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Una reelección temida solo por la tozudez de la derecha

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En la medida en que se acerca el 1ro de octubre y a pesar de las campañas de descrédito en su contra, todo parece confirmar que el presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, alcanzará su reelección en las urnas con votos suficientes para colocarlo a una distancia tan amplia de su principal contendiente, Geraldo Alckim del Partido Social Demócrata, como para evitar una deslegitimación de su triunfo, opción a la que pareciera estar apostando la derecha y evitar la vuelta del exobrero metalúrgico al Palacio del Planalto.
Sometido como afirma el diario mexicano La Jornada " a un linchamiento mediático", Lula se mantiene a la cabeza de las intenciones de votos a pesar de los múltiples escándalos protagonizados por el Partido de los Trabajadores (PT) con el que no sólo llegó al poder cuatro años atrás, sino que lo convirtió en una alternativa para la inmensa mayoría de los brasileños.
Los escándalos por corrupción que la derecha ha potenciado como carta de triunfo contra su gobierno,  han tocado a algunos de sus más cercanos colaboradores y ante quienes el Presidente no vaciló en optar por el bien público a pesar de que en no pocos casos faltaron pruebas para enlodarlos.
Ganaré en la primera vuelta "con la cara limpia" vaticinó Lula hace apenas unas horas cuando las clases dominantes tradicionales a las que él no pertenece y por lo que no lo perdonan, pretenden ponerlo contra las cuerdas con nuevas campañas de descréditos y enfrentamientos verbales con sus adversarios en busca de restarle apoyo en la recta final.
No por casualidad se viene abriendo paso la hipótesis de que la derecha brasileña "cocina" un fraude electoral o alguna otra acción que deslegitime los resultados del domingo próximo por cuanto aún si no ganara ese día tendría garantizada la victoria en una segunda vuelta, según arrojan todos los sondeos de opinión. Razón por la cual desde los últimos dos años han intentado no solo juzgarlo políticamente sino obligarlo a renunciar.
A esta altura y en medio del nuevo escándalo por corrupción denominado "caso dossier" en el que estarían implicados personas afines al PT  las cifras a favor de Lula no han variado o lo han hecho en muy poca cuantía. Quizás sea porque la corrupción ha sido, y eso nadie lo duda, un rasgo distintivo de la sociedad brasileña que ya no asombra a nadie.
Tal es así que el Instituto Ibope, reveló que con escándalo y todo, Lula ganaría con el 49% de los votos este próximo 1ro de octubre frente a su principal adversario, Geraldo Alckim que se situaría detrás con un 29% de los sufragios. La misma encuestadora asegura que en una segunda vuelta Lula se llevaría el triunfo con un 52% frente al 37% de Alckim.
Lo cierto es que frente al mandatario no hay figura alternativa a la derecha ni a la izquierda, por ahora. Eso le despeja el camino si no en primera en segunda vuelta por un margen amplio toda vez que las masas populares siguen viendo a Lula como un hijo de la clase trabajadora que no haría nada en contra de ellos.
El electorado brasileño - 126 millones-, sabe que Lula heredó un país con no pocas dificultades generadas por las políticas privatizadoras y neoliberales de su antecesor, Fernando Enrique Cardoso, para no hablar ya de que Brasil se ha caracterizado históricamente por ser uno de los más injustos de Latinoamérica y el mundo en cuanto a la distribución de sus riquezas.
También sabe que llegó al Planalto argollado con compromisos contraídos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y que fueron adquiridos en pactos de caballeros por todos los aspirantes presidenciales de entonces y de los que él no se salvó.
Su poder de negociación -una de sus principales características personales-, al frente de los destinos de su país le permitió aún en tales circunstancias llevar adelante programas de corte social como el Hambre Cero y Bolsa Familia y hacer cumplir un cronograma de Reforma Agraria con el que poder saldar aunque fuese tímidamente una parte de la tremenda deuda con los Sin Tierrra.
Cierto es que Lula no se ha lanzado de cabeza contra el modelo neoliberal, pero si ha conseguido equilibrar el país controlando la inflación la cual llegó a superar el 2000% en la década de los 90, detener la subida de los precios de la canasta básica lo que unido a una reevaluación del real, la moneda nacional, ha permitido a las familias rescatar su capacidad de consumo.
 Durante su mandato cumplió y sobrecumplió sus compromisos con el FMI al reducir la deuda externa y conquistar un superávit fiscal, exigencias del organismo crediticio internacional que ni siquiera Fernando Enrique Cardoso, cumplió.
Moderadamente ha conducido los destinos de Brasil, factor que una parte de la izquierda que lo acompañó le ha criticado. Ha evitado la confrontación con Washington pero al mismo tiempo apostó fuertemente por la integración latinoamericana, y lidera las posiciones del Sur en escenarios económicos internacionales frente a las pretensiones del Norte industrializado en detrimento de los intereses de los productores del Tercer Mundo.
No hay dudas de que ha acompañado con su apoyo los nuevos procesos revolucionarios que se abren en nuestra región y ha defendido su amistad  militante con Cuba y Venezuela.
Quizás, estos elementos sean la causa del desagrado que su reelección suscita entre las clases dominantes brasileñas que aún temen que Lula en cualquier momento les de "un susto socialista".
Cuatro veces fue a las urnas para ganar una, cuando el fantasma de su extracción social y su militancia sindical mantuvo en vilo los mercados y el riesgo país, en las pasadas presidenciales, llegó a situarse en 2 500 puntos, cifra que hoy tras cuatro años de gobierno petista se mantiene en 243 en un rango de normalidad.
Sus enemigos de hoy son los mismos de entonces, pero su odio de clase es infinitamente mayor a pesar de haber comprobado que su reelección aseguraría la continuidad de las políticas de su primer mandato por lo que no habría sobresaltos para nadie, si, como hasta ahora no se propone desmontar el modelo sino sólo utilizar las fisuras de éste para redistribuir mejor las riquezas  y sembrar un poco de justicia para el pueblo.

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Nidia Díaz

Nidia Díaz

Periodista cubana, especializada en temas internacionales. Actualmente trabaja en el semanario Granma Internacional.