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Con la crisis crece también la brecha

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Una regla inviolable del capitalismo es que, en épocas de crisis, el sistema hace que los mayores recortes y sufrimientos caigan sobre los pobres. Es por ello que las crisis afectan a todos, pero la brecha en vez de reducirse, se incrementa.

La actual crisis económica mundial no está siendo excepción en cuanto a este apotegma en los Estados Unidos.

“En los próximos meses, tanto como un millón y medio de norteamericanos desempleados agotarán los beneficios que les brindan sus seguros por desempleo, poniendo fin a lo que para algunos ha sido su último reducto contra despidos y destituciones”, dice un artículo aparecido en el New York Times el 2 de agosto de 2009 firmado por el periodista Erik Eckholm titulado “La ayuda prolongada a los desempleados se está agotando” (Prolonged Aid to Unemployed is Running Out).

Allí se explica que en virtud del programa contra los efectos del desempleo, que se promulgó en 1930, y a las extensiones de emergencia dispuestas por el Congreso, los trabajadores de 24 de los estados del país pueden cobrar indemnizaciones por hasta 79 semanas, en tanto en los demás estados por espacio de entre 46 y 72 semanas. “Pero el desempleo en esta recesión ha demostrado ser especialmente tenaz y la ola de buscadores de empleo está consumiendo incluso esta prolongada asistencia. Decenas de miles de trabajadores han consumido sus beneficios y el número se espera que crezca en los próximos meses hasta alcanzar medio millón en septiembre y que al finalizar el año sean millón y medio”.

El articulista señala que se calcula que, para cada empleo disponible, hay hoy seis pretendientes. Las ofertas de paga están descendiendo e incluso los trabajos menos remunerados, como los de los expendios de comida rápida que antes empleaban jóvenes, están siendo ahora tomados por adultos desempleados, con mayor calificación.

Según un análisis de los efectos de la recesión actual en los Estados Unidos del periodista Don Monkerud, publicado en el diario Capital Times de Wisconsin, “en junio de 2009, la economía tuvo su más honda declinación en 27 años: creció el número de parados, cayeron los inventarios y se redujeron las exportaciones a medida que persistían las malas noticias sobre el estado de la economía”.

Según el autor de ese estudio, titulado Las desigualdades en los ingresos siguen creciendo, “durante los ocho años de la administración de George W. Bush, la fortuna conjunta de los 400 estadounidenses más ricos (mayor que la suma de la de los 150 millones de ciudadanos menos afortunados), se incrementó en $700 mil millones. En 2005, al 1% superior en la lista de los ricos correspondía el 22% del ingreso nacional, en tanto que al 10% superior de esa lista correspondía la mitad del ingreso nacional, la mayor proporción registrada desde 1928.

El análisis revela que, a nivel de la sociedad estadounidense, el origen de las disparidades, que antes estaba en las relaciones de propiedad, ahora descansa en la creciente desproporción de la remuneración por nómina de los ejecutivos de las corporaciones respecto a los demás asalariados.

“El origen de la riqueza ha cambiado en los últimos 30 años; las corporaciones se han convertido en el motor de las desigualdades en los Estados Unidos,” sostiene Sam Pizzigati, profesor del Instituto de Estudios de Política (Institute for Policy Studies) de  Washington D.C., citado por Monkerud. “En el pasado, la riqueza procedía de la propiedad: hoy, cada vez más, deriva de los ingresos. Los más altos ingresos provienen de la remuneración, sobre todo, de los ejecutivos de las corporaciones. En los años sesenta, setenta y ochenta del pasado siglo, la relación entre el promedio de la retribución de los ejecutivos y los trabajadores en la misma nómina  fluctuaba entre 30 a 1 y 40 a 1. Se estima que esa relación será este año de 317 a 1.”

En 1955, según datos del Servicio de Impuestos Internos (IRS), las 400 personas más ricas del país percibieron un promedio 12,6 millones de dólares, ajustados por inflación. En 2006, los 400 más ricos multiplicaron ese promedio de ingresos más de 20 veces, a 263 millones de dólares, lo que representa un cambio al alza histórico en la acumulación de la riqueza en los Estados Unidos.

“Las burbujas financieras que se han desarrollado en los últimos treinta años ayudaron a los ejecutivos de las corporaciones a inflar sus ingresos y los esfuerzos por reducirles sus pagas resultan débiles e inefectivos. Sus ingresos pueden recortarse en estos tiempos económicos difíciles, pero lo que no se reduce es la disparidad.  Sin un fuerte movimiento por el cambio, la brecha de la riqueza no hará más que ahondarse”, concluye el analista.

La asimetría de la remuneración es apenas la manifestación más novedosa de la actuación de los mecanismos capitalistas que expresan la dictadura de las clases adineradas. Todo en el sistema está diseñado para que la posesión del capital sea el elemento que regule el desarrollo de la sociedad.

Esto hace que la brecha se haga cada vez más honda y puede ser que algún día se haga tan profunda que le sirva de tumba.

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Manuel E. Yepe

Manuel E. Yepe

Periodista cubano, especializado en temas de política internacional.

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