Luis Rumbaut: No somos así
WASHINGTON, D.C. El dedo índice se ha convertido en arma de preferencia dentro del gobierno federal. Agitado de lado a lado, significa "Yo no sabía nada; no me miren." Apuntando con él, sirve para decir "Ese es el culpable; yo no." Se trata de las fotos, las terribles fotos de maltrato y humillación de los prisoneros del ejército estadounidense en Abu Ghraib, de vejamen sexual y tortura sicológica, y muerte. Una de las fotos, la del encapuchado conectado a los alambres que se balancea sobre una caja tratando de evitar ser electrocutado, ha sido descrita como algo de la Inquisición.
Las imágenes son demasiado horribles para ser ignoradas. El golpe a las fuerzas de ocupación es severo. Alguien las tendrá que pagar. El problema es que nadie es responsable.
Los soldados en las fotos dicen que nadie les advirtió que eso estaba mal. No los entrenaron de carceleros, dicen, ni sabïan nada de derechos de los detenidos ni de la Convención de Ginebra. Además, los interrogadores de la sección de inteligencia los felicitaban por los resultados: después del tratamiento, los presos entregaban toda clase de información.
Vale señalar que existen, por información del propio Secretario de Defensa, cientos de fotos y videos más ("prepárense," le ha dicho al Congreso); y ésto a pesar de la limpieza que se llevó a cabo una vez que la comandancia se percató del daño que podrían causar tales fotos. Parece que se intercambiaban las fotos los soldados, cientos de ellas.
Resulta, también, que las interrogaciones las llevaban a cabo contratistas, civiles contratados por la CIA que quedaban fuera de la línea de mando militar--y de cualquier reglamento militar.
La General de Brigada Janis Karpinski, encargada de la prisión de más de tres mil reclusos, asevera que las interrogaciones tomaban lugar en un ala fuera de su control; ni controlaba ella a sus soldados en su quehacer para "suavizar" a los presos antes de las interrogaciones. De hecho, no tenía idea de lo que sucedía hasta que salieron las fotos en los medios de comunicación. Ella, nada mal ha hecho.
El responsable de la Autoridad Provisional de la Coalición, Paul Bremer, ni se asoma en este debate. Ocupador en jefe, ha estado ocupado con otros asuntos.
El General de la Fuerza Aérea Richard Myers, que preside la junta del estado mayor, hasta el momento de ser entrevistado el domingo 2 de mayo no había visto el reporte, finalizado dos meses antes, que describía y calificaba en términos tajantes las imágenes y las acciones que tomaban lugar en la prisión. El reporte, dijo, estaba "subiendo por la cadena." ?Cómo culparlo a él? Quizás a los eslabones de la cadena.
En enero, el Pentágono había reportado alegatos de mala conducta en la prisión, y que se estaban investigando. El 3 de marzo se entregó el reporte investigativo, clasificado "secreto." Nada más se informó, salvo a los autorizados. Con todo, nada de "secreto" había en relación a los sucesivos mandos, hasta el Comandante en Jefe, el Presidente Bush.
El Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, le mencionó algo al Presidente en Febrero, dice, pero no recuerda qué pudo haber conversado con él al respecto. De su segundo, Paul Wolfowitz, ni hablar. La semana pasada, contestándole a un periodista la pregunta de cuántos efectivos habían muerto, ofreció un número un 30% por debajo del verdadero número (dijo 500, en lugar de 724), y no por mentir, sino porque no sabía. El Presidente, por su parte, declara que no supo nada hasta que vió las fotos en los medios informativos. Injusto, entonces, sería culparles a los tres de un mal manejo de la situación.
El Congreso, con pocas excepciones, no entraba a investigar. Los senadores y representantes, patriotas, se limitaban a discutir las tácticas de la invasión: ?Se necesitan más tropas? ?Erró Rumsfeld en su estimado de la guerra rápida? ?Fué un error disolver al ejército iraquí? ?Se calculó bien el presupuesto bélico, o debiera el Congreso aprobar más fondos?
Salieron entonces las fotos, las malditas fotos, las fotos que, dicen algunos, aseguran el fracaso de la ocupación, que quedarán por décadas en la memoria colectiva del Medio Oriente.
Los medios no habían mostrado ninguna curiosidad en seguirle la pista a reportes de maltrato por miembros de la "coalición" anglo-americana. La prensa británica decía algo de vez en cuando. Salían reportes en Internet del tratamiento de los soldados afganos, incluso de ejecuciones a mansalva, de amontonamiento dentro de contenedores de carga de metal. Pero no encontraban eco en la prensa de EEUU, y menos aún los reportes, por definición no confiables, de los medios árabes, que contaban de un trato violento a los residentes de las casas registradas, y del robo del dinero y la joyas de sus residentes. La Cruz Roja había radicado quejas de lo que sucedía en Abu Ghraib, pero había razones para no darle seguimiento a tales reportes, que podían hacer lucir mal a las tropas. (El reporte de la Cruz Roja, filtrado al Wall Street Journal y publicado el 7 de mayo, detalla abusos adicionales a los antes conocidos.) Ahora sí atacan los medios--porque no simplemente hay sangre en al agua, sino cubos y cubos de sangre, escándalo inocultable e irresistible--, pero atacan. Se les puede perdonar su anterior silencio.
Muchos piden ahora que se encuentre una razón, un responsable, que se pueda sanear la imagen, porque "no somos así." Otros, calculan cómo contener el proceso. Como señaló la Senadora Elizabeth Dole, se trata de "un puñado de individuos moralmente deficientes." Con enjuiciarlos, se acabó el asunto. Es cuestión de disciplina militar en casos contados.
Lo más probable es que suceda eso. La General Karpinski tendrá un amonestamiento formal en su expediente y ha sido relevada por el anterior reponsable del Campamento Rayos-X en Guantánamo. Rumsfeld, fue regañado por el Presidente, quien no obstante defiende a su Secretario de Defensa y dice que no pedirá su renuncia. Los interrogadores civiles, hasta ahora, siguen envueltos en el secreto. La prisión de Abu Ghraib has sido limpiada y presentada a los medios.
?Es todo? Aparte de las posibles nuevas fotos y videos, de las cuales ha advertido Rumsfeld, quedan unos cabos sueltos.
Después de lo de las Torres Gemelas, Bush explicó que se trataba de un guerra entre el Bien y el Mal. Demandó del mundo que escogiera entre dos opciones: con nosotros, o en contra de nosotros, que se traducía a patriotas o terroristas. Hizo entrever que lo guiaba Dios directamente. Todo lo que hiciera se haría a favor del Bien y con la voluntad divina. Sus ministros dictaminaron que los presos en Guantánamo no tenían más derechos que los que decidieran, a su discreción, los mandos castrenses. Después de la victoria sobre Afganistán, Bush convenció a la ciudadanía, contrario a la evidencia que hasta él mismo reconoció en su momento, que los iraquíes eran terroristas aliados con Al-Qaida y responsables por el derrumbe de las Torres.
En Afganistán comenzó la "tortura lite": golpes y patadas, desorientación, desvelo forzado, falta de higiene, presos parados por 10 horas seguidas, o desnudos en solitario. Murió un número de detenidos. La tortura más seria se contrató a paises aliados, donde podía aplicarse más discretamente. El prestigioso jurista Alan Dershowitz, de Harvard y del equipo de defensa de O.J. Simpson, argumentó que "nos odian porque somos cristianos y judïos, y no musulmanes," y justificó la tortura bajo las condiciones de esta guerra--por ejemplo, con alfileres insertados bajo las uñas. Recibió Bush apoyo de ciertos personajes de la radio, como la abrasiva Ann Coulter ("invadir sus casas, matar a su líderes, y convertirlos al Cristianismo"), que descubrían una cultura atrasada y malvada tras el Islám. No faltaban reverendos como el influyente Pat Robertson, que predicaban a favor de una victoria cristiana, como hizo también un oficial militar de algo rango: el Teniente General William G. "Jerry" Boykin, flamante segundo subsecretario de Defensa para la inteligencia, quien aseveró, como Dershowitz, que "(nos odian porque) somos una nación cristiana, porque nuestros cimientos y raices son judeo-cristianas...y el enemigo es un tipo que se llama Satanás." No los desmintió el Presidente, ni sus ministros, ni mucho menos el grupo neo-conservador, entre los cuales se encuentran Rumsfeld y Wolfowitz, y Jeb Bush.
?Cómo no pensarían los cabos y soldados rasos, con autoridad irrestricta sobre sus cautivos, y felicitados por su buen rendimiento, que la tortura y las divertidas fotos no eran parte de una política oficial, si no divina? ?Cómo no pensarían los mandos intermedios que habría un ascenso para cada uno, con el buen rendimiento de sus soldados?
Es dudoso que los soldados tengan memoria o conocimiento de sucesos en otras partes del mundo. Si prestaran atención, sin embargo, sabrían que la Comisión de ética contra la tortura, de Chile, en enero había concluido que hubo unos 20,000 torturados bajo la dictadura propiciada por EEUU. Poco antes de la salida de las fotos se había nombrado como nuevo gobernador de Iraq a John Montenegro, embajador a Honduras durante la guerras de Centroamérica, quien dice nunca haber sabido de las desapariciones y asesinatos en Honduras durante su turno. Un consultor de alto nivel en Washington es Elliot Abrams, padrino de los contras, encontrado culpable de haberle mentido al Congreso en su investigación sobre Nicaragua. Y hay por aquí los que saben de las torturas en Guatemala, porque los torturadores solían estar en la paga de la CIA, pero que no cuentan. Dos generales salvadoreños, residentes en Miami, hace poco perdieron un juicio civil, por torturadores. Siguen en Miami. Hay otros casos similares. La tortura de Abu Ghraib no es nueva. Tiene sus antecedentes, pero, ?quién aquí lo sabe?
-- No somos así--dicen muchos ahora, enfrentados a una repugnante realidad en Iraq, fotografiada y videofilmada.
-- Se trata de unos pocos malos, pero los enjuiciaremos, y punto final. No más.
-- De veras.


Haga un comentario