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¡Oh, etanol! ¿Cuántos crímenes se cometerán en tu nombre?

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Cuando esta edición de Progreso Semanal entre en circulación, ya el presidente W. Bush estará de regreso en la Casa Blanca. Lo más seguro es que tanto él como sus más cercanos colaboradores alaben los éxitos de su viaje por 5 países de América Latina, en especial los acuerdos para la producción de etanol con Brasil, la petición de Uruguay de incorporarse a ese negocio en expansión y, porque no, los lazos más estrechos con las oligarquías locales de Colombia, Guatemala y México.

Eso, a pesar de las manifestaciones de protesta por su presencia, a pesar de que el 86% de los habitantes de la región, según una encuesta de Zogby International, califica de «regular o pobre» el manejo de sus relaciones con América Latina, y de que un 81% le da malas o muy malas calificaciones al presidente. En México, la cifra llega al 96%. Debe ser por el muro. ¿O será por los efectos del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en la economía de ese país?

En realidad, al principio pensé que el viaje del presidente estaba condenado a un fracaso rotundo. Lo ví como una medida desesperada para tratar de detener en lo posible el avance de las ideas nacionalistas, progresistas y de izquierda en la región, cosa que no conviene en lo absoluto a los intereses norteamericanos. No por gusto la campaña contra la Alternativa Bolivariana para América (ALBA), contra Cuba, Venezuela y Bolivia se hace cada vez más fuerte. Ahora, no me parece que sea una medida tan desesperada.

También me pareció ridículo el ofrecimiento de W. Bush de enviar un barco hospital por varios puertos latinoamericanos para brindar 85 mil consultas, 1 500 intervenciones quirúrgicas y asistencia estomatológica. Con la Operación Milagro los médicos cubanos han dado 223 millones de consultas hasta el 1ro de marzo, han realizado centenares de miles de intervenciones quirúrgicas, salvado cerca de 90 mil vidas y dado asistencia estomatológica a decenas de miles de venezolanos, bolivianos y de otras nacionalidades. La diferencia es abismal.

Más ridícula todavía fue la concesión de 75 millones de dólares — menos que el gasto de un día en Irak — para el desarrollo de microempresas, ayuda a los campesinos, la salud y la educación. La verdad, como decimos los cubanos, apretó.

También dijo en referencia a Simón Bolívar y a George Washington, a quienes comparó por sus luchas independentistas, que «…nosotros somos los hijos e hijas de su lucha, y es nuestra misión completar la revolución que ellos iniciaron en ‘nuestros dos continentes'» (sic). Muy interesante y novedoso que un presidente de los EEUU acepte, al menos formalmente, la existencia de «dos continentes». Verdadera la apreciación de la existencia de dos realidades culturales e históricas diversas y contradictorias con los EEUU; gracias a las ambiciones de los gobernantes de este gran pueblo. Al parecer el presidente no conoce la frase de Bolívar, dicha pocos meses antes de morir, en 1829, «Los Estados Unidos parecen predestinados por la providencia para plagar América de miseria en nombre de la libertad».

Pero no le pidamos peras al olmo. La ignorancia provoca esos problemas. Aquella fue una frase premonitoria, cuando Estados Unidos todavía no era un imperio. La vida le dio toda la razón. El 40% de la población latinoamericana vive hoy en la pobreza (220 millones) y, de ellos, 84 millones viven en la indigencia, según la CEPAL. Esas cifras suben y bajan según las tendencias mundiales, pero existen desde hace decenas de años y representan el sufrimiento de cientos de millones de personas.

Por eso, lo más interesante de este viaje fue que, de repente, muchos altos dirigentes del gobierno de W. «sintieron» preocupación por la pobreza y la marginación de millones de seres humanos en América Latina. Hasta W. Bush prometió más ayuda a los pobres latinoamericanos. No se que pensarán de eso las víctimas del huracán Katrina que todavía esperan la ayuda gubernamental.

Para ser breve, uno de ellos, Thomas Shannon, subsecretario de estado para Asuntos Hemisféricos, dijo en el Congreso que, a pesar de la democratización de la región y el libre mercado «las demandas legítimas de las mayorías aún no han sido satisfecha (…) lo que ha creado una oportunidad para el surgimiento de una visión rival de desarrollo en las Américas».

Y agregó que «esa visión rival regresa sobre la pista de modelos de desarrollo anteriores en las Américas, y está basada sobre economías centralizadas, liderazgo político autoritario y la aseveración de que las demandas de justicia social y la intención de la mayoría es superior al respeto por los derechos y libertades individuales. Esa visión no tuvo éxito en el pasado, y no creemos que podrá tener éxito hoy día». Extraña la visión de justicia social que tiene el señor Shannon. Sobra decir que se refiere al ALBA y a las políticas nacionalistas establecidas por algunos gobiernos.

Shannon señaló, además, que el propósito de la gira de Bush es (era) «promover la visión estadounidense de vincular la democracia con el desarrollo, generar crecimiento amplio a través del libre comercio y políticas económicas sanas». O sea, el modelo neoliberal, cuyos resultados han sido totalmente negativos para la mayoría de la clase media y los pobres latinoamericanos.

Sin embargo, ahora tengo la impresión de que el objetivo principal del viaje de W. era despertar las ambiciones de las oligarquías nacionales, aliadas del capital transnacional. El etanol es la zanahoria. El periodista uruguayo Raúl Zibechi, en su artículo La Gira del Etanol (Rebelión 10-3-2007) lo expresa con las siguientes palabras: «…la actual coyuntura que vive la región es sumamente delicada porque puede producirse una inflexión de larga duración que afectará tanto a los pueblos como a los gobiernos de izquierda. Hilando fino, el problema no es ni Bush ni Estados Unidos. Ellos hacen su juego, como siempre lo hicieron. Con el proyecto del etanol emerge una nueva-vieja alianza: la de las elites globales, que se expresa en algunos gobiernos de la región».

Es decir, que el objetivo es crear las condiciones, con el apoyo de las oligarquías locales, especialmente la brasileña –la más poderosa–, para dar marcha atrás a los cambios políticos y económicos que tienen lugar en América Latina.

Les doy un dato adicional. Entre los principales promotores de la Comisión Interamericana de Etanol, lanzada en diciembre del pasado año, está Jeb Bush, el hermanísimo, y Roberto Rodrigues, presidente del Consejo Superior de Agronegocios de Sao Paulo y exministro de Agricultura en los primeros cuatro años de gobierno de Lula. Hombre capaz, según algunos observadores, de acabar con la Amazonia y expulsar a millones de campesinos de sus tierras para acelerar la acumulación de capital. Para W. el etanol es un negocio familiar, quién lo iba a decir. ¿Será por eso que compró una hacienda en Paraguay?

La agencia APM reporta que Brasil quiere inaugurar una planta de procesamiento de alcohol, a partir de la caña de azúcar, por mes hasta el año 2012. La inversión total será de 14 600 millones de dólares, para pasar de las 336 fábricas que tiene en la actualidad a 409 cuando finalice ese año. La información fue tomada por la agencia del diario O Estado de Sao Paulo.

El propósito de esa inversión es evidente: convertir al etanol en un producto con precio internacional, especialmente ahora que Europa aspira a disminuir su dependencia de los hidrocarburos en un 20%. Brasil y Estados Unidos son los principales productores de ese derivado, con el 72% de la producción mundial. Estados Unidos emplea el maíz, un alimento humano y animal, como materia prima.

De este modo, el etanol se convierte en un negocio de grandes perspectivas pero, también, en un elemento para tratar de detener la influencia de la Revolución Bolivariana y de Hugo Chávez en la región, que ellos piensan está basada en el petróleo y no en una evidente y más justa distribución de la riqueza. Sin dudas, el precio del petróleo permite al gobierno bolivariano desarrollar una obra social de envergadura y ayudar a otros países, pero sin voluntad política eso no sería posible.

Además, el etanol no puede sustituir totalmente a la gasolina, pues para ello sería necesario sembrar inmensas extensiones de caña de azúcar o de maíz. Según Hugo Chávez harían falta 5 ó 6 planetas solo para satisfacer la demanda de gasolina de Estados Unidos, así que la dependencia del petróleo podrá disminuir, pero no puede ser sustituido. De todos modos, la enorme ampliación de la producción de ese derivado preocupa grandemente a muchos economistas y a organizaciones del sector campesino de América Latina.

A finales de febrero, varias organizaciones latinoamericanas, entre ellas el Movimiento de los Sin Tierra (MST) de Brasil y Vía Campesina, emitieron un manifiesto bajo el título «Tanques llenos a costa de barrigas vacías», en el que sostienen que «el actual modelo de producción de bioenergía se sustenta en los mismos elementos que siempre causaron la opresión de nuestros pueblos: apropiación del territorio, de los bienes naturales, de la fuerza de trabajo».

El texto señala que la finalidad de un entendimiento comercial entre Brasil y Estados Unidos es debilitar a Bolivia y Venezuela, impedir la construcción del gasoducto del Sur y, por extensión, la integración regional. Apunta, además, que se trataría de una luz verde al trabajo infantil, muy requerido para cosechar la caña de azúcar.

Por último, el manifiesto expresa en una de sus partes: «Nos comprometemos a denunciar y combatir el modelo agrícola basado en el monocultivo concentrador de tierra y riqueza, destructor del medio ambiente, responsable del trabajo esclavo y de la superexplotación de la mano de obra; y a superar el actual modelo agrícola a través de la eliminación del latifundio».

Hasta dónde podrán llegar las cosas, no creo que nadie sea capaz de predecirlo en estos momentos. Falta por ver cual será la actitud del gobierno brasileño. Si nos guiamos por las declaraciones de Lula, durante la conferencia de prensa conjunta con W., todavía quedan muchas cuestiones por resolver, como el subsidio agrícola, el arancel que cobra Estados Unidos al etanol brasileño y la ayuda que brinda el gobierno norteamericano a los productores de etanol en su país que, no por casualidad, es casi igual (0.52 dólar por galón y 0.51 dólar por galón, respectivamente).

En la conferencia, Lula le pidió a W. que no interfiera en los asuntos del Mercado Común del Sur (MERCOSUR). Es difícil pensar que la Casa Blanca no haga todo lo posible para acabar con el proceso de integración latinoamericana, y Lula lo sabe. Así que hay que esperar para saber hasta dónde los intereses y ambiciones de la oligarquía brasileña podrán llegar. Ojalá que el subtítulo de este artículo: ¡Oh etanol! ¿Cuántos crímenes se cometerán en tu nombre?, no se haga realidad.

Tomado de Progreso Semanal

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Eduardo Dimas

Eduardo Dimas

Periodista cubano, especializado en temas de política internacional. Falleció en La Habana en 2008.

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