A 45 años del primer viaje al exterior del Jefe de la Revolución cubana: Fidel tomó a Caracas
Viernes 23 de enero de 1959. Temprano en la mañana existe un inusual movimiento en el aeropuerto de Columbia- Ciudad Libertad-. El motivo: una embajada revolucionaria encabezada por el Comandante en Jefe Fidel Castro parte rumbo a Venezuela.
Es el primer viaje de Fidel al exterior. Su visita constituye un sentimiento de gratitud a la ayuda moral y material brindada por los venezolanos a la causa de libertad cubana y de reciprocidad para todas las instituciones que lo han invitado celebrar el primer aniversario de la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez .
En la pista dos aviones: un Britannia de la Compañía Cubana de Aviación y un Superconstellation de Aeropostal Venezolana. A la terminal aérea han arribado más pasajeros que asientos en conjuntos tienen las dos naves. Fidel ordena que incorporen un aparato de la fuerza aérea.
En el primero viajamos los periodistas a quienes minutos antes el capitán Enrique Jiménez Moya nos ha entregado el pase abordo.
Jiménez Moya, dominicano, 47 años. Llegó a la Sierra Maestra el 7 de diciembre procedente de Venezuela. El avión aterrizó en Cienaguilla. Igualmente arribaron Manuel Urrutia , Luis Bush , Luis Orlando Rodríguez y Willy Figueroa .
La nave un C-46 piloteada por José R. Segredo transporta una importante ayuda en armamento y pertrechos para el Ejercito Rebelde enviados por el contralmirante Wolfgang Larrazábal .
A su vez el teniente de navío Carlos Alberto Taylhardt jefe del apostadero naval de la Guaira mandó a Fidel en reconocimiento a su hombría y valor, un rifle FAL de regalo.
Jiménez Moya es portador de un mensaje para el jefe guerrillero de la Unión Patriótica Dominicana de Venezuela que lo nombra como su representante en la misión de foguear en la lucha guerrillera a un grupo de jóvenes dominicanos que deberían llegar a la Sierra Maestra.
Participó en el combate de Maffo donde la esquirla de una granada de mortero le atravesó un riñón. Es operado sobre el banco de un parque. Terminó la guerra con grados de capitán.
El 14 de junio de 1959, en unión de otros patriotas, marchó a su patria al frente de los expedicionarios de Constanza, Maimón y Estero Hondo con el objetivo de derrocar al dictador Rafael Leónidas Trujillo . A los pocos días de desembarcar por Constanza pierde la vida combatiendo contra el ejército.
Fidel y su comitiva: Celia Sánchez , Pedro Miret , Paco Cabrera , Violeta Casals , Luis Orlando Rodríguez y otros compañeros, realizan la travesía en la nave de matricula venezolana. Al frente de la tripulación va el capitán Julio Araque .
El aparato enfila rumbo a Gran Caimán, bordeando posteriormente la costa de Colombia hasta arribar a Caracas. No es la ruta habitual pero se ha desviado por motivos de seguridad.
Trujillistas y batistianos refugiados en dominicana no cesan de lanzar amenazas contra la revolución triunfante. Los pilotos toman las medidas adecuadas para evitar cualquier tipo de provocación.
Durante el viaje se recibe un mensaje de la tripulación de un avión de Aeropostal, vuelo numero 254 dándole la bienvenida al líder cubano. Lo firma el comandante René Arreza .
Al penetrar la nave en los cielos caraqueños Fidel se sitúa en la cabina de mando. Ya es mediodía. Al contemplar la cordillera andina el Jefe de la Revolución, exclama:
-¡Ah! Si La Habana hubiera estado rodeada de esas montañas la guerra no hubiera durado tanto tiempo.
En el aeropuerto de Maiquetía no cabe un alma más. Entre los que asisten a darle la bienvenida al héroe de la Sierra Maestra está el contralmirante Larrazábal. Para él es un gran día. Hace exactamente un año que sus navíos de guerra entraron en acción coordinada con la huelga general que precipitó el derrocamiento de Pérez Jiménez.
Desde horas de la madrugada miles de venezolanos se han dado cita portando banderas latinoamericanas y carteles que apoyan la justicia revolucionaria en Cuba
Forman parte de la marea humana Fabricio Ojeda , presidente de la Junta Patriótica que contribuyó a forjar la victoria del 23 de enero, Luis Beltrán Prieto , a nombre de Acción Democrática (AD), Jovito Villalba , máximo dirigente de la Unión Republicana Democrática (URD) y otras personalidades.
La autopista que enlaza Maiquetía- La Guaira está congestionada de mujeres, hombres y vehículos. Miles de personas lo vitorean. Le detienen. Abrazan. Parece como sí Fidel nunca fuera a llegar a su destino. No es fácil organizar la caravana.
La primera parada es en el restaurante El Pinar. La Junta de Gobierno le ofrece un almuerzo. Al lado de Fidel se sientan el canciller René de Sola y el ministro del Interior, Augusto Márquez Cañizares .
Así como Gustavo Machado , secretario general del Partido Comunista, Miguel Otero Silva , director del periódico "El Nacional", Gonzalo Barrios de Acción Democrática, Fabricio Ojeda, Larrazábal y otros políticos.
Al responder las palabras de bienvenida que ha pronunciado De Sola, Fidel expresa:
- Quiero que el concepto Patria tenga mayor alcance, que al decir Patria nos estemos refiriendo a la Gran América que componen nuestras pequeñas patrias.
Son las seis de la tarde. Desde horas tempranas más de 300 000 ciudadanos se han dado cita en la Plaza del Silencio para escuchar a Fidel.
Hay público por todas partes incluyendo los balcones y azoteas engalanados de banderas. Es prácticamente imposible llegar hasta la tribuna. Por los micrófonos se dirigen ruegos y apelaciones a la calma. Caracas esta de fiesta.
El primer orador es Fabricio Ojeda. Es breve. Cierra su intervención:
- La hora de América, la hora de la justicia ha llegado. El espíritu de la revolución popular esta cabalgando sobre los suelos de América.
Hacen uso de la palabra Larrazábal, Machado, Villalba, los dirigentes sindicales José González Navarro y Jesús Carmona al igual que los combatientes de la Sierra Maestra: Jorge Enrique Mendoza , Orestes Valera y Luis Orlando Rodríguez.
Cuando anuncian a Fidel la ovación es interminable. Da la impresión como que no encontrará silencio para poder hablar y comienza:
- ¡ Hermanos de Venezuela!
Se produce un profundo mutismo y durante dos horas hace un recuento de la lucha liberadora en la Isla y el derecho de Cuba a aplicar la justicia revolucionaria.
Los diarios matutinos resaltan en su primera plana la presencia de Fidel y el apoyo popular a la causa cubana. En un cintillo el tabloide Pregón en grandes letras destaca: "Fidel tomó a Caracas".
En la mañana del sábado el Concejo Municipal de Caracas en sesión solemne lo declara Huésped de Honor.
Fidel agradece la distinción. En el salón un óleo llama su atención. Recoge el momento en que los próceres venezolanos firman el acta de independencia.
- Imaginen aquel 5 de julio de 1811, subraya, aquellos héroes se sintieron felices ese día, porque creyeron haber conquistado la libertad definitiva del pueblo. Y, sin embargo, cuánto ha tenido que luchar Venezuela después de esa fecha. ¡ Es que la historia de América se ha escrito con dolor, con sudor, con lagrimas, con sangre!
En la estancia espera la comisión congresional compuesta por Jóvito Villalba, Gonzalo Barrios, Miguel Ángel Landáez y César Rondón Lovera , que lo acompañara hasta el Parlamento.
En horas del mediodía, exactamente a las doce, comienza la reunión conjunta del Congreso para rendirle homenaje al ilustre visitante. Entre los diputados aplaude con euforia el poeta Gonzalo García Bustillos que cuarenta años más tarde será el embajador de Venezuela en Cuba.
Rafael Caldera , presidente de la Cámara declara abierta la sesión y le concede la palabra a Domingo Alberto Rangel , de Acción Democrática, quien habla en nombres de los congresistas.
- Estamos recibiendo a un hijo de Venezuela, afirma, porque Fidel Castro tiene carta de naturaleza en nuestro país. Venezuela madre de libertadores, debe premiar como hijo suyo a quien ha sabido libertar de la opresión y el terror a un país hermano.
Resalta el orador:
- La figura que ahora nos visita y quiero decirlo sin incurrir en el pecado de sacrilegio, tiene rasgos que lo semejan de manera notoria, con aquel joven Simón Bolívar .
Y precisa.
- Castro es hoy un héroe, quizás el único héroe que ha producido América Latina desde que terminó la gesta de los Libertadores.
Le toca responderle a Fidel. Se pone de pie. El público que ha colmado las tribunas le pide que descienda del presidium. Solicita permiso para complacerlos y se dirige al puesto dejado vacante por Rangel. Es su cuarto discurso en las últimas veinticuatro horas.
Desde lo alto de "la barra" alguien exclama: "Aquí no ha habido una verdadera revolución".
Fidel levanta la vista como buscando al que ha gritado. Lentamente comienza su intervención:
- No toda revolución tiene que ser violenta. Aquí en Venezuela, ahora que el gobierno constitucional comienza sus funciones y las leyes se discuten en este Congreso, no se debe dejar morir el espíritu de la revolución, el espíritu del pueblo.
En su discurso analiza pausada y serenamente, el drama de América. Antes de terminar lee un documento escrito por él cinco días después del golpe del 10 de marzo de 1952. Su contenido a casi siete años de distancia es asombroso. Advertía con percepción extraordinaria, todo lo que ocurriría durante el mandato del dictador Fulgencio Batista : malversaciones, crímenes, muertes y la reacción del pueblo. Es un manuscrito visionario.
Otra vez la batalla contra el tiempo. Lo esperan en la Ciudad Universitaria. En el Aula Magna el rector Francisco De Venanzi en unión del Consejo Universitario y todos los catedráticos en pleno junto al estudiantado le da la bienvenida.
La algarabía es tremenda. Los estudiantes aplauden, gritan, golpean rítmicamente el piso, agitan pañuelos blancos. Fidel es uno de los suyos. Es un hermoso desorden.
- Esto me recuerda las reuniones en la plaza Cadenas en la Universidad de La Habana- comenta Fidel.
Es como si regresara a sus días universitarios, tan próximos y tan distantes. Por un momento retorna al mitin de la campana de La Demajagua, a las campañas contra K-Listo Kilowat -costo de la electricidad- y a las pedreas contra las perseguidoras de la tiranía.
El rector anuncia la creación del Comité por la Liberación de Santo Domingo. Fidel es el primer contribuyente con cinco bolívares tras lo cual dice que así se inicia la "Marcha del Bolívar por la Libertad de la República Dominicana". Seguidamente el contralmirante Larrazábal hace su aporte.
Entre los invitados está el poeta chileno Pablo Neruda . El autor de "Residencia en la Tierra" y "Veinte Poemas de Amor" se encamina al podio para leer su poema "Un Canto para Bolívar". Antes, expresa sus sentimientos.
- En esta hora dolorosa y victoriosa que viven los pueblos de América, mi poema con cambios de lugar, puede entenderse dirigido a Fidel Castro, porque en las luchas por la libertad cada vez surge el destino de un hombre para dar confianza al espíritu de grandeza en la historia de nuestros pueblos.
Cuando Neruda concluye se dirige a la mesa presidencial. En los momentos en que saluda a Fidel se le escucha:
- Sí algún día se escribe la historia de este poeta quiero que se diga que una vez vio, habló y estrechó la mano del genuino libertador de Cuba.
Se ve a Fidel emocionado. Son sinceras muestras de afecto, cariño hacía el pueblo cubano a través de su persona. Una joven del Orfeón Universitario le obsequia su boina azul. Se la pone y se dirige a la tribuna. No muestra signo de cansancio. El contacto con la juventud actúa como un estimulante.
- Ningún sitio de Venezuela me ha sido más familiar que la Universidad. Yo, que he sido estudiante, en ningún sitio me podía encontrar mejor que reunido con ustedes.
Cada discurso de Fidel representa una tesis nueva, una idea original. Explica la génesis y orientación de la revolución. Plantea que se impone la creación de una agencia informativa al servicio de la democracia, para que defienda a los pueblos americanos y sirva de contrapeso a las campañas confusionistas empeñadas a desfigurar la verdad.
En sus palabras se refiere a la necesaria solidaridad con la lucha del pueblo dominicano. Antes de concluir afirma:
- Estas montañas que rodean a Caracas son una garantía de la libertad.
De la Ciudad Universitaria para el Palacio de Miraflores donde se reúne con la Junta de Gobierno que gobierna en Venezuela.
En la noche el embajador cubano Francisco Pividal ofrece una recepción en su honor.
La residencia resulta pequeña para albergar a tantos invitados. En la azotea se improvisa una conferencia de prensa. Más de cincuenta periodistas de diversas nacionalidades le rodean y hacen preguntas.
Los rebeldes que acompañan al líder cubano reciben profundas muestras de cariño de parte de los caraqueños quienes le llaman "Chivudos" por las barbas.
El domingo, Fidel se traslada al hotel Humboldt, en la cima del majestuoso cerro de El Ávila. El trayecto es a bordo del único medio de transporte: un teleférico.
Desde la altura se contempla el panorama de Caracas y sus colinas circundantes, y del otro, el mar.
Hace un recorrido a pie por las montañas cuya topografía en mucha mayor escala, copia la Sierra Maestra. Vuelve a sentirse como en su casa.
Antes del regreso a la patria Fidel visita a Rómulo Betancourt , quién acababa de ser electo presidente de Venezuela, en su residencia Marítmar en Baruta. La entrevista tiene un carácter privado.
Betancourt cita para la ocasión a una gran concurrencia compuesta por representantes de los medios de comunicación quienes prácticamente impiden a los dos políticos conversar.
Al observar tanto alboroto Celia Sánchez le comenta al embajador Pividal: "Oye, ¿ qué es lo que busca Rómulo, una entrevista o un show?"
En un momento determinado Rómulo invita a Fidel a trasladarse para una terraza cerrada con cristales ubicada en la parte trasera de la casa. Dos horas y diez minutos después concluyen la reunión. No se filtra nada de lo conversado.
A la una de la madrugada del martes 27, Fidel se encuentra en el aeropuerto de Maiquetía preparándose para el regreso. Está cansado pero feliz. La visita a Venezuela representa una gran victoria moral para la causa de Cuba.
El regreso es el Britannia de Cubana. Ya dentro de la nave el comandante Paco Cabrera se percata que en el avión que viajaron a Caracas se han quedado unas armas personales pertenecientes a la escolta. Baja a buscarlas. No se percata que por la pista se aproxima rodando suavemente un Douglas C-4. Se escucha un grito de alarma:
- ¡Cuidado!
Cabrera se vuelve rápidamente. La nave esta sobre él. Se encoge en un gesto instintivo de defensa y una de las paletas de la hélice le golpea brutalmente. Cuando se acercan a recogerlo, está muerto.
El valeroso oficial oriental, guerrillero de numerosos combates no acompaña a su jefe y a sus compañeros en el regreso. En el vuelo de retorno nadie habla.
La mayoría duerme. Otros revisamos los diarios caraqueños. El Nacional resalta una frase de Fidel en su discurso en la Plaza
del Silencio:
- ¡Ojalá que el destino de nuestros pueblos sea un solo destino! ¿Hasta cuando vamos a estar en el letargo? ¿Hasta cuando divididos, víctimas de intereses poderosos? Si la unidad de nuestros pueblos ha sido fructífera, ¿por qué no ha de serlo más la unidad de naciones? Ese es el pensamiento bolivariano.
1959


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