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1955: Un año de luchas y definiciones

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A la distancia de  55 años se puede observar, que 1955 fue un momento de importantes acontecimientos y definiciones en nuestro proceso revolucionario, pues habían transcurrido tres años del golpe de estado del 10 de marzo de 1952, en los que se acumularon significativos hechos y se proyectaron otros de gran trascendencia.

Las acciones del Moncada, en 1953, precisamente cuando se celebraba el centenario del natalicio de José Martí, dieron un vuelco a la actualidad nacional. La circulación clandestina de La Historia me Absolverá, documento raigal de la Revolución,  hizo conciencia en las masas. Tras una amplia movilización popular,  que culminó en una victoria del pueblo, los heroicos combatientes del 26 de julio fueron incluidos en la amnistía y salieron de prisión el 15 de mayo de 1955.

Durante los 53 días que Fidel Castro permaneció en el país, multiplicó su accionar en una intensa actividad, en la que ganó múltiples batallas, a pesar de existir una constante vigilancia de los aparatos de represión, que él logró evadir con inteligencia.  Cuando se cerraron todas las posibilidades de aquel brutal acoso partió hacia México, el 7 de julio de 1955. Al salir, sus declaraciones fueron claras y precisas en sus objetivos de lucha, los que crearon una honda preocupación entre los partidos políticos existentes, que ampliaron sus esfuerzos en busca de una solución pacífica al drama nacional.

Los políticos que transitaron por más de medio siglo de hacer y deshacer, en los destinos del país y que no desconocían que una revolución, no sólo sería un peligro a sus aspiraciones electorales, que apuntaban además  un riesgo mayor, como la pérdida de  su supervivencia  de clase y privilegios, que deseaban salvaguardar a toda costa. Su estrategia fue buscar un espacio  político, que le proporcionó la Sociedad de Amigos de la República (SAR), presidida por el doctor Cosme de la Torriente, importante figura nacional y Coronel del Ejército Libertador, quien tenía idénticos intereses.

Como demostración pública, a la gestión señalada, la SAR convocó a los representantes de los partidos políticos, para un acto el 19 de noviembre de 1955 en el Muelle de Luz, que se transmitió por la radio nacional y tendría entre sus objetivos presentar los   proyectos para una solución política. El Presidente de la Federación Estudiantil Universitaria, José Antonio Echeverría, que asistió como invitado, estratégicamente aprovechó la ocasión para denunciar, por primera vez, los crímenes del Moncada y definir la política de la juventud cubana. Mientras tanto, los miembros de la nueva generación que permanecían entre el público asistente,  aplaudían y gritaban a todo pecho: ¡Revolución, revolución!

Con estos antecedentes como introducción, abordaremos en obligada síntesis los principales hechos ocurridos en  noviembre y diciembre de 1955, momento en que se  recrudeció al máximo la lucha contra la  dictadura, que sintió el empuje compacto y audaz de la juventud cubana.

La tradicional recordación a los mártires del 27 de noviembre de  1871, se efectuó  con el mismo respeto y devoción en todo el país, pero la chispa ardió esta vez en Santiago de Cuba. Cuando los estudiantes iban hacia el parque de la Libertad, para iniciar el acto por el aniversario 84 del fusilamiento de los estudiantes de medicina, junto al busto de su defensor, el Capitán español Federico Capdevila, la fuerza pública trató de impedir la manifestación y se estableció el acostumbrado diálogo duro, en el que la balacera y la fusta, se enfrentó a los puños, con las sirenas de las ambulancias que transportaban a los heridos, como música de fondo.

Lunes, 28 de noviembre: Vientos de rebeldía soplaron de inmediato en la universidad habanera, que vibró al compás de los acontecimientos. La voz  inconfundible del presidente de la FEU José Antonio Echeverría trazó la conducta a seguir y se acordó  recrudecer la lucha y hacer un paro de 48 horas, en solidaridad con los estudiantes santiagueros.

Martes, 29 de noviembre: Ante la situación existente en el Instituto del Vedado, se acordó, en una reunión con los alumnos del plantel, marchar en manifestación hacia ese centro educacional, la que fue disuelta en la esquina de las calles L y 23. Mientras tanto, la dirección de la FEU y la Asociación de Estudiantes de ese centro, llegaron por otras vías hasta la puerta del Instituto y la policía los detuvo a todos.

Miércoles, 30 de noviembre: Ante la gran expectación popular, José Antonio Echeverría y sus compañeros fueron puestos en libertad. Al llegar a la Universidad, anunció que el día 2 de diciembre harían una manifestación hasta el bufete del veterano mambí, Don Cosme de la Torriente.

Viernes, 2 de diciembre: Ese día, la prensa publicó una declaración del jefe de la policía, General Rafael Salas Cañizares, en las que planteó oficialmente al Rector que, si no eliminaba “a los comunistas y perturbadores de la Universidad de La Habana”, entonces lo haría la policía. Esa fría mañana, se sentía el presagio de la violencia en la Universidad, que era un hervidero de gente, que iba y venía. Muy cerca se oía el chirriar de las gomas de las perseguidoras y una cantidad inusual de policías  tomaba posiciones en las calles aledañas. Ante los estudiantes reunidos José Antonio planteó, con palabras vibrantes, el objetivo de aquella manifestación, que era: Llegar al bufete de Don Cosme de la Torriente, para entregarle una carta y envió una copia, con el dirigente estudiantil Luís Blanca para que se la entregara personalmente, pues de antemano sabía el desenlace de aquella manifestación. El documento denunciaba toda mediación o fórmula política y reafirmaba la línea revolucionaria y su único método de lucha, que era la línea insurreccional. En la última reunión, celebrada en el Salón de los Mártires, donde algunos planteaban su temor frente a la situación del momento, recuerdo a José Antonio, con su jacket de corduroy carmelita y gritando con toda la fuerza de su voz: ¡A la calle!

Es indiscutible que uno de los enfrentamientos más rudo entre la fuerza pública y el estudiantado, ocurrió ese día en la esquina de Infanta y San Lázaro. Al bajar la escalinata, se entabló uno de los encuentros más violento y desigual que se recuerda  de aquel proceso. Las fotos de la época recogen escenas patéticas, como una en la que están abrazados en el suelo José Antonio y su hermano Alfredo en medio de la calle y otra de Fructuoso Rodríguez, herido en la frente, tirado en la acera y recostado al jovencito Fulgencio Oroz, que trata de auxiliarlo, ante la mirada severa de un agente batistiano.  Tanto José Antonio, Fructuoso y un numero de compañeros fueron  conducidos a hospitales y prisiones.

Sábado, 3 de diciembre: En mi condición de vice-presidente primero asumí la presidencia  de la FEU, y ante la difícil situación, reuní al ejecutivo en la casa de Luís Blanca, donde se aprobó continuar el ritmo de la lucha con igual intensidad.  Se trazó  un plan: Primero, en horas de la noche efectuar un mitin relámpago, en el parque de diversiones Coney Island, donde se entregarían los premios a los artistas más destacados de la radio y la televisión. Segundo: dirigido por mí, lanzarnos al terreno de pelota del Stadium del Cerro, con telas pintadas con consignas revolucionarias. Tercero: Efectuar actos de protesta, en los cines, establecimientos públicos o en otros lugares y por último, los que quedáramos, nos mantendríamos en sesión permanente.

Domingo, 4 de diciembre: Entre los preparativos del plan, confeccioné una lista de compañeros sobradamente conocidos y no muy numerosos, para evitar indiscreciones, a los que cité para las doce del día en la cafetería de la Facultad de Derecho, a fin de explicarles el programa a seguir. En el parque del Cerro había  doble juego de pelota, y el segundo correspondía a los equipos de Habana y Almendares, que se conocían como los eternos rivales. El momento escogido fue al concluir el tercer inning de este encuentro, para que a una señal mía,  todos los compañeros se lanzaran al terreno, hacia las profundidades del center field y luego regresar hacia las gradas, con las telas desplegadas.

La mitad de los veintidós participantes me seguirían para tirarnos  por la tercera base y el resto, encabezado por Marcelo Fernández y José Smith, por primera. Estos últimos eran los encargados de llevar escondida la tela. Se les dio dinero para la entrada y el viaje de ida,  pues conocíamos que la vuelta sería gratis, o presos o heridos. Reiteré que el que no pudiera acudir a la cita,   lo dijera, pero todos respondieron afirmativamente.

La orientación era que permanecieran entre los fanáticos que estaban en el Stadium, para no despertar sospechas y yo me pondría en un lugar visible para dar la señal. Todo salió como estaba planeado. Al lanzarme, detrás de mi lo hicieron Luís Blanca, Blas Arrechea, Orlando Echeverría, Eduardo Chirino y los hermanos Pepé y July Fernández-Cossío, lo que ocurrió ante los ojos de miles de asistentes. Las fuerzas represivas habían triplicaron la vigilancia y de inmediato, entraron  al terreno y  nos golpearon con tanta fuerza, alevosía y ensañamiento, que los fanáticos presentes en el Stadium también se unieron a la protesta.

Un factor con el que no habíamos contado fue, que aquella salvaje golpiza fue vista por el pueblo, pues las cámaras del canal 4 de la televisión la transmitió íntegramente, no así el canal 6, que en una actitud cobarde, cortó la transmisión del bochornoso espectáculo.  Ya no sólo fueron los vecinos de la calle San Lázaro, los que presenciaban año por año los golpes de la policía a los manifestantes, sino todo el pueblo de Cuba, por lo que el acontecimiento tuvo una gran connotación.

Más tarde nos llevaron a un sótano, que había por la parte del left field y luego a la estación de policía del Cerro, donde los esbirros se turnaban para golpearnos, lo que nos hizo perder la cuenta del tiempo, pues aquel martirio que se recibía sin proferir una queja ni un lamento era interminable y sólo podía soportarse por los arraigados ideales mantenidos en la lucha. A los menos golpeados, los llevaron directo al Castillo del Príncipe y los que teníamos más huellas de la golpiza,  después  de  pasar por la Casa de Socorros, nos trasladaron al Hospital de Emergencias. Allí llegué inconsciente y desperté al otro día.

Sería interminable relatar los pormenores de aquel día, por lo que solo mencionaré  la importancia que tuvo para el pueblo presenciar esa agresión en vivo por la televisión y la destacar la valentía de los camarógrafos de la Televisión y locutores deportivos, que fueron detenidos al día siguiente, por haber narrado los hechos,  como si transmitieran  un juego de pelota y la actitud valiente del árbitro Amado Maestri.

Lunes 5 de diciembre. El Frente Cívico de Mujeres Martianas efectuó una combativa  manifestación de protesta, en  solidaridad con los estudiantes, en la céntrica esquina de Galiano y San Rafael, en la capital, donde ellas recibieron  una andanada de golpes y detenciones.

Miércoles 7 de diciembre. En su condición de Secretario General, René Anillo Capote asumió la presidencia de la FEU y organizó un acto en recordación a la caída en combate de Antonio Maceo, en el parque que lleva su nombre y al terminar su vibrante intervención, los asistentes iniciaron una manifestación hacia la colina universitaria. Se produjo un nuevo choque con gran cantidad de heridos, entre ellos, Juan Pedro Carbó Serviá y el joven obrero Camilo Cienfuegos, quien tuvo ese día su bautizo de fuego. Este hecho tuvo una gran significación, por ser precisamente él, quien luego dirigió la columna invasora del Ejército Rebelde,  con el nombre del Titán de Bronce.

Sábado 10 de diciembre. Muere asesinado en Ciego de Ávila el combatiente Manuel Cervantes, y la FEU acordó celebrar un velorio simbólico en La Habana.

Domingo 11 de diciembre. Cuando los estudiantes se disponían a realizar el entierro simbólico, con el traslado del ataúd  desde la Universidad hacia el parque Maceo de La Habana, fueron disueltos violentamente por la policía, lo que aumentó la lista de heridos y detenidos.

Miércoles 14 de diciembre. La FEU llamó a realizar un paro de cinco minutos en todo el país, a lo que el pueblo respondió solidariamente. Cuba vivía un momento muy crítico y la población temía salir a la calle. El periodista Mario Kuchilán, en la leída sección Babel del diario Prensa Libre, decía: “La Habana está triste. La calle tiene un gesto de contrariedad y sufrimiento. Los ciudadanos se preguntaban en voz baja: ¿Viste lo de ayer en la pelota? ¡Qué barbaridad! Y no había más comentario”.

Jueves 22 de diciembre. Ante la tensa situación nacional y para  aplacar los ánimos, en víspera de las fiestas navideñas, la dictadura decretó la libertad provisional para los estudiantes que estaban presos. En la cárcel, José Antonio había establecido  relaciones con los líderes azucareros y al salir se reunieron en el Salón de los Mártires, donde acordaron iniciar una lucha unitaria entre la dirección estudiantil y los dirigentes obreros, por la conquista del diferencial azucarero. Así comenzó una de las más grandes movilizaciones conjuntas en todo el país, en la que José Antonio convirtió la lucha por una reivindicación salarial en una movilización revolucionaria y combativa frente a Batista, con mayor énfasis en las antiguas provincias de Santa Clara y Camagüey. Ante el empuje de aquellas fuerzas unitarias, a la dictadura no le quedó más remedio que pagar, por primera vez, el diferencial azucarero.

De esta forma nos sorprendió el fin de 1955, que fue el preludio del año 1956, cuando desde tierras lejanas resonó hasta el último rincón del país el  histórico grito de guerra: “En 1956, seremos héroes o mártires”.

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  • Ricardo Guardia Lugo dijo:

    Gloria a los estudiantes de la FEU que ofrendaron su vida luchando por sus sueños. Gloria a Jose Antonio, a Tato,a Raúl Cervantes, el mártir de la FEU avileña, a todos. Compañeros, como dijo Martí, la sangre de los buenos no cayó en vano.

    Agradecemos la existencia de personas como Nuiry que nos permite a las nuevas generaciones de universitarios conocer de esas luchas heroicas, de esos combates contra la injusticia, de esa confianza profunda en un futuro mejor para Cuba.

    Ricardo Guardia Lugo,
    Presidente de la FEU, Universidad de Ciego de Ávila Máximo Gómez Báez.

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Juan Nuiry Sánchez

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