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Rosas y cañones a crédito

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La capacidad de transferir sus problemas y derroches al resto del planeta el mayor influjo, negativo, desde luego, que posee Estados Unidos.

La capacidad de transferir sus problemas y derroches al resto del planeta el mayor influjo, negativo, desde luego, que posee Estados Unidos.

El mundo está conjugando  el verbo asustar en todos sus tiempos y formas. Respetables organizaciones  suenan alarmas y motivos hay. “Los países desarrollados volverán a hundirse en la recesión si Estados Unidos no consigue un acuerdo para elevar el techo de su endeudamiento”, advierte la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Palabras de más o de menos lo dijo también  y antes, madam Lagarde desde el Fondo Monetario Internacional.

Lo que nadie anota debidamente es que esto es como el cuento del apaleado lo mismo por remar que por dejar de hacerlo. Que los republicanos claudiquen  y Barak Obama (o quien sea)  siga elevando el techo de la deuda norteamericana no implica hacerle ningún favor a nadie, ni siquiera a su propio país. Ser el mayor deudor mundial no es un mérito, como tampoco lo es la necesidad de vivir a cuenta de otros y seguir pidiendo a préstamo  y ese, no otro, es lo que implica permitir que aumente  la capacidad del  débito.

La supremacía de Estados Unidos no se expresa solo en sus bases militares en tierra y mar por todo el orbe, ni en el injustificado poder que ejercen sobre los organismos de crédito y finanzas, pese a constituir ambas un poder extraordinario. Es la capacidad de transferir sus problemas y derroches al resto del planeta el mayor influjo, negativo, desde luego, que posee.

Y no es asunto de estornudar para provocar gripe a los demás, que más de uno tiene ya neumonía.

El asunto relativo al “cierre”· del gobierno no es un problema que comenzó el otro día ni elemental repetición de eventos anteriores que se reiteran con peligrosa  similitud. En medio de sutiles diferencias hay hechos casi siempre pasados por alto, sobre todo por quienes deberían tenerlo en cuenta para remediar de manera permanente el problema. Digo, sería lo juicioso ¿no?

Cuando Nixon elimina el oro como patrón de equivalencia fija con el dólar y establece que esa divisa fluctúe según conveniencias del país emisor, abrió un camino que ha venido erosionando tanto la economía real norteamericana como la del resto del planeta.

Aquél gobierno financió la guerra contra Viet Nam con billetes devaluados y sin respaldo en valores sólidos, de la misma manera que después Reagan y  Bush siguieron alimentando la reconversión industrial estadounidense que pasó de ser productiva a netamente armamentista  y cavaron los nuevos huecos en una deuda pública que hoy asombra por su estratosférico volumen.

Un ejemplo: En el 2007 la administración Bush había empleado en la invasión de Irak 5 billones de dólares, cifra equivalente a la mitad del déficit público del momento y que siguió aumentando en los años siguientes.

Diferentes economistas relacionan esta y otras guerras con el alza de los precios del petróleo y, en general de bienes básicos. Y al manejo irracional de volúmenes tan exagerados de dinero improductivo lo vinculan, junto con las destructivas acciones especulativas, con la comprometida situación económico-financiera.

¿Abandonar el dólar?

Al decir de varios expertos, la crisis está provocada por  la dejación de los esquemas que permitieron gobernabilidad, aceptables equilibrios,  hasta 1970, pautas sustituidas en los 80 por un descarnado neoliberalismo, culpable de las alteraciones actuales.

Los altibajos del dólar, manejado a conveniencia por la Reserva Federal, influyeron en la aparición del euro (al cual no le faltan defectos) y que se diversificara la cotización de los hidrocarburos en varias y no una sola moneda. Por todo eso y mucho de cuanto cuelga, hace años, también se dio inicio a la búsqueda de alternativas para quitarle la preeminencia a una divisa que perdió los bríos que tuvo cuando Washington, a la inversa que ahora, fue el prestamista por excelencia al inicio de la era posbélica.

De que no será fácil un cambio lo indica que a Dominique Strauss Kahn le costara el puesto como gerente general del FMI, cuando era portador de un estudio de esa entidad destinada a asumir el DEG (Derechos especiales de giro o Bankor, nombre original que le dio Keynes),  como moneda de intercambio y reserva mundiales. Le armaron una trampa mortal en la cual cayó por soberbia, debilidades y ¿candidez? Una mezcla casi siempre letal.

Hasta los amiguísimos países del Golfo Pérsico, bastante calladitos, se han creado un signo monetario fiable y los emergentes  (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica) están comerciando en sus propias monedas. Varios de ellos, comenzando por China y la India, producen o compran oro.

En la actualidad reciente pareciera que China prepara con mayor positivismo la mutación de lo acordado en Breton Woods a  mediados de los años 40 del pasado siglo hacia algo a tono con este tiempo. Ha estado advirtiendo que no es posible continuar como hasta aquí y aparte de comerciar al margen del dólar incluso con Japón, otro de los grandes prestamistas  de EE.UU., viene acumulando el metal dorado, un clásico  de casi segura equivalencia a través del tiempo. Desde hace 6 años, China alcanzó el título de primer productor. Posee 403,05 toneladas.

La India, por su parte,  paga con oro a Irán por el petróleo que le compra  y ya reúne unas reservas totales de 557.7 toneladas del metal precioso, en tanto  Rusia tiene en su banco central  la friolera de 1.015,5 toneladas, apuntan cálculos del FMI.

Si ocurre un progreso sobre estas o equis bases y aparece el modo de darle los ahora inexistentes equilibrios a las finanzas mundiales, Washington se las verá moradas. Tanto para ellos, como para los demás –dadas las imbricaciones de la globalización-  sería preferible que pongan ojo y acciones en una manera factible de eliminar la sideral deuda, dejando de vivir a préstamo y dándole inteligente cierre a  las desmesuradas pretensiones de tener bajo su control al mundo, ambición que, según lo que se ve, les queda un poquito grande.

Se han publicado 2 comentarios



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  • Luis M. Domínguez Batistai dijo:

    Y qué será de los países subdesarrollados?. Los del tercer mundo, los aue no clasifican, ni en vía de desarrollo, ni como subdesarrollados, porque son menos que países indígenas de la peor clase, pero son los que suministran el capital en bruto al grupo desarrollado del mundo.

    Hay que mirar la parte oscura del planeta, donde viven millones en condiciones infrahumanas y valorar que la pobreza crece.

    El imperio trata de salir de la crisis global que se enfrente con crisis agudas y galopantes del capital internacional y polarizadas en los focos africanos, medio oriental y asiático, hay que ver cómo se pelea en Europa por la economía, como enfrentan los europeos la crisis y qué se piensa de ello.

    Van a tener que salir pidiéndole a la Santiacima Trinidad, que le haga el milagro de darle los patrones del socialismo para iniciar la transformación en Europa y el resto del mundo.

    No tengo tiempo para más, ahí se queda la teoría…

  • Juan José dijo:

    Pienso que después de todo el Socialismo es el único camino a la larga para resolver la crisis económica mundial, ya lo verán los que puedan llegar a mediados del presente siglo o más para allá.

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Elsa Claro

Elsa Claro

Periodista cubana especializada en temas internacionales.

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