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Palabras para las vísperas

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La Jornada, de México

Falta muy poquito para que el pueblo uruguayo elija nuevo gobierno.
Al mismo tiempo, en las mismas urnas, se somete a plebiscito la posibilidad de liberarnos de dos palos metidos en la rueda de la democracia.
Uno de esos palos es el que impide el voto por correo de los uruguayos que viven en el extranjero. La ley electoral, ciega de ceguera burocrática, confunde la identidad con el domicilio. Dime dónde vives y te diré quién eres. Los uruguayos de la patria peregrina, en su mayoría jóvenes, no tienen derecho de voto si no pueden pagarse el pasaje. Nuestro país, país de viejos, no sólo castiga a los jóvenes negándoles trabajo y obligándolos al exilio, sino que además les niega el ejercicio del más elemental de los derechos democráticos. Nadie se va porque quiere. Los que se han ido, ¿son traidores? ¿Es traidor uno de cada cinco uruguayos? ¿Traidor o traicionado?
Ojalá los uruguayos acabemos de una vez con esta discriminación que nos mutila.
Y ojalá acabemos también con otra discriminación todavía peor, la ley de impunidad, Ley de caducidad de la pretensión punitiva del Estado, bautizada con ese nombre rocambolesco por los especialistas en el arte de no llamar a las cosas por su nombre.
La Corte Suprema de Justicia acaba de dictaminar que esa ley viola la Constitución. Desde mucho tiempo antes se sabía que también viola nuestra dignidad nacional y nuestra vocación democrática. Es una triste herencia de la dictadura militar, que nos ha condenado al pago de sus deudas y al olvido de sus crímenes.
Sin embargo, hace 20 años, esta ley infame fue confirmada por un plebiscito popular. Algunos de los impulsores de aquel plebiscito estamos reincidiendo ahora, y a mucha honra: perdimos, por muy poco pero perdimos, y no nos arrepentimos. Creemos que aquella derrota nuestra fue en gran medida dictada por el miedo, un bombardeo publicitario que identificaba a la justicia con la venganza y anunciaba el apocalipsis, larga sombra de la dictadura que no quería irse; y creemos que nuestro país ha demostrado, en estos primeros años de gobierno del Frente Amplio, que ya no es aquel país que el miedo paralizaba.
Eso creemos, digo, y ojalá no me equivoque.
Ojalá triunfe el sentido común. El sentido común nos dice que la impunidad estimula al delincuente. El golpe de Estado en Honduras no ha hecho más que confirmarlo. ¿Quién puede sorprenderse de que los militares hondureños hayan hecho lo que han venido haciendo desde hace muchos años, con el entrenamiento del Pentágono y el visto bueno de la Casa Blanca?
La lucha contra la impunidad, impunidad de los poderes y los poderitos, se está desarrollando en los cuatro puntos cardinales del mundo. Ojalá nosotros podamos contribuir a desenmascarar a los defensores de la impunidad, que hipócritamente ponen el grito en el cielo ante la inseguridad pública, aunque bien saben que los ladrones de gallinas y los navajeros de barrio son buenos alumnos de los banqueros y los generales recompensados por sus hazañas criminales.
Ojalá el próximo domingo confirme nuestra fe en una democracia sin coronitas, ni las coronitas del uniforme militar, ni las coronitas del dinero.
Ojalá podamos envolver esta ley en papel celofán, en un paquete bien atado, con moña y todo, para enviársela de regalo a Silvio Berlusconi. Este gran mago de la impunidad universal, que ha atravesado más de 60 procesos y no conoce la cárcel ni siquiera de visita, nos agradecerá el obsequio y seguramente sabrá encontrarle alguna utilidad.
Ojalá.
Lo único seguro es que pase lo que pase, la historia continuará, y continuará el incesante combate entre la libertad y el miedo.
Yo suelo invocar una palabra, una palabra mágica, una palabra abrepuertas, que es, quizá, la más universal de todas. Es la palabra abracadabra, que en hebreo antiguo significa: Envía tu fuego hasta el final. A modo de homenaje a todos los fuegos caminantes, que van abriendo puertas por los caminos del mundo, la repito ahora:
Caminantes de la justicia,
portadores del fuego sagrado,
¡abracadabra, compañeros!

(Versión del discurso pronunciado en el Obelisco de Montevideo, en el cierre de la campaña contra la Ley de impunidad, la noche del 20 de octubre).

Se han publicado 3 comentarios



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  • Guillermo dijo:

    Que bueno que publiquen esto!!!! Yo soy de Uruguay y ayer estuve ahi, fue una marcha increíble, mas de 10000 personas, cuadras y cuadras de gente.
    Increíblemente los medios uruguayos apenas le dedicaron unos segundos de su programación a esta marcha multitudinaria.
    Seguimos en la lucha y vamos a anular esta ley entre todos para juzgar a los terroristas de estado que siguen libres disfrutando de la impunidad que les brinda esta ley nefasta.
    Ojalá el domingo la noticia sea que logramos llegar al 50% de los votos y anulemos la ley.
    Un abrazo grande y saludos para todos

  • nelson valderrama dijo:

    lo de honduras es consecuencia de la impunidad .siempre los gorilas estan protegidos, y siempre se han salido con la suya,en latinoamerica lo podemos comprobar en Venezuela casi acusaron a Chavez de ofender a Carmonetty y en Bolivia Evo esta abusando de los pobrecitos oligarcas.

  • Alirio H. dijo:

    Muy importante las palabrad de Galeano,creo que en ese pais se dara una gran batalla proximamente, pero esta vez sera diferente, sera el ejercito de las caras labradas por el sol y los pies descalzos los que alzaran la vandera de la vanguardia, recalcando a gritos que estamos en una nueva era.
    Al final no me va a extrañar las afirmaciones de los medios de desinformacion afirmando que tildan a los procesos democraticos son golpes de estado como lo estan llamando en mi pais El salvador
    y a los gobiernos golpistas "gobiernos democraticos" como en honduras me causa risa. jajaja el victimario acusando a la victima, "El Mundo patas arriba" ¿Se repite no?.. ¿Galeano de donde sacastes este nombre?
    bueno espero tener buenas noticias Pronto.

Se han publicado 3 comentarios



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Eduardo Galeano

Eduardo Galeano

Escritor y periodista uruguayo. Es el autor del libro "Las venas abiertas de América Latina".

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