Cambia el rostro de la economía cubana
Un crecimiento acelerado en cualquier economía llama siempre la atención. Pero en el caso cubano, despierta esta vez interrogantes particulares. ¿Cómo es posible un incremento de 11.8 por ciento del producto interno bruto (PIB) en 2005, un año de azotes brutales del clima? ¿De dónde le salieron fuerzas a esta isla caribeña para dar ese salto?
Tres huracanes -Denis, Wilma y Katrina- destruyeron viviendas e instalaciones industriales y arrasaron cosechas, mientras la sequía más aguda del último siglo provocó una severa contracción de la producción agrícola. Sumadas, las pérdidas provocadas por esos cuatro fenómenos pasan de 3.660 millones de dólares. En términos equivalentes, esos daños superan en más de un tercio a los ingresos cubanos por exportación de mercancías. En otros años, hubieran significado un mazazo recesivo para la economía. ¿Cuál es, entonces, la explicación del crecimiento?
El capital humano desarrollado persistentemente por la Revolución Cubana, casi desde su mismo inicio, ha logrado con el paso del tiempo una transformación radical del perfil de la economía. De exportadores de materias primas baratas -azúcar y café- y otras mejor pagadas pero de poco desarrollo tecnológico igualmente -tabaco y níquel-, los cubanos se han convertido en los últimos años en exportadores de servicios. Estos últimos cubrieron alrededor del 70 por ciento de los ingresos externos en 2005, de acuerdo con el informe presentado a fin de año por el ministro de Economía, José Luis Rodríguez, al Parlamento cubano. En 2004 aportaban el 57.6 por ciento de tales ingresos.
El turismo encabeza la avanzada del sector no manufacturero. Pero en 2005 subió de manera acentuada la exportación de servicios especializados de alto valor agregado en el campo de la medicina, avalados por el prestigio internacional de los profesionales cubanos de la salud. Se suman también servicios en el campo de la educación y el deporte y crece la contribución de productos farmacéuticos de punta, creados y producidos por el polo científico de la biotecnología.
Todo esto ha compensado la brusca contracción experimentada desde los años 90 por la que fuera antes el principal sector económico del país: el azúcar. Presionado por los bajos precios del mercado mundial, esta industria ha caído a niveles -alrededor de 1.5 millones de toneladas- que en otros tiempos hubiera significado temporada de vacas flacas. Pero hoy tiene Cuba en su capital humano una carta de triunfo en pleno desarrollo. De hecho, la Isla trabaja actualmente de manera intensa para hacer de la industria del software otro de sus sectores de avanzada.
El gobierno cubano también ha emprendido desde 2003 una serie de reformas para reordenar su sistema monetario. Ha centralizado los ingresos en divisas del Estado y el gasto de inversiones, en busca de una mejor capacidad de pago internacional. A pesar de las obsesivas trampas que tiende el bloqueo económico de Estados Unidos a Cuba, esta pequeña nación ha conseguido una mejoría sensible en su crédito financiero externo. El 73 por ciento de estos compromisos financieros vence hoy en el mediano y largo plazo, según reporte del presidente del Banco Central de Cuba, Francisco Soberón.
La capacidad de maniobra financiera ha dado más flexibilidad a la Isla para desarrollar una labor comercial estable con terceros países, visible también en ese 11.8 por ciento que sorprende hoy y en la tendencia ya iniciada a la mejoría del comercio interno.


Haga un comentario