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Operación Mangosta: ¿Qué queda aún por esconder?

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  General de Brigada de la Fuerza Aérea de los EE.UU Edward Lansdale  

El 30 de noviembre de 1961, el presidente John F. Kennedy autorizó una nueva operación encubierta dirigida a asesinar a Fidel Castro y destruir la Revolución cubana: Operación Mangosta. 

Kennedy designó al General de Brigada la Fuerza Aérea Edward Lansdale – un renombrado operativo de la clandestinidad con experiencia de las guerras en Vietnam y Filipinas en los años 50 – como jefe de operaciones de lo que se conocería como la más grande operación encubierta iniciada por Estados Unidos en los años 60.  

A medida del 41 aniversario de la Crisis de Octubre, en 1962, vale la pena reexaminar la Operación Mangosta y sus consecuencias históricas. 

 

El proyecto era tan secreto que muchos documentos relacionados con su estructuración y funcionamiento no fueron desclasificados hasta 1998 – 35 años después de que Mangosta fuera definitivamente clausurada. Aún en la actualidad, la CIA no ha desclasificado documentos sobre la Operación Mangosta, que se consideran de máxima seguridad nacional. 

¿Qué queda aún por esconder?  

Cuba fue fuertemente condenada en 1962 cuando la también conocida como Crisis de los Misiles casi culmina en un conflicto nuclear entre la entonces URSS y Estados Unidos. Sin embargo, no quedan dudas hoy de que el gobierno cubano conocía los planes de Estados Unidos de invadir la isla en los meses que siguieron al fracaso de la invasión de Playa Girón, y adoptó las medidas necesarias para defender su soberanía.  

La información desclasificada indica que el entonces presidente John F. Kennedy y su hermano, el Fiscal General Robert Kennedy, se opusieron a los deseos de la Junta de Jefes del Estado Mayor de Estados Unidos de bombardear las instalaciones de cohetes creadas por la URSS en Cuba en respuesta a la existencia de instalaciones similares de Estados Unidos en Turquía y a la constante amenaza de una invasión a la isla por parte de Washington. 

Sin embargo, desde un inicio la Operación Mangosta se diseñó como el preludio de la invasión y los hermanos Kennedy tenían toda intención de llevarla a cabo. Robert Kennedy estaba especialmente obsesionado con el plan y ordenó que “el Proyecto Cuba fuera la prioridad máxima del gobierno de Estados Unidos – todo lo demás es secundario – no debía escatimarse tiempo, dinero, esfuerzo o número de efectivos militares.”  

El antiguo asesor del presidente Kennedy, Arthur Schlesinger, quien junto al entonces Secretario de Defensa Robert Macnamara asistió a una conferencia sobre la Crisis de Octubre celebrada aquí en la Habana el año pasado, asegura lo siguiente: “En cuanto a la Operación Mangosta, que Robert Kennedy continuó incitando–no en su mejor momento– no era un proyecto de asesinato, sino un esfuerzo tonto, inútil y costoso por reunir información de inteligencia y llevar a cabo planes de sabotaje.” 

Se utilizó cada aspecto de la desestabilización encubierta para atacar al gobierno cubano. Se fabricaron infructuosamente pretextos para desatar una revuelta interna que diera pie a la intervención directa del ejército estadounidense “para salvar la democracia” en el marco de la Organización de Estados Americanos.  

Se usaron químicos para afectar la vista de los cortadores de caña cubanos y de esa manera, sabotear la importante cosecha de caña de azúcar; se introdujeron enfermedades con la esperanza de provocar hambruna; se lanzaron bombas incendiarias contra centrales azucareros desde aviones ligeros “renegados” provenientes de la Florida; se sugirió lanzar volantes en la isla, que ofrecieran una recompensa a todo aquel que asesinara a un funcionario gubernamental cubano.  

Otros planes igualmente descabellados consistían en acusar a Cuba de una supuesta interferencia radial que aparecería como la causante del fracaso de un programado lanzamiento especial de Estados Unidos; simular un ataque cubano contra la base naval de Guantánamo y así, fabricar una excusa que justificara la intervención armada estadounidense; y la increíblemente infantil idea de publicar una fotografía falsa de Fidel Castro frente a una mesa repleta de comida, junto a dos mujeres de actitud servil en “cualquier situación comprometedora que se deseara.” 

Se combinó el terrorismo contra la isla y la guerra psicológica, con vista a lanzar la invasión a finales de 1962.  

Por tanto, se deduce que la Habana tenía razón en temer una nueva invasión estadounidense, por lo cuál permitió que los soviéticos situaran los misiles en la isla. El acuerdo eventual alcanzado entre Washington y Moscú incluyó la promesa de Kennedy de no invadir Cuba.  

Aún hoy, Cuba es víctima de la guerra psicológica desatada por Washington. Periódicamente se acusa a Cuba de algo malo, sólo para mantener el flujo de fondos con fines electorales desde Miami. Las últimas imbecilidades son que Cuba produce armas biológicas; que la isla bloquea deliberadamente señales de televisión de Estados Unidos dirigidas hacia otras partes del mundo (el mismo guión de los años sesenta – alguien está leyendo viejos manuales de la CIA) y la absurda acusación de que después del 11 de septiembre, la Habana obstaculizó los esfuerzos antiterroristas estadounidenses al proporcionar información errónea a los servicios de inteligencias de Estados Unidos.  

Es como si el General de Brigada de la Fuerza Aérea Edward Lansdale estuviera aún a cargo de la operación… 

La historia nos enseña mucho y constantemente debemos recurrir a ella como un valioso instrumento de aprendizaje. Cuando miembros de la entonces administración estadounidense responsable de la invasión de Playa Girón, la Operación Mangosta y la Crisis de Octubre se retractan de sus posiciones anteriores, a manera de “quedar exentos de culpa”, se puede deducir que la Habana hizo una correcta interpretación de la historia.
 

Entonces y ahora… 

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Simon Wollers

Simon Wollers

Periodista inglés, colaborador de Cubadebate.