BUSH SE CAE A PEDAZOS
Reconozco el gran mérito de George W. Bush, virtud que debe reconocérsele sin ambages: ha logrado estimular y unir a la izquierda mundial que parecía agostada y en reflujo tras la disolución de la Unión Soviética, las ofensivas reaccionarias de Reagan y Thatcher y la contracción de los movimientos de liberación nacional en América Latina. Hoy, los movimientos de protesta muestran mayor vitalidad, las voces de descontento contra la arbitrariedad y el despotismo del régimen bushista se alzan en todas partes con fuerza creciente. Es posible ya, vislumbrar su final en un breve plazo.
El atentado exitoso contra Ezzedin Salim, el presidente títere escogido por las fuerzas de ocupación yanquis, es un fuerte golpe contra Bush y una demostración más de la maciza voluntad del pueblo iraquí de combatir a quienes vinieron a saquear su riqueza nacional máxima: el petróleo. La revista británica The Economist, que suele expresar los intereses de los círculos oligárquicos, ha planteado abiertamente la necesidad de retirarse de Irak. La oposición contra Blair crece y muy pocos creen ya que su mandato pueda prolongarse más allá de este año.
Las encuestas más recientes y autorizadas en Estados Unidos solamente le dan a Bush un apoyo de un 41%, el más bajo que haya obtenido desde que fue electo. El pueblo norteamericano, por muy cegado que pueda estar por un aparato mediático sometido, comienza a ver claramente que el actual gobierno ha cometido una sucesión de disparates, errores estratégicos y medidas sofocantes para la vida cívica de esa nación, que resultan intolerables. Cada día crecen los vaticinios de una victoria probable de Kerry en las próximas elecciones: a Bush, le quedan seis meses de desgobierno. La preocupación de muchos es que ese clan desalmado, sin principios, capaz de cualquier atrocidad, pueda ejecutar alguna medida desesperada cuando se vea ante su derrota inminente.
Una muestra del rumbo de la opinión mundial, unificada en su rechazo a Bush, fue el reciente festival cinematográfico de Cannes, donde el público puesto de pie aclamó con una ovación de diez minutos el documental de Michael Moore: Farenheit 9/11, que denuncia la barbarie entronizada por la pandilla Bush-Cheney-Rumsfeld. Un síntoma de esta creciente asfixia fascista es el intento de la compañía Walt Disney de prohibir la distribución del filme, temerosa de que sus parques de diversión y sus hoteles en la Florida sufran alguna represalia fiscal por parte del incompetente Jeb Bush.
El colmo de la cursilería grotesca lo alcanzó el State Department, al iniciarse la semana, cuando dio a la publicidad su informe sobre "derechos humanos", donde se entromete de manera insolente en los asuntos internos de diez países latinoamericanos y no hay una palabra sobre las torturas a los prisioneros en Irak. La mezcla de sadismo, perversión sexual, crueldad y desdén por la condición humana ofrecida por el ejército de Estados Unidos es algo nunca visto desde que terminó la Segunda Guerra Mundial y se revelaron los tormentos que la Gestapo solía infligir a sus prisioneros. Según documentos filtrados Rumsfeld y la siniestra Condoleezza autorizaron este monstruoso encarnizamiento con los vencidos.
Para saturar las adversidades de Bush, en la India el Partido del Congreso ganó las elecciones y parece probable que Sonia Gandhi encabece el nuevo gobierno, que no será, en modo alguno, un satélite incondicional de Washington. Otro tanto ha sucedido en Corea del Sur, donde el presidente de izquierda Roo Moo-hyun ha logrado deshacer la maniobra de desacato que el Congreso le tendió, urdida por Estados Unidos. Roo ha sido un activista de los verdaderos derechos humanos y ha reclamado, antes de llegar a la presidencia, el retiro de las tropas norteamericanas que aún ocupan Sudcorea. Todo ello ocurre tras el eclipse definitivo del desprestigiado pelele Aznar, el triunfo de Zapatero y la retirada de las tropas españolas de Irak. Las medidas inspiradas por la contrarrevolución para recrudecer el bloqueo a Cuba fueron respondidas con una marcha de un millón 200 mil personas. Ninguna fuerza organizativa es capaz de coordinar semejante masa humana, en tan breve lapso, si no hubiera un ingrediente básico de auténtica adhesión a los principios del nacionalismo revolucionario que sostiene Fidel Castro.
El reciente libro de Bob Woodward, autorizado periodista, autor de los reportajes que causaron la caída de Nixon, muestra que la presente administración está guiada por Dick Cheney, inescrupuloso agente de las transnacionales petroleras y el más agresivo y pendenciero de los funcionarios de ese infortunado gobierno donde no todo el equipo de dirección está satisfecho. El descontento de los militares, al saberse derrotados en Irak, va en aumento. En un reciente artículo de Alfredo Jalife, publicado en México, anuncia la posibilidad de un golpe de estado en Washington. Por absurdo que parezca el análisis no carece de consistencia. La visible paliza que las fuerzas armadas estadounidenses están recibiendo en Irak es mucho más grave que la derrota en Vietnam porque ocurre en un instante de la historia donde el señorío del imperio es mucho más frágil.
Lo dicho, Bush se cae a pedazos.
gotli2002@yahoo.com


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