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La mala memoria del imperio

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Como si la opinión pública mundial no tuviera memoria, a menos de un año de haber hecho público, en Monterrey, México,  la decisión de su Gobierno de impedir la entrada a territorio de Estados Unidos de aquellos gobernantes o funcionarios acusados de recibir sobornos o participar en actos de corrupción, el presidente George W. Bush acaba de permitir la visita a Washington de la ex mandataria panameña, Mireya Moscoso quien esta sometida a investigación por haber dejado exhaustas las arcas del erario istmeño.

 

La medida entonces fue el último recurso que utilizó el Emperador W. durante la Cumbre de las Américas, celebrada en enero del 2004, para obligar a los mandatarios latinoamericanos a aceptar la inclusión de "una cláusula de transparencia" que permitiera excluir del proceso de Cumbres a los países corruptos. El tufillo de la trampa fue demasiado fuerte y los del patio trasero no se dejaron engañar esta vez. La Administración republicana quería dejar expedito el camino para la expulsión de gobiernos que, como el de Venezuela, no se avienen a sus intereses y resultan incómodos en las citas cimeras.

 

Sorprendido de la poca "docilidad" de sus vecinos, a  W. Bush no le quedó más remedio que continuar con su patraña y anunció que las puertas de Estados Unidos estarían cerradas desde ese momento a aquellos que habían cometidos o participado en actos de corrupción.

¡Ojo!, esta vez la ley no la hizo retroactiva como la puesta en marcha desde junio pasado contra los cubanos residentes en territorio estadounidense quienes solo podrán viajar a Cuba cada tres años.

 

Con el mismo criterio selectivo y politizado con que la administración republicana había asumido la bandera de lucha contra el terrorismo, a menos de un año de la indiscutida decisión Ejecutiva, la corrupta Mireya Moscoso traspasa las puertas del imperio para participar, nada más y nada menos, que en la instalación del nuevo Senado.

 

La invitación a la ex mandataria fue cursada, increíblemente, por el senador republicano por Florida, Melquiades Martínez -Mel para estar a tono con su vocación anexionista-, quien seguramente recordó los grandes favores que la Moscoso le había dispensado al imperio durante su mandato  y, sobre todo, a la mafia cubano-americana de Miami, con quien ella y la Primera Dama, su hermana Ruby, sostuvieron profundos y cómplices contactos.

 

La Moscoso está siendo investigada por el uso con fines personales de una partida secreta de 23,4 millones de dólares cuyo destino debieron ser obras de carácter social y terminaron convertidos en joyas, ropas de marca, inmobiliarias y otros lujos que las hermanitas y sus allegados disfrutaron amparados en la banda presidencial.

 

Claro, una parte de esa suma fue utilizada en pagar a expertos informáticos para borrar de los discos duros del sistema de computación oficial toda evidencia de su gestión.

 

Cerca de Miami, en Boca de Ratón, la entonces Presidenta de Panamá se compró, con esos y otros dineros públicos, una mansión con el anhelado proyecto de vivir sus años de retiro cerca de sus cúmbilas de la mafia miamense .

Hace apenas dos meses, teniendo en cuenta  las fuertes evidencias que la incriminan en actos de corrupción, el Tribunal Electoral panameño le levantó todos los privilegios y fueros de que gozaba la ex presidenta en su condición de líder un partido político, el Arnulfista, que acaba de confirmar la visita a Washington y anunciar que tras la ceremonia de instalación del 109 Congreso de la Unión, la Moscoso sostendrá entrevistas privadas con personalidades políticas estadounidenses.

 

La opinión pública norteamericana, tan engañada por el poder mediático debiera conocer que quien participará en el jubileo congresional no solo es una corrupta y una ladrona de los fondos del Estado panameño sino una aliada del terrorismo, de ese contra el que supuestamente lucha el emperador George W. Bush como su principal cruzado.

 

No nos llamemos a engaño. El indulto otorgado ilegalmente por Mireya Moscoso, a una semana de concluir su mandato, en favor de cuatro connotados terroristas internacionales -Luis Posada Carriles, Guillermo Novo Sampol, Pedro Remón y Gaspar Jiménez Escobedo-, es la verdadera causa de tal invitación.

 

Y es, además, la prueba suprema de que una administración como la de George W. Bush, hija del fraude y la mentira no podía actuar de otra manera y prefiere pasar, como en el caso que nos ocupa, por tener una mala memoria que la exime de sus propios compromisos.

 

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Nidia Díaz

Nidia Díaz

Periodista cubana, especializada en temas internacionales. Actualmente trabaja en el semanario Granma Internacional.