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La Habana en este octubre

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La Habana.-  Llegó el otoño a La Habana.  En las Antillas las hojas de los árboles y las plantas, salvo algunas excepciones -y nunca por razón de una temporada más fría--, jamás cambian de color, siempre son verdes.  Cierto que hay variedades -intensidades- de verdes, pero el verde -mientras haya vida- siempre está presente.

Ahora tenemos lo que aquí se conoce como "un cambio de tiempo".  Los días se nublan más de lo usual; pudieran permanecer así y lloviendo, o pudiera ser un día combinando la lluvia intermitente y el sol resplandeciente. Pobre de aquéllos que sufren de asma, o cualquier otro padecimiento de los bronquios; este tiempo es perjudicial para ellos. También es un tiempo difícil de predecir, especialmente en cuanto al poder planear ir de playa.  Pudiera haber uno o dos espléndidos días soleados seguidos, uno se embulla, y entonces, planeamos ir de playa y ese día injustamente amanece aborrascado. Como hoy.  Así es el clima en La Habana ahora.

Este octubre a pesar de los terroríficos diagnósticos de las pitonisas de la contrarrevolución y la maldad, Fidel se mantiene vivito y coleando, Raúl encabeza el gobierno como si siempre esta hubiese sido su tarea, el país avanza, social, económica y políticamente, el transporte público mejora, los hospitales, los médicos y las enfermeras curan, los niños y jóvenes van a sus escuelas y universidades, los trabajadores trabajan y todos, como cubanos de buena cepa, se quejan. 

Se quejan de todo y por todo, con y sin razón. En Cuba quejarse de todo es una arraigada costumbre nuestra. Aunque aquí, quejarse, protestar, cuando las cosas están mal hechas es un deber ciudadano; es una forma fundamental de hacer posible una sociedad mejor. Porque cuando algo anda mal el que no se queje, proteste e intente de manera consecuente cambiar lo que está mal hecho contribuye a mantenerlo.

Cuando lo que está en juego es la vida y profundización de un proceso revolucionario como el cubano -embestido incesantemente por la fuerzas del Mal- no quejarse, protestar, o intentar consecuentemente cambiar lo que está mal es un peligro al que hay que combatir para poder hacer posible la Revolución.

Los enemigos de la independencia y las libertades fundamentales de Cuba- que son muchos, porque hay mucha plata disponible para ese negocio- quisieran que muchas cosas no sólo estuvieran mal sino que  empeoraran. Se aprovechan de aquello que está mal hecho, se aprovechan de las necesidades que afectan el vivir diario, alientan al desaliento, se aprovechan de gente egoístas, desvergonzadas, que aún en Cuba tienen posiciones de responsabilidad, se aprovechan de cualquier cosa para forzar el regreso del Mal a Cuba.

Pero contra la Revolución en Cuba este tipo de gente y sus dueños aran en el mar.

Este octubre en Cuba constata que los cubanos están empeñados en mantener posible su diseño propio, diseño justo, igualitario y digno de sociedad. Ni remotamente perfecto aunque más justo, igualitario y digno proyecto de sociedad que ningún otro que por estos lares se conozca. 

Pobres de los que nunca han entendido al proceso revolucionario de los cubanos; por suerte para ellos nunca se darán cuenta. Pobres de los que por desaliento, cansancio o confusión abandonaron el proceso revolucionario de su pueblo; éstos si ya no se han dado cuenta eventualmente, algún día terrible, se la darán. Pobres de los que por lucro, egoísmo o simplemente maldad traicionaron al proceso revolucionario del pueblo del cual nacieron y que ahora se deben a otros jurados a destruirlo; a ellos les toca la espeluznante suerte de los traidores.  Que le pregunten a Judas sino cuando lo vean.

Y así es este octubre en La Habana , en esta temporada de cambio de tiempo como también de tiempos de cambio.

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Andrés Gómez

Andrés Gómez

Periodista cubano residente en Miami. Fundador de la Brigada Antonio Maceo, integrada por cubanos que viven en los Estados Unidos. Es el director de la Revista Areito.