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Primo de torturador y narco-banquero

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CUANDO se sentó en la mesa que le había reservado su amigo Alex Penelas, alcalde de Miami-Dade, en el gran banquete convocado para honrar a los Reyes de España, el banquero Eduardo Masferrer sintió un inmenso orgullo de encontrarse así, sentado a unos metros de Sus Altezas. Es cierto que era demasiado para un primo del pandillero cubano Rolando Masferrer, amigo de narcotraficantes famosos, cómplice de Jorge Más Canosa, especialista en lavado de dinero... cuyo banco, el Hamilton Bank, ya bajo investigación, iba a "explotar" poco después.

Pero así es Miami. Entonces honorable miembro de la fauna financiera de la Florida del Sur, vinculado a los círculos anexionistas cubanoamericanos que exhiben su desprecio por su tierra de origen, Masferrer iba hasta hacer pronósticos en la prensa sobre la llamada "transición" en Cuba. Pronósticos recogidos por esta 'prensa libre' floridana que no pierde una oportunidad de acostarse con todo lo que se parece a una gran fortuna.

Primo del más famoso y cruel esbirro del régimen de Fulgencio Batista, cuya sangrienta pandilla, los tigres de Masferrer, fue posiblemente la pionera de las bandas paramilitares en América, el banquero nació en la Isla, pero se educó en Estados Unidos y obtuvo la nacionalidad panameña el 31 de octubre del 2001, mediante la Resolución 220 del Gobierno de la presidenta Mireya Moscoso.

Apareció en el panorama financiero de Miami cuando compró 4,4 millones de dólares en acciones del Hamilton Bancorp Inc., mientras era Gerente General del banco del Istmo de Panamá.

El 11 de enero del 2002, la Oficina del Controlador de la Moneda (Office of the Comptroller of the Currency OCC), organismo federal que rige el sistema bancario estadounidense, interviene el Hamilton Bank, después de haber investigado un sinnúmero de irregularidades desde 1998 y comprobado la mala voluntad y la falta de transparencia de los administradores para la resolución de los problemas identificados a través de varias inspecciones.

En el momento de la intervención, el banco poseía activos por 1,3 mil millones y depósitos de 1.2 mil millones. Tenía nueve sucursales, en Florida y Puerto Rico, gestionando 3 600 cuentas.

El desastre financiero reveló de repente el increíble desgreño administrativo en que incurrieron el principal ejecutivo del banco, Masferrer, el presidente Carlos Bernace y el jefe de la Oficina de Finanzas, John M. R. Jacobs.

LA OCC DETECTA "ABUNDANTES" ACTIVIDADES SOSPECHOSAS

Poco después, en marzo del 2002, la OCC prohíbe al banco llevar nuevas transacciones con 33 compañías o personas... incluso con el cónsul general de Panamá en Miami, Manuel Salerno Cohen, un ex director y presidente de la compañía Alexander H. Cos, propiedad de Masferrer, quien controla o firma para 26 diferentes cuentas en el banco.

La OCC también prohíbe nuevas transacciones con Máximo Addad, un mexicano dueño de la firma PYCSA, que construyó el Corredor Norte en Panamá -un camino de peaje- y que controla dos compañías extranjeras, Perpetual International Holdings y Alderly Management, que eran beneficiarios de unos 25,6 millones de dólares en préstamos y transferencias electrónicas.

El diario La Prensa, de Panamá, tuvo acceso al dossier y reveló que los investigadores del OCC concluyeron: "En el banco hay abundantes actividades sospechosas no monitoreadas que sugieren lavado de dinero; fueron conducidas a través de cuentas bancarias y con la activa participación de los empleados del banco".

Sin embargo, la mayor preocupación para los investigadores federales de la OCC residía en una serie de préstamos rusos y transacciones con un valor de 129 millones de dólares, es decir más de la mitad de los 251 millones de dólares del valor de las transacciones de 1998 al 2000.

Otro comportamiento sospechoso está ilustrado por un préstamo de 15 millones de dólares a la compañía Golden Visión Finance, radicada en las Islas Vírgenes Británicas, de la cual Masferrer era accionista...

Según el Miami Herald, sólo en el año 2000, cerca de 2 mil millones de dólares procedentes de América del Sur y entregados en sacos de billetes o de giros postales, todos hechos a nombre de una misma persona, transitaron por el Banco de Masferrer.

EL APELLIDO DEL TERROR

En las primeras horas de enero del 59, al triunfo de la Revolución, el primo de Eduardo el banquero, Rolando Masferrer llenó un yate de dinero robado al Estado cubano y se dirigió, con su socio, el congresista Eladio del Valle, hacia las costas de su nueva patria, los Estados Unidos de América, como muchos "dignatarios" del gobierno batistiano.

Desde la Florida, Masferrer fue entre los primeros en tratar de organizar atentados contra el Jefe de la Revolución cubana, bajo orientaciones de Richard Bissell, de la CIA. Los archivos de la prensa señalan el arresto in fraganti en Cuba de cuatro de sus sicarios, el 26 de marzo de 1959, cuando preparaban tal crimen.

En Miami, con la complicidad de Orlando Eleno Piedra Neguerela, ex jefe del Buró de Investigaciones Criminales de la Policía nacional cubana, y el tristemente célebre Armentino Feria Pérez, Masferrer se conformó una nueva tropa de matones y se dedicó a intimidar y extorsionar a pequeños comerciantes en la propia Miami, bajo pretexto de recoger fondos para atacar a Cuba.

Mientras tanto, la CIA estimulaba el movimiento contrarrevolucionario en la Isla y alentaba a los grupos de Miami, liderados por terroristas como Masferrer y el ex ministro y colaborador de la dictadura Rafael Díaz-Balart, padre de los actuales congresistas norteamericanos Lincoln y Mario Díaz-Balart.

En diciembre de 1960, el Miami Herald informaba que Rolando Masferrer estaba entrenando a 23 norteamericanos y a unos 200 emigrados cubanos en un campo paramilitar ubicado en el cayo de No Name Key, propiedad del multimillonario Howard Hughes.

Según archivos desclasificados de la Casa Blanca, Masferrer se entrevistó entonces con el presidente Kennedy, el 4 de febrero de 1961, para exponer sus planes de invasión mercenaria. Algo asustado por el fanatismo del personaje, Kennedy pidió un informe a J. Edgar Hoover, el jefe del FBI. Se dice que Masferrer también formó parte de la conspiración de Dallas, de laque probablemente formó parte su socio Eulalio del Valle, trabajando ambos para intentar involucrar a Cuba en el magnicidio.

CRIMINAL BIENVENIDA

Mientras Fulgencio Batista buscaba refugio en República Dominicana, los esbirros de su régimen eran recibidos con los brazos abiertos en los muelles de Miami, llevándose, según los datos recogidos luego por investigadores, nada menos que 424 millones de dólares del tesoro de la República.

Por supuesto, estos millones se depositaron de inmediato en bancos norteamericanos y basificaron la fortuna de muchas de las familias mafiosas que dominan desde entonces a la Miami cubanoamericana.

En noviembre del 2000, una Proclama de la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba subrayó: "Ni un solo centavo fue devuelto a Cuba. La impunidad de los autores y el disfrute seguro de los fondos sustraídos no conocieron excepción alguna".

Comentó entonces el presidente de la Asamblea Nacional, Ricardo Alarcon: "Ese brutal saqueo fue uno de los golpes más severos contra la economía nacional, absolutamente inexcusable, ocurrido antes de que se hubiese instalado en La Habana el Gobierno que reemplazó a la tiranía y se produjo con la connivencia o la colaboración de las autoridades norteamericanas, que facilitaron la fuga de los ladrones y los acogieron en su territorio".

Cuba exigió, el 7 de enero de 1959, la devolución inmediata de 17 millones de dólares robados por el "senador" Rolando Masferrer Rojas. La solicitud fue reiterada varias veces. Sin resultado alguno.

Cuenta el investigador norteamericano Saul Landau que "a principios del otoño de 1975, los guardaespaldas de Masferrer descubrieron a Ignacio Novo agachado debajo del auto de Masferrer. Según el Agente Scherrer, los matones arrastraron a Iggy hasta la oficina y le metieron la cabeza en el inodoro. Luego lo desnudaron y lo lanzaron a la calle. Me parece que creyeron que lo habían asustado".

El 31 de este mismo mes, Rolando Masferrer Rojas muere, víctima de otra bomba instalada en su auto. Esta, con éxito.

LAS EXTRAÑAS RELACIONES DEL BANQUERO DE MAS CANOSA

Las extrañas relaciones del banquero Masferrer habían ya aparecido a la luz pública, hace unos años, cuando un traficante convicto, José Pineda Trinidad, detenido en México, le reclamó ante una corte panameña un total de 10 millones de dólares depositados en el país del Istmo.

Pineda acusó al que creía hasta entonces su "mejor amigo" de haberlo denunciado ante la Drug Enforcement Agency (DEA) en 1988 para robarle sus 'ahorros'.

Aseguró que Masferrer conspiró para que fuera arrestado en México y poder quedarse con 20 millones que había dejado en sus bancos.

En otras oportunidades, Masferrer se vio involucrado en transacciones fraudulentas llevadas a cabo por el Gobierno nicaragüense del presidente Arnaldo Alemán, con la complicidad del entonces jefe de la Fundación Nacional Cubanoamericana, el operativo de la CIA, Jorge Más Canosa.

Alemán había emitido Certificados Negociables de Inversión (CENIS) por un valor de 1,696,000,000 córdobas (USD$169,600,000) que, según el diputado sandinista Bayardo Arce Castano, fueron adquiridos por un grupo cubanoamericano encabezado por Más Canosa y el Hamilton Bank, de Masferrer.

PERO TODO SE RESUELVE

Hace unos días, el 5 de enero del 2004, la agencia noticiosa EFE anunciaba finalmente que "el cubano-estadounidense Eduardo Masferrer acordó con las autoridades bancarias de EE.UU. pagar (...) 960 000 dólares en restituciones en los próximos cinco años y una multa de 40 000 dólares para resolver los cargos civiles presentados".

Después de manejar cientos de millones de dólares en operaciones de lavado de dinero, no quiso comentar a la prensa local el 'castigo' recibido: un fragmento microscópico de su fortuna.

Después de todo, en la Florida del Sur, todo termina por resolverse... para quien pertenece a la élite del poder mafioso cubanoamericano, cuyos socios pasean hasta por las más altas esferas del imperio.

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Jean-Guy Allard

Jean-Guy Allard

Periodista canadiense radicado en Cuba. Es autor del libro "Auge y caída de Reporteros Sin Fronteras".