Nace el rival de Bush
Lisandro Otero, Premio Nacional de Literatura
Como si fueran pocas las tribulaciones que se ciernen sobre el incapaz Bush ahora ha surgido una nueva: ya nació el candidato que puede arrebatarle la presidencia el año que viene. Hasta ahora todos los que se insinuaron como posibles contendientes eran líderes de poca monta, nombres desconocidos, al menos internacionalmente, hombres sin experiencia de estadista ni luces diplomáticas. El general retirado, Wesley Clark, se lanzó al ruedo con un discurso en Little Rock más el apoyo del clan Clinton y de la izquierda del partido demócrata.
Sus críticos señalan que es un militante demócrata de último minuto y un desconocido para las grandes mayorías de la nación. Tampoco posee experiencia en los asuntos nacionales. También ven como una desventaja que se haya tardado tanto en lanzarse como candidato y comenzar su campaña. Clark fue comandante en jefe de la OTAN, dirigió la campaña bélica en Kosovo y últimamente se desempeñaba como especialista en asuntos militares de la cadena CNN. Se graduó en West Point y obtuvo la prestigiosa beca Rhodes para realizar estudios en Oxford, Inglaterra. Es un católico converso, de ascendencia judía. Llegó a alcanzar el rango de general de cuatro estrellas antes de jubilarse.
Por lo pronto Clark ya declaró que está a favor del aborto legalizado, de la unión civil para homosexuales y en contra de las drásticas reducciones de impuestos que para beneficio de los ricos decretara Bush. Se ha opuesto a la guerra en Irak, caracterizándola como el mayor error de Bush. Los especialistas esperan que adopte muchas de las posiciones políticas que animaron a Bill Clinton. El equipo de asesores que lo acompaña es el mismo que estuvo junto a Al Gore durante su campaña presidencial. Clark cuenta a su favor que es una cara fresca en el panorama político.
Hasta ahora el único de los nueve precandidatos demócratas que había despuntado con ciertas posibilidades era el ex gobernador de Vermont, Howard Dean, pero el grupo de Clinton estima que sería un casi seguro perdedor frente a Bush y tratan de bloquear su candidatura. Es probable que frente a las demostraciones de fuerza y prepotencia que ha dado Bush los demócratas no quieren oponerle un candidato que ofrezca una imagen de debilidad. Un ex general sería la figura ideal para decirle al pueblo norteamericano que el timón está en manos fornidas. Los reiterados y agresivos ataques republicanos contra Clark son el mejor indicador que sería el enemigo a temer. Muchos analistas evocan a Dwight Eisenhower como el antecedente directo de Clark, un general presidente que entregó una sensación de seguridad nacional al pueblo estadounidense. Pero otros suscitan el no! mbre de Alexander Haig como el de un general presidenciable, que perdió unas elecciones.
En Estados Unidos crece la impresión de que ocurrirá una muy probable derrota de Bush en las próximas elecciones. El creciente desempleo, la recesión económica, la interminable sangría de cadáveres jóvenes en Irak, lo hacen muy vulnerable ante una opinión pública que se le está volviendo adversa y lo demuestran las encuestas. Se espera que el debate político en la próxima campaña versará básicamente sobre la economía y ese es el punto más vulnerable de Bush.
Por lo pronto las encuestas señalan que Clark cuenta con un 49% de respaldo en la opinión de posibles votantes frente a un 46% de Bush, en una encuesta de Gallup, CNN y USA Today. Y eso teniendo en su contra que no posee aún un nombre reconocido. Hay comentaristas que estiman que Clark escogió el momento apropiado para anunciarse como precandidato, cuando Bush comienza a hundirse en el descrédito y pierde el aura que lo había acompañado tras el 11 de septiembre. El tejano está retrocediendo en el apoyo a un ritmo de un 10% mensual.
El senador Edward Kennedy ha dicho que Bush no cuenta con una política de posguerra en Irak, que improvisa cada día y el resultado es que los norteamericanos allí se han convertido en un tiro al blanco. Quizás el mejor resumen de la situación fue hecho por el Director del Centro de Estudios Políticos de la Universidad de Virginia, Larry Sabato: "Una buena economía pudiera compensar por un mal Irak, pero un buen Irak no puede compensar por una mala economía."


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