Bajas que no se cuentan
La cifra oficial de bajas mortales entre las tropas de ocupación estadounidense en Irak hasta el 7 de febrero de 2008 ascendía a tres mil 950, según estadísticas del Pentágono.
Durante los días iniciales de la agresión contra Irak, la prensa occidental, que depende de las fuentes del Pentágono, solo ofrecía datos relativos a los avances de las tropas agresoras.
A partir de marzo del 2004, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos comenzó a ofrecer partes acerca de sus bajas, que hasta entonces eran 550, de las cuales 379 en acciones combativas y 171 por causas "no hostiles".
También se conoció en aquella ocasión que el número de heridos y mutilados en las acciones de guerra de sus tropas, hasta entonces, era de 2736 en acciones de combate y 23 por causas no hostiles.
(Se supo también entonces que cuando el primero de mayo de 2003 el presidente George W. Bush proclamó la victoria y el fin de los combates, Estados Unidos había sufrido 138 bajas, 115 de ellas en acciones de combate y 23 por causas ajenas a las hostilidades).
A partir de entonces, el mando norteamericano continuó dando datos acerca de sus bajas mortales, no así de los heridos en combate o por accidente no imputables a las hostilidades, que de acuerdo a las estadísticas deben ser de alrededor de 7.2 heridos por cada muerto en acciones de combate y de 2.5 heridos por cada muerto por causas no hostiles.
Podría establecerse, por ejemplo, que la cifra de heridos y mutilados hasta principios de febrero de 2008 debe andar por unos 28 mil 140 invasores y ocupantes estadounidenses.
Las cifras de muertes no se actualizan para incluir a los heridos que fallecen posteriormente a causa de sus lesiones o a aquellos que pierden la vida a causa de alguna enfermedad, aguda o crónica, contraída en el terreno de la guerra.
Pero hay muchas otras cifras, calculables o no, que servirían para medir mejor la magnitud del costo humano que la ciudadanía estadounidense está pagando por el genocidio desencadenado por su gobierno contra Irak y el mundo, bajo el pretexto de una guerra que se inició contra Osama Bin Laden, el supuesto autor de un acto de terrorismo que acabó con la vida de 3 mil personas en Estados Unidos, quien sigue campeando por su respeto nadie sabe dónde.
Recientemente se conoció, por ejemplo, que cada año crece la cifra de suicidios de soldados estadounidenses. En 2007 fueron 121, un 20% más que en 2006, cuando se quitaron la vida 102. No se incluyen los intentos fallidos. Estas cifras, y las de otros casos de patologías psiquiátricas que son motivo del regreso a casa de efectivos por prescripciones médicas o las de los que una vez de regreso presentan desequilibrios nerviosos severos, tampoco se divulgan establemente.
Según una investigación del New York Times del 13 de enero de 2008, el número de los asesinatos cometidos por personal militar veterano de la guerra de Irak ha crecido significativamente. El número de ex soldados que han cometido uno o más crímenes, o han sido acusados de ello, crece de manera alarmante. Se destaca en el estudio que en un 20% de los sucesos, el protagonista había consumido una cantidad excesiva de alcohol y que un tercio de las víctimas eran familiares del ejecutor, mientras que un 25% de los crímenes fueron contra colegas en el servicio militar.
Ciertamente alarman estas cifras y convocan a la solidaridad con los familiares de tanto joven estadounidense cuya esperanza de vida se ha truncado por la muerte prematura, por mutilaciones o por desarreglos mentales en una guerra injusta lanzada por su gobierno con espurios fines de dominación y saqueo de otros pueblos.
Mas lo que resulta también lamentable, y además indignante, es la omisión que se hace de las cifras de bajas que resultan de la guerra de agresión que libra la superpotencia, no solo entre los combatientes de la resistencia patriótica, sino en la población civil iraquí, que son seres que no han ido a atacar a nadie y sin embargo son los que están pagando el más alto precio por la crueldad de la guerra.
Los resultados de una encuesta publicada en enero de 2008 por el instituto británico Opinion Research Business (ORB) y el Independent Institute for Administration and Civil Society Studies (IIACSS), cifraron en más de un millón 33 mil 239 el número de iraquíes que han perdido la vida como consecuencia del conflicto iniciado en marzo de 2003, según un comunicado del IIACSS difundido por varias agencias internacionales de noticias desde Londres.
Los datos finales de la encuesta realizada a base de entrevistas en áreas urbanas del país árabe, aunque también recoge muestras de algunas zonas rurales del territorio, señalan que el 20,2 % de los entrevistados confirmaron la muerte de al menos un familiar en sus hogares, con un promedio de 1,26 muertes por núcleo familiar, por causas relacionadas con la violencia que asuela a todo el país. El censo completo más reciente en Irak se hizo en 1997 y cifra en 4.050.597 el total de hogares en el país.
El estudio, que fue realizado entre agosto y septiembre del año 2007, tiene un margen de error del 1,7 % y cubrió quince de las dieciocho provincias del país. Destaca la ausencia de muestras de las regiones de Kerbala y Al Anbar, por motivos de seguridad.
La ORB informó que, debido a la situación de violencia en estas dos provincias, la cifra de fallecidos podría ser aún mayor, sin tener en cuenta, además, los datos de la región septentrional de Irbil, cuyas autoridades negaron colaboración a los investigadores.
La humanidad deplora las muertes y las secuelas físicas y psíquicas que dejan ésta y todas las guerras que libran los jóvenes soldados de Estados Unidos. Pero, en la guerra injusta que le ha sido impuesta al pequeño país árabe premiado por la naturaleza con mucha riqueza en su subsuelo pero condenado por la avaricia hegemónica de la superpotencia, los daños humanos los sufren agresores y agredidos de manera desproporcionada.
Y no debe negarse al abusado el derecho a la solidaridad de la opinión pública mundial que le asiste.


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