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Los valores de Varela

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Un mural en La Habana Vieja recuerda a Félix Varela. Foto: Old Havana Pictures.

Un mural en La Habana Vieja recuerda a Félix Varela. Foto: Old Havana Pictures.

Tenemos la manía de escribir en las fechas conmemorativas, en los aniversarios y con motivo de los acontecimientos muchos adjetivos  y destaques que después se nos olvidan, por eso, ahora que ya pasó la “resaca”, vale la pena volver al segundo tomo de En busca de la cubanidad de Eduardo Torres-Cuevas, editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2006; y me detendré, por lo que en días atrás ha sucedido en nuestro país, se ha publicado y dicho, en la vida y obra de Félix Francisco José María de la Concepción Varela y Morales, porque este hombre no fue un reformista, ni un independentista ni un integrista como en alguna bibliografía apareció hace años, sino alguien con una peculiar visión de lo cubano que superó lo criollo y que nos acerca por fin a lo que conoceremos como Patria.

Primero quisiera repetir que, como su primer “compañero” de 377 páginas; este segundo tomo, de 356, tiene también un papel horrible, un diseño interior aceptable y un diseño de cubierta que espanta al comprador.

Recordemos que Torres-Cuevas, nació en La Habana, el 4 de septiembre de 1942. Estudió en Cienfuegos, en los Hermanos Maristas y se hizo bachiller en el Instituto de La Víbora, en 1962. Fue alfabetizador en la Sierra Maestra. Se graduó de Historia en la Universidad de La Habana, en 1973. Es investigador y profesor Titular, alcanzó en 1990 el título de Doctor en Ciencias Históricas, y ha impartido clases en varias universidades cubanas, de Alemania, España, los EE.UU. y Francia.

La XVI Feria Internacional del Libro le dedicó un homenaje, junto al poeta César López.

El autor es miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua y posee varios premios, el Nacional de las Ciencias Sociales (2000) y el Nacional de Historia (2005).

Torres-Cuevas ha escrito importantes obras entre las que se destacan: Félix Varela. Los orígenes de la ciencia y conciencia cubanas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1995; Antonio Maceo: las ideas que sostienen el arma, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1995 y otras más. Ha colaborado además en numerosas publicaciones especializadas (nacionales y extranjeras); escrito prólogos e introducciones a libros, ensayos y folletos. Se ha destacado especialmente en la investigación y es Director de la Biblioteca Nacional José Martí.

En busca…, tomo segundo, comienza con Varela y termina en los albores de 1868 presentando al lector textos que llevan a comprender el proceso que significa llegar a la cubanidad, y expreso, que tenemos a mano sin cansonas reflexiones de Perogrullo y obviando lo conocido, letras que ayudan a ilustrarnos y adentrarnos en la intríngulis y en el por qué de lo que somos.

Félix Varela, fue un sacerdote, maestro, escritor, filósofo y político; fue el primero que teorizó entre nosotros acerca del patriotismo.

Hijo de Francisco Varela y Pérez, teniente del Regimiento de fijos de La Habana, natural de Castilla la Vieja, España, y de María Josefa Morales y Medina, santiaguera. Félix fue el tercer hijo y sus dos hermanas se llamaron María de Jesús y Cristina. Huérfano a los 3 años de madre, queda al cuidado de su abuelo Bartolomé, quien fue trasladado por su trabajo como militar a San Agustín de La Florida, a donde se lleva a Félix, que apenas sabía hablar.

Sobre su nacimiento, La Habana, 20 de noviembre de 1788, también Torres-Cuevas nos da luz, aclarando un ditirambo histórico del que podemos culpar a erróneas interpretaciones semánticas.

Estudió filosofía y teología en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio, que en su momento estuvo considerado entre los más prestigiosos de su época.

Varela fue Preceptor de Latinidad en el Seminario y con posterioridad, maestro de Filosofía, nombrado por el Obispo Espada. Organizó tertulias literarias en las que compartió con sus alumnos los temas de cultura, filosofía, ciencia y patria; sin dudas, sus materias preferidas.

En 1804 se inscribe en la Universidad de La Habana, simultaneando sus estudios en el Seminario. Recibe el título de Bachiller en Filosofía y Artes; y de Bachiller en Teología, con posterioridad el de Licenciado en Filosofía. En este año su carrera eclesiástica fue muy notable. Recibe la primera tonsura de manos del obispo Espada en la Catedral de La Habana, bajo dispensa de edad.

Fue nombrado sacerdote en 1807 y prestó su servicio religioso en el Monasterio de Santa Catalina. En 1809 solicita y obtiene del obispo Espada las cuatro órdenes menores y el subdiaconado de la iglesia católica. En diciembre de 1810 es nombrado diácono.

En 1811, ocupó la cátedra de Filosofía del Seminario y nuevamente con dispensa de edad canónica, ese mismo año es ordenado presbítero.

A los 24 años de edad el obispo Espada lo hace profesor de Filosofía, Física y Ética en el Seminario. Allí prepara el primer laboratorio de Física y Química de Cuba con cajas galvánicas, tubos de ensayo, máquinas neumáticas, sistema planetario móvil y otros instrumentos para la enseñanza de esas ciencias mediante la observación y experimentación.

Fue iniciador de la enseñanza de la Física y se le reconoce como el primer autor de un libro de esa disciplina en nuestro país.

Varela enseñaba con los métodos pedagógicos más adelantados. Pese a que, según testimonio de José de la Luz y Caballero, dominaba el latín muy bien, renovó la enseñanza de la época utilizando el español en sus clases y en sus textos, en los que abandonó el escolasticismo filosófico por la visión electiva del conocimiento y como se dijo introdujo la experimentación en el estudio de las ciencias.

Varela ayudó a formar en el Seminario San Carlos a los más ilustres  hombres de su época, entre los que se destacan: José Antonio Saco, Domingo del Monte y José de la Luz y Caballero.

El padre Varela también trabajó por el desarrollo de la cultura cubana y fundó la primera Sociedad Filarmónica de La Habana, colaboró con la Sociedad Económica de Amigos del País.

Ya desde 1816 tiene las premisas de su teoría emancipadora en el plano de su pensamiento político, con un inclinación independizada de las teorías escolásticas e independientes de sistemas foráneos en las que se destacan sus tres máximas, al decir de Torres-Cuevas: a) preferir el bien común al bien particular; b) no hacer nada contra la unidad del cuerpo social; c) hacer solo lo que es posible hacer.

En 1817 es admitido como socio de número en la Real Sociedad Económica, que más tarde le confirió el título de Socio de Mérito.

Publicó en varios periódicos habaneros de la época como El observador habanero  y  El papel periódico de La Habana, entre otros.

En 1820, enseña por primera vez en América hispana Derecho, y se dice que los jóvenes habaneros se paraban en las puertas y ventanas del lugar donde Varela impartía sus clases. Allí predica sobre la legalidad, la responsabilidad civil y el freno del poder absoluto.

El mismo Varela llamaba a estas clases “la Cátedra de la Libertad y de los Derechos Humanos, la fuente de las Virtudes Cívicas y la base del gran edificio de nuestra felicidad”.

En sus conferencias proclamó por primera vez en Cuba el carácter inalienable y sagrado de los derechos humanos, defendió con claridad y valentía el derecho de los pueblos y sembró las ideas políticas que más tarde habrían de conducir inevitablemente a la lucha por la independencia de Cuba.

Pero lo primero y más destacable del pensamiento de Varela  es su ruptura epistemológica con el pasado teórico y la ubicación de su gnoseología como búsqueda del instrumental teórico y metodológico para interpretar su realidad física y social.

Varela era partidario de que el aprendizaje siguiera un camino deductivo, para ir poco a poco a la inducción, o sea de lo general a lo particular. Por ello, algunos pedagogos cubanos contemporáneos afirman que se basó en la idea de la globalización de la enseñanza.

En 1822 fue electo diputado las Cortes donde pidió un gobierno económico y político para las Provincias de Ultramar, así como el reconocimiento de la independencia de Hispanoamérica. Al ser reimplantado el absolutismo por Fernando VII se tiene que refugiar en Gibraltar al ser condenado a muerte por sus ideas.

Llega a Estados Unidos en diciembre de 1823, se establece en Filadelfia y después en Nueva York. Allí publicó el diario El Habanero, que llegaba a Cuba a escondidas y junto a José Antonio Saco El mensajero semanal, además colaboró con las revistas Bimestre cubana y Recreo semanal del bello sexo.

En 1837 fue nombrado vicario general de Nueva York y en 1841 el Seminario de Santa María de Baltimore le confirió el grado de Doctor de la Facultad.

Durante su estancia en Estados Unidos su espíritu investigador continuó y se conocen dos invenciones suyas: un aparato para el asma capaz de acondicionar el aire, librarlo de la contaminación ambiental y mantenerlo a temperatura uniforme, y el otro; la patente de una rueda que facilitaba el movimiento, preservaba el pavimento y no producía ruido, ya que sus elementos constitutivos, además de no estar soldados interiormente estaban recubiertos de acero, que data de 1831.

Varela fue el primero que enseñó a los cubanos a alejarse de los moldes estereotipados y de experiencias ajenas a la hora de acercarse al estudio de una situación factual, buscando el ordenamiento, el análisis y la síntesis de la realidad.

En 1846, enfermo, se va a La Florida donde muere el 25 de febrero de 1853. Sus restos mortales descansan en la Universidad de La Habana. Entre sus textos más destacados se encuentran: Instituciones de Filosofía Ecléctica para el uso de la Juventud Estudiosa (1813); Lecciones de Filosofía (1818); Miscelánea Filosófica (1819) y Cartas a Elpidio (1835).

Pero lo que permanece en Varela no es solo el haber iniciado el camino que condujo a la independencia ideológica y política, sino también el haber dado una solida base ética al pueblo cubano, y el dejar claras por otra parte, las dos corrientes antagónicas del siglo XIX cubano; que se trasladarán hasta el XX; la primera esencialmente emancipadora, nacida del seno de la cultura, que porta en si el espíritu popular, patriótico e integrador de la independencia, la otra su contraria.

Desde 1983, y por algo que técnicamente se llama causas históricas, que se basan en una documentación completa, digna de fe y críticamente examinada, se dan los primeros pasos para la llamada causa de canonización de Varela, cuando la Congregación de las Causas de los Santos de la Santa Sede dio su consentimiento para que se abriese el Proceso en La Habana.

El 23 de febrero de 1995, la Conferencia Episcopal Cubana acogió tal decisión y el Proceso fue abierto oficialmente en la ciudad que lo vio nacer desde el 22 de enero al 15 de agosto de 1996. Se nombraron los postuladores del caso en Roma, La Habana y Nueva York, y una comisión de historiadores (que hizo sus investigaciones en 28 archivos y bibliotecas de nuestro país, España, Estados Unidos, Roma, Inglaterra y Francia) y otra de teólogos para examinar sus escritos.

La documentación resultante, en esa etapa, señala una serie de problemas de carácter histórico en las que aparece la “sombra” de incluirlo entre los próceres de la independencia y la de ser acusado de masonería o pertenencia a corrientes ideológicas ajenas o contrarias al catolicismo.

Por lo investigado en una razonable bibliografía que documenta y responde a las dudas y vacíos de su biografía; Varela fue un hombre de fe, empeñado con las causas de los que no contaban entonces nada en la vida social, fue fiel al hombre, a Cristo, a su Iglesia, y aparecen testimonios sobre su caridad hacia los pobres y hacia todos sus parroquianos. Abundaban también referencias a su espíritu de paz y de conciliación en una sociedad ultrajada por las discriminaciones raciales, sociales y religiosas.

El 30 de enero de 2001 una Comisión de historiadores de la referida Congregación, reconocía el valor de nuevos hallazgos y señalaba que aún permanecían vacíos importantes, pues la biografía continuaba siendo a veces fruto de consideraciones deductivas y no siempre documentadas, especialmente en sus dos primeras épocas, y que se encontraban elementos desde el punto de vista histórico, como su papel en el proceso precursor de la independencia de Cuba y su actividad durante las Segundas Cortes de Cádiz de 1821-1823. Otro de los aspectos que había que estudiar era el papel de Varela en el campo cultural como uno de los clérigos eminentes del llamado “liberalismo católico” de la primera mitad del siglo XIX.

La Comisión histórica reconocía claramente la existencia de una fama de santidad del padre Varela en muchos ambientes del mundo cubano y neoyorquino.

En su vida como sacerdote, aparecen polémicas que vivía por aquel entonces la Iglesia neoyorquina en tiempos de su obispo John Dubois (1826-1842), este lo describía como un sacerdote de óptima mente, condiciones y celo; algunos barajaban su nombre como posible candidato al episcopado para la sede de Nueva York, pero a eso se opuso fehacientemente el embajador español ante la Santa Sede, bajo órdenes explicitas del gobierno de Fernando VII.

Entre los años 2002 y 2011 prosiguen los estudios y se examinan los datos presentados por los investigadores en los que se aprecian hechos que llevan a declarar al padre Félix Varela como venerable siervo de Dios, paso previo para la beatificación, que concluyó en el último examen de la Comisión de historiadores y teólogos de la Congregación de las Causas de los Santos el 13 de diciembre del 2011, y llega a la conclusión que, tras examinar toda la compleja documentación, existen las condiciones para presentar al papa Benedicto XVI la misma.

Víspera del viaje de Benedicto XVI a Cuba, autoriza a la Congregación de las Causas de los Santos a publicar el Decreto que nombra venerable a Varela, el 14 de marzo de 2012.

¿Llegará finalmente a los altares Varela? ¿San Félix Varela?

No lo sé. Se dice que hubo un milagro que hizo Varela pero no lo aceptaron. Una señora había perdido repentinamente la visión y los médicos, después de un tratamiento no lograron curarla. Entonces una amiga le regaló una imagen de Félix Varela con la oración por detrás, la rezaron juntas y la pusieron debajo de la almohada. A los pocos días la mujer se curó. La Iglesia dijo que como había tenido tratamiento médico previo podía ser que los medicamentos hubieran hecho efecto con el tiempo.

Santo o no, su obra y su legado remueven profundamente las raíces de la cubanidad.

“El hombre piensa como vive” y “…no se le puede hablar a la gente del evangelio y de Jesucristo cuando tiene el estómago vacío, llénele el estómago y después háblele de Jesucristo y de todo lo demás”, o sea que tanto Carlos Marx como el Papa Pecci (Leon XIII) coincidieron en que la subjetividad de la conciencia social depende de la realidad.

Un ángel me describía como se deteriora la limpieza en la playa de Varadero. Ahora que vivo, desgraciadamente, en un lugar muy contaminado, me asusta pensar que ese paradisiaco lugar de nuestra geografía llegue a estar un día como este por indolencia o  indisciplina.

Recuerdo también las recientes protestas de un grupo de amigos por la aparición de una imagen trucada de un río, que gana un premio,   tratada con Photoshop; aunque se dice que uno de los propósitos del fotógrafo, según se explica, era denunciar el deterioro actual del río; en fin la defensa está permitida.

Hoy en día quienes pueblan sus márgenes lo declaran “…un charco moribundo y contaminado, en ocasiones dolorosamente pestilente, que agoniza y que según he escuchado en lugares oficiales no tiene protección, ni presupuesto por parte de nadie, ni nacional, ni provincial, ni municipal, casi que es una desgracia para nuestro San Antonio de los Baños contar con este regalo que nos dio la naturaleza”.

Un cantautor cubano decía, a propósito de los fondos para limpiar el río de marras, en una entrevista que un diario español mutiló y cambió al gusto de sus editores: “¿Qué hacíamos en nuestra juventud nosotros mismos, constantemente, sino cantar en todas partes?… Yo nunca he dejado de cantar así, sobre todo en mi país. Puede que no se sepa, pero jamás he cobrado un concierto en Cuba. Bueno: una vez Eduardo Aute y yo cobramos uno, en el Karl Marx, para donarlo a San Antonio de los Baños, para que la alcaldía tuviera un fondo (que decía no tener) para pagar a trabajadores que limpiaran el río Ariguanabo.

Cómplices del depredar nos podremos declarar todos. Desde cuando tiramos un papel al suelo y no lo recogemos, una lata, algo que puede parecer tan insignificante como un pedazo de nylon.

Recientes experiencias de vida me hacen recordar una lectura de los años 80, descubría por la época al filósofo húngaro Georg Lukacs, y decía más o menos esto -no logro recordar la cita 30 años después por supuesto y el libro vive lejos de mi ahora- se refería a los valores y a los enemigos: …cuando no te pueden derrotar en tus convicciones ni en tus actos, cuando no te doblegan, entonces recurren al desprestigio moral, transfieren hacia tu persona sus realidades más conocidas; el alcohólico te acusa de serlo, el ladrón te hace su igual, el apóstata te pega su apostasía; es la manera que tratan de doblegar tu espíritu y tu ser. La respuesta es vencer con el diario actuar, sin temor, aunque a veces se resienta la valentía, con la fe en tus ideas. Esa era más o menos la cita; y sucede.

Esto es en el micro mundo del “diario que a diario”, en el macro mundo recurro a lo que muy exquisitamente dijera recientemente Pedro Pablo Rodríguez: “…el peligro mayor, a mi juicio, está dentro de nosotros mismos. O somos capaces de efectivamente extirpar males que tienden a hacerse endémicos (como la corrupción, el burocratismo y la ineficiencia) -agrego la mentira y el temor a expresar lo que se piensa-, o muchos, quizás demasiados, mirarán a la cultura del capitalismo como la salida, aunque ellos terminen socialmente excluidos, y los índices de desarrollo humano caigan vertiginosamente hasta que la miseria sustituya a la pobreza, la física aclaro, no la del alma, de la primera incluso algunos podrán salir en el desarrollo de proyectos personales e individualistas, de la segunda nunca.

Todos tenemos un ideal de nosotros mismos y no siempre nos comportamos de acuerdo a esa idea de lo que queremos ser. Esas formaciones complejas de la subjetividad humana, que determinan las actitudes de las personas frente a las realidades, en sus relaciones con los otros, y que le van a servir también como patrones para auto valorarse son los mismos en casi todas las culturas y se llaman: justicia, honestidad, solidaridad, patriotismo, valentía, verdad; y hay que tener un sentido psicológico que opere dentro de cada uno para que realmente regule nuestra conducta, otras cosas son otras cosas, son dar vueltas en torno a conceptos-realidades, no son valores.

Monseñor Carlos Manuel de Céspedes expresaba en su última entrevista sobre lo que Varela significó para él y que destaco: “Para mí en lo personal significaría mucho que el padre Varela llegara a los altares porque él fue quien me inspiró a convertirme en sacerdote. Cuando joven me pregunté: “¿Cuál es la mejor forma de servir a Cuba?”. Y Varela me dio la respuesta. Y aquí estoy”.

Y mientras unos buscan y rebuscan en las entrañas de la Historia de la cubanidad y de la ciudad que los nació o que los adoptó como hijos, y otros luchan porque una playa o un río no desparezcan en la suciedad ni que se retrate en la mentira, que no caiga en el peor de los olvidos, el de la ignorancia; y que ignorantes con poder obvien realidades y no ayuden a salvar lo salvable; hay quienes pretenden que los valores universales desaparezcan, les ponen apellidos, los disfrazan como a los fantasmitas de esas fiestas de frío por octubre  que no celebramos porque no son de nuestras tradiciones.

Los valores que legó Varela son los del diario, los que nos transmitieron nuestros abuelos y padres, los que les transmitimos a nuestros hijos y nietos; reflexionemos entonces, ¿dónde iremos sin valor y sin valores?

Se han publicado 13 comentarios



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  • Raisa dijo:

    Bello, Belìsimo artìculo que nos enseña tanto, tanto, de nuestro Fèlix Varela, que desde hace mucho deberìa estar en los altares. Ademàs de la forma de comportarnos y los patrones de vida que debemos seguir todos que son: Justicia, Honestidad, Solidaridad,Patriotismo, Valentía, Verdad. BRAVO, BRAVO, linda enseñanza.

  • Carlos dijo:

    Excelente reportaje desde la lejana Oceanía. Ya echábamos de menos a estos escritos que tanta enseñanza transmiten, pero sobre todo, tanto desempolvo producen a los libros y a la historia nuestra.

    Un fuerte abrazo hermano Vladimir, no dejes de escribir.

  • Juan Manuel Alvarez Tur dijo:

    Hay en Varela una mezcla de sentido de la justicia hacia los negros, ¿compasión?, con pragmatismo, defensa de su clase y temor explícito: “nunca conviene que sepan que los tememos”, escribió. Después de aprender algo sobre los supuestos “abuelos de la nación” en sus propios textos y discursos, coincido con un intelectual imprescindible para entender el país (Fernando Martínez Heredia) en que se trata de una tesis falsa. Y nada más.

  • Doris de Segunda Cita dijo:

    Vladimir, hermano querido, excelente artículo, ya lo estoy llevando para SC

    Un abrazón

  • Henry dijo:

    Gracias Vladimir por este articulo tan profundo sobre el P Varela, el vive hoy en el corazon y el alma del pueblo cubano, sobre todo en los mas jovenes

  • Alex dijo:

    Estudié en una escuela primaria llamada Félix Varela y Morales en el municipio granmense de GUISA. Era una escuela pequeñita que logró posicionarse en primer plano por el incansable trabajo de su directora y maestra de maestros Lady Fajardo. Siempre recuerdo como en la biografía del mártir (el padre Varela), que teníamos que aprendernos de memoria para cuando llegara alguna visita, decía que se había opuesto a la memorística y a la escolástica y como era muy pequeño nunca lo entendí. Hasta que luego vi que precisamente esa imposición de repetir de memoria como si fuésemos cotorritas, era a lo que se oponía “el que nos enseñó a pensar”. Nada que uno de los verdaderos problemas que tiene hoy Cuba es que la enseñanza de nuestra Historia tan bella y rica es que en vez de lograr el respeto y amor a nuestros héroes, termina por lograr el efecto contrario. Es un mal con el cual han tenido que vivir los más jóvenes isleños. Días hará en que leí un artículo donde se mencionaban las indisciplinas sociales que sufría el parque Antonio Maceo en La Habana, llegando incluso a graffitar (término de ahora mismo) la base del monumento al Titán de Bronce, y yo pensando que sencillamente los responsables de esa acción no deberían, ni por una esquinita, de sentirse cubanos. Muchas gracias a Vladimir por otro texto tan hermoso y lleno de cubanía.

  • César dijo:

    Gracias Vladimir por tan bello trabajo.
    Adita se sentiria orgullosa en cualquiera de los cielos en que se encuentre.
    Saludos para Camilo y Alina.

    César

    • Vladimir dijo:

      Querido Cesar, es Vladimir, te lo agradezco mucho. Buscame en Facebook, Fidel Perez. Quisiera comunicarme contigo. Un abrazo

  • fide dijo:

    Me gustó su artículo gracias por acercarnos aún más a Felix Varela, una vida y obra para leerla una y otra vez y los jóvenes mucho más, de verdad para estudiarlo y entender personalidades indispensables en nuestra historia y nacionalidad, gracias.

  • respetuosa dijo:

    Muy buen artículo. Aprecio mucho el último párrafo en el que se hace referencia a los valores que nos legara el presbítero Varela. Todos debiéramos conocer el volumen titulado Cartas a Elpidio en el que aparece el famoso aforismo de No hay patria sin virtud ni virtud con impiedad. Puede que este no sea absoluto pero sí de gran peso.

  • Norma M. Ruiz Santamaria dijo:

    Vladimir
    Adita y todos estamos orgullosos de este articulo.Siempre es un placer.

  • omar dijo:

    VLADIMIR, ENHORABUENA POR ESTE ARTÍCULO. UN ABRAZO DESDE EL CARIBE, HERMANO.

  • Alejandro Cantalapiedra dijo:

    Necesitamos reflexiones como esta, comprender la esencia de nuestra identidad, lo que hemos logrado y que solo la cultura pude salvar, el apóstol nos previno diciendonos que ser cultos es el único modo de ser libres, cultos no para llevarlo en la mirada por encima de los demás, criticando hasta el calor del sol, sino para aprender de los otros, prever, detectar la trampa mortal de abandonarnos a los designios de los poderosos.

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F. Vladimir Pérez Casal

F. Vladimir Pérez Casal

Filólogo cubano. Colaborador de Cubadebate.

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