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Estados Unidos hacia el desastre

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Las elecciones norteamericanas demostraron que no siempre los malvados son castigados. Triunfó el pánico al terrorismo--abultado por los inventores de la amenaza perpetua--; se impuso el fanatismo mesiánico sobre el desempleo, la contracción económica y la crisis financiera inminente. Es decir, venció el miedo sobre el hambre.

Triunfaron los Estados Unidos profundos, los mascachicles que cantan baladas country, se emborrachan con cerveza, leen historietas gráficas y pegan imágenes de chicas en trusa en sus roperos, la nación puritana,  ofuscada por las supersticiones, los fanfarrones pendencieros, Fueron vencidos los Estados Unidos  cultivados, quienes leen a Whitman y Poe, los que ven los espectáculos de Broadway, viajan a Europa,  beben whisky, leen los editoriales del New York Times  y oyen ópera. Los granjeros rústicos vencieron a los intelectuales, artistas y periodistas. El subdesarrollo gringo triunfó sobre el desarrollo yanqui. La órbita rural derro! tó a la industrial. El cowboy le ganó al gentleman.

El triunfo de Bush y los republicanos en el Congreso demuestra que Estados Unidos es el país que más medios de difusión cuenta, pero es el peor informado. Una gran mayoría cree que Sadam Hussein fue el autor intelectual del atentado contra las Torres Gemelas. Una gran parte de la opinión está convencida de que Irak albergaba armas de destrucción masiva. Una inmensa  parte de la población está convencida que Bush es un gran líder y el más confiable escudo contra los atentados terroristas. El conservadurismo creciente está causado por el temor a la agresión posible, misteriosa y  remota, que pueda, supuestamente,  poner en peligro   la hamburguesa con papas fritas, el cine del sábado por la tarde y la misa dominical.

Bush y sus matones Cheney, Rumsfeld, Wolfowitz, Condoleezza, han logrado imponer el pavor y la desconfianza  como motivaciones emocionales  para   implantar el totalitarismo con máscara democrática. En lo adelante continuará el despilfarro de los fondos públicos, incrementando el déficit nacional con los gastos alegres en la maquinaria de guerra. Continuará profundizándose la zanja entre los opulentos y los desposeídos: los ricos pagarán menos impuestos y la clase media cargará el costo de las incursiones de rapiña en países soberanos. El precio de los cuidados de salud continuará subiendo sin una adecuada protección de la seguridad s! ocial. Se fortalecerá la venta de armas automáticas a delincuentes y a psicópatas que las usan contra escolares.  Va a incrementarse el desempleo que hizo perder más de un millón de puestos de trabajo en el primer período de Bush. La contracción económica se profundizará con la pérdida de valor del dólar y se acentuará la posibilidad de otro crac bancario similar al de 1929.

Estados Unidos continuará siendo un país incomunicado, detestado por el resto de la humanidad, con una pésima imagen  y un dirigente que provoca rechazo y espanto. El acuerdo trasatlántico seguirá en suspenso con una Europa desconfiada e inconforme. También proseguirá el aislacionismo, la actuación unilateral con desdén del concierto de naciones, prevalecerá la fuerza bruta sobre el diálogo, el asalto bestial sobre el coloquio.

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Lisandro Otero

Lisandro Otero

Novelista, diplomático y periodista. Ha publicado novelas y ensayos, traducidos a catorce idiomas. Falleció en La Habana en 2008.

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