derechos de los trabajadores, de los jóvenes, de las mujeres, de los negros, de la gran mayoría de la población.

Por primera vez, la totalidad del gran empresariado se alineó en oposición al gobierno del Partido dos Trabalhadores (PT) y puso todos los recursos que puede movilizar para el financiamiento privado de las campañas en la caja de Eduardo Serra, eligiendo el Congreso más reaccionario de la democracia brasileña. Y la derrota que acabó siendo decisiva para la izquierda y para todo el campo popular fue no haber sido capaz de evitar ese giro a la derecha. No se consiguió un perfil semejante al de parlamentos anteriores ni tampoco canalizar hacia votos parlamentarios la mayoría electoral que Dilma consiguió en el año 2014.

Eso se debió, en primer lugar, porque debido a la poca importancia que hasta este momento se le concedía al Congreso, los movimientos populares no politizaban las campañas parlamentarias. Siempre hubo una gran desproporción entre los votos que se emitían en las elecciones presidenciales y en parlamentarias, espacio que siempre ocupaba el Partido do Movimento Democrático Brasileiro (PMDB), sin capacidad para elegir y ni siquiera proponer un candidato a la presidencia, pero mucho más apto, debido a sus prácticas clientelistas y al uso del dinero, para elegir grupos con poder de veto a nivel nacional.

Por otra parte, hasta este momento, entre los movimientos populares no existía la tradición de elegir grupos parlamentarios para defender sus intereses en el Congreso. En el Congreso está presente un lobby del agronegocio con un gran poder y, sin embargo, apenas hay unos pocos parlamentarios para defender los intereses de los trabajadores rurales. Tampoco hay un grupo significativo de defensores de la educación pública o de la sanidad pública, ni tampoco de los movimientos de mujeres, de negros o de jóvenes, entre tantos sectores del campo popular. El movimiento sindical tampoco tiene tradición de elegir grupos de metalúrgicos, de trabajadores de la banca, de funcionarios públicos y así sucesivamente. Da la impresión de que se deja en manos de la derecha tradicional la representación en el Congreso, que sería objeto de ataques por los medios de comunicación y de los movimientos populares por considerarlo poco representativo de la sociedad.

Es un error, pues, de todo el campo popular: de los partidos, pero también de los gobiernos y de los movimientos sociales en todas sus variantes. Con todo, con el fin del financiamiento privado de las campañas, esa debilidad puede ser, por lo menos en parte, superada. El país necesita un profundo proceso de democratización del Estado, por lo que es necesaria una nueva Asamblea constituyente, pero ésta nunca se hará realidad si no democratizamos el Congreso.

Otra cuestión sobre la cual debería reflexionar con urgencia la izquierda es sobre el fin del sistema de partidos, en relación con la proliferación de partidos de alquiler [1]. La democracia no puede pagar un precio tan caro, como el golpe que se que se produjo recientemente, como consecuencia de la escasa representación que tienen los partidos de izquierda al no conseguir superar la cláusula del porcentaje mínimo necesario de votos para tener representación. Esos partidos tienen que aumentar su representación y pueden hacerlo, como sucedió en Argentina con resultados muy positivos, formando frentes de partidos de izquierdas o cualquier otra modalidad, para seguir manteniendo su representación sin hacer pagar a la democracia el elevado precio de su descalificación por el mercadeo de partidos en venta.

Nota del Traductor:

[1] En Brasil se denominan ‘partidos de alquiler’ aquellos partidos, por lo general minoritarios y que por eso mismo no aspiran a una victoria en las urnas en las elecciones de ámbito estatal o federal debido a su carácter local (municipal o regional), que a cambio de determinados favores (por lo general personales y en beneficio de sus líderes), prestan algún tipo de ayuda o apoyo a los partidos que contratan sus servicios, entre los que se encuentran: cuota de pantalla en televisiones, facilitar coaliciones, mejorar los porcentajes de votos…

(Tomado de Rebelión)

Se han publicado 1 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • Juana dijo:

    Es decir, si la izquierda pierde entonces el sistema no es democrático? Cómo llegó esa izquierda al poder? Por los mismos medios que la sacaron del poder …

Se han publicado 1 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

Emir Sader

Emir Sader

Sociólogo y científico político brasileño, es coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro (UERJ).

Vea también