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Cuba en Ginebra: “Se gasta muchísimo más en producir para matar que en salvar vidas”

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INTERVENCIÓN DE S.E. Sr. JUAN ANTONIO FERNÁNDEZ PALACIOS, EMBAJADOR, REPRESENTANTE PERMANENTE DE LA REPÚBLICA DE CUBA ANTE LA OFICINA DE LAS NACIONES UNIDAS EN GINEBRA Y LA CONFERENCIA DE DESARME

Ginebra, 9 de febrero de 2006

Sr. Presidente:

Cumplo con una de las tantas formalidades de esta Conferencia: Presentar mi discurso de “ingreso” a este importante órgano.  Comprendo que se trata de un ritual, entre los muchos que suelen delinear el sello de esta institución, detenida en el tiempo durante los últimos 8 años.

La Conferencia de Desarme atraviesa una de sus más críticas etapas desde su creación.  Todos sus Estados miembros están llamados a realizar sus mayores esfuerzos para encontrarle solución a esta situación. De lo que se trata es de rescatar la necesaria voluntad política que permita a esta Conferencia hacer realidad los objetivos por los cuales  fue creada: el desarme general y completo, para alcanzar un verdadero y real sistema de seguridad colectiva.

Señor Presidente:

La historia de la humanidad nos recuerda, una y otra vez, que los grandes y sofisticados arsenales de armas no  garantizan un poder absoluto ni la invencibilidad.  A lo largo de la historia todos los imperios que han existido han desaparecido; y el actual, encabezado por la potencia militar y económica de nuestros tiempos, no será la excepción. Lo digo sin ánimos de ofender a nadie ni intentos de alardear con profecías baratas. Es la convicción que emana al ser testigo del accionar de esa potencia mundial y del conocimiento de la historia moderna del género humano.

Hubo una oportunidad inigualable para construir un mundo mejor y más seguro: los años iniciales de la década de los 90 del siglo pasado, cuando con la desaparición de la antigua URSS, y el bloque militar de su órbita, Estados Unidos de América quedó como la única potencia militar del orbe. Nada justificaba seguir alimentando las contradicciones de la llamada “Guerra Fría” ni continuar defendiendo la estructura bélica sobre la que se había sustentado. Sin embargo, la nueva realidad fue asumida bajo el cuestionado dogma “del fin de la historia”, la negación de toda discrepancia,  y la afirmación de un poder casi absoluto, que se presentaba como insuperable.

Una política encaminada hacia la consolidación de la paz, con un compromiso real y efectivo a favor de la eliminación total, en primer lugar, de las armas nucleares y la posterior eliminación paulatina de otros tipos de armas y tecnologías bélicas; el fortalecimiento del sistema colectivo de seguridad basado en el respeto de normas y principios internacionales; y la consolidación de la cooperación internacional en materia socio-económica utilizando los recursos materiales, financieros y humanos que se hubieran liberado de las medidas de desarme, habrían creando un ambiente inmejorable de seguridad internacional que hoy estuviera gravitando sobre esta Conferencia de Desarme.

Pero la historia fue diferente y se perdió la oportunidad, no así las esperanzas y los ideales de justicia en un mundo de paz para todos.

El cambio de condiciones objetivas, se vio como la ilusa oportunidad de acentuar el poder imperial, y otra vez la elección fue consolidar el poder a través de la fuerza. Para ello se revisaron doctrinas militares y se revocaron tratados que constituían la quintaesencia de la estabilidad mundial. La superpotencia recurrió a la amenaza y al uso de la fuerza en las relaciones internacionales. Se fabricaron nuevas armas y se potenciaron nuevas investigaciones para hacerlas más potentes y destructivas. Se debilitó a las Naciones Unidas y su precario sistema de seguridad colectiva.

¿Y qué se consiguió con ello?, ¿Acaso más poder?, ¿Más prestigio y moral?,  ¿Mayor seguridad internacional?,  No, nada de eso. La inestabilidad mundial y la falta de seguridad se han incrementado con las fatales consecuencias que eso conlleva.

Señor Presidente:

Las armas nucleares -con los millones de megatones en explosivos que  representan-  cuyo número es más que suficiente para destruir el planeta Tierra, no han impedido la proliferación de conflictos armados, no impidieron los repudiables actos terroristas del 11 de septiembre de 2001 en los Estados Unidos de América, ni otros que le sucedieron en diferentes partes del mundo. No impiden tan poco los esfuerzos naturales y lógicos de equilibrar la falta de poder y de seguridad de otros Estados a través del desarrollo o la adquisición de armamentos.

El gasto militar mundial es aproximadamente de 1 000 millones de dólares estadounidenses y sigue creciendo. Se gasta muchísimo más en producir para matar que en salvar vidas. Según las estimaciones de las Naciones Unidas, el costo para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio sería aproximadamente el 10% de lo que hoy se gasta en armamentos a nivel mundial. Parece una suma modesta y asequible, considerando lo que podría lograrse con ella. Podrían salvarse miles de vidas cada día. Millones de personas en todo el mundo podrían escapar de la pobreza. Sería posible educar a cada niña y cada niño en el Tercer Mundo. Podría enfrentarse de manera más efectiva la terrible pandemia del SIDA.

Sr. Presidente:

¿Se puede cambiar este estado de cosas?.  Sí, se puede ¿La Conferencia de Desarme tiene algo que aportar a los esfuerzos del cambio?.  Sí, la Conferencia  tiene un papel importante aún por cumplir. No es tarea fácil, ni será cuestión de poco tiempo. Para ello hay que recabar los esfuerzos de muchas personas en el mundo. Tampoco es un asunto cuya solución se circunscribe sólo al reducido espacio de este órgano. Sin embargo, no tenemos otra opción que seguir luchando para alcanzar nuestros objetivos a favor de la paz y la eliminación total de los armamentos. Ni siquiera la desaparición de esta Conferencia cambiaría la necesidad de buscar soluciones a esos problemas.

Mañana podremos reunirnos en otro espacio, bajo nuevas estructuras y normas, sin que hayan cambiado las causas por las que estamos hoy aquí en esta sala, y nos seguiremos viendo obligados a discutir los temas que hoy discutimos y a tratar de diseñar medidas para solucionarlas.

Señor Presidente:

Cuba se mantiene firmemente comprometida con el multilateralismo y la necesidad de aplicarlo en toda su extensión para alcanzar soluciones efectivas a favor de la paz y la seguridad. Vemos la Conferencia de Desarme como un eslabón vital dentro de ese sistema multilateral. Sin embargo, hoy no están dadas las condiciones para que en este órgano se pueda acordar un programa de trabajo que no contemple las prioridades de todos sus miembros. Lo digo con dolor, pero esa es la realidad. Algunas potencias mundiales no demuestran en la práctica un compromiso real con la búsqueda de una seguridad colectiva que permitiría a la mayoría de los países confiar en los objetivos a largo plazo de éstas y sumarse, como un primer paso, al logro de sus prioridades.

Los fracasos ocurridos en los últimos tiempos en materia de desarme y seguridad internacional, nos llevan a la conclusión de que en la actualidad no están dadas las condiciones para soluciones escalonadas. La falta de confianza mutua impone soluciones al unísono, porque es la única condición que se ve como garante de un supuesto equilibrio de fuerzas. Mientras no se supere esa desconfianza y no existan garantías reales y verificables en favor de una seguridad colectiva continuaremos girando alrededor de formulas e intentos teóricos de solución para forzar un consenso a favor del programa de trabajo de la CD, pero sin ningún resultado.

Hoy en día la seguridad colectiva depende de que se acepte que las amenazas que cada región del mundo considera más urgentes tienen de hecho la misma urgencia para todos. Estas no son cuestiones teóricas, sino de vital urgencia.

Cuba está convencida que la única y verdadera solución al problema de la proliferación en todos sus aspectos de armas nucleares y de otras armas de exterminio en masa es su total eliminación, por eso considera que la Conferencia debe establecer cuanto antes un Comité Ad-Hoc para negociar el desarme nuclear. Asimismo, estamos de acuerdo con que comiencen negociaciones para prevenir la carrera de armamentos en el espacio ultraterrestre.

Nos sumamos a los que apoyan el inicio de negociaciones en la Conferencia sobre un tratado internacional que prohíba la producción de material fisible para fabricar armas nucleares, y que responda tanto al objetivo de la no proliferación como al desarme. La negociación de un instrumento internacional jurídicamente vinculante que brinde garantías negativas de seguridad a los Estados no poseedores de armas nucleares también recibe nuestro apoyo como una de las prioridades de trabajo para este órgano.

Deseamos, firmemente, Sr. Presidente, que este año sea el año del cambio, o al menos de su inicio. De ser el caso, Cuba estará a la altura de estos tiempos.

Muchas gracias.

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Juan Antonio Fernández

Juan Antonio Fernández

Diplomático cubano. Embajador de Cuba en Austria.

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