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Editorial de La Jornada: La hora de América Latina

En este artículo: América Latina, UNASUR, Venezuela
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El canciller venezolano, Elías Jaua, anunció ayer que su gobierno convocaría a una reunión de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) para discutir la situación actual en Venezuela. Desde Buenos Aires, en donde se entrevistó con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, y tras recibir el respaldo del ministro argentino del Exterior, Héctor Timerman, el jefe de la diplomacia venezolana expresó su determinación de que los venezolanos podemos sentarnos a negociar y tratar estos problemas.

El viaje de Jaua a Argentina debe verse como parte de la ofensiva política y diplomática emprendida por el Palacio de Miraflores para encauzar la situación conflictiva que afecta a su país hacia el diálogo y la negociación, luego de la reunión sostenida por el presidente Maduro con casi todos los gobernadores, la mayor parte de los alcaldes y representantes de la iniciativa privada, incluidos algunos empresarios de los medios tradicionalmente opositores al régimen.

En la circunstancia actual, el gobierno necesita una distensión inequívoca en el panorama político interno y desactivar las lógicas de confrontación y de violencia impulsadas por diversos factores y agentes internos y externos. En esa perspectiva, es claro que el respaldo internacional a esa estrategia de conciliación resulta crucial para lograr su éxito y, por ende, desactivar la vía de confrontación que ha venido acentuándose en el curso del mes que está por terminar.

Aunque la mayor parte de los mandatarios de Sudamérica han externado su respaldo a Maduro, y sólo el saliente Sebastián Piñera, de Chile, se ha sumado en forma explícita a las críticas contra el presidente venezolano, se requiere de una mayor coordinación regional en la promoción de soluciones negociadas entre las autoridades de Caracas y los opositores. En otras épocas habría resultado sumamente arduo lograr esa coordinación por la presencia beligerante de Washington en el único foro continental existente hasta hace unos años –la Organización de Estados Americanos–, pero actualmente se cuenta con las instancias diplomáticas regionales apropiadas para construirla: la propia Unasur, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac) y el Mercosur, en las cuales no participa Estados Unidos y los programas soberanistas e integracionistas del subcontinente tienen el predominio.

Cabe esperar, en suma, que la circunstancia crítica por la que atraviesa la nación sudamericana pueda ser resuelta con la asistencia respetuosa de países hermanos y sin la injerencia de Washington, y que las partes en conflicto sean capaces de empeñar sensatez, flexibilidad y altura de miras.

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