Bolivia, donde la pulseada de fuerzas es con la historia
Si este 4 de mayo sobre la base del fraude y la violencia, Santa Cruz se declarase de facto separada de Bolivia, habría que preguntarse ¿ cómo reaccionarían la OEA y las Naciones Unidas, que advirtieron acerca de la inconstitucionalidad del referendo o la Unión Europea que se negó a enviarles observadores,?, ¿ cuántos de los que tanto alardean en el Norte desarrollado de defender la democracia, levantarán su voz?, ¿ qué pasará si contrario a lo que piensa el imperio, el "efecto dominó" se extendiera más allá Latinoamérica y llegara al País Vasco, a Cataluña, a Irlanda del Norte, a la Liga Norte, en Italia o, a Córcega, en Francia?. Valdría la pena escuchar una respuesta al respecto.
No sería ocioso tampoco, recordar que el gobierno de los Estados Unidos -que tanto ha auspiciado la balcanización de Bolivia-, no admite por Constitución que ninguno de sus estados federados pueda por ninguna vía legalizar la separación de la Unión. Eso es así desde la época de los Padres fundadores que lo establecieron como un principio.
Volviendo los pasos en el tiempo, Bolivia debió formar parte del proyecto bolivariano de construcción de una gran nación sudamericana. Proyecto que fue frustrado porque la oligarquía de principios del siglo XIX fragmentó lo que El Libertador había concebido como un solo espacio político.
Hoy, cuando se trata de reconstruir en Sudamérica la unidad soñada, la solidaridad y los lazos comunes que nos identifican, la oligarquía vuelve a la carga y aquí está en una impredecible pulseada de fuerza con el pueblo que desde entonces quedó excluido y marginado en su propia tierra y ha encontrado, en el liderazgo de Evo Morales y el gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS), la posibilidad de refundar el país y ocupar el lugar del que fue despojado.
No hay que darle más vueltas. Rubén Costas, prefecto de Santa Cruz y Branco Marinkovic, presidente del Comité Cívico en ese departamento y uno de los arquitectos del movimiento racista y oligárquico conocido como Nación Camba, son sólo los instrumentos de que se ha valido el imperialismo para intentar fragmentar Bolivia y hacer abortar el proceso liberador que tiene lugar en esa nación además de amputar un miembro a la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de nuestra América (ALBA) del cual forman parte, además, Venezuela, Cuba, y Nicaragua. Un golpe a la nueva integración regional que sobre bases justas y equitativas, de respeto a las asimetrías y de defensa de la soberanía, está igualmente en el colimador de Washington.
La esencia antipatriòtica y racista de la extrema derecha oligárquica que no actúa sino por mezquinos intereses, sirven de espoleta a este enfrentamiento de clases porque lo que se dirime en Bolivia es el enfrentamiento entre la derecha económica y política desplazada del poder que teme y tiembla ante la posibilidad real de perder sus privilegios y las fuerzas que anuncian un tiempo de cambio.
Que el referendo del 4 de mayo es inconstitucional, nadie lo duda. La Corte Nacional Electoral expresó su ilegitimidad, el relator especial de Naciones Unidas, Rodolfo Stavenhagen lo calificó de ilegal y el Consejo Permanente de la OEA; en sesión extraordinaria este último sábado, ratificó su rechazo, además, expresó su respaldo al gobierno democráticamente electo del presidente Evo Morales, mientras la Unión Europea les negó el envío de observadores internacionales.
A pesar de ello, el prefecto separatista ha proclamado que, "este 4 de mayo nace una nueva república y habrá un efecto dominó. Después de Santa Cruz, estarán Beni, Pando, Tarija y Cochabamba ". Llamémosla por su nombre, la Media Luna Oriental que concentra el 44% del Producto Interno Bruto y los principales recursos naturales de Bolivia.
Muchas son los observadores de la política nacional que advierten que habrá fraude el 4 de mayo. Fraude y violencia. Sin ellos el triunfo en las urnas no está asegurado. Para conseguirlo tienen preparado al Comando Camba que está integrado por el empresariado, los latifundistas y los jóvenes fascistas de la Juventud Cruceña, responsable de los peores desmanes contra la población indígena en ese departamento. Se habla hasta de linchamientos y todo para provocar un escenario en el cual tengan que intervenir las fuerzas del orden y luego culpar al gobierno.
La Ley de hidrocarburos, los nuevos convenios petroleros con las transnacionales y la nueva Ley de reforma agraria, son conquistas del pueblo boliviano que la oligarquía no está dispuesta a permitir. No importa que para impedirlo se derrame la sangre. No sería la primera vez. Cercano en el tiempo está el octubre trágico del año 2003 cuando el entonces presidente Gonzalo Sánchez de Lozada mandó a reprimir con saña al pueblo, dejando casi un centenar de muertos.
El 4 de mayo es sólo una fecha. Si no es ese día, será otro, porque el enfrentamiento entre lo viejo y lo nuevo será inevitable. El pueblo, el presidente Evo Morales y el gobierno del MAS, están dispuestos -y lo han demostrado- al diálogo constructivo sin concesiones de principios, sin chantajes ni presiones. Falta que la prepotente oligarquía se dé cuenta que ese y no otro es el camino.
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