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Lunes de Revolución” y el canon literario cubano

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El 9 de octubre de 1960 ve la luz el número 126 del suplemento cultural del periódico Revolución, conocido como Lunes de Revolución. Su director era entonces el recién fallecido escritor  Guillermo Cabrera Infante y el poeta Pablo Armando Fernández su segundo. Lo interesante de este número es que en él se publicaron los resultados de una encuesta  enviada a escritores cubanos para seleccionar las diez mejores obras literarias, de cualquier género, escritas en la isla.

Ha pasado mucho tiempo de entonces acá, casi 46 años, y lo más importante, ha transcurrido el tiempo de Cuba en Revolución, un proceso que ya por aquellos días, que hoy se nos antojan míticos, comenzaba a profundizarse, deslindando también los campos en las preferencias literarias. Lo interesante de aquel temprano intento de diagnóstico sobre lo perdurable de la producción nacional es que intentaba fijar, aunque fuese de manera provisional, una escala de valores que sirviese para orientar al lector cubano que, tras el fin de la Campaña de Alfabetización, la creación de la Imprenta Nacional, la apertura de bibliotecas y la propia democratización de la vida cultural del país, arribaba a la palestra pública con un hambre ancestral de saber, y una insaciable curiosidad intelectual.

Sin dudas, el fino olfato cultural de los editores de Lunes de Revolución intuía que se necesitaba de señales confiables para mostrar el camino más firme y recto dentro de la maraña oscura, amontonada y caótica que se abría ante los cubanos recién alfabetizados, o que recién llegaban al mundo de la lectura. Y para ordenar en algo la marcha, ahorrando caídas y decepciones, nada mejor que consultar a las personalidades literarias más descollantes de entonces.

"La literatura se demuestra con los libros que son su movimiento-comenzaban por declarar los editores- (esta encuesta) servirá a los estudiantes para comprobar sus conocimientos en la literatura de su país.  Los recién alfabetizados podrán encontrar diez libros útiles, amenos o importantes que leer además de sus ejercicios habituales. Los  autores cubanos se verán reconocidos por aquellos a quienes a menudo ven como los negadores de su obra: los autores cubanos. Finalmente,  se podrá decir desde ahora  que  existe una literatura cubana, no solo porque hay diez libros dónde escoger, sino porque podría también haber veinte, treinta, etcétera…"

No todas las personas a quienes se remitió la encuesta la respondieron. No sabemos si todos los que respondieron fueron los publicados. No hemos encontrado, en números posteriores del semanario, que haya tenido continuidad la publicación de las respuestas. En consecuencia, es de suponer que el intento canónico se inició y concluyó con los 29 autores que respondieron y  que resultaron publicados.

Puede objetarse que se trata de una cifra demasiado escueta de  encuestados para ser representativa, o al menos, para cumplir el cometido que los encuestadores se propusieron, incluso, se echa de menos a autores que ya por entonces gozaban de sólida reputación literaria, algunos de los cuales residían en provincias. Quienes así piensan tienen razón, pero entendemos mejor que el universo escogido es representativo cuando nos ubicamos en la Cuba de 1960, y descontamos a quienes ya por entonces, por discrepancias ideológicas o recelos, no colaboraban con Lunes de Revolución, ni con ninguna empresa intelectual que llevase semejante apellido; tampoco con el grupo que se reunía alrededor de la publicación.

Al momento de publicarse este número de Lunes…, faltaban apenas cinco meses para la agresión de Playa Girón, y siete para que tuviesen lugar, en la Biblioteca Nacional, las tres sesiones de trabajo de los intelectuales cubanos que culminarían con la intervención de Fidel conocida como Palabras a los intelectuales (30 de junio de 1961), preludio de la creación de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba.

En este contexto es que se inscribe aquel temprano intento de fijar un canon literario cubano, en las condiciones de la Cuba revolucionaria. Veamos los resultados:

El listado de los autores que respondieron, y en consecuencia, fueron publicados, es el siguiente:

1) Juan Marinello.
2) Luis Agüero.
3) José Ardevol.
4) Humberto Arenal.
5) Antón Arrufat.
6) Rosario Antuña.
7) Guillermo Cabrera Infante.
8) Walterio Carbonell.
9)  Alejo Carpentier.
10) Edmundo Desnoes.
11) Manuel Díaz Martínez.
12) Pablo Armando Fernández.
13) Roberto Fernández Retamar.
14) Adrián García Hernández.
15) Oscar Hurtado.
16) Rine Leal.
17) José Lezama Lima.
18) Mariano.
19) A. Martínez Herrera.
20) Julio Matas.
21) Pedro de Oraá.
22) Heberto Padilla.
23) Félix Pita Rodríguez.
24) Virgilio Piñera.
25) Jesús Sabourin.
26) Luis Suardíaz.
27) Nivaria Tejera.
28) José Triana.
29) Rosa Hilda Zell.

El autor cubano preferido de los encuestados es José Martí. 17 de ellos lo prefirieron por encima de cualquier otro. Para algunos, sus diarios clasificaban en el primer lugar de la selección, como es el caso de Cabrera Infante, Rine Leal, Pedro de Oraá y Rosario Antuña. El resto de los que escogieron a Martí eludieron mencionar alguna obra concreta, refugiándose en una salomónica y ecuménica mención a sus Obras Completas.

El segundo autor más preferido resultó ser Cirilo Villaverde, con Cecilia Valdés. 15 de los encuestados así lo expresaron, entre ellos, Padilla, Suardíaz, Nivaria Tejera, Martínez Herrera, Félix Pita, Retamar, Díaz Martínez, Humberto Arenal, y Agüero, entre otros. Marinello lo ubica en el sexto lugar de su selección, mientras que para Oscar Hurtado merecía ocupar el primer lugar. Antón Arrufat selecciona a Villaverde en el lugar número dos, pero con Una excursión a Vueltabajo.

El son entero, de Nicolás Guillén, es la obra ubicada en el tercer lugar por nueve de los encuestados. Cuentos fríos, de Virgilio Piñera, Los pasos perdidos, de Alejo Carpentier, y La sangre hambrienta, de Enrique Labrador Ruiz, comparten cada uno ocho votos, ocupando los lugares cuarto, quinto, y sexto de la lista. El resto, hasta el lugar diez, lo ocupan José Lezama Lima, con Enemigo rumor; Carlos Montenegro, con Hombres sin mujer; Eliseo Diego, con La Calzada de Jesús del Monte, y Cabrera Infante, con Así en la guerra como en la paz, con siete votos, respectivamente.

Otros autores seleccionados por alguno de los encuestados, aunque no lograron clasificar entre los primeros diez, fueron, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Novás Calvo, Marinello, Ballagas, Fernando Ortiz, Ramón Mesa, José Antonio Saco, Agustín Acosta, Máximo Gómez, Pablo de la Torriente Brau, Jaime Sarusky, Julián del  Casal, Miguel de Carrión, Cintio Vitier, Antonio Núñez Jiménez, Ramiro Guerra, Cepero Bonilla, Félix Pita, Lydia Cabrera, Regino Boti, Oscar Hurtado, Humberto Rodríguez Tomeu, Eugenio Florit,  Samuel Feijóo, José Soler Puig, Rubén Martínez Villena, Félix Varela, Emilio Roig, Heredia, Onelio Jorge Cardoso, Retamar, Enrique Piñeyro, Zenea, Ernesto Che Guevara, Rolando Escardó, Miró Argenter, Manuel Navarro Luna, Blas Roca, Salvador Bueno, Sergio Aguirre, Abelardo Estorino,  Baragaño, Triana, José Antonio Ramos, Gregorio Ortega, José Victoriano Betancourt, y Alvaro de la Iglesia.

Fidel Castro, como de los autores imprescindibles, figura en las listas de Edmundo Desnoes, Roberto Fernández Retamar, Oscar Hurtado, y Virgilio Piñera.

Como curiosidad puede citarse que Desnoes ubica en el primer lugar de su preferencia a Ensayo Político sobre la Isla de Cuba, de Alejandro de Humboldt, a pesar de no ser un autor cubano, y que Piñera se negó a seleccionar autores del siglo XIX, por estos no necesitar "ni aclaraciones, ni encasillamientos".

Por todo lo que vino después es no menos interesante destacar que entre los preferidos de Cabrera Infante estaban Carpentier (El Acoso), Onelio Jorge Cardoso( El Cuentero), y Samuel Feijóo (Cuentos populares cubanos); entre los de Manuel Díaz Martínez  se hallaban, Navarro Luna, Escardó, Blas Roca, Félix Pita, Regino Pedroso y Marinello, todos difícil de conjugar con sus ideas políticas posteriores; y que entre los de Padilla se hallaban Marinello, Félix Pita, Carpentier, Guillén y Vitier.

Varios de los encuestados (Lezama, Retamar, Piñera, Rosa Hilda Sep, Padilla) se sintieron obligados a fundamentar su selección, a expresar los criterios que rigieron la misma, o las razones de sus preferencias o exclusiones. No pocos de ellos  intentaron colar de contrabando más de los diez nombres solicitados (Lezama menciona fuera de su lista a Lorenzo García Vega, Fina García Marruz y Eliseo Diego; Padilla a Pablo Armando, Nivaria, Cabrera Infante, Fayad Jamis, Escardó, y Sarusky…). En un caso, el de Rine Leal, se aportan solo seis autores de su preferencia debido a lo que calificó como "su escaso conocimiento de nuestra literatura".

Mucho ha llovido de entonces acá, y mucho se ha complicado la vida literaria del país, sobre todo porque a los autores y las obras que entonces eran considerados "canónicos y canónicas" se ha sumado una muchedumbre de nombres, géneros, y estilos que harían casi imposible la realización de una nueva encuesta de este tipo. Los mismos que entonces opinaron de esta manera, hoy lo harían de otra. La literatura cubana se ha enriquecido tanto desde entonces, que si la encuesta se limitase a lo mejor de lo publicado por autores cubanos entre 1961 y el 2004, por ejemplo, sería imposible reducir los aportes a diez, por cada encuestado.

Quede este recuerdo de tiempos que hoy nos parecen paradisíacos, casi ingenuos, para simbolizar lo mucho que nuestro país ha avanzado desde entonces, y lo mucho que los cubanos, dentro y fuera de Cuba, han aportado  en estos 46 años a la literatura universal.

¿Acaso fuera de esta hipotética segunda encuesta podrían quedar Paradiso, de Lezama; El Ingenio, de Moreno Fraginal; o El Siglo de las Luces, de Alejo Carpentier, por solo citar tres obras y tres autores?

¿Cuánto hemos avanzado, cultural y espiritualmente, los cubanos en estos años?

Aunque alguno de los encuestados de entonces no se atrevan a decirlo hoy en alta voz, allá en lo profundo de sus almas, en la soledad de sus mentes, cuando no hay nadie presente, frente al espejo, a media voz, tendrán que reconocerlo: ese avance, con sus angustias y desgarramientos, con sus errores y desaciertos, con sus ascensos y caídas, por acción o reacción, se debe a la Revolución.

Así de simple.

¿Aplicamos la encuesta?

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Eliades Acosta Matos

Eliades Acosta Matos

Filósofo y escritor cubano. Es el autor del libro "El Apocalipsis según San George".

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