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Apendicitis aguda en extremo

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Enfermedades que en la actualidad tienen conductas bien instituidas cuentan con grandes historias. Una de estas es la apendicitis, entidad en la que casi siempre piensa un médico si le llega un paciente con dolor intenso iniciado generalmente en la parte media y superior del vientre y que en horas se traslada finalmente hacia la fosa ilíaca derecha (parte derecha e inferior del abdomen), entre otros síntomas y signos acompañantes.

En ocasiones esta afección hace pasar “malas jugadas”, como sucedió al célebre mago estadounidense de origen húngaro Houdini, quien cobró fama por sus fastuosos actos de magia en los que asiduamente arriesgaba la vida, celebrados generalmente al aire libre y ante miles de atónitos espectadores: en una de sus exhibiciones más mentadas logró salir, en menos de un minuto, de una caja sellada y arrojada a las aguas del puerto de Nueva York.

Pero fracasó del escape de la muerte a causa de una apendicitis enmascarada tras un dolor causado por un golpe abdominal asestado por unos retadores. Al no ser extirpado a tiempo, el apéndice le provocó una mortal infección en la cavidad abdominal (peritonitis); una causa de muerte impensada para aquel semidiós, “el Gran Houdini”, como se le había catequizado.

Antecedentes

La apendicitis aguda es un proceso inflamatorio causado por la obstrucción de una pequeña estructura delgada y cerrada llamada apéndice cecal, anexada en la parte inicial del intestino grueso. Se estima que cerca del cinco por ciento de la población padecerá de apendicitis aguda en algún momento de su vida.

Como estructura anatómica fue graficada claramente en 1492 en las descripciones anatómicas de Leonardo da Vinci. Sin embargo, pasarían años hasta que se demostrara como causa de una enfermedad; todo ello a pesar de los indicios de que la apendicitis es tan vieja como el hombre: en momias egipcias se han revelado pistas de esta afección.

No fue hasta 1886 cuando se dio un gran paso. El médico norteamericano Reginald Heber Fitz presentó en junio de ese año, en el Congreso de la Asociación americana de médicos, una conferencia donde enfatizaba que la mayoría de los procesos inflamatorios de la fosa ilíaca derecha están en el apéndice. Detalló con claridad el cuadro clínico y propuso la intervención quirúrgica temprana como tratamiento efectivo; fue, además, el primero que empleó el término apendicitis.

Casos trascendentales

Existen muchas historias de apendicectomías practicadas en condiciones sumamente difíciles. Se puede empezar por reseñar, por ejemplo, una crónica acerca de la presencia de las tropas cubanas en Angola, escrita por Gabriel García Márquez para la revista Tricontinental —edición 53, del año 1977—, donde se recoge la primera etapa de la Operación Carlota.

García Márquez, en una parte del texto donde narra las circunstancias de transportación marítima en que se llevó a cabo el traslado de las tropas cubanas a la nación africana, escribió: “En los 42 viajes que se hicieron durante los seis meses de la guerra, los servicios médicos de a bordo no tuvieron que hacer sino una operación de apendicitis y otra de hernia”.

Podríamos imaginarnos las contingencias y tensiones que enfrentaron aquellos valerosos médicos para acometer satisfactoriamente estas intervenciones quirúrgicas.

Pero entre todas las historias conocidas, hay una que sobresale. Esta tuvo lugar en 1961 durante la sexta expedición soviética a la Antártica, la cual estaba compuesta por 12 personas, incluido un médico.

Leonid Rogozov durante la autoapendicectomía. Foto: Southpolestation

Leonid Rogozov durante la autoapendicectomía.
Foto: Southpolestation

En medio del clima polar, el joven cirujano soviético de 27 años de edad Leonid Rogozov comenzó a sentirse cansado y a tener náuseas. A estos síntomas le siguió un dolor en la fosa ilíaca derecha que le llevó a autodiagnosticarse, sin muchas dudas, una apendicitis aguda.

Era una condición médica extrema por encontrarse apartado de la civilización, imposibilitado de recibir ayuda del exterior, y por tratarse, además, de un hecho sin precedentes.

Mientras Rogozov consideraba opciones terapéuticas sus síntomas empeoraron, por lo que decidió operarse él mismo, pues sabía que la apendicitis lo llevaría a la muerte y no podía cruzarse de brazos, darse por vencido.

Rogozov confeccionó un plan de cómo realizaría la operación y les precisó tareas concretas a sus colegas. Todo lo planificó al detalle: escogió dos ayudantes para auxiliarlo con los instrumentos, enfocar la luz de la lámpara, y sujetar el espejo mediante el cual vería todo lo que debía hacer.

Leonid tenía que extraer el apéndice sin anestesia para poder mantenerse vigilante. Solo se administró un anestésico local en su pared abdominal y vio cómo sus improvisados asistentes vestidos con las batas blancas quirúrgicas estaban más blancos que estas.

Durante la autointervención apareció un primer problema que no fue el único: el espejo que debía utilizarse para ayudarlo a operar le daba la perspectiva invertida del campo operatorio y lo aturdía, por lo que terminó trabajando al tacto, sin guantes.

Otras dificultades grandes fueron el haber perforado accidentalmente un tramo del intestino que tuvo que suturar, el sangrado persistente y los momentos en que casi perdía el conocimiento en el último trecho de la operación. Al tener el apéndice extirpado en sus manos supo por su color oscuro que si hubiese esperado un día más hubiera sido fatal.

Rogozov volvió a sus tareas dentro de la estación antártica a las dos semanas de la operación y retornó a su casa convertido en héroe. Fue una increíble historia de la cual se sacaron experiencias como la de valorar las apendicectomías “profilácticas” para quienes participan en actividades extremas y alejadas de la civilización, y una moraleja descrita por él: no rendirse, creer en sí mismo y luchar por la vida, incluso si ante una situación desesperada todas las posibilidades están en contra.

Algunas fuentes consultadas

Smith DC. Appendicitis, Appendectomy, and the Surgeon. Bull Hist Med. 1996; 70:414-41.

Rogozov V, Bermel N. Auto-appendectomy in the Antarctic: case report. BMJ. 2009.10; 339:b4965.

(Tomado de Juventud Rebelde)

Se han publicado 9 comentarios



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  • granito de arena dijo:

    Mucha confianza en sí mismo, ecuanimidad pasmosa y mucha sangre fría.

  • NRR dijo:

    que valor

  • Ileana dijo:

    Esta información sobre la appendicitis no pretende sustituir el criterio medico, ante cualquier síntoma acuda prontamente al servicio de salud.

    Los síntomas de la apendicitis se han descrito clásicamente en un orden conocido como la patocronia de Murphy. A pesar de ello, este orden sólo se respeta en el 50% de los pacientes, lo que hace que el diagnóstico de la apendicitis no resulte sencillo.

    1 El dolor comienza en el epigastrio (en la zona alta del abdomen) o en la región periumbilical (en el centro del abdomen en la zona del ombligo). Es un dolor sordo y continuo (dolor tipo cólico).
    2 Náuseas y vómitos.
    3 El dolor se irradia hacia el flanco derecho del abdomen y termina por localizarse en la fosa ilíaca derecha (zona inferior derecha del abdomen) de forma continua.

    Si alguno de estos síntomas aparece antes que otro, el diagnóstico puede confundirse. Por ejemplo, si aparecen antes las náuseas y los vómitos es fácil confundirlo con una gastroenteritis.

    Varias enfermedades ocasionan dolor en el cuadrante inferior derecho del abdomen simulando los síntomas de apendicitis aguda: enfermedad de Crohn, diverticulitis de Meckel (es una inflamación de una bolsa o divertículo que el 2% de la población tiene de forma congénita en el intestino delgado), ileocolitis por bacterias como la Yersinia, colitis amebiana, colitis tuberculosa, linfoma, cáncer de colon perforado o alteraciones ginecológicas.

    Es importante destacar que ciertas alteraciones ginecológicas como: el embarazo ectópico, la torsión de un quiste ovárico y el proceso de la ovulación del ciclo menstrual (que es lo más común), pueden ocasionar dolor sin fiebre, y se confunden con la apendicitis

    Se puede llegar a un diagnóstico de apendicitis por los siguientes medios:

    Exploración física

    El estado general del paciente suele ser bueno, aunque en apendicitis de etapas avanzadas suele deteriorarse. La temperatura es alrededor de 37,5 y 38 ºC.

    En la exploración abdominal hay signos que pueden ayudar al diagnóstico:
    Dolor en el punto de McBurney: se marca una línea desde el ombligo hasta la punta del hueso pélvico derecho anterior. El punto es la unión de los dos tercios más cercanos al ombligo con el tercio externo.
    Signo de Blumberg: al presionar una zona del abdomen alejada del apéndice se produce dolor en éste de forma refleja. Indica irritación peritoneal y sucede en otras enfermedades.
    Dolor abdominal a la extensión del muslo: esta maniobra sólo es útil cuando el apéndice tiene una localización retrocecal, es decir, está colocado detrás del colon y, por tanto, la palpación del abdomen no es tan efectiva.

    Hay una maniobra que se puede realizar de forma casera para sospechar o no una apendicitis. Consiste en que el enfermo se ponga de pie en puntillas y se deje caer sobre sus talones de forma súbita. En los casos de apendicitis el dolor en la región inferior derecha aumenta. Por supuesto no es una prueba muy fiable,
    pero puede ayudar.

    En los casos complicados hay fiebre alta y alteración del estado general. Cuando existe peritonitis generalizada, el dolor es intenso y generalizado, con riesgo de shock séptico.

  • noel dijo:

    Gracias iliana muy interesante y educativa tu exposicion me imagino que seas doctora por lo bien que explicas este tema tan interesante para la salud, me aclaraste mejor mis dudas que el articulo de cubadebate de nuevo gracias.

  • Irma dijo:

    Muy valiente, menos mal que era cirujano.

  • Preocupao dijo:

    En realidad el hombre no tenía opción, o se daba cuchilla él mismo, o moría agonizando en medio de fuertes dolores. De madre el dilema…

  • rccc dijo:

    Por cuenta de este artículo descubro algo interesante por línea directa familiar: Mí abuelo paterno fue operado de apendicitis con más de 60 años; mí padre con 55; yo con 32; mí hijo mayor con 7 y el hijo de este con 2,5 años. Según la lógica matemática y teoría de las probabilidades, a mi biznieto, o sea, al hijo de este mi único nieto varón, habría que operársela fetalmente. ¿Cómo lo detectarán, eh?

  • LGV: dijo:

    Buenas Tardes, interesante artículo mucho más de un Doctor. He leído cada unos de sus artíctlos, nunca había comentado, pero le quiero hacer una pregunta, porque no escribe un artículo de los fibromas y la terrible decisión de tener que practicar una histerectomía a una mujer en edad fertil?, que se ha dedicado durante 13 años a lograr embarazarse y que acaba de perder todas sus esperanzas. Mis respetos, saludos y admiración.

  • Industrial dijo:

    Lo de la apendicectomia profilactica tal vez fuese aceptada en personas que como este dr participan en actividades lejos de un hospital donde pudiese practicarse y poner en riesgo la vida,pero conoci de muchos dres que no son participes de realizarla en otras circunstancias,por ejemplo en los que se sospecha un abdomen agudo de otra indole y se le realiza una laparotomia exploratoria( se abre el abdomen en busca de la afeccion que causa los sintomas),algunos cirujanos ya “de paso” extirpaban la apendice para evitar en el futuro tener que operar dado el caso,la mayoria de los cirujanos no simpatizaban con ello porque habian visto varios pacientes complicarse durante este acto,como digo estos casos tienen otras circunstancias en las que es una medida preventiva que puede resultar eficaz por las condiciones en las que se encuentran.

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Julio César Hernández Perera

Julio César Hernández Perera

Médico cubano. Especialista de II Grado en Medicina Interna, Doctor en Ciencias Médicas, Profesor Titular.

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