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ATROCIDADES DE BUSH

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El genocidio de los iraquíes requiere de la condena de la ONU

Desde hace cinco días se combate intensamente en Irak. La insurrección nacional de los patriotas ha recibido una respuesta brutal de los ocupantes yanquis. A los humildes combatientes dotados de elemental armamento se les responde con modernos aviones F-16  y acorazados del aire C-130, artillería, helicópteros Apache , cohetería teledirigida y  asaltos masivos de cuerpos de infantería. Los cadáveres se acumulan en las calles. La cifra oficial ofrecida por las instituciones hospitalarias es de 300 muertos pero el  número real debe ser muy superior. La población, recluida en sus domicilios, no tiene asistencia médica ni alimentos. Igualmente las bajas estadounidenses deben ser cuantiosas aunque solamente se habla de doce muertos en los primeros días y siete, en los siguientes. En Ramada el corresponsal inglés de Sky News dijo haber contado hasta 130 cadáveres de norteamericanos. Los marines deben ser cautelosos ocultando la verdad en este año de elecciones. Esta lluvia de víctimas puede significar la derrota de Bush. De todas maneras la cantidad es elevada para las pérdidas usuales. La resistencia nacionalista debe ser heroica y vigorosa  cuando 130 mil  soldados bien entrenados son incapaces de contenerla y ya se habla de enviar refuerzos.

Hasta los oficiales del ejército de ocupación se refieren a  un nuevo Vietnam y comparan esta lucha con la de Hue, que fue un combate urbano,  diferente del enfrentamiento con las guerrillas de Ho Chi Minh, que tuvo como escenario una tupida selva. Estas batallas en siete ciudades, donde el ejército norteamericano ha perdido el control, recuerdan más las de Stalingrado donde se luchó casa por casa, pared tras pared.  

Lo que sí es idéntico es el lenguaje usado por Bush y Rumsfeld para referirse a los patriotas. Los califican de bandidos, forajidos, criminales.  Son los mismos epítetos que usaron las autoridades metropolitanas españolas  para referirse a Hidalgo, Bolívar y Martí. No entienden que los pueblos rechazan airadamente a quienes pisotean su soberanía, a quienes se dedican al pillaje de sus recursos naturales, como ha hecho la Halliburton con el petróleo iraquí. Esa reacción es la misma del pueblo español, cuando la invasión napoleónica, que carente de armas, vertía agua hirviente desde los tejados contra los dragones franceses. Similar fue la respuesta de los rusos contra los sitiadores de Leningrado o la del maquis francés durante la ocupación nazi.

Los relatos que nos llegan son de un dramatismo conmovedor. Las madres que entregan posesiones preciadas de la familia para que sean vendidas y comprar municiones. Los ancianos que donan sus ahorros para la causa de la resistencia. Las columnas de internacionalistas que fluyen desde Siria y Jordania para ayudar a sus hermanos musulmanes. Las caravanas con medicamentos y víveres para socorrer a los sitiados que    se han puesto en marcha desde Bagdad

Este último episodio bélico comenzó cuando fueron ajusticiados cuatro supuestos civiles. En realidad, mercenarios que están siendo contratados por las petroleras para que protejan los oleoductos de los sabotajes de la resistencia patriótica.  Son los mismos mercenarios que fracasaron en África, usados infructuosamente en Angola, en Namibia y en Zaire, caracterizados por su crueldad, ahora empleados en Irak por sus mismos siniestros patrones.  

El procónsul Bremer inició un alto al fuego en Faluya para parlamentar. Posiblemente usó a los entreguistas de Alí Sistani para obtener un alto al fuego. Fracasó. El combate continúa. Sistani no comprende que el dirigente que es sobrepasado por no interpretar adecuadamente los sentimientos de las masas pierde su autoridad y es descartado.  Moqtada al  Sadr es quien percibe adecuadamente la cólera insurreccional de los iraquíes. Lo más importante es que se ha producido la unidad entre chiítas y sunitas y a ambas facciones religiosas las une un islamismo internacionalista, por ello las masas de Faluya van al combate portando  retratos del  jeque palestino Yasin, asesinado por los israelíes.

En este momento arden las ciudades de Bagdad, Faluya, Nasiriya,  Kerbala, Al Kut y Sula con el fuego de un pueblo sublevado ante la iniquidad de la ocupación yanqui. El volumen de esta resistencia, admiten los marines, es superior al del propio ejército iraquí durante la campaña de conquista. Los sufrimientos de aquél pueblo torturado requieren una intervención urgente de las Naciones Unidas.  Al menos una condena moral al gobierno de Bush en el seno de la Comisión de Derechos Humanos, que tanto se preocupa, aparentemente, por Cuba y Venezuela y es sorda y ciega ante el genocidio que se está perpetrando en Irak.

gotli2002@yahoo.com

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Lisandro Otero

Lisandro Otero

Novelista, diplomático y periodista. Ha publicado novelas y ensayos, traducidos a catorce idiomas. Falleció en La Habana en 2008.