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Bush, el 11 de septiembre y la mafia de Miami

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  Bush con la mafia terrorista de Miami el 20 de mayo 2002  

"Nada me llega a la cabeza", respondió el presidente George W. Bush, el martes 14, al contestar a una pregunta de un periodista, quien deseaba saber cuál fue el más grande error cometido en su Administración. Luego el Jefe del Estado más potente, militarmente, del mundo se quejó, balbuceando, de "la presión para tratar de encontrar una respuesta".

El Mandatario se expresaba en una conferencia de prensa -la tercera en más de tres años de Presidencia- en un intento por calmar las ansiedades de los norteamericanos, asustados por el espectacular aumento de acciones de resistencia contra las tropas de Washington en Iraq y las revelaciones de una Comisión del Congreso que investiga los catastróficos eventos del 11 de septiembre en Nueva York y Washington.

Sobre su aparente descuido en relación con las advertencias del ataque terrorista, Bush señaló "una falta de coordinación" entre las agencias de inteligencia, pero se negó a reconocer cualquier error de su parte.

En las horas siguientes, el conjunto de las respuestas del Presidente fue valorado de mediocre por la prensa nacional que, a unos meses de los comicios, reconoce la existencia de un malestar generalizado en cuanto al futuro de la nación. El "síndrome del 9-11", lejos de resolverse con las guerras de Afganistán y de Iraq, se ha convertido en una pesadilla cuya conclusión queda imprevisible.

Y, menos que nadie, George W. Bush parece poseer una orientación creíble para salir vivo del laberinto donde llevó a los norteamericanos desde su llegada al poder.

Todo empezó, para decir la verdad, con un gigantesco fraude.

Hace falta recordarse que la pesadilla se inició en la Florida, en noviembre del 2000, cuando la jauría de Vigilia Mambisa y su jefe, Miguel Saavedra, aparecieron, a solicitud de los estrategas republicanos, en las puertas del inmueble de Miami-Dade donde se hacía el laborioso recuento de votos que las tropas de Bush buscaban paralizar.

Saavedra, un técnico en aire acondicionado, de origen cubano, reciclado en activista de extrema derecha, reunió a unos 25 de sus manifestantes profesionales, armados como siempre con altoparlantes, y, sumándolos a un puñado de funcionarios del Partido Republicano, llegó a provocar el final repentino de la operación.

Lo que, increíblemente, fue el detonante que llevó a la decisión de la Corte Suprema de instalar a Bush, descaradamente, en la Casa Blanca.

DESDE 1999, YA SE SABIA DE AL-SHEHHI

Entretanto, ya estaba encaminado el complot que iba a provocar la destrucción de las Torres Gemelas y parte del Pentágono. Y es también la Florida que habían escogido los autores de la diabólica conspiración para entrenarse antes de actuar.

Ya en marzo de 1999, más de dos años y medio antes del 11 de septiembre, oficiales de los servicios alemanes de Inteligencia entregaron a los norteamericanos la identidad del terrorista Marwan Al-Shehhi después de monitorear una conversación sospechosa entre este individuo y un líder de Al-Qaeda.

Radicado en Hamburgo, en Alemania, Al-Shehhi se trasladó unos meses más tarde a los Estados Unidos para entrenarse en la Florida del Sur donde también iban a radicarse catorce (¡casi la totalidad!) de los 19 terroristas que participaron en el atentado más espectacular jamás visto, el 11 de septiembre del 2001.

Desde 1998, el Federal Bureau of Investigation (FBI) de South Florida, responsable de la contra-inteligencia en esa parte del territorio norteamericano, se encontraba dirigido por el Special Agent in charge (SAC), Hector Pesquera.

Sin embargo, este oficial de origen puertorriqueño, desde sus oficinas de la Segunda Avenida y la Calle 163 en Miami, se consagraba entonces obsesivamente a satisfacer las exigencias de la mafia cubano-americana.

El director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), George Tenet, aseguró, ante la Comisión que investiga los trágicos eventos, que esta información procedente de Alemania fue utilizada aunque, decía, trataba de determinar de qué forma.

Según el diario The New York Times, los oficiales alemanes de Inteligencia expresaban su frustración en relación con lo que consideraban un fracaso de los servicios norteamericanos en el seguimiento de importantes índices entregados acerca de Al-Shehhi, quien piloteó la aeronave del vuelo 175 de la United Airlines que estalló contra la torre sur del World Trade Center neoyorquino.

Al-Shehhi y su primo, Mohamed Atta, nada menos que el jefe de la operación, abandonaron a Alemania en el 2000 para ir a entrenarse en Afganistán en un campo de Al-Qaeda. Ambos regresaron a Alemania este mismo año antes de continuar inmediatamente hacia la Florida, donde se inscribieron en escuelas de pilotaje.

En Washington, la Comisión de investigación sobre el 11 de septiembre descubrió que varios de los secuestradores huéspedes del FBI de la Florida usaban pasaportes parcialmente alterados con visas obtenidas de manera ilegal.

Entre los cuatro pasaportes encontrados después de los ataques, dos eran alterados, según expertos que también sospechan que otros seis terroristas entraron a Estados Unidos con tales documentos de identidad.
Los miembros de la Comisión descubrieron más tarde que otros dos pasaportes, los de Khalid al Mihdhar y Salem al Hazmi eran "sospechosos". Señalaron que los documentos de Nawaf Al-Hazmi, Ahmed Al-Nami y Ahmad Al-Haznawi comportaban también elementos irregulares, aunque no fueron recuperados después del desastre.

Peor aún: la investigación reveló que Atta, Saeed Al-Ghamdi y el propio Al-Shehhi despertaron la atención de funcionarios de Inmigración cuando salieron del territorio norteamericano para luego regresar.

UN CHORRO DE INDICES

Los conspiradores dejaron así, teóricamente, múltiples oportunidades a los oficiales de Contrainteligencia del FBI que no se aprovecharon, señaló la Comisión.

Al-Shehhi y Atta llegaron a Florida en junio del 2001. El 29 de este mes, Al-Shehhi recibió desde los Emiratos Arabes Unidos una primera transferencia bancaria de 4 790 dólares. Con este dinero el terrorista de Al-Qaeda abrió una cuenta bancaria conjunta a su nombre y el de Atta, en el SunTrust Bank.

Este mismo verano 109 440 dólares llegaron a esta cuenta, aparentemente sin despertar la menor sospecha.

Según una investigación del propio FBI, posterior a los eventos, los depósitos en las cuentas bancarias de los terroristas alcanzaron 303 481,63 dólares que gastaron entre otras cosas en billetes de avión (45 550), alquiler de carros (6 100), alojamiento (33 000) y cursos de pilotaje, con alquiler de aviones (39 500).

Atta y Al-Shehhi vivieron en Venice, Coral Springs y Hollywood. Ambos recibieron clases de pilotaje en la Huffman Aviation School de Venice, donde se entrenaron con avionetas Cessna y Piper. Luego se entrenaron en el SimCenter Inc. de Opa-locka, con un simulador de Boeing 727.

La mayoría de los otros conspiradores de Al-Qaeda vivió también en esa misma zona, supuestamente controlada por Héctor Pesquera y su tropa.

Waleed Al-Shehri y su hermano Wali vivieron en Daytona Beach. Wali luego se desplazó hacia Boston Beach, así como Satam Al-Suqami. Abdulrahman Al-Omari vivió en Vero Beach, en el vecindaje de dos otros sospechosos, Adnan Bukhari y Amer M. Kamfar, donde estudiaron en la Flight Safety International Academy. Fayez Ahmed vivió en Delray Beach, así como Ahmed Al-Nami, Nawaf Al-Hazmi, Sabed Al-Ghamdi, Molad Al-Sheri, Hamza Al-Ghamdi y su hermano Ahmed. Ahmed Al-Haznawi se radicó en Lauderdale-by-the-Sea con Ziad Jarrah.

El 29 de agosto del 2001, Atta y Al-Shehhi compraron sus pasajes para el vuelo fatídico del 11 de septiembre usando una taquilla informatizada de una tienda de fotocopias de la cadena Kinko's, en Hollywood, justo al Norte de Miami.

Increíblemente, el FBI seguía sin percatarse de lo que pasaba.

Nadie, pero nadie, entre los especialistas de Contrainteligencia tuvo el menor conocimiento de la más desastrosa conspiración terrorista de la historia, llevada a cabo en la sombra de sus cuarteles generales por individuos vinculados a una organización ya identificada, fichada y perseguida en el mundo entero.

Peor aún, ninguno de los detectives del FBI que trabajaban bajo el mando de Pesquera recibió orientaciones de consagrarse a vigilar, de una manera u otra, las actividades de individuos que pudieran ser vinculados a grupos terroristas del Medio Oriente, cuando ya se sabía del inmenso peligro existente. Varios de ellos lo confesaron en los últimos días al Miami Herald, poco después que Condoleezza Rice asegurara a la Comisión de que directivas estrictas sobre este tema circulaban en todo el territorio.

PERSIGUIENDO A LOS QUE LUCHABAN CONTRA EL TERRORISMO

Pero sí, mientras Al-Shehhi, Atta y los demás terroristas del 11 de septiembre se preparaban para cometer su crimen, Héctor Pesquera y varios de sus mejores oficiales se consagraban, a tiempo completo, a perseguir ante los tribunales a cinco cubanos que se habían dedicado a contrarrestar los planes de otros terroristas.

Y, abiertamente, con la colaboración de individuos, tales cómo José Basulto, jefe de Hermanos al Rescate, con una trayectoria de terrorista.

El 12 de septiembre de 1998, en cuestión de horas, Pesquera, el puertorriqueño renegado, había movilizado un contingente de detectives para la operación relámpago que llevó el pequeño grupo de cubanos antiterroristas a las peores celdas que pudo encontrar.

Y eso con el asqueroso propósito de complacer a los cabecillas cubano-americanos de una Miami corrupta que llegó a nombrar a un Presidente y que, aprovechando la nueva campaña electoral, sigue ahora reclamando al Jefe de la Casa Blanca que se desencadene una agresión militar contra Cuba.

Pesquera, quien se ha jubilado recientemente de la Policía Federal, ya ha sido contratado, este último primero de abril, día de los Inocentes en Estados Unidos, como alto responsable de un organismo regional de seguridad. No ha comparecido ante la Comisión que investiga el más grande desastre que nunca golpeó la nación. En gran parte, por su culpa…

"Nada me llega a la cabeza", dice el Presidente a la hora de determinar cuál fue el error más grande de su Administración... ¿Acaso será su trágica asociación con la Miami mafiosa?

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Jean-Guy Allard

Jean-Guy Allard

Periodista canadiense radicado en Cuba. Es autor del libro "Auge y caída de Reporteros Sin Fronteras".