La memoria debe ser un arma revolucionaria

Es imprescindible que comience estas palabras evocando la memoria del gran compañero Cintio Vitier, quien fuera hasta su muerte presidente de honor del Centro de Estudios Martianos y ejemplo vivo de lo que es, de lo que debe ser un martiano. Pues esta denominación no es dable aplicarla primordialmente a quien esté informado de la vida y la obra del Maestro, conocidas en plenitud por Cintio, sino, sobre todo, a aquel cuya conducta esté regida por sus lecciones. Y tal fue el caso del autor de Ese sol del mundo moral, quien nos dejó páginas imperecederas sobre Martí y, a la vez, fue fiel discípulo suyo.
Esto último se puso de manifiesto en su defensa lúcida y apasionada de las mejores realizaciones de la Revolución Cubana, cuya filiación martiana fue proclamada desde el 26 de julio de 1953 por el propio Fidel.
Este Encuentro se realiza en vísperas de conmemorarse el bicentenario de la fecha que se da como inicio de la emancipación de nuestra América, lo que Martí llamó en Caracas, en 1881, “el poema de 1810”, al que él quiso, dijo, “añadir una estrofa”. Pero Martí sabía bien que tal poema empezó mucho antes, pues se remonta a revueltas indígenas y alzamientos de esclavos contra los invasores europeos y sus sucesores, se hizo realidad en Haití entre 1791 y 1804, ocurrió en 1809 en Ecuador y Bolivia, y se retrasó en otros países, como Cuba, donde se dilató hasta 1868.
Sin embargo, los fuertes movimientos que de México y Venezuela hasta el Río de la Plata estremecieron al Continente en 1810 justifican que ese año se tome para sintetizar el múltiple acontecimiento. Se trata de las luchas por nuestra primera independencia, a la cual, comentando la conferencia panamericana que tenía lugar en Washington en 1889, Martí postuló que era necesario añadir una segunda independencia. La primera se obtuvo frente a viejas metrópolis europeas, y la segunda y definitiva lo haría frente a una nueva metrópoli, que Martí, quien la conoció desde dentro en sus virtudes y en sus defectos, llamó de diversas maneras: en 1884, “la América europea”; en 1894, “la Roma americana”; en 1895, “el monstruo”.
Este último nombramiento, como se sabe, procede de su carta póstuma a su fraterno amigo mexicano Manuel Mercado, a quien confesó allí que cuanto había hecho y haría era “para impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América”. Con razón se ha considerado que esa carta tiene carácter testamentario, junto a otros textos suyos en que dijo: “Con los pobres de la tierra/ Quiero yo mi suerte echar”; “Con los oprimidos había que hacer causa común, para afianzar el sistema opuesto a los intereses y hábitos de mando de los opresores”. Los auténticos martianos lo han asumido así, trátese de Julio Antonio Mella, de Fidel Castro o de Ernesto Che Guevara.
Setenta años después de haber planteado Martí que era necesaria nuestra segunda independencia, ella dio sus pasos iniciales en la parte de humanidad donde le tocó nacer pobre y morir peleando. La Revolución Cubana, cuyo cincuentenario estamos conmemorando, es hija directa del pensamiento y la acción de Martí, a quien, por supuesto, no son atribuibles nuestras imperfecciones. Durante cierto tiempo, los contrarrevolucionarios pretendieron negar el vínculo entre Martí y la Revolución Cubana. Como ruinas de esa negación sobreviven las entidades llamadas desvergonzadamente Radio Martí y TV Martí. Pero desde hace años, escribas contrarrevolucionarios, incapaces de tapar el sol con un dedo, están empeñados en restarle valor a Martí. Ya no se lo opone a la Revolución Cubana, lo que tácitamente reconocen que es tarea imposible: ahora lo calumnian también a él. Como en el viejo proverbio castellano, ladran, luego galopamos.
Ningún momento mejor que este que tenemos el privilegio de vivir para exaltar la segunda independencia de nuestros países. Ya la Cuba revolucionaria no está sola. Ya hay en la América Latina y el Caribe no pocos gobiernos revolucionarios, reunidos en el ALBA, y otros que también mantienen conductas dignas. Ello se puso de manifiesto, entre muchos hechos, cuando la Organización de Estados Americanos derogó la decisión por la cual, en cumplimiento del dictado de Washington, Cuba fue expulsada de su seno en 1962. Nuestra América, como la llamó Martí, está siendo, cada vez más, digna de ser su patria.
Y es elocuente que varios gobiernos del área, como Cuba hace con Martí, reclamen las herencias de grandes visionarios del pasado. Las nuevas batallas se dan como continuación orgánica de las que en sus momentos respectivos encabezaron Túpac Katari, Simón Bolívar, Eloy Alfaro o Augusto C. Sandino. Y es que, así como Martí, en 1893, dijo de Bolívar, a quien llamó padre, que lo que él no había hecho estaba sin hacer todavía, no se han extinguido, todo lo contrario, los ejemplos de nuestros próceres: los nombrados y muchos más, que nos llenan de orgullo y esperanza. Es por tanto completamente justo que algunas de las Cátedras Martianas unan al de Martí los nombres de otros de nuestros grandes libertadores. Y es que ellos no están detenidos en el pasado: tienen mucho que hacer todavía. Cuando se nos invita a olvidar, se nos tiende una trampa mortal. También la memoria puede y debe ser un arma revolucionaria. No hemos nacido ayer. Llevamos siglos de padecer diversas formas de explotación, y es tiempo sobrado de terminar con ellas.
No se puede obviar que a mediados del siglo XIX, en una guerra inicua, se le arrancó la mitad de su territorio a México; que cuando en 1898 Cuba le tenía ganada a España la guerra de independencia que había organizado Martí, intervinieron en esa guerra con una excusa falaz los Estados Unidos e hicieron de la Isla primero tierra ocupada militarmente, y luego una neocolonia durante casi seis décadas; que la hermana Puerto Rico, para coadyuvar a cuya independencia Martí fundó también el Partido Revolucionario Cubano, con su Sección Puerto Rico, es hoy, con un nombre de papel, una colonia de tipo tradicional; que muchos países del Caribe han sido invadidos una y otra vez por tropas estadounidenses; que fue el embajador de los Estados Unidos en México quien decretó en 1913 el asesinato del presidente Madero, como en 1934 se valdrían de un Judas nicaragüense para asesinar a Sandino; que el autor de ese crimen fue considerado por el presidente de turno en los Estados Unidos un hijo de puta, pero, añadió, nuestro hijo de puta; que al ser ajusticiado ese hijo, vuelto un sanguinario dictador, otro presidente de los Estados Unidos envió un mensaje de condolencia por la muerte de un paladín de la democracia; que gobiernos nacidos de elecciones convencionales fueron brutalmente depuestos, siguiendo órdenes de gobernantes de los Estados Unidos, en Guatemala en 1954 y en Chile en 1973, con secuelas de múltiples asesinatos; que hace unas décadas, en complicidad con elementos locales, Washington auspició sangrientas dictaduras militares sobre todo en el Cono Sur, y organizó el Plan Cóndor para coordinar los crímenes de dichas dictaduras: todo lo cual no puede menos que tenerse presente ante los sucesos de Honduras. Y no se trata solo de recordar. Frente a nuestros ojos están ahora mismo la Cuarta Flota en el Caribe y siete nuevas bases militares estadunidenses en Colombia.
¿Olvidar? No: recordar, y mucho. Lo que no debe llevarnos a desconocer que en el pueblo de los Estados Unidos existen numerosas conciencias alertas que son nuestras aliadas naturales. Aquí, de nuevo, es fundamental la lección de Martí, quien en 1889 supo distinguir entre los Estados Unidos de Lincoln y los de Cutting. El primero fue el presidente que abolió la esclavitud en su país; el segundo, un vulgar aventurero que quiso provocar otra guerra de rapiña contra México, un Bush de su época.
Significativamente, los estadounidenses que fueron a defender en 1936 a la República Española agredida por el nazifascismo dieron a su noble Brigada el nombre de Lincoln.
Porque Martí, el más universal de los seres humanos nacidos en América, y uno de las mayores de todos los lugares y tiempos, sigue orientándonos. Si fue el primer antimperialista de nuestra América, y acaso del mundo todo, fue también aquel a quien los lectores de lengua española debemos en gran parte, según escribió Juan Ramón Jiménez, “la entrada poética de los Estados Unidos”. Y además dio a conocer en nuestra lengua numerosos aspectos de la vida en el país del Norte, donde supo distinguir lo positivo y lo negativo, y escribió sobre lo uno y lo otro.
La vida de Martí, quien apenas sobrepasó los cuarenta años, parece hecha de muchas vidas. Ante los cuantiosos volúmenes de sus Obras completas es difícil concebir cómo encontró tiempo no ya para escribirlas, sino para leer lo que en ellas abordó. Y la diversidad de sus obras es enorme. La forman en primer lugar, desde el punto de vista cuantitativo, colaboraciones periodísticas, pero también versos, cartas, discursos en considerable medida improvisados y perdidos (así, los que pronunció en la manigua ante los mambises), testimonios, narraciones, obras de teatro, traducciones. Y en todo mostró una calidad superior. Esto lo han corroborado hasta hoy protagonistas de las literaturas en castellano.
Como se conoce bien, en Martí estuvieron fusionados la criatura moral, el genio político y el literario. Por cualquier costado que se le aborde, esto se hace evidente. Piénsese, por ejemplo, en esa excepcional revista para niños, La Edad de Oro, que cumple ahora ciento veinte años de aparecida. En ella están presentes el escritor de vuelo mayor, en prosa y verso, el pensador, el periodista, el traductor, el patriota americano, el defensor de los pueblos oprimidos, el historiador, el amante de la ciencia y la técnica, el maestro.
Más de una vez nos hemos preguntado cómo fueron los primeros lectores de la revista. Y gracias al estudioso de La Edad de Oro Salvador Arias conocemos al menos a uno de esos pequeños lectores iniciales. Se trató de un hijo de la notable poetisa y maestra dominicana Salomé Ureña, quien contó cómo suscribió al niño, Pedro Henríquez Ureña, a la revista, y cómo él la coleccionaba. Incluso, cuando cometía alguna falta, propia de sus pocos años, se le amenazaba como castigo con no poder leer la revista. La promoción de Henríquez Ureña fue la primera en recibir La Edad de Oro. Y si ella sigue siendo un deleite y una fuente de enseñanzas para niños y jóvenes, no lo es menos para los adultos, como han hecho observar varios comentaristas. Puede decirse que el conjunto de los cuatro números que la revista llegó a publicar constituye uno de los mejores libros de Martí. Lo cual nos lleva a recordar que Martí, quien escribió infatigablemente hasta el día de su muerte, no publicó libro alguno. Ismaelillo y Versos sencillos son cuadernos que sufragó él mismo y aparecieron fuera de comercio. Algunos otros cuadernos suyos contienen textos por lo general políticos.
De él puede decirse lo que él afirmó de José de la Luz y Caballero: que prefirió hacer hombres antes que hacer libros. La fama que conoció la debió a sus extraordinarios textos periodísticos, que le merecieron, durante su vida, vehementes elogios de Sarmiento y Darío. Y es que el escritor cuyos pariguales hay que buscarlos entre los trágicos griegos, en Shakespeare, en los creadores de los Siglos de Oro españoles, en los grandes novelistas rusos del siglo XIX, se acogió sobre todo al cauce democrático de la prensa de su época, muy superior, por cierto, a la de nuestros días.
Memorablemente escribió Henríquez Ureña que la obra literaria de Martí “es, pues, periodismo, pero periodismo elevado a un nivel artístico que no ha sido igualado en español, ni probablemente en ninguna otra lengua”. Imaginemos un Esquilo, un Shakespeare, un Cervantes, un Dostoievski, que en vez del teatro, en unos casos, o de la novela, en otros, hubieran volcado su genio literario en el periódico. La comparación no es en absoluto desmesurada. Alguien tan profundo conocedor de la materia como Alfonso Reyes llamó a Martí, en El deslinde, “supremo valor literario”, y más tarde, “la más pasmosa organización literaria”.
Lo anterior no puede llevarnos a olvidar que la deslumbrante faena literaria de Martí fue solo una parte del conjunto de su faena. Gabriela Mistral, que tan profundamente lo entendió, dijo que esa faena fue esencialmente moral, y que su caso literario era una consecuencia de la anterior. Lo cual es aceptable siempre que se incluya dentro de su caso moral su tarea política. Pues Martí, ese peleador sin odio, ese revolucionario de amor al que se han referido con razón Mistral y Fina García Marruz, fue también un genio político. Los análisis que en este orden hizo, así como su organización del Partido Revolucionario Cubano y la preparación de la que, llevando en su seno el espíritu democrático, debió haber sido guerra de independencia de Cuba —la nueva estrofa del poema de 1810 anunciado por él en Caracas y la primera estrofa de la definitiva independencia de nuestra América— solo podemos considerarlos como geniales.
Durante un tiempo algunos se preguntaron cómo podrían compaginarse las doctrinas de Marx y de Martí. Y aunque este escribió sobre aquel que “como se puso del lado de los débiles, merece honor”, hay que reconocer, sencillamente, que ni Marx fue martiano ni Martí fue marxista, y nosotros aspiramos a ser ambas cosas. En otra ocasión recordé, y ratifico ahora, que llamar marxismo al materialismo dialéctico e histórico no parece lo más apropiado.
En El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, Engels hizo ver que el antropólogo estadounidense Lewis Morgan había descubierto por sus propios pasos, con independencia de Marx, el materialismo histórico. Es decir, que Morgan no era marxista, pero sí materialista histórico. ¿Por qué no derivar de esto que el Martí que escribió sobre las primeras conferencias panamericanas las agudísimas crónicas que Darío consideraba que formaban un libro, era por su cuenta, sin ser marxista, un materialista histórico? En cuanto a Marx, muerto en 1883, sus geniales estudios del capitalismo no llegaron a abarcar la etapa imperialista, en la cual vivió Martí, quien llamó a los imperialistas por su nombre veintidós años antes de que Lenin escribiera su libro clásico sobre el tema. Y es a Lenin a quien debemos la valoración justa de las luchas anticoloniales, como la que propugnara Martí, para el triunfo mundial del socialismo.
Ni Marx podía ser martiano ni Martí podía ser marxista —sus metas no coincidían en sus circunstancias respectivas—, pero nosotros podemos y debemos ser ambas cosas, con la mediación de Lenin. En Cuba, desde Mella hasta nuestros días, se ha desarrollado lo que Cintio Vitier llamó con acierto “un marxismo martiano”. No es imaginable siquiera que el socialismo del siglo XXI, que está en el orden del día, pueda prescindir de las contribuciones de Martí —ni, desde luego, de las Marx, Engels y Lenin, a quienes no se puede hacer responsables de las deformaciones sufridas por el socialismo del siglo XX en los países europeos del mal llamado socialismo real
Atrás han quedado discusiones como las que abordaron superficialmente la relación de Martí con los escritores modernistas hispanoamericanos; como las que, forzando la mano, pretendieron ver en Martí una suerte de marxista enmascarado. Su grandeza se ha sacudido esos falsos problemas. Simplemente, Martí es el mayor escritor y, a la vez, el mayor genio político de nuestra América. Y su validez no se agotó con su muerte. En un pasaje de sus ardientes Versos libres escribió: “Mi verso crecerá: bajo la hierba/ Yo también creceré” Y en una carta en verso a su gran amigo uruguayo Enrique Estrázulas —a quien dedicó, junto con Mercado, sus Versos sencillos— añadió: “Viva yo en modestia oscura;/ Muera en silencio y pobreza;/ ¡Que ya verán mi cabeza/ Por sobre mi sepultura!”
Martí no ha envejecido un ápice: como anunció, ha crecido bajo la hierba; su cabeza guiadora anuncia y manda sobre su sepultura. En vez de pretender encajarlo en creencias que no fueron las suyas, acostumbrémonos a serles fieles, a hacernos dignos de ser sus agradecidos continuadores. No se proponen otra cosa quienes lo estudian y aman, a lo ancho del planeta, en las Cátedras Martianas.
Palabras para la inauguración del VII Encuentro Internacional de Cátedras Martianas, leídas el 10 de noviembre de 2009 en el Aula Magna de la Universidad de La Habana. Publicadas originalmente por La Jiribilla.
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Excelente articulo y consejo que nunca debemos olvidar los que luchamos por una vida digna para nuestros paises y para todo el mundo;la historia se puede dejar de recordar,pero nunca olvidar.Quiero pedirle el favor al dirigente revolucionario y periodista articulos sobre la caida de los paises del "SOCIALISMO REAL",pues a pesar-considero-que la humanidad sufrio un reves,las enseñanzas de la Revoluciòn de octubre,sus logros ,su ejemplo,sus principios,su solidaridad con los pueblos, nunca tenemos que olvidar;la gesta de Lenin fuè una colosal obra.El socialismo tiene plena vigencia.Con admiracion y aprecio por la Revolucion Cubana,por su dirigente FIDEL CASTRO RUZ y demàs dirigentes cubanos.-
Muy buen articulo. Ni ustedes ni el mundo puede olvidar. Acaso la muerte de Jose Marti, de Mace o del Comandante Guevara fueron en vano. Casi 50 anos de bloqueo no pueden ser olvidados. La persverancia, el aguante y la fuerza del pueblo Cubano no se puede olvidar. Acaso Fidel Castro asalto el cuartel de Moncada fue preso encarcelado y exiliado y volvio otra vez a Cuba. ¿Se puede olvidar?
Otros pueblos del mundo tampoco olvidan y les recuerdan cada dia, les apoyan cada dia difundiendo el mensaje de la revolucion.
Se puede hablar, se pueden hacer acuerdos a lo mejor negociar pero nunca olvidar. Vayan a decir a las familias de aquellos que murieron en la guerra, los que fueron torturados y asesinados por el general Cantillo que olviden. Aquellos soldados que pasaron hambre y miserias y tomaron cada ciudad de Cuba. Vayan a decir a la familia del Che que olvide.
No se hizo la revolucion para olvidar. Se hizo para recordar y poner en practica. Como te vas a fiar de quien te bloquea tan largo tiempo. A lo mejor se puede perdonar pero nunca olvidar
Roberto Fernández Retamar nos regala un buen artículo y nos recuerda a Cintio Vitier cuando precisamente ayer se incluía, en la asignatura ética deontología y moral a Vitier, en los trabajos finales de los alumnos de comunicación social, porque si se va a escribir de la ética del deber hay que pensar en toda su obra y vida.
En cualquier rama del saber hay que recordar siempre la historia, porque sin ella no se puede construir nada que perdure y Cuba es rica en símbolos que constituyen columnas para toda la América.
HAY QUE RECORDAR A Félix Varela como el primero que dio connotación filosófica al estudio de la moral provocando una revolución en la juventud cubana sobre temas éticos. Su saber filosófico relacionado con su profunda sensibilidad universal, concepción científico pedagógica y sus ideas liberales y humanismo aplicado, lo colocaron como uno de los pilares del pensamiento político separatista, abolicionista, radical e independentista.
En su concepción pedagógica Varela está influido directamente por Aristóteles con su idea de la educación como crecimiento y dominado por el optimismo pedagógico de Sócrates y Platón.
Varela fue un paradigma de la honestidad en cada obra de su vida, lo cual se refleja en frases referentes al oportunismo de algunos individuos: “yo jamás he creído en el patriotismo de ningún pícaro. Por más que se diga que la vida pública es una cosa y la privada otra, prueba la experiencia que esos son teorías…Debe tenerse presente que los picaros son los que más pretenden pasar por patriotas” y seguidamente, puede interpretarse su concepción sobre la formación de valores en un mundo que ha estado marcado por la crisis moral, desde expresiones como: “desgraciada toda sociedad, grande o pequeña, donde tienen influjo y aprecio hombres inmorales. La ambición siempre ha traído guerras conquistas y al final ruina y perdición, mientras que las virtudes han ocasionado grandes bienes.
Sentó Varela las bases para el pensamiento de la liberación de la patria, de la sociedad de América y de la humanidad, todo en un haz inseparable, creando como acierto de la política tres principio éticos: hacer solo lo que es posible hacer; no hacer nada que vaya contra la unidad de la sociedad y preferir el bien común al bien individual.
De esta manera y con justicia se afirma que Varela fue el primer ideólogo que asumió una posición revolucionaria acorde con la realidad, introduciendo en la isla el pensamiento filosófico racionalista y empírico; además enseñó a concebir la realidad insular en términos nacionales, legando a la patria un programa nacional liberador donde confluían la independencia y el abolicionismo. La profundidad de su pensamiento y la indulgencia de sus acciones, lo llevaron a ganarse el aprecio de sus discípulos que continuarían sus enseñanzas de profundo contenido humanista.
HAY QUE RECORDAR QUE cuando muere Varela, el pensador cubano más relevante fue José Antonio Saco; primer intelectual criollo en el sentido moderno del término; una especie de crítico social precursor que se apoyaba en la razón y sus argumentos, antes que en instituciones, cargos o méritos previos. Ostentaba toda la fuerza de sus razonamientos con una inteligencia preclara que lo convirtió en uno de los más temidos por los enemigos del pensamiento independentista naciente.
Discípulo de Varela, escribió una Historia de la esclavitud, entre otras obras de contenido humanista, siendo un enemigo de la anexión de Cuba a los Estados Unidos, lo que lo llevó a vivir en perpetuo destierro, autoevaluándose el mismo en Historia de la Esclavitud como un “patriota sin patria”. Desde el punto de vista ético moral, Saco fue uno de los grandes patriotas de la historia cubana y forjador de la cultura nacional.
Vivió errante, lejos de su suelo, purgando el castigo de ser brillante y de mente independiente cuando a España no le convenían tales destellos. De un profundo sentido nacionalista, fue un agudo crítico del sistema colonial y el más brillante opositor al movimiento anexionista: “nunca inclinaré mi frente ante las rutilantes estrellas del pabellón americano”.
HAY QUE RECORDAR a José de la Luz y Caballero. Relevante pedagogo y pensador del siglo XIX, alumno de Félix Varela.
Dedicó especial atención a la superación de los maestros; llegando a sentenciar: “tengamos el magisterio y Cuba será nuestra”
José de la Luz y Caballero consideró que la enseñanza debía proporcionar, junto con la instrucción de los seres humanos, convicciones morales, patriótica e ideológica, así como respeto a la belleza en sus diversas manifestaciones.
Cuando se piensa en un verdadero maestro, considerado en el sentido de un educador por excelencia viene a la mente José de la Luz y Caballero; formador de conciencias engrandeció el sentido de la nacionalidad cubana. Sus aforismos son conocidos por educadores y discentes de las escuelas cubanas y de América Latina. Al escribir la famosa frase “Instruir puede cualquiera, educar solo quien sea un evangelio vivo”, resume magistralmente lo más acabado de la pedagogía del presente y se proyecta hacia un futuro de desarrollo personal. Se trata del profesor como espejo donde la mirada del alumno se proyecta e integra en reflejo de sentimientos y valores espirituales. José de la Luz sitúa una nueva ética basada en la honradez y la honestidad cuando expresa de forma concluyente: “Solo la verdad nos pondrá la toga viril”; mirando con la óptica de la ciencia pedagógica la conciencia humana, señalando que se necesita para todo, ciencia y conciencia.
José de la Luz y Caballero fue el fundador de ideas profundas y originales defendiendo la formación de los valores de los hombres y la justicia por encima de las instituciones, porque: “hombre más que instituciones suelen necesitar los pueblos para tener instituciones”, escribía en franca alusión a las iniquidad y depravación en que vivía la isla gobernada por el mal.
HAY QUE RECORDAR a Enrique José Varona del cual dijo Aureliano Sánchez “Cuba entera está en deuda y es nuestro mayor deseo ir pagando poco a poco y con su moneda doctrinal, ese anhelo suyo de convertir al país en una nación próspera y justa”. De esta manera se expresaba el ministro de educación en 1945 en una conferencia por el natalicio de Varona.
En las obras de Varona subyacen el vigor de la palabra, su aguda mirada social, y el patriotismo forjado en dos siglos convulsos y determinantes para la nación cubana.
Considerado una de las voces eximias de la intelectualidad criolla del siglo XIX y las primeras décadas del XX, Enrique José Varona tuvo el privilegio de dirigir como pocos a la juventud universitaria durante los años oscuros que desencadenó la intervención norteamericana en Cuba. Fue en ese contexto que dejó clara su posición contra la injerencia yanqui: "Cuba republicana, es hermana de Cuba colonial".
Luego de la caída de José Martí en Dos Ríos, el 19 de mayo de 1895, encabezó Varona desde La Habana el periódico Patria entre febrero y octubre de 1899. Este año es nombrado profesor de Lógica, Psicología, Ética y Sociología de la Universidad.
La honradez de Varona era algo que lo distinguía como también el aprecio a quienes se destacaban y trascendían como fue el caso de José Martí expresado en frases como: "(...) yo no veo en mi tierra, fuera de los efectos materiales de la familia, persona a quien debo querer yo más que usted, por la limpieza de su carácter y la hermosura de su talento".
Con fuerza y convicción, Enrique José Varona fustigó los males sociales y las atrocidades de la dictadura de Gerardo Machado; siendo un destacado antiimperialista y revolucionario. Dejó a la posteridad un ejemplo que convoca a marchar en consonancia con la época y a convertir en realidad su idea de "hacernos dignos de los tiempos que alborean". Consecuentemente con sus concepciones ateas, a Varona se debe la conversión de la educación en Cuba de religiosa en Laica.
HAY QUE RECORDAR la obra de Ernesto Guevara la cual constituye un incentivo para los educadores cubanos y el estudio de sus preceptos éticos contribuye a la educación de los valores que se quiere fomentar y desarrollar con los estudiantes. En uno de sus escritos, el Che trata la necesidad de formar un hombre nuevo en el período de construcción de la sociedad socialista y expone como fundamentos que la imagen de ese hombre que se quiere con la nueva conciencia socialista, con los nuevos valores: "Su imagen no está todavía acabada; no podría estarlo nunca ya que el proceso marcha paralelo al desarrollo de formas económicas nuevas" …"las taras del pasado se trasladan al presente en la conciencia individual y hay que hacer un trabajo continuo para erradicarlas". Con amor laboró el Che en el desarrollo y defensa de la sociedad socialista, en correspondencia plena con sus principios y los valores éticos que sostenía.
Expresa que la sociedad es educadora directa porque la trasmite a través de las escuelas, de las instituciones de educación, garantizadas por el estado cubano y la educación indirecta es la que se ejerce fuera de los predios académicos, es decir en la comunidad, a través de las organizaciones, en el centro de trabajo y por la sociedad en general. “…Es necesario el desarrollo de una conciencia en la que los valores adquieran categorías nuevas. La sociedad en su conjunto debe convertirse en una gigantesca escuela…”. Por una parte las instituciones educativas, dotan a la masa de la cultura general, técnica e ideológica, a través de la propia escuela, de los medios de divulgación, de las organizaciones políticas y de masas, que le permitirán hacer suya esa educación y presionar a los que nos se han educado todavía.
El Che recibió en 1959 el título de Dr. Honoris Causa de la Facultad de Pedagogía de la Universidad de Las Villas, provincia donde había protagonizado sus más grandes acciones de patriotismo en la campaña de oriente a occidente. Este titulo fue el resultado de su fructífera y corta vida por la educación de la juventud cubana. En todos sus escritos está presente un sólido pensamiento sobre la formación del hombre desde un punto de vista meramente científico. La formación de cualidades en el hombre que construye una nueva sociedad y lo relativo a la pedagogía social como una ciencia necesaria está presente en toda su obra.
El vínculo con los trabajadores y el pueblo es un elemento insoslayable, así como la imprescindible demostración de respeto y confianza en ellos y la sensibilidad para percibir sus sentimientos, necesidades y opiniones.
El Che asimiló la tradición espiritual de la historia de Cuba y América hacia la esperanza de un mundo más justo. Al asumir esos valores y elevarlos con su talento, heroicidad y decisión al plano más alto, se convirtió en uno de los símbolos éticos más prominentes de la historia de las civilizaciones.
NO SE PUEDE OLVIDAR EN ESTOS TIEMPOS DE PELIGRO MUNDIAL A FIDEL CUANDO EN SU PROPIA VOZ DICE: “Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas. Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo.”
Dr. Olimpio Rodríguez Santos
Especialista II Grado Alergología
Prof. Facultad de Comunicación Universidad de
Camagüey Cuba
olimpiors@finlay.cmw.sld.cu
La memoria histórica debe ser siempre actualizada. De ahí la vigencia del pensamiento de Martí...Estamos de acuerdo muchos pero a la luz de lo que pasa en Cuba y el mundo...¿ no será válido analizar lo que sucede en la realidad y dejar de ser puramente teóricos.¿
Si los historiadores no nos hubieran transmitido lo que ocurriò en el pasado no hubièramos desmistificado la edulcorada historia contada por la burguesìa, no tuvièramos hèroes de carne y hueso, no conocièramos la rica historia local, seguirìamos creyendo que "Maceo rompiò x cantidad de cornetas en Pinar del Rìo y nadie lo escuchò", desconocerìamos la bella historia de los jòvenes de Rìo Hondo que desnudos, y sin armas combatieron al soldado español; o desconocerìamos la bella historia de Isabel Rubio o de Adela Ascuy,o el Manifiesto de Montecristi;o no pudièramos conocer las consecuencias del racismo, del regionalismo, del anexionismo, de la divisiòn de clases, de los prejuicios, de la intervenciòn norteamericana; de, por què fracasò la Guerra de los Diez Años, la primera campaña a Occidente. Son solo algunos ejemplos.
Mucho se han esforzado, desde hace años las clases dominantes que tienen el poder económico, para que en Chile desaparezca la MEMORIA pero, porfiadamente muchas madres se han encargado de mantenerla VIVA y Presente, asi fuimos aprendiendo las mujeres chilenas a enseñar la verdadera historia de Chile a nuestros hijos/as, para que no se reproduzca esa ignorancia, que hace ponerse de rodillas a las personas cuando sienten que ya todo esta perdido. La Memoria, genera Esperanzas, Fuerzas, Creatividad, para ir construyendo un mundo mejor.
Mantenemos la memoria, para que nuestros descendientes tengan la claridad de quienes han provocado la destrucción a nuestra democracia ganada cuando fue electo el Presidente Dr. Salvador Allende y, como el pais que se cría un imperio ( hoy arruinado), se dedicó a destruir nuestra democracia, coludido con los más miserables dueños de medios de comunicación que ayudaron a vender los recursos naturales de nuestra patria, a saquear las empresas del estado chileno y a venderlas por tres chauchas y un diez.
La Memoria, siempre esta presente por más que traten de hacerla "amnesica".
Un abrazo
Marta