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El titular que condenó a los Cinco

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  Arleen Rodríguez Derivet  

SUMMARY: How “Cruel and Unusual Punishment” is Applied in the Case of the Cuban Five
Two of the five Cuban political prisoners incarcerated in the United States are suffering the added punishment of not being allowed to see their wives (René González and Gerardo Hernández), and one, René González, his five year old daughter, Ivette.
The right to family visits is one of the most sacred of prisoner’s rights under both US and international law. The punishment meted out to René González is particularly cruel because the US authorities have not denied the right of his wife to visit him per se – they simply get around the issue of human rights standards relating to prison visits, by denying her a visa (as with Gerardo Hernández’ wife) to enter the United States. Her daughter, Ivette, has not been denied a visa and thus US authorities can state that they are not depriving her father of the right to visit, but clearly the child cannot travel without her mother to see her father.
This petty and vicious act is one of a number of “special treatment considerations” the Five have received and continue to receive on the part of US judicial authorities.

TEXTO COMPLETO EN ESPAÑOL

El 21 de noviembre del año 2000, cuando desde su celda  en el  piso 12 de  el Centro Federal de Detenciones de Miami, René González comenzó a escribirle a su esposa Olga, “la carta más larga de su vida”, posiblemente no se imaginó que estaría  haciéndolo tres años después. Pero ya se sabía víctima de uno de los procesos judiciales más bochornosos en la historia reciente de los Estados Unidos.

Ese día, el ciudadano norteamericano René González Schewerert  debe  haber advertido que todos sus derechos serían desconocidos y pisoteados por un grupo de personas con dinero y poder suficientes para pasar sobre la Ley de Leyes americana a pesar de ni siquiera haber nacido allí, como él.

Por eso y porque para ellos  recién  comenzaba una larga separación física, con  la deportación a Cuba de Olga, René decidió anotar en las cartas cada detalle de los muchos que iba descubriendo sobre la premeditada burla a la justicia que crecía ante sus ojos.
 
La profusa correspondencia, que  se ha vuelto   infinita debido a la condena adicional que sufre René, al igual que  Gerardo Hernández, impedidos ambos de recibir visitas de sus esposas a las que les niegan reiteradamente las visas con pretextos insultantes,  es  un testimonio profundo y conmovedor por el que el mundo conocerá un día   toda la verdad sobre el proceso contra Los Cinco.

En esas páginas se esconde, a la espera de la merecida sanción de la opinión pública, un  titular de prensa, el primero de los medios escritos y el que, según René, desató la brutal avalancha acusatoria  en los  periódicos, las televisoras y emisoras de la comunidad de Miami, la misma responsabilizada con juzgarlos.
“Espías entre nosotros”, tituló El Nuevo Herald en su edición del 15 de septiembre de 1998, aquella nota que condenó a los cubanos  desde su primera presentación a Cortes. La fiscalía ya  no tendría  que probar las acusaciones, ni siquiera que ganar el juicio, para lograr que se dictaran las peores condenas.
Quizás todos los potenciales jurados no leyeron lo que publicó el Herald. Pero lo mismo repetirían los noticieros  del canal 23 y del 51 de ese día y de los días subsiguientes, copias fidelísimas  del espíritu condenatorio de aquella presentencia. Nunca se sabrá cuántas de las personas que estaban recibiendo la carta de ciudadanos elegibles para integrar un jurado aquel 15 de septiembre, botaron el periódico o ignoraron la marea perniciosa de la radio y la televisión rabiosamente anticubanas de Miami.
De todas formas nadie que viviera allí podía huir  de la histeria informativa sobre los “espías de Castro” que se extendió después a medio planeta bajo cintillos exactos, curiosamente desinteresados sus autores en los argumentos de los acusados. Como nadie que haya vivido los últimos 20 años en Estados Unidos está a salvo de una dosis de Guerra Fría por pequeña que sea y en general no lo es.

Los  posteriores 17  meses de hueco e incomunicación total con sus familiares y el secuestro de las evidencias exculpatorias, no mercerían  ni una línea en ninguno de aquellos medios que los llamaron “espías” sin esperar veredicto y los olvidaron después.

Jamás ninguno aclararía que los cargos no fueron de espionaje sino de “conspiración para el espionaje”, un matiz que no exige pruebas. Ninguno precisaría que dos de los cinco ni siquiera enfrentan ese cargo. Increíblemente, los grandes medios norteamericanos tampoco se interesarían por  entrevistar a los “famoso agentes castristas”, durante estos años. Todo el caso quedaría confinado a la burda manipulación de la prensa enferma de Miami, donde  “ellos” eran los “espías”  y  todos los demás eran “nosotros”, es decir, las personas que iban a juzgarlos.

La suerte de los cinco fue echada desde aquel titular perverso, manipulador e ilegal. Y una gran  nación, orgullosa de su sistema de “jurados libres de todo prejuicio”, fue mansamente envenenada. Las cartas de René a Olga explican muy bien de qué hablo.

Arleen Rodríguez Derivet (Guantánamo, 1959). Periodista y editora de gran experiencia. Ha obtenido premios en los concursos nacionales de periodismo. Fue directora del periódico Juventud Rebelde y conductora de Haciendo Radio, programa estelar de Radio Rebelde. Actualmente es editora de la Revista Tricontinental y realizadora de un programa dedicado a los Cinco cubanos presos en Estados Unidos, que se transmite por Radio Rebelde. Es comentarista habitual de la Mesa Redonda de la Televisión Cubana.

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Arleen Rodríguez Derivet

Arleen Rodríguez Derivet

Periodista cubana y conductora del programa de la televisión cubana “Mesa Redonda”, que transmite una emisión especial para Telesur. Es coautora del libro “El Camaján”.