La CIA y su subcontratación de la tortura

Cárceles flotantes en aeropuertos europeos. No llevan celdas ni cambios internos visibles, pero son usados por la CIA para transportar prisioneros, pasando desapercibidos en los aeropuertos.
A Condoleezza Rice le ha tocado la responsabilidad de afrontar la semana pasada una difícil misión que le encargó el presidente Bush: afirmar ante los aliados europeos de Estados Unidos que su país «no tortura a los prisioneros» y que los misteriosos aviones civiles de la CIA que han hecho cientos de escalas en aeropuertos de Europa desde el 11-S lo hacen respetando «el derecho internacional».
La mayoría de los ministros de Exteriores de la UE, como los titulares de Exteriores de la OTAN, se dieron por satisfechos con las explicaciones dadas por la secretaria de Estado norteamericana.Bernardino León, secretario de Estado español para Asuntos Exteriores presente en la reunión, lo reflejó en estos términos: «Condoleezza Rice dejó claro que no se torturó y que la legislación internacional se aplica en EEUU como en el resto de la comunidad internacional».
Los gobiernos europeos parecen decididos a pasar página después de que Condoleezza Rice les advirtiera de que las operaciones encubiertas eran indispensables, de que «salvan vidas europeas, americanas y de otros países». Fuera de las cámaras, la secretaria de Estado habría recordado a los ministros que muchas de las operaciones clandestinas de la CIA en Europa se hicieron, en algunos casos, con la colaboración activa de servicios secretos europeos «porque estamos en la misma barca», dijo, y en otros casos, gracias a que los gobiernos miraron hacia otro lado. Ningún Gobierno desmintió la versión del Washington Post, según la cual, hasta los servicios de Inteligencia de países que han sido muy críticos con la guerra de Irak, como Francia, tienen centros de coordinación de operaciones encubiertas con la CIA.
El ministro de Exteriores finlandés, Erkki Tuomioja, se desmarcó de sus colegas y dijo que su país seguirá pidiendo explicaciones sobre un vuelo de la CIA procedente de Franckfort y con destino a Estocolmo que hizo escala en Helsinki en mayo de 2003. La polémica se reavivará también la próxima semana, cuando el Pleno de la Eurocámara debata la propuesta para crear una comisión de investigación sobre el tema, que han presentado los grupos Socialista, Liberal, Los Verdes e Izquierda Unitaria Europea. Igualmente se mantienen abiertas las dos investigaciones que decidió llevar a cabo tanto el Consejo de Europa como su Asamblea Parlamentaria. Terry Davis, secretario general del Consejo de Europa -órgano garante de la Convención Europea de los Derechos Humanos- dio plazo hasta el 21 de febrero a los 46 Estados miembros para que le envíen toda la información de que disponen.
Vuelos en aviones civiles.
A pesar de que desde poco después del 11-S organismos humanitarios y medios de comunicación vienen denunciando que los aviones civiles de la CIA que hacen escalas en aeropuertos europeos, transportan prisioneros a bases propias o a países aliados, para ser torturados lejos de cualquier tribunal o molesto observador de la Cruz Roja Internacional, ha sido en las últimas semanas cuando varios países decidieron pedir explicaciones sobre ellos.
La identificación de las matrículas de tres de los aparatos más utilizados por la CIA para sus traslados y entregas de prisioneros, un Boeing 737, un Gulfstream IV y un Gulfstream V -la lista es ya de al menos 27 aviones- facilitó la tarea de rastrear su paso por los distintos aeropuertos. Según el registro de las autoridades aeroportuarias, serían cerca de 800 las escalas realizadas entre octubre de 2001 y el verano de 2005.
El mayor porcentaje de ellas se produjo en Alemania, seguido por el Reino Unido, Irlanda, España (más de 20 en las Islas Baleares y las Islas Canarias), Portugal, República Checa, Grecia, Polonia, Rumanía, Holanda, Italia, Suiza, Suecia, Turquía, Malta, Croacia, Islandia y Finlandia al menos.
Origen y destino
Organizaciones como Amnistía Internacional, Human Rights Watch y Human Rights First, coinciden en que desde 2001 se pueden haber producido entre 100 y 150 extraordinary renditions o entregas extraordinarias de prisioneros. En algunos casos los trasladados fueron detenidos en Afganistán, Irak o estaban en la cárcel de Guantánamo.
En otros casos, sin embargo, los pasajeros fueron previamente secuestrados en cualquier parte del mundo, con o sin complicidad de las autoridades locales. Se han producido secuestros tanto en Pakistán, Marruecos, Gambia o Malawi, como en Suecia (los egipcios Ahmed Agiza y Mohammed al-Zari, el 18 de diciembre de 2001), en Italia (el egipcio Abu Omar, el 17 de febrero de 2003) o en Macedonia (el ciudadano alemán Jaled el-Masri el 31 de diciembre de 2003).
Las víctimas son llevadas a sitios negros de la CIA en Afganistán o Irak, independientes de las bases militares de EEUU, a buques militares, a la base de Diego García, en el océano Indico, a la propia base de Guantánamo (donde la agencia mantuvo una cárcel propia) o a prisiones en Egipto, Uzbekistán, Siria, Jordania, Marruecos, Yemen, Arabia Saudí, Indonesia o Tailandia. Según Marc Garlasco, de Human Rights Watch, «Polonia fue la principal base para los interrogatorios de la CIA en Europa» hasta hace poco y también Rumanía albergó uno de esos centros en su territorio.El Gobierno checo fue el único que reconoció, a través de su ministro de Interior, Frantisek Bublan, que EEUU les hizo un pedido concreto. «Nos preguntaron si podríamos acoger a algunas personas en régimen de asilo», dijo, y aseguró que su Gobierno se negó.
Evolución de las 'entregas'
La primera versión de las entregas data de los años 80, durante el Gobierno de Ronald Reagan, pero sus características eran exactamente inversas a las de ahora. Era EEUU quien presionaba a determinados países, fundamentalmente latinoamericanos, para que le entregaran a capos del narcotráfico. Otra versión de la extraterritorialidad de las leyes estadounidenses, se vivió en 1989, cuando EEUU invadió Panamá y detuvo a su presidente, al general Noriega, trasladándolo a Florida, donde fue juzgado y condenado por un tribunal.
Precedentes en la era Clinton

Michael Scheuer
Michael Scheuer es el verdadero creador del programa de secuestros de la CIA en el extranjero, de las llamadas extraordinary renditions y lo reivindicó públicamente, en el programa 60 Minutes de la CBS el 14 de noviembre de 2004, días después de abandonar la agencia de Inteligencia tras 22 años como agente. Miembro de la unidad de la CIA encargada de capturar o matar a Bin Laden tras el primer atentado contra las Torres Gemelas en 1993, obtuvo en 1995 el visto bueno de la Casa Blanca para «ir a cazar a los terroristas a sus guaridas».
El propio ex director de la CIA, George Tenet, reconoció que antes del 11-S habían tenido lugar ya cerca de 70 renditions, detenciones en el exterior de sospechosos de ser terroristas, con ayuda de países amigos. Scheuer era el artífice del programa, pero según él, a partir de un momento los prisioneros ya no fueron llevados ante los tribunales de EEUU.
La primera operación de nuevo estilo fue realizada por agentes croatas y de la CIA el 13 de septiembre de 1995. El secuestrado fue el egipcio Talat Fuad Qasem, sentenciado a muerte en rebeldía en Egipto por la muerte de Sadat. Tras ser torturado a bordo de un buque en el Adriático, fue entregado a Egipto, donde se supone fue ejecutado. La segunda tuvo lugar en el verano de 1998 en Tirana, Albania, donde agentes de ese país y de la CIA secuestraron a cinco militantes fundamentalistas, entre ellos Shawiki Salama Atiya, a quien se relacionaba con Zawahiri, lugarteniente de Bin Laden. Trasladados a Egipto, se sospecha que fueron ahorcados.
Contra todas las leyes
Condoleezza Rice ha defendido la «legalidad» de las entregas de prisioneros a terceros países para ser interrogados, interpretando libremente el Artículo 3 de la Convención de la ONU contra la Tortura en la que se prohíbe la transferencia de prisioneros a otro país «en el que existan razones para creer que puede ser torturado». EEUU se defiende aseegurando que cuando realiza una extraordinary rendition, obtiene garantías expresas del país receptor. Sin embargo, los prisioneros que terminaron siendo liberados o pudieron ser visitados por familiares o abogados, confirmaron haber sido torturados.
Las extraordinary renditions violan también las Convenciones de Ginebra, como recuerda el último informe sobre el tema del Center for Human Rights and Global Justice, de la Escuela de Derecho de la Universidad de Nueva York.
Sin embargo, el hecho de que por un decreto presidencial, Bush decidiera que los sospechosos de Al Qaeda eran combatientes enemigos, sin derecho a acogerse a ellas, los hizo vulnerables a cualquier tipo de maltrato. Bush amenaza precisamente con vetar la resolución contra la tortura aprobada en el Senado por iniciativa del republicano John McCain, si su aplicación no hace una excepción con los agentes de la CIA.
Roberto Montoya nació en Buenos Aires, donde estudió Periodismo y trabajó en distintos medios escritos. Encarcelado y torturado en varias ocasiones durante la dictadura de Onganía-Livingston-Lanusse (1966-1973) y bajo el gobierno democrático de Isabelita Martínez de Perón /1974-1976) y el imperio del terror de su paramilitar Triple A, inició su exilio político europeo en París, en 1976.
Actualmente es uno de los jefes de la sección Internacional de El Mundo, de España, diario en el que trabaja desde 1992 y del que fue también su corresponsal en Roma y París. Ha sido jefe de Internacional de El Independiente, de 1989 a 1991; corresponsal en Londres de la cadena de TV de Estados Unidos SIN-Univisión de 1984 a 1987; trabajó para los periódicos Liberación (España), Página 12 (Argentina) y El Excelsior (México).
Fue colaborador de Radio Nacional y Radio Exterior de España; de la BBC Radio, Servicio para América Latina; de Antena 3 Radio, y otras múltiples publicaciones. Es coautor, junto a Alejandro Tarruella y bajo el seudónimo de Pablo Kúlacs, del libro Los Terratenientes (Buenos Aires, 1970); y junto a Daniel Pereyra, de El caso Pinochet y la impunidad en América Latina (2002). Ha publicado también El imperio global (2000) y La impunidad imperial (2005)

Haga un comentario