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Luna

En este artículo: Jose Saramago
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Del Cuaderno de José Saramago

Hace cuarenta años todavía no tenía aparato de televisión en casa. Sólo lo compré, pequeñísimo, cinco años después, en 1974, para seguir las noticias de esa otra especie de llegada a la Luna que fue para nosotros portugueses la Revolución de Abril. De modo que recurrí a amigos más avezados en tecnologías punta, y así, bebiendo tal vez una cerveza y masticando unos frutos secos, asistí al alunizaje y al desembarque. En aquella época andaba escribiendo unas crónicas en el recién recuperado periódico vespertino “A Capital”, más tarde reunidas en un libro bajo el título “De este mundo y del otro”. Dos de esos textos los dediqué a comentar la proeza de los norteamericanos en un tono ni ditirámbico ni escéptico, como no tardaría mucho en convertirse en moda. Releo ahora estos texto y llego a la desoladora conclusión de que al final ningún gran paso para la humanidad fue dado y que nuestro futuro no está en las estrellas, sino siempre y sólo en la tierra en que asentamos los pies. Como ya decía en la primera de esas crónicas: “No perdamos nosotros la tierra, que todavía será la única manera de no perder la luna”. En la segunda crónica, que di en llamar “Un salto en el tiempo”, imaginando la tierra futura como la luna es ahora, comencé escribiendo que “Todo aquello me pareció un simple episodio de filme de ficción científica técnicamente primario. Los propios movimientos de los astronautas tenían flagrante similitud con los gestos de las marionetas, como si brazos y piernas estuviesen manejados por invisibles hilos, unos hilos larguísimos sujetos a los dedos de los técnicos de Houston y que, a través del espacio, producían allá arriba los gestos necesarios. Todo estaba cronometrado, hasta el peligro se incluía en el esquema. En la mayor aventura de la historia no hubo lugar para la aventura”.

Y fue ahí cuando la imaginación se apoderó de mí. Decidió que el viaje a la luna no había sido un salto en el espacio, sino un salto en el tiempo. Así, los astronautas, lanzados en su vuelo, habían caminado a lo largo de una línea temporal y se habían posado otra vez en la tierra, no ésta que conocemos, blanca, verde, morena y azul, sino en la tierra futura, una tierra que ocupará todavía la misma órbita, circulando alrededor de un sol apagado, muerta ella también, desierta de hombres, de aves, de flores, sin una risa, sin una palabra de amor. Un planeta inútil, con una historia antigua y sin nadie para contarla. La tierra morirá, será lo que la luna es hoy, decía para terminar. Al menos que no sea para lo que nos quede el mosaico de miserias, guerras, hambre y torturas que viene siendo hasta ahora. Para que no comencemos a decir, ya hoy, que el hombre, finalmente, no ha merecido la pena.

El lector estará de acuerdo en que, para bien y para mal, no parece que haya mudado mucho de ideas en cuarenta años. Sinceramente, no sé si me debería felicitar o corregir.

Se han publicado 5 comentarios



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  • Celso Fichner dijo:

    La verdad es que Saramago ya deja mucho que desear no solo como revolucionario que nunca fue, sino como “izquierdista”. Es un vanidoso que esta mas preocupado en su percepcion publica en Espana que en la lucha revolucionaria. Ya estamos los que nos contestamos si detras de su premio nobel no hubo negociacion de principios. Hay que ver el bodrio que escribio contra Sastre. Es un patetico “heroe” de los “pogres” Saramago. Lastima que aun encandila a algunos intelectuales nuestros, incluyendo cubanos, que consideran que si alguine escribe bien, se le debe perdonar todos los pecados.

  • Mariana dijo:

    No estoy de acuerdo contigo. Es un gran escritor, un hombre de enorme sensibilidad política, admirable porque a los 90 años o más sigue escribiendo como los dioses y sigue vital y defendiendo la justicia. Gracias a Cubadebate por traer este blog de Saramago.

  • Luciano Martinez dijo:

    Debería publicarlo más en este sitio.

  • Claudia dijo:

    Uno puede disfrutar de sus libros pero eso no puede tapar sus veleidades y sus tira y encoge. Sus marabarismos por parecer revolucionario y permanecer impoluto.

    Un gran escritor que se va a Colombia a servirle la mesa a Uribe (Ver entrevista que concedia a Caracol). Se presta al juego antidemocratico de difamar y calumniar a la izquierda militante (ver articulo sobre Sastre) en ESpana. Y le da la espalda a la Revolucion cubana en un escrito lleno de arrogancia y vanidad (ver su articulo en el pais). A la vez alaga a personajes del PSOE, a los duenos de El Pais.

    Pobre del “puro” Saramago, siempre viendo a los toros desde la barra.

  • DARDO RIBAS dijo:

    TENGO SIMPATÍA POR SARAMAGO, PERO…

    Es verdad que -como muchos intelectuales-, él vive en su mundo literario que muchas veces no se condice con la realidad de las sociedades, en especial las sudamericanas.

    Recuerdo una frase de un fascista criollo que le dio no poco trabajo a la devenida democracia burguesa en mi país, Argentina.

    El tipo, que fue militar y represor durante el infausto “Proceso” (dictadura proimperialista a partir del golpe de 1976), se alzó en armas varias veces contra el gobierno del Dr. Alfonsín.

    Él y sus acólitos (militares de graduación intermedia), no querían los juicios contra los represores y se la pasaron varios años poniéndole una pistola en la cabeza a la joven democracia.

    Dijo el susodicho cuando tuvo varios “cortocircuitos” con gente de la cultura que le criticaba:

    “Yo no dudo, los soldados no dudan. La duda es una jactancia de los intelectuales” (Aldo Rico, 1988).

    El típico prejuicio fascista contra la gente que piensa la sociedad en direcciones progresistas.

    No obstante, siempre se puede aprovechar algo de estos ditirambos verbales -pretendidamente filosóficos- que esbozan los imbéciles.

    Saramago es un hombre honrado. Un hombre pacífico y un intelectual brillante, pero en ciertas oportunidades pareció vacilar con respecto a la problemática cubana.

    En una oportunidad y ante el fusilamiento de tres mercenarios que habían secuestrado una nave para huir a EEUU poniendo en peligro personas y bienes, él dijo en una columna del diario de derechas “El País”:

    “Hasta aquí he llegado” “Desde ahora en adelante Cuba seguirá su camino, yo me quedo. (…) Cuba no ganó ninguna heroica batalla fusilando a esos tres hombres, pero sí perdió mi confianza, dañó mis esperanzas, defraudó mis ilusiones. Hasta aquí he llegado”.(Télam-SNI)

    Y uno entiende su posicionamiento humanístico en cuanto a apostrofar la pena de muerte, pero también entiende que él “no entiende” en profundidad los peligros reales que acechan a Cuba y las conspiraciones monstruosas que contra ella se han ejecutado a lo largo de 50 años.

    Felizmente, se lo ve muy reflexivo en los últimos tiempos y pareciera haberse desprendido de esos prejuicios ocasionales.

    En ese caso, sus vacilaciones como intelectual -no es el único-, muestran cierto desprendimiento de la realidad objetiva y de la situación que vivió y vive nuestra América Central y del Sur.

    Es fácil desde Europa, ahora, criticar los procesos revolucionarios y liberadores y más aún cuando se lo hace desde una torre de marfil, dicho esto con absoluto respeto al entrañable escritor y desde mi humilde visión de ciudadano común.

    Él traza en esta ocasión una visión apocalíptica sobre el destino de la Tierra, nuestro planeta, el único que conocemos y el único en el que podemos vivir. Comparto sus criterios.

    Conmueve su visión, porque es honorable y no carente de sabiduría. El mundo en el que vivimos está perdiendo gran parte de sus valores en cualquier aspecto que se lo mire.

    El derroche de recursos, la contaminación, las guerras horrorosas movidas por ambiciones diabólicas, el hambre y la miseria de miles de millones y todas las injusticias y calamidades nos rodean cotidianamente mostrándonos un futuro temible.

    Curiosamente, todas esas imposturas que ponen en peligro a la civilización humana, nacen y se desarrollan en la sociedad capitalista y en cualquiera de sus manifestaciones en centenares de países. Es el sistema capitalista el autor intelectual y material de estos aspectos horrorosos que nos apesadumbran y siembran zozobras por lo que vendrá.

    Comparto con este maestro de la literatura sus consideraciones sobre la farsesca llegada a la Luna de los yanquis. Cuando se le asignó a Neil Armstrong aquella frase de utilería “Un pequeño paso para un hombre, un gran paso para la Humanidad”… sentí que estábamos ante la presencia de una obra maestra de cinismo.

    A los que mandaron a esos hombres a la Luna, poco les interesaba el presente y el destino de miles de millones de hambrientos y reprimidos.

    Una contradicción fenomenal, un esfuerzo de propagandistas millonarios que ningún beneficio concreto aportó a la especie humana. Y si los hubo, fueron usufructuados por las multinacionales y la industria de las armas.

    Si esos recursos se hubieran volcado en políticas “terrenales” para erradicar el hambre, el analfabetismo y las enfermedades, seguramente viviríamos en un mundo mejor aunque no tengamos en una vitrina de museo una roca ridícula del satélite muerto que nos acompaña.

    El progreso siempre viene de la mano de la ciencia, pero si ésta no está al servicio de los seres humanos -en especial los más débiles- es como una cáscara vacía. Antes que “colonizar” la Luna, es imprescindible hacer justicia en la Tierra.

    La gente, primero, debe tener para comer, un techo para protegerse, salud, educación e ideales. El mundo necesita paz, desterrar el egoísmo e implantar la solidaridad universal. No es de la mano del capitalismo que vendrá esa posibilidad. Ya lo dijo la heroica Rosa Luxemburgo: “Socialismo o barbarie”…

    Por ahora, salvo en Cuba y en pocas sociedades más, vivimos en la barbarie, aunque los EEUU anden paseando astronautas por el cosmos a ver qué nuevos negocios pueden recrear.

    Buenas tardes, queridos cubanos.

    Dardo, desde Argentina

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Jose Saramago

Jose Saramago

Escritor portuguéz. Premio Nobel de Literatura y autor, entre otros, de “El año de la muerte de Ricardo Reis”, “Ensayo sobre la Ceguera” y “El Evangelio según Jesucristo”.

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