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Los arcanos imperiales

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Controlar  la información sobre su pasado, de la que depende su integridad y su futuro, es una de las tareas más celosamente cumplida por todos los imperios. Roma cultivaba el más denso secreto alrededor de sus razones de estado, los llamados arcanos imperiales, con el mismo celo que entrenaba a sus legiones, o ponía a prueba el don de mando de sus generales. Hoy, en los Estados Unidos todo sigue igual, solo que la tarea de mantener a raya a curiosos, enemigos, y profanos ya no recae sobre el otrora poderoso Colegio de los Augures, sino sobre unos burócratas eficaces e impenetrables que nos reciben con gélidas sonrisas y un «no» en la boca cuando en archivos y bibliotecas se les solicita acceso a ciertos documentos del ayer.

Una de las más refinadas jugadas en este proceso infinito por domesticar la historia y ponerla al servicio del sistema, fue la idea de entregar a cada ex presidente norteamericano la custodia de la mayor parte de los documentos generados por su propia administración Con ese objetivo, desde hace más de 70 años, se otorgan decenas de millones  de dólares del presupuesto nacional para mantener activas las llamadas Presidential Libraries. De esta manera, las llaves de los secretos han quedado en manos de los mismos que no tienen el menor interés en que estos se divulguen, y mucho menos,  si  ponen en evidencia  los errores y fracasos de su gestión. ¿Creen ustedes que George W. Bush, por citar el ejemplo más reciente, garantizará el acceso de los historiadores a las fuentes documentales de su desastroso mandato, a las transcripciones de las reuniones donde se conspiró en el estrecho círculo de los visionarios neoconservadores de su equipo, para atacar a Iraq y Afganistán, a sabiendas de que no había armas de destrucción masiva que lo justificase?

Al iniciar su mandato, el presidente Obama y Eric Holder, Fiscal General, enviaron un  memorándum a todas las agencias gubernamentales indicándoles mejorar la capacidad de respuesta y apertura a la información solicitada por los ciudadanos, en cumplimiento de la Freedom of Information Act (FOIA), de 1976. Este loable propósito, como tantos otros de la actual administración, ha sido burlado, cuando no olímpicamente ignorado, por la burocracia imperial enquistada en los niveles intermedios del Estado. De hecho, el libre acceso a la información se ha convertido en un nuevo campo de batalla donde se enfrentan los conservadores y los liberales, los partidarios del secreto dictatorial con los que buscan democratizar la sociedad poniendo sobre la mesa la verdad acerca de su pasado.

Una reciente auditoría del National Security Archive, de la Universidad «George Washington», al cumplimiento del memo presidencial del 2009, realizado a más de 90 agencias gubernamentales, arrojó los siguientes resultados:

– Hay solicitudes de acceso a información con más de 18 años de antigüedad. Las Bibliotecas Presidenciales «Ronald Reagan» y «George H, Bush» son las más atrasadas entre las de su tipo, con una demora de entrega de solicitudes de 186  y 140 meses, respectivamente.

-Solo 4 de 28 agencias gubernamentales, entre ellas el propio Departamento de Justicia de Holder, muestran mejores indicadores de entrega de documentos y menos denegaciones, a partir del memo del 2009.

-Solo 13 de 90 agencias gubernamentales han implementado cambios concretos en su gestión, desde el 2009.

-Solo 14 de 90 agencias han dedicado más recursos al entrenamiento de su personal para atender mejor esta tarea.

-Solo 11 de 90 agencias han circulado y discutido internamente el memo presidencial.

Entre los documentos históricos pendientes de acceso, están:

-En el Archivo Nacional: el reporte independiente sobre el Irán-contra, la información sobre Robert Eral, quien destruyó los records incriminatorios de Oliver North, y las opiniones de Reagan acerca de las nominaciones de jueces al Tribunal Supremo.

-En el Departamento de Defensa: la reacción militar de Estados Unidos, en 1961, al construirse el Muro de Berlín, la política de exportaciones de armamentos a Iraq en la década de los 80, y el set completo de los «Papeles  del Pentágono», revelados parcialmente en 1971.

-En las Bibliotecas Presidenciales: la vigilancia del gobierno de Johnson sobre los grupos de derechos civiles, su política en el Congo, y el financiamiento al gobierno boliviano para luchar contra la guerrilla del Che; la política de Nixon hacia Israel, la invasión ordenada por Reagan a Granada, en 1983, su política hacia el gobierno del apartheid sudafricano, y la de Clinton hacia Haití.

Es interesante constatar que a pesar de tales obstáculos, a veces sutiles y otros brutales, los historiadores norteamericanos, y la ciudadanía, en general, no cesa en su lucha por conocer la verdad histórica. Un reciente informe de la CIA, aparecido en su página web, atestigua el enorme interés que sigue despertando el estudio de documentos desclasificados vinculados con Cuba y sus relaciones con los Estados Unidos. De los 25 temas con más documentos a desclasificar solicitados, la isla siempre aparece entre los primeros lugares:

-En enero del 2010, temas relacionados con Cuba habían recibido 684 solicitudes, lo que la ubicaba en el sexto lugar, y relacionados con los sucesos de Playa Girón, 417 solicitudes, lo que lo ubicaba en el sitio 16.

-En febrero del 2010, las búsquedas relacionadas con Girón sumaron 932 solicitudes (sexto lugar) y con Cuba, 615 solicitudes (onceno lugar).

-En marzo del 2010, Girón ocupaba el cuarto lugar general, con 1431 solicitudes de acceso, y Cuba, el séptimo lugar, con 970 solicitudes.

Pero es sabido que los neoconservadores, amanuenses y empleados imperiales jamás están de brazos cruzados. Acaba de ser publicado por el Hudson Institute, uno de los más importantes tanques pensantes conservadores, un libro titulado «Necessary Secrets: National Security, the Media, and the Rule of Law», de Gabriel Schoenfeld. Entre las intromisiones de la prensa en los secretos profundos del imperio, que con más saña son criticadas en el libro, precisamente para relacionar el acceso a la información con el incremento de una supuesta vulnerabilidad del país ante sus enemigos, Schoenfeld expone los daños que «The New York Times» «provocó» al revelar la existencia de planes militares contra Al Quaeda, las indiscreciones  de «renegados de la CIA»,  como el agente Phillip Agee, o las filtraciones de esos mismos «Papeles del Pentágono» que aún duermen el sueño eterno en las arcas imperiales.

«Como Estados Unidos aún está en guerra-concluye la reseña de Hudson Institute- este es un libro de quemante actualidad«.

Ojala que el adjetivo usado en este caso no le sugiera a los herederos de los Augures la posibilidad de resolver este dilema mediante la radical medida de quemar los documentos. De quienes incineraron la Biblioteca Nacional de Iraq todo puede esperarse.

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  • Luis M. Domínguez Batista dijo:

    La moral de Estados Unidos anda al trote. Imagínense si se destaparan los archivos. Sería como abrir la caja de Pandora y a esa hora todo el mundo perdería el juicio. Pero al fin de cuentas las mentiras son para los jerarcas norteamericanos y otros de su mismo mundo y calaña en el diseño del imperio económico, político y social del capitalismo, como medallas colocadas por acción de guerra y lejos de dañarlos ellos mismos se califican de hábil porque sacan las cuentas a su favor y descubren el cómo ellos llegaron a ser el imperio más grande del mundo y la sociedad más «democráctica» y desarrollada aún con tantos defenctos que le encuentra la gente y tantos calificativos de imperiales que les dan.

    Al parecer ellos se regordean con el poder y se satisfacen a fin de cuentas rinden solo a los electores norteamericanos, con quienes tienen un pacto de dos partidos y dominan con los medios y alcanzan a mantener en el peor de los silencios sus secretas intenciones, y no a los del mundo, mientras que disponen del poder del mundo.

    Son los que cortan el bacalao como se dice en Cuba: dueños del Consejo de Seguridad donde imponen sin que nadie los pare toda y cuantas resoluciones quieren e imponen el veto a los demás. Declaran la guerra cuando le satisface sin contar con nadie y no rinden cuentas a nadie en el universo.

    Son los jefes, directores y administradores de las finanzas mundiales en el F.M.I y el Banco Mundial, dominan en los forum mundiales y tienen como política de dominio la fuerza, el chantaje en económico y el chantaje político. Acusan de violadores de derechos a todos los que se les ocurre y son ellos los principales violadores del universo entero.

    Amamantan fieras, lobos carniceros, hienas y en el peor de los casos tienen sus nidos de vívoras y lagartos para mantener el secreto imperial a buen resguardos. El capitalismo nació al decir de Marx bomitando sangre y fango, deberá morir en iguales o peores circunstancias no ha aprendido nada ni ha cambiado en esencia.

    Ellos manejan el mundo y como que tenemos mucho, todavía, de aldea y falta de unidad y un poco de vanidad, somo un poco aquello que José Martí definió en su genial ensayo Nuestra América de aldeano vanidoso. Aunque ahora damos sintomas de avandonar la ilusión y la vanidad y somos más realistas, aún no vemos que la libertad tenemos que alcanzarla además de con deseo con recursos que debemos conquistar y terminar por arrancarle al enemigo porque ha sido y sigue siendo producto del saqueo de más de 500 años de explotación colonial, neocolonial e imperialista. No solo debemos ser libre debemos aprender y acostumbrarnos a serlo de verdad. La independencia deberá ser de uno y para todos o no será independencia.

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Eliades Acosta Matos

Eliades Acosta Matos

Filósofo y escritor cubano. Es el autor del libro «El Apocalipsis según San George».

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