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Confluencias del Viento sur

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Portada de “Viento sur” (2015) con la caricatura del maestro Juan David.

A ella, ya casi…

“Sopla hoy en el mundo el viento sur. Es un viento estéril, hirsuto, caliginoso, exasperante y sucio. Enajena el mar, monda el bosque, libera el lodo, empuerca el alma, agosta la risa, embota la mente, enerva el sensorio, degüella el canto, pega en la cara y embarra la boca de tierra parda, espesa y viscosa”[i].

Dramáticas palabras abren el volumen del Dr. Raúl Roa García (1907- 1982), las que reunidas nombró Viento sur. Las Ediciones La Memoria del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau lo han publicado en La Habana, nuevamente, en el 2015 con 290 páginas.

Homenaje a Roa obvio; el libro no había sido reeditado desde su prístina aparición en 1953; homenaje por carambola a Pablo de la Torriente Brau, su amigo. Homenaje también a una generación que luchó con todas sus fuerzas para que los días de Cuba cambiaran. Un libro que en su presentación del 2015, se quedó casi “huérfano”, porque nunca apareció, como ninguna otra de las actividades del Centro, en la promoción oficial de la recién concluida Feria Internacional del Libro; pero no importa, está el libro ahí, “jodiendo” como diría el Doctor.

Llama la atención la similitud dramática del liminal introito, que es más que guiño a las de “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Todas las fuerzas de la vieja Europa se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma: el Papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes”[ii]. El Doctor logra lo que quiere con el texto, coincide con los tiempos de cambio, el inminente asalto al cuartel Moncada lo confirmó y qué mejor anuncio, coincidente, que una buena ventolera del sur en forma de libro.

El texto reúne artículos que ya había publicado entre 1939 y 1953; y si Bufa subversiva (1935) recogía, en lo fundamental, los acontecimientos de la lucha contra la dictadura de Gerardo Machado, Viento… mayormente, es una abierta protesta contra la tiranía de Fulgencio Batista y el golpe de estado del 10 de marzo de 1952. Dos libros hermanados en la reflexión, contra la opresión y la explotación.

Viento… es una “…antología personal que nos acerca a temas diversos y a las ideas vivas de este cubano inquieto y revolucionario verdadero que abarcan un amplio arco temporal para traernos, hasta hoy, sus propuestas y sus interrogaciones”, al decir de Víctor Casaus, quien habló para presentar esta nueva edición de Viento sur.[iii]

Graduado en Derecho Civil y Público, el Doctor Roa García, fue profesor universitario y diplomático. A la caída de la tiranía del General Gerardo Machado, contra la que luchó, fue miembro de la comisión depuradora universitaria. Fundó junto a otros la Organización Revolucionaria Cubana Antimperialista (ORCA) durante su exilio en Nueva York y director de Cultura del Ministerio de Educación (1948). Fue embajador de Cuba ante la OEA (1959), ministro de Relaciones Exteriores (1959-1976), vicepresidente y presidente (psr) de la Asamblea Nacional del Poder Popular, hasta su muerte, ocurrida en La Habana el 6 de julio de 1982.

Publicó ensayos y artículos literarios en revistas y periódicos de Cuba, los Estados Unidos y América Latina. Entre sus libros se encuentran: Reacción versus revolución, Historia de las doctrinas sociales, Bufa subversiva, Viento sur, Escaramuza en las vísperas y otros engendros, Aventuras, venturas y desventuras de un mambí, La revolución del 30 se fue a bolina y El fuego de la semilla en el surco.

Después del triunfo de la Revolución, al frente de la diplomacia cubana, libró intensas batallas en defensa de Cuba, que le hicieron merecedor de ser recordado como “Canciller de la Dignidad”.

Sus escritos muestran, no sólo un exquisito dominio de la lengua española, sino una inusual agudeza personal que hacen simbiosis en su literatura y su prolífica obra periodística, al tiempo que se le señala encomiablemente como un intelectual comprometido con su tiempo, hacedor del mismo, componedor de crónicas de su época, que trasciende con un “estilo desordenado, brillante y original”, al decir de su amigo Pablo de la Torriente Brau.

Raúl Roa escribía por afán de servicio, no simplemente por el goce literario. Era, sin dudas, un “intelectual orgánico” en el sentido gramsciano[iv] y también martiano. Sus páginas narran la resistencia heroica de los republicanos españoles, la contienda contra el eje nazifascista y el militarismo japonés, el ejemplo cimero de los guerreros cubanos del siglo XIX y la necesidad de encarar a las dictaduras –Machado y Batista- con la unidad de todas las fuerzas sanas de la nación. Unas veces abiertamente –cuando lo permitía la censura– y otras apelando a la ironía, el doble sentido y la lectura entre líneas, Roa reafirma su posición de combatiente revolucionario, de francotirador, sin concesiones de tipo alguno. El objetivo de Viento sur es llamar por su nombre las realidades nacionales e internacionales de la primera mitad del siglo XX[v].

En Viento sur, Raúl Roa García, hace gala de su conocimiento y dominio del lenguaje y de la filosofía y figuración del mismo -el primer hablar de los hombres-, porque el viento, borrasca, remolino, para el Doctor se torna áspero, duro y tieso, cubierto de pelo, nebuloso, turbio, oscuro, tenebroso. De su estilo proclama: “Mis libros –salvo Historia de las doctrinas sociales– son todos artículos cosidos por el lomo y el estilo. Nunca he escrito por escribir: he escrito acicateado por algo que requería expresarse para algo (…). Ni escritor ni escribano: simplemente un soldador flamígero de palabras en puro afán de servicio”[vi].

En Viento…, los textos aparecen reunidos en cinco grupos. Los nombra el autor: Espíritu del tiempo y contiene lo referente a España, los avatares de la Guerra civil, lo europeo, incluido Benedetto Crocce, con una perceptible movida también más hacia el este con El Padrecito Rojo, texto sobre la muerte de Iósif Vissariónovich Dzhugashvili (Stalin) donde las saetas del marxista poco dado a la ortodoxia, al mimetismo y la obediencia debida, que siempre fue Roa, son disparadas en redondo.

El segundo grupo, concentrado en Desfogues tropicales, está dedicado a los temas de Cuba; el tercero Vendimia en borrasca a los acontecimientos ocurridos entre 1952 y 1953, al igual que Remolinos de la fantasía. Mientras que en Proa al viento vuelve a textos que tratan los hechos de la década del 30 del pasado siglo XX.

Recomendables -por disfrutables y soliviantadores-, Papalote sin cuchilla, aparecido en El Mundo, 16 días después del golpe de estado de marzo de 1952. Ejemplo del uso de la ironía, la sorna y una demostración también de que el valor le sobraba: “…Pueden convocar o no a elecciones. Lo cierto es que no hay constitución, ni democracia, ni república. Ni aun el babalao de Guanabacoa hubiera podido sospecharlo hace un mes; pero así es. Suerte que todavía permanecen en pie las estatuas de los próceres…” y continuaba renglón a posterior “…Siempre lo he dicho en mi cátedra universitaria –hoy desierta porque los estudiantes ni se rinden ni se venden-. Ningún habitante de este inefable planeta es tan inconforme como el cubano. La protesta es su actitud permanente. Nunca está de acuerdo con nada. Ni siquiera consigo mismo. Todo le molesta y todo lo critica. Incluso se opone al disfrute del paraíso en la tierra. Se lo acaban de ofrecer con bayoneta calada y quijotescamente prefiere el purgatorio con tribuna…”[vii]

El golpe de estado denunciado monda y lirondamente, retratado. Luego, en el mismo diario, el 23 de abril del mismo año, volvía al tema en lo que nombra: Lo que el golpe se llevó y lo hace invocando a José Martí y al pueblo cubano: “…lo que no cabe duda es que la libertad surgió, como sentimiento, con el primer hombre que tuvo conciencia de su dignidad. Pudo haber sido en la selva, junto a una pirámide o en una galera… Pero nadie, absolutamente nadie, supo captar como José Martí el sentido profundo y las implicaciones efectivas de la libertad. Es el derecho –sentenció en aquella su prosa concentrada de médulas y aromas- a pensar y hablar sin hipocresía”.[viii]

Viento sur está dedicado a Ada Kourí, su esposa. El libro fue ilustrado, en 1953, con dibujos y tintas de René Portocarrero y Raúl Milián, raro para una obra de este tipo, ya que es más usual que se use la ilustración en textos de ficción. En esta nueva edición, muy decente y con muy bien papel, en las que intervienen Victor Casaus, María Santucho, Isamary Aldama Pando, Héctor Villaverde, Alejandro Abella y Vani Pedraza García; como responsables desde la dirección hasta la edición, el diseño y el emplane, se recogen los mismos dibujos que Portocarrero y Milián hicieran para la edición príncipe e incorpora, en la cubierta, la caricatura que de Roa pintara, en 1969, el maestro Juan David.

No deja de hacer gala el autor en Viento… de un discurso libertario, donde no defiende a quienes mandan, señala a quienes obedecen a amos para recibir palmaditas en la espalda como premio y así “joder” al prójimo. Herético, enseña, a la vez que denuncia, pone el dedo en la llaga, invita a la reflexión, demuestra hablar sin hipocresías.

A pesar del título, que marca siempre el texto, el libro no está propiamente saturado de imágenes de los vientos. Noto o Austros llamaban en la antigua Grecia al dios del viento del sur, asociado con el calor al terminar Sirio, tras el solsticio de verano. Se creía ser portador de las tormentas del final del verano y del otoño y era temido como destructor de las cosechas.

Homero mencionaba a los cuatro vientos principales. Bóreas, el norte que traía el frío aire invernal; Noto, del sur, que traía las tormentas de finales del verano y del otoño; Céfiro, viento del oeste, portador de suaves brisas de la primavera y principios del verano y Euro, el viento del este, que no estaba asociado con ninguna de las tres estaciones griegas[ix] y es el único de estos cuatro que no menciona Hesíodo en su Teogonía[x].

Con el calor del verano actual que arrecia en estos días largos; el calor heredado y que no se fue del todo tras la primavera, pero por sobre todas las cosas, con la promesa de que se acrecentará; recuerdo lo que escribe un poeta “…va a hacer falta un buen otoño/ tras un verano tan largo/ el verde se está secando/ y el viento sur se demora…”

A pedazos se hace la vida, así sale. Nadie la saca completa ni de un tajo y con los buenos tiempos siempre al lado, sonrientes, llenos de fortuna y bienaventuranzas; se hace a pedazos la existencia y con mal tiempo también sale. Y hasta que trabajemos para hacer llegar la bonanza, que llegue la lluvia y con ella el Maná; leer Viento sur será como una aspirina -puede que no alcance a tener el tamaño del sol-, pero arrancará más de una reflexión, alguna sonrisa y también una buena carcajada.

Notas

[i] Roa García, Raúl (2015): Viento sur. Ediciones La Memoria. Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau. La Habana, 2015, 290 páginas. Ver: Sopla hoy en el mundo…., pág. 13.

[ii] Se publicó por primera vez en Londres, en febrero de 1848. El Papa Pío IX, elegido al trono en 1846, fue considerado un “liberal” enemigo del socialismo. El zar Nicolás I, antes de la revolución de 1848 desempeñó el papel de gendarme de Europa. Clemente Wenceslao Lotario de Metternich, primer conde y luego príncipe de Metternich-Winneburg, político y diplomático austríaco, fue el jefe reconocido de toda la reacción europea, entabló por aquel entonces contactos con François Pierre Guillaume Guizot, destacado historiador y ministro francés de Luis Felipe de Orleans, ideólogo de la gran burguesía financiera e industrial. A pedido del Gobierno prusiano, Guizot desterró a Marx de París. Los policías alemanes no dejaban en paz a los comunistas y no sólo en Alemania, sino también en Francia, Bélgica y Suiza.

[iii] Ledeca, Miguel: Viento sur: Raúl Roa, del periodista al escritor y viceversa enhttp://www.centropablonoticias.cult.cu/node/2395

[iv] Antonio Gramsci (1891-1937) Político, sociólogo, antropólogo y lingüística italiano, asesinado por el fascismo.

[v] Palabras de Victor Casaus en la presentación del libro.

[vi] Ver enhttp://www.centropablonoticias.cult.cu/node/2395

[vii] IDEM pág. 200

[viii] IDEM, pág. 165

[ix] Zeus repartió el año de manera que Perséfone, mientras estuviera con Hades en el inframundo, estaría triste, la tierra también, así que todo estaría frío, así nació el invierno. Cuando Perséfone regresaba con su madre, Deméter, la alegría del rencuentro haría que esa depresión desapareciera y todo volvería a florecer, dando lugar a la primavera y al verano.

[x] Poeta griego, suele situarse cronológicamente posterior a Homero, en la segunda mitad del siglo VII ac. Su Teogonía relata la genealogía de los dioses.

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  • granito de arena dijo:

    Tan sagaz era Roa que su gran amigo Pablo de la Torriente Brau mucho antes de caer en Majadahonda, había dicho que cuando Roa muriera habría que exibir su lengua en un museo.
    Hace algún tiempo escuché una entrevista que Arleen Rodríguez le hizo a la doctora Ada Kourí, viuda de Roa, que entonces residía en Roma acompañando a su único hijo, Raúl Roa Kourí, a la sazón embajador cubano en el Vaticano. Dijo cosas muy interesantes. Por cierto, no me gustó que la prensa cubana apareciera con una nota tan escueta cuando ella falleció porque esta mujer tenía una historia rica, muy digna de su esposo.

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F. Vladimir Pérez Casal

F. Vladimir Pérez Casal

Filólogo cubano. Colaborador de Cubadebate.

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