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Pongamos otro fin a la farsa Posada

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Intervención en la Tribuna Abierta de la UNEAC en el Monte de las Banderas el jueves 10 de mayo de 2007.

Había cumplido los ocho años, o estaba por hacerlo, aquel octubre en que Fidel proclamó en la Plaza que la injusticia temblaba ante la ira enérgica de un pueblo. Lo recuerdo con toda nitidez. Tantos años después aún me estremecen las imágenes, sonoras o visuales, que recuerdan o simbolizan el horror de pasajeros y tripulantes presos en aquel avión cenizado en el aire por Posada Carriles y sus compinches. Forman parte de un doloroso expediente que ha configurado también la historia, ya hecha sangre y carne, de esta isla, de nuestras vidas, de lo que somos. 

Ahora la puesta en escena en el Teatro de El Paso ha terminado. Posada Carriles ha quedado en plena libertad. Cual inocente ángel se mueve por Estados Unidos.  Se dice fácil, pero habrá de reconocerse, en frase popular inmejorable que ¡los yankees apretaron!
 
La puerta hacia otra escapatoria segura había sido abierta. Estaba en la calle esperando un juicio, si en el entreacto no se encaminaba a Dios sabe dónde, tal vez a la República Checa, se dijo. Pero no les bastó. Para que no quedara ambigüedad alguna, llegaron a la escena obligatoria: exonerado de lo poquísimo que se le atribuía, Posada, emocionado, habla a los mismos micrófonos de Miami donde vocifera Pérez Roura. Los cargos por el “pecadillo” de mentir y otros menores  por el estilo han pasado a mejor vida. La jueza calculó que ni valía la pena prestarse al espectáculo de una sesión judicial con el final escrito por un gobierno cuya perfidia, cinismo y desvergüenza han quedado desnudados.

Esa libertad total para el siniestro testaferro del Imperio parecía imposible cuando su detención dos años atrás, aunque muchos sospechamos de la “consecuencia” de los amos para con su dilecto discípulo. Los que albergaban alguna esperanza tienen ante sí otra prueba de la anatomía y la fisiología del sistema judicial estadounidense, tan “exportado” como modelo al resto del mundo.  Aún así, no deja de sorprender la decisión gubernamental de ni “guardar las formas” ante la opinión pública nacional e internacional, martillada desde el 2001 con el conveniente discurso antiterrorista al uso.

Pero Posada sabe mucho, seguramente más de lo que podríamos imaginar. Demasiadas han sido sus misiones. Las incontables contra Cuba como tarea permanente. La dictatorial represión en nuestros países lo tiene como aventajado maestro. Venezuela lo sabe. La guerra sucia contra Nicaragua como protagonista. Los entresijos del magnicidio de Dallas en noviembre de 1963 entre sus oscuros personajes. El stablishment norteamericano no le paga con la defensa merecida de los que apuestan la vida a una causa justa, le paga por el miedo a que revele sus secretos.  A contrapelo suyo, el “alma” de Posada debe pesar mucho.

¿Será deportado a Venezuela, donde puede ser juzgado con la misma preeminencia que en Cuba? Primero pasará un verdadero terrorista por la puerta de una celda antes que creer en ese acto de justicia. Si, como se viene afirmando, se acoge a la Ley de Ajuste para permanecer en territorio norteamericano, Posada habrá transitado por todos los esquemas preparados en Estados Unidos para combatir a nuestro país. El final feliz de un asesino.
 
Sólo la creencia en la fuerza de la palabra denunciante de todas las voces, todas, en la juntura de todas las manos, entre ellas las de artistas e intelectuales con su concitador verbo, jamás cansado ni vendido, logrará cambiar el curso de la farsa e imprimir al pie de estas banderas ululantes  la justicia que aquel mismo pueblo que de niño miraba en la Plaza, el mismo y otro, reclama con vehemencia, convencimiento y pasión.

Pongamos otro fin a la farsa Posada

Omar Valiño es crítico teatral, ensayista, profesor y editor. Se licenció en Teatrología, Artes Escénicas por el Instituto Superior de Arte (ISA), de La Habana, en 1991.

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Omar Valiño

Omar Valiño

Teatrólogo y escritor cubano. Director de la revista Tablas.