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Un crédito para las ilusiones

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Un virtual tsunami de criterios en contra, cayó sobre la designación de Barak Obama como Nóbel de la Paz. No faltaron abundantes criterios favorables, pero ¿eran justos los denuestos o los parabienes? Entre los nada escasos factores se enumeraron que el premio fuera anunciado en la misma semana en que se aprobó el presupuesto militar más grande de la historia  norteamericana (626 000 millones de dólares) y durante la cual se confirmó desde la Casa Blanca que  la guerra en Afganistán continuará, con altas probabilidades de seguir extendiéndose hacia el vecino territorio paquistaní. Es una de esas paradojas obvias que hacen dudar hasta de las mejores piedras que llevan al averno, como dice el refrán.

Incluyendo a discrepantes y a una buena porción de sus partidarios en el exterior, existe una abrumadora coincidencia que señala hacia la distancia entre los propósitos y los hechos, o para exponerlo en palabras del argentino Adolfo Pérez Esquivel, quien luego de hacer votos para que este galardón ayude al mandatario norteamericano a encontrar los caminos de la paz, dijo con llaneza: "pero uno quisiera ver la coherencia entre el decir y el hacer".

Otras personalidades se refieren al clima más distendido y multilateral que viene emergiendo desde Washington en los últimos 8 meses, en contraste con la agresividad tosca y agobiante de los dos cuatrienios recién pasados. El propio Instituto sueco que otorga los lauros destacó ese aspecto entre los decisivos para adjudicar este, luego de forma implícita o manifiesta, si se prefiere, es una  sanción moral a las administraciones estadounidenses anteriores.

Casi todas las publicaciones  dieron la noticia adjuntando una pregunta ¿se lo merece? No es usual ese tipo de sondeo ni siquiera con muy  cuestionables designaciones del pasado. The Wall Street Journal tituló: "Barack Obama gana el Premio Nóbel de la Paz. ¿Por qué? En tono menor  un columnista del  londinense The Guardian afirmaba: "Es como si el Comité hubiera sido persuadido de premiar el futuro cumplimiento de las promesas".

No pocos dictámenes de personalidades o los juicios oficiosos que se dirigen hacia ese ángulo, enfatizan que el condecorado despertó esperanzas y se mueve en un ambiente enfilado a una mayor cooperación internacional, pero o no ha tenido tiempo o no le permitieron materializar algunos propósitos plausibles, pues pese a estar en el primer puesto del país más poderoso del planeta, no tiene todos los instrumentos ni las necesarias voluntades en su ámbito inmediato para materializar ni sanos ni fortuitos  empeños.

Obama ha sufrido desplantes como el ocurrido en pleno congreso cuando un republicano le dijo mentiroso, los contradictorios enunciados de relevantes miembros de su gabinete, o las extemporáneas salidas de Richard Cheney y John McCain, en varias oportunidades, tratando de  darle órdenes o entorpecer decisiones presidenciales, violando normas que ponen límite a los ataques entre antagonistas políticos.

No faltan obstáculos provenientes de las mismas filas demócratas, desde donde se lanzan criterios opuestos a los del jefe de estado y tuvieron tono muy agrio y chocante en los debates por la reforma del sistema de salud, haciendo obvio que no será modificada su esencia y puede hasta empeorar, convirtiéndose en otra culpa que sus enemigos anotarán al historial del mandatario.

Las capas más reaccionarias de EE. UU. vienen moviendo sus resortes difusivos contra la actual presidente. Le caricaturizan en tono ofensivo, tergiversan el contenido de algunos proyectos y movilizan adversarios a sus presentaciones públicas. Se conoce de una encuesta anónima con la pregunta sobre si el lector consideraba que Obama debía ser asesinado. No mucho después, en Newsmax, un foro de Internet manejado por  la ultraderecha estadounidense, aparecieron ideas como  estas: "Cada día gana más peso la posibilidad de que los militares tengan que intervenir como último recurso para solucionar el problema Obama".

La clara incitación a una especie de  golpe de estado o a la eliminación física del actual ocupante de la Sala Oval, provocaron que varios analistas norteamericanos consideren el clima que vienen creando esos radicales como propicio para un magnicidio. Esos grupos segregacionistas y fanáticos de enfermizo extremismo, son  la quinta columna sobre la cual se apoyan los conservadores tradicionales descontentos con  algunos actos  de Obama que  torpedean con total descaro.

Por eso se cree que la cárcel  establecida en Guantánamo no cerrará al iniciarse el 2010 pese a ser una plausible determinación del presidente apenas asumió su jefatura, plan afectado por numerosos traspiés. La prohibición de aplicar torturas a los detenidos, gesto valiente que puso de manifiesto una de las peores caras de la etapa Bush y loable propósito de recuperar principios básicos vulnerados, soporta el boicot de quienes instauraron esas prácticas y las tienen por factibles. Las dudas sobre su uso en las celdas afganas u otras, se fundan en esa postura, contraria a la instruida por el jefe de estado.

Desde hace meses se califican de fracaso los esfuerzos emprendidos para lograr una paz en el conflicto israelo-palestino. Muchos autores dicen con entera tranquilidad que la administración judía se burla de Obama al continuar creando asentamientos en zonas palestinas, o que este no ejerce su autoridad con el debido empuje para inducir a Tel Aviv hacia un definitivo y aceptable acuerdo. Con respecto al meritorio  paso que dio para unirse a la batalla en favor del medio ambiente, le critican la reducción del compromiso establecido por los científicos para evitar un aciago avance del cambio climático, pues en la última asamblea general de la ONU puso por delante los intereses económicos al plantear que deben achicarse esos parámetros.

Si no se ofusca, Obama tiene capacidad intelectual suficiente para percatarse de que le están premiando intenciones antes que una obra y ello le obliga a ser consecuente con cuando alegó y expresa; a mejorar con hechos la atmósfera que propugna y poniendo fin a proyectos heredados o que se facturan entre quienes le acompañan. Las bases en Colombia, entre varios problemáticos quizás.

Diversos pronósticos en torno al efecto probable del mérito que le otorgan, auguran un saludable incremento de los compromisos en política exterior, aunque siempre tendrá fieros oponentes, a menos que aprenda a domarlos y el vigoroso poder oculto que existe en su país,  le permita actuar. Solo así sueños tan virtuosos como el de un mundo sin armas nucleares, no se trocarán en crueles pesadillas.

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Elsa Claro

Elsa Claro

Periodista cubana especializada en temas internacionales.

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