Siéntete escritor y participa en la VI edición del Concurso de Microrrelatos

La fuerza de la palabra y el poder de decir mucho en poco vuelven a ser convocatoria en estas páginas digitales.
Cubadebate, Ocean Sur, el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales, Egrem, invitan a participar en la sexta edición del Concurso de Microrrelatos, que se organiza desde 2017 en el marco de la Feria Internacional del Libro de La Habana.
Haz, de este reto, la oportunidad de compartirnos tus mejores letras. ¡Participa! Los ganadores obtendrán una colección de novedades literarias de varios sellos editoriales, presentes de los organizadores y la posibilidad de publicar tu obra en nuestro sitio web.
¿Cómo convertirte en ganador/a?
Solo debes escribir un texto que no exceda los 1 000 caracteres (sin contar los espacios), a través del cual podamos descubrir al escritor que habita en ti. La temática, libre. No existen barreras entre el papel y tu imaginación.
Que la creatividad, el talento y la originalidad sean tus mejores credenciales a la hora de redactar un cuento, el inicio de una novela o testimonio para la actual convocatoria.
Deja tu propuesta como un comentario en esta entrada. El plazo de admisión concluye el 30 de abril, fecha en que concluye la XXX Feria Internacional del Libro de La Habana. Serán seleccionados tres premios. Los resultados se darán a conocer el 16 de mayo próximo.
Contactaremos a los ganadores mediante el correo electrónico que registren al enviar el comentario con su obra.
¿Quiénes integran el jurado?
-Iraida Calzadilla Rodríguez, periodista cubana. Doctora en Ciencias de la Comunicación y profesora de Periodismo en la Universidad de La Habana
-Roger Ricardo Luis, periodista cubano y profesor del Instituto Internacional de Periodismo "José Martí", de La Habana.
-Claudia Alejandra Damiani Cavero, escritora , ilustradora, diseñadora y profesora de diseño . Graduada del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso.
-Junior Hernández Castro, periodista cubano. Profesor de Periodismo impreso de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.
Que el miedo no se apodere de ti y anímate a participar. Saca a ese escritor que llevas dentro…
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En el sur de Argentina (La Patagonia) las mujeres de los pueblos originarios ( mapuche-tehuelche) han iniciado marchas y reclamos contra el "extractivismo" o devastación provocada por empresas transnacionales mineras y petroleras,que contaminan tierras, ríos y hasta el mar de la costa atlántica.Hay que iniciar un proceso de rebeliones populares con la consigna :"basta de terricidio" o nuevo genocidio, expresan las lideresas.Tiene que se una profunda revolución social. Parece necesario defender la Madre Tierra ( Pacha o Mapu) antes que ella decida lel exterminio de la especie parasitaria del planeta.
A mi madre:
Cuando el sol desciende y se funde con el mar
ella huye de mi vista y se esconde en su habitación.
A hurtadillas, me acerco a la puerta entre abierta,
y los sollozos impregnan las paredes que lentamente la encierran.
Mi mamá llora todas las noches y yo no entiendo por qué.
Cada mañana ella sale, su frente en alto y muy primorosa.
A su paso, no hay cabeza que se resista a girar.
Sin esfuerzo alguno va provocando miradas, que nunca me atrevería a incitar.
Pero mamá no lo hace a propósito, le sale tan simple y natural,
que no imagino qué ocurra cuando se esfuerce de verdad.
Pasadas dos cuadras, aumenta la velocidad y nerviosa se arregla el vestido,
se acerca a la vieja silla, se sienta frente al gran lienzo,
con prisa se deshace del guante que se aferra a sus cinco dedos,
y cuando el pintor se asoma, ella extiende su mano al momento.
¿Quién será aquel hombre que a mamá hace cambiar su aspecto?
Atentamente, al caballero, lo analizo de pies a cabeza.
¿Será la frente, será su pelo, lo que resume su peculiar rareza?
Solo hay una forma de describirlo, así que cuando se va, lo sigo todo el camino,
porque en verdad no entiendo, si es su voz o su movimiento
el causante de que en nuestro jardín siempre esté la lluvia cayendo.
Una costumbre extraña, se volvió vigilarle.
Al inicio de lejos, lo veo pasar corriendo o a veces sin gota de prisa.
Pero cuando la distancia pide a gritos ser acortada
mis piernas no lo dudan y hacia él deciden acercarse.
¿Sabrá este hombre hermoso, que soy hija de mi madre?
Cuando bastante cerca estoy que hasta su aroma presiento,
incluso el último de mis cabellos
se electrifica candente despertando todo cuerpo.
¿Por qué tan débil me vuelvo cuando cruza mirada conmigo?
¿Por qué de repente olvido que él no es solo mío?
Se encoje, se encoje y se estira, y sin pensarlo, ya tú me miras.
Será que ya mi cuerpo no es el de aquella niña
y finalmente cuando paso, mi presencia también la notan.
Me hechizaste hombre, me hechizaste, porque ya no quiero estar sola.
Mi corazón ahora quiere al hombre por el que mi madre llora.
Mi secreto de verano, mi pecado en la tierra.
Abrázame por esta noche y cubre toda mi piel.
En tus colores quiero bañarme porque en tus manos ahora soy mujer.
Sube paso a paso, baja despacio despacio
mañana veré qué pasa y si este corazón te extraña.
Pero la mentira, al oído sordo, solo ciega al corazón
y lo que era una fantasía, se convirtió en mi historia de amor.
¿Qué tan lejos puedo llegar? ¿A quién pesará más amar?
Cuando mi pecho te siente, no hay lógica ni explicación
porque te llevaste el pudor, y te volviste mi tentación.
Castíguenme cielo y mar, mi alma brilla maldita.
Si de verdad existe la paz, ojalá su corazón la encuentre.
Cansada estoy de ocultar, así que espero algún día entienda
que en mi dolor y deshonra, su hija no la abandona
aunque esté enamorada del hombre por el que mi madre llora.
En la aldea la mayoría de las mujeres tienen el parto en casa donde una partera capacitada les asiste tradicionalmente. Aquella tarde me fueron a buscar, pues una señora tenía fuertes contracciones y no localizaban a la comadrona. Al primer llamado me presenté con la seguridad del médico experimentado y con la expectativa del adolescente curioso. Con habilidades dormidas hasta entonces hice posible que viniera al mundo un niño. Al mirarlo me asombró su parecido al bebé que fui hace 38 años, y aun guardo esas fotos de bebé. Al recordar las fotografías familiares podía descubrir esa semejanza y su significado. ¿Estaría asistiendo a mi propio nacimiento? Después me convencí de que estaba siendo protagonista de mi propia renovación personal, testigo de un nacimiento y crecimiento internos, espirituales. Experiencias que marcan y dejan sus huellas en la personalidad haciéndonos dichosos por la satisfacción de haber escogido esta profesión como sentido de vida. Dejé al bebé alimentándose, en los brazos de su mamá y regresé en la bicicleta en la que había llegado. Algo en común nos hacía iguales a la mamá y a mí: satisfechos ambos y orgullosos del nacimiento de un nuevo ser en tierras mayas.
La conocí en el desfile. Nos miramos, sonreímos, nos acercamos, conversamos, simpatizamos, nos gustamos, nos abrazamos, nos besamos, nos amamos y quedamos en vernos el próximo desfile.
¡Caray! ¡Viva el 1ro de Mayo.
Pasando a otra dimension
Estoy aqui sentada pensando y ahora que me mandaron que voy a escribir? aqui en mi sala donde los recuerdos inundan mi alma.
Solo que cuando sali al portal ya no era un portal sino un balcon de un decimo pesimo, y me pregunto donde estoy? fue cuando me di cuenta que habia entrado a otra dimension, me asuste y retrosedi y mi sala añorada de recuerdos tristes ya era una inmensa galeria de pinturas exóticas, estaba completamente en un sitio desconocido, sigo camino y entro a mi cuarto parecia una habitación antigua al estilo medieval, abro el armario y me sorprendo al ver mi vestuario se habia transformado toda mi ropa en trajes raros y de marcas muy finas pocas reconocidas para mi en la meseta me sorprende al ver un periodico y no fue poco el querer desmayarme cuando veo 2030 fue tan grande el susto que no se en que momento baje las escaleras, el trafico era una mezcla de lo antiguo con lo moderno, tranvias y metros
Recordando a Juan
Un Comandante también de la humildad
Hace muchos años se sorprendió cuando llegó la comitiva al establecimiento.
El mulato bajito y delgado al que acompañaban sus coterráneos tuneros entró hasta el centro del lugar con agilidad superior a sus canas, saludó y miró como revisando a todas las esquinas del recién estrenado local de limpiabotas.
Con una sonrisa se dirigió a él y le dijo imperativamente: “Súbete” mientras él se acomodó en su sillín. Le puso las polainas y empezó a lustrarle los zapatos. Alguien tiraba fotos.
Le dijo: “Deja ver si me acuerdo pues esto hacía de niño para sobrevivir. “ Por los precisos cepillazos se acordaba del oficio.
Desde arriba lo observó y entonces lo reconoció, pero no por las muchas fotos que había visto antes, sino por la estrella que le fulguraba en la frente y las heridas que sabía no le habían destrozado el corazón.
De esa sonrisa alegre se acordaba el limpiabotas en la lenta hilera de cubanos tristes cuando puso como muchos otros una flor ante su retrato mientras tarareaba mentalmente su Lupita en el funeral del comandante limpiabotas que nunca se rindió.
La aventura de mirar tus ojos...
Arrebataste de mi mano aquella postal que dos años atrás me habías dedicado con unos versos de tu puño y letra; nunca pude entender por qué, pero la destrozaste quizá pretendiendo demostrar que tus sentimientos por mí habían muerto. Me miraste con cinismo después de devolverla, hecha pedazos “quien te vio y quien te ve” pensé al mismo tiempo que me preguntaba si realmente eras un ángel al que yo había cortado las alas para al final transformarte en eso que eras ahora, o si ocultabas esa malicia en las entrañas de tu piel. Fue en ese momento la primera vez que soltamos nuestras manos presagiando que “siempre” había resultado ser una palabra demasiado grande para nosotros.
_ ¿Qué nos está pasando? Pregunté entonces confundido.
_ Nos está pasando que ya no te amo.
Respondiste con un tono algo siniestro desenvolviendo con suavidad tu bufanda de mi cuello, sin mirarme a la cara y cruzaste la calle con la prisa que levanta el vuelo una paloma cuando quiere alejarse de su dueño. La palabra “espera” se murió frustrada en mi garganta, no pude decirla, de hecho, no pude decir nada más, como si abundara en mí una culpa insospechada. Solo me quedó observar cómo a la distancia te perdías entre la gente, mientras yo me quedaba en esa esquina hasta hoy no sé si unos minutos, unas horas o incluso algunos días, simplemente me quedé como aquellos juguetes encima del tocador cuando dejas de ser un niño. Ni siquiera sé que esperaba allí; quedarse es siempre incierto.
_ ¿Por qué engañarnos diciendo que duraremos para siempre? _ Me pregunta un amigo.
_ No nos engañamos, el momento es real, cuando le decimos a nuestra chica, que estaremos juntos siempre y que nada nos separará, no es mentira, en ese momento es la verdad, luego todo cambia.
_ ¿La verdad es relativa, cierto? _ Reflexiona.
_Todo es relativo.
Todavía no quemaba mi pecho el dolor, porque en mi mente no se podía dejar de amar a alguien de un día para otro, y no perdía la esperanza de que regresaras; hasta que una tarde lo hiciste. El silencio se expandía por la sala de la casa cuando de repente una vez más frente a mi puerta pareciera escucharse ese sonido que producen las olas del mar en las tardes de lluvia, no había dudas, eras tú. Fue un abrazo sin preguntas, aunque en el fondo sabía que era la costumbre quien te había traído de vuelta a mí. Empapado el vestido, tus manos temblorosas acariciaron mi pecho desnudo. Ahora lo entendía, estábamos perdidos.
_ Lo siento, lo siento mucho_ Susurrabas a mi oído y tus palabras parecían aquel triste ruido que suelen emitir las ballenas varadas.
Otra vez nuestras manos se entrelazaron, pero no volvió a ser igual, tú fingías estar feliz, y yo no sé de qué manera, aún lo era. Tus besos se sentían como astros distantes, y tus caricias no tenían un calor propio, era todo como el típico guion de una película. A veces te miraba fijamente y tú preguntabas por qué tanto silencio, nunca respondí a esa pregunta, nunca te dije que presentía el final por encima de todas las palabras, que apretaba fuerte tu mano para que no te me escaparas, porque sabía que en cualquier instante la soltarías para siempre.
_ ¿Te acuerdas cuando nos conocimos? _ Naufraga en el recuerdo.
_ Como olvidarlo_ Confieso. Sus ojos siguen siendo el mar, mi corazón el ancla.
_ Estabas tan lindo, tu cabellera negra, tu sonrisa atrevida, fue como un hechizo.
_ ¿Y ahora qué es?
_No lo sé, estas a mi lado, conozco todo de ti, supongo que no pienso en ello.
_El misterio es siempre más romántico.
_ Todo ha cambiado tanto_ Suspira.
_No Isabela, todo está igual, somos nosotros los que hemos cambiado.
_ A veces me siento…_Duda.
_ ¿Culpable? _ La interrumpo.
_ ¿Y tú, te sientes culpable?
_ A veces.
Yo no sabía cómo perdonarte, pero tampoco quería perderte, aunque perderte fue lo que mejor hice a lo largo de toda nuestra historia. Caminando sin rumbo, deambulamos toda la ciudad que antes nos quedaba pequeña, y nos brindaba un espacio acogedor en cualquier sitio; un bar, un parque, una parada, cualquier lugar era perfecto para nosotros. Pero ahora pareciera interminable. No podíamos escapar del momento, nuestros pies se detuvieron como si fuera el final de todo sendero. Hubo mucha tristeza en ese instante, mucha añoranza y un indescriptible dolor. Salieron de tus labios algunas verdades y muchas mentiras, como siempre; tenías grandes virtudes, pero nunca dejaste de ser una mentirosa. Hasta ese día creía que no se lloraba por mujeres, pero estaba equivocado. Se había pasado el momento de amar y aún te amaba.
_Por favor no me dejes_ Te pedí una vez más envolviéndote en mi miedo absoluto a la soledad.
_Tengo que hacerlo_ Afirmó.
_ Te perdonaré todo_ Prometo.
_No, no lo harás, no podrás_ Respondiste suspirando para evitar llorar.
_Te fallé tanto verdad (…) un error tras otro, una humillación tras otra, un instante de infelicidad tras el otro.
_Ya te perdoné todo eso.
_ Pero igual te irás, porque no me amas, ya no.
_Tal vez no, pero te amé mucho, sabes que te amé con toda mi alma, sabes que llegaste a ser todo para mí. Y es eso lo que quiero que recuerdes; si seguimos adelante vamos a terminar odiándonos.
_ ¿Y acaso no nos odiamos ya?
_No sé qué sentimos el uno por el otro, pero no es odio.
_ Entonces ¿aquí acaba todo?
_ Aquí acaba todo.
Varias veces gritaste mi nombre para que me detuviera, y volviste a abrazarme con fuerza. Querías y no querías que me fuera. Hasta que al fin me besaste por última vez y me dejaste ir. Decir adiós no me dio tanto miedo como la aventura de mirar tus ojos y descubrir que no estaba reflejado en tus pupilas, que no había rastros de mi amor en tus recuerdos, porque no podías verme, y era comprensible, porque en ocasiones ni siquiera yo me veía.
Aquella tarde era rara, lejana, como todas las tardes de abril. O quizá no tanto, mejor preguntar a ése que nos cantó aquello de "acuérdate de abril, recuerda..."
Una engorrosa llovizna, llegada Dios sabe de dónde, forcejeaba tratando de perturbar el encuentro (aunque lejos estemos tú y yo, siempre unido estará nuestro amor...), ese inevitable instante que no buscaban y a la vez deseaban como quien no quiere las cosas, pero a la vez las quiere.
Y al fin fue, sucedió, más allá de cábalas, alineación de astros, preguntas y respuestas. Dos miradas, dos mitades que se machihembran, se acoplan.
Y talvez otra tarde de abril, puede que siempre, puede que nunca, será de nuevo, y así otra vez.
Lentamente abro mis ojos y por un segundo no se donde estoy, me ciega la luz que entra a raudales por la persiana, me giro y miro al techo, reconozco el cielo que pintaste para mi, estiro mi brazo, mi mano a tiendas busca tu cuerpo al lado vacío de la cama, ya se ha vuelto costumbre, aunque sé que es imposible encontrarte junto a mi al despertar. Ya comienzo a aceptar que tu ausencia es permanente.
Hoy siento que duele menos, la botella vacía en mi mesa de noche es testigo de que ya poco a poco sigo adelante sin ti.
Entre noches de alcohol y hombres sin rostro y sin nombre perdí lo que quedaba de mí, porque la mayor parte de mi ser, la importante, te la llevaste tú, lo que quedó era solo un conjunto de confusión, rabia, llanto y dolor que entre tantas noches de borrosa algarabía, sin despedirse desapareció.
Cada día intento encontrar un nuevo sentido al pasar de la vida, lucho por buscarme una nueva identidad, la antigua yo esta hecha de partes de ti, y esa, ahora es solo ceniza que el viento se llevó. Así que cada amanecer es una lucha por construir un mundo nuevo para mi, donde no existan recuerdos de niñez compartida, de secretos susurrados en la oscuridad de mi cuarto, de miradas que se buscan, de besos con sabor a fresas, de infinitas noches de pasión y bailes a la luz de la luna. Quiero tener amnesia de ti. Quiero olvidar el amor, las risas, la felicidad, los desacuerdos, la soledad, la sangre, las noches de hospital.
Quiero hundirme en lo profundo del océano, dejarme llevar por la corriente y encontrar, allí, donde el cielo toca el mar, una estrella para mí, una nueva vida, una eternidad junto a ti.
Estaba muerta:
El primer viaje en avión de María fue una odisea, ella nerviosa a más no poder respiraba profundo y pausado para buscar la confianza. Cuando despegó el Interjet rumbo México estaba tan asustada que le metió sin querer la mano derecha al pasajero de al lado en la entrepierna y casi llorando le dijo cuando se estabilizó el avión:
- Sorry, estaba muerta!
El mexicano la miró sorprendido y ella todavía con miedo se relajó un poco mirando la pantalla grande. La cosa fué todavía más de película en el aterrizaje, empezó a transpirar y a buscar concentración cuando mandaron a ajustarse los cinturones, de reojo vió al mexicano preparándose, ella también lo hace y se da cuenta que ahora sí tenía valor, ya no estaba muerta, el miedo es cosa grande y grande se puso ella. Se creció. Hay que verle la cara a ella cuando hace el cuento, se le alumbra el rostro y de vez en cuando repite:
- Esa experiencia fué inolvidable, me agarré tan fuerte que casi le arranco el brazo al asiento..
Tomás Vicente
La primera vez que Tomás Vicente salió a pescar con su padre tenía 8 años. Le divertía hacerlo. Al regresar ayudaba a ordenar parte de la captura en cajas medianas. Cosme las colocaba sobre sus hombros y las trasladaba a un lugar cercano. Tres toques a la puerta y el grasiento portón de la maloliente y oscura vivienda se abría… ante ellos Felipe amigo y colaborador del padre… tomaba las cajas y las situaba en una mesa larga y estrecha junto a la pared del salón. Los hombres se despedían. Volverían a encontrarse al finalizar la semana en casa de Cosme; entonces Felipe le pagaría por la venta del pescado.
Una y otra vez se repitieron las mismas escenas y Tomás Vicente las recordó a lo largo de su vida. Eran memorias de sus primeros años junto a la familia; donde estaban presentes el fuerte olor a pescado del entorno y las ocasiones cuando, con la mirada fijada al techo del cuarto compartido con sus hermanos, lograba conciliar el sueño, muy tarde en la noche.
En algún momento el hermano mayor lo reemplazó en las faenas de pesca con el padre en medio del mar.
Ahora Tomás Vicente es un adolescente y el ambiente marino no le atrae como cuando era niño. Con frecuencia se sienta en algún rincón de la casa y pasa largos ratos dibujando o transformando los trazos… el hermano mayor le había enseñado a leer y a escribir. A los números y a las letras prestaba poca atención, había oído decir que estudiar no era cosa de gente pobre, lo más importante era resolver las carencias de la familia, si quedaba tiempo, entonces dedicarse a los estudios, aunque para hacerlo se necesitaba disponer de dinero. Tomás Vicente no veía ventaja en los estudios. Prefería garabatear con un lápiz sobre un pedazo de papel… Al dibujar se concentraba tanto que no escuchaba las discusiones entre sus hermanos o a la madre intentando callarlos desde el fondo del enorme y viejo caserón de madera.
El padre buscaba el sustento de la familia, mientras la madre atendía el hogar y a los hijos, sin tiempo para acicalarse o el descanso.
Vivían en La Verónica, un pueblo pequeño, abundante en pescadores y en campesinos distantes de la costa, quienes araban y cultivaban con esmero cualquier superficie aunque no fuese propia. La casa donde vivía la familia de Tomás Vicente la rodeaban calles no asfaltadas y polvorientas. El mar, tan cercano, se ofrecía a quien deseara penetrar sus profundidades, como cuando se hieren las entrañas de la tierra y se hurga hasta encontrar sus tesoros.
En la Verónica, eran esas las actividades diarias, sin tiempo para el recreo. Quienes tenían un equipo de radio se entretenían a su manera, imaginando los lugares y los personajes que describían las novelas en boga o los hechos narrados en los noticiarios. Muy pocos habitantes de La Verónica conocían otros territorios que no fuesen el mar o los alrededores del pueblo. Quienes sí parecían divertirse, al menos un solo día al año eran los marinos desplegados en una lengua de tierra profusamente iluminada, en medio del mar y no lejos de la casa. Tomás Vicente no recordó nunca la fecha exacta cuando esto ocurría. En una ocasión le oyó decir a Felipe, el amigo de su padre, que ese día el Presidente del país celebraba su fiesta de cumpleaños. Días más tarde Cosme lo comentó con su mujer. Ella no demoró en responder que eso allí, a nadie le interesaba, pues jamás le habían visto la cara a ese señor Presidente. “Seguramente está demasiado ocupado, sin tiempo para visitar a gente con olor a pescado o con manos manchadas de tanto trabajar en el campo”, dijo la madre finalmente. Tomás Vicente no olvidó nunca aquella respuesta.
Eulalia y Cosme, sus padres conversaban en momentos en que el joven deslizaba el lápiz por una hoja de papel colocada sobre el piso; los trazos, mostraban un barco en la distancia, a él se le antojaba cargado de pescados y en otro plano más cerca se observaba la silueta de una persona sosteniendo sobre sus espaldas un saco, pudiera tratarse de alimentos, sacados de la tierra, imaginó el muchacho.
La niñez y la adolescencia de Tomás Vicente transcurrieron así en La Verónica, un poblado sometido a las caricias de la brisa marina y al ronroneo de las olas; en medio de una armonía familiar que era parte de la rutina cotidiana. No había de qué sorprenderse, nada nuevo sucedería mañana, al menos que la radio anunciara mal tiempo.
En algún momento alguien habló de la inminente llegada de comerciantes de tejidos y calzado junto a músicos y artistas. Cesaría entonces el imperturbable silencio del lugar.
Los hermanos de Tomás Vicente no demoraron en animarse. “Iremos, todos los días”, decían, “nos vamos a divertir”. En el rostro de muchos se reflejaba la curiosidad y la alegría por lo novedoso. Nadie recordaba haber escuchado hablar de fiestas pueblerinas con tejidos, calzado, música, y manjares de nombres exóticos, cuyos sabores les eran ajenos.
El pueblo se transformó en algarabía y eco perpetuo… no se hablaba de otro asunto… Vendedores y artistas se hacían acompañar de mujeres increíbles… sus cabellos y vestimenta diferían del modo de vestir y ataviarse de las señoras y señoritas del lugar… Las cabelleras de variados colores eran largas… tanto hombres como mujeres llevaron toda la vida el pelo del mismo color en La Verónica, el que la vida les había permitido o el correspondiente a los años ya vencidos. Los hombres, menos favorecidos, exhibían la mayoría, cabezas desprovistas de cabellos.
El día en que se iniciaron las ventas, los lugareños alegres acudieron temprano,… los jovencitos parecían trotar por las calles cenicientas… y las muchachas apuraban el paso tomadas de las manos, como para protegerse de alguna sorpresa desagradable.
Tambores y panderetas daban la bienvenida a los curiosos, Niños y jóvenes sonreían y saltaban de emoción. Los mayores avanzaban sin prisa, asombrados ante el revuelo provocado por el ambiente a su alrededor.
El Crimen.
Respondiendo a su pregunta señor interrogador, dije mientras colocaba las manos sin uñas, sangrantes, sobre la fría mesa metálica. ¿El Motivo?.Hay algo que me golpea en la cabeza desde que comenzó esta entrevista, si me permite llamarla así. ¿Por qué diablos debería yo responder a sus preguntas?, a fin de cuentas es su trabajo hallar las respuestas. No tengo yo obligación alguna de ayudarlo, o al menos no debería usted confiar en mi opinión. Pero verá, es esa pregunta en particular la que más absurda me resulta, he ahí el verdadero crimen:¿Se necesita motivo para pensar?.Esa es mí pregunta.
Cuento “La vieja y los dos Pedros”
Por Leydiana Leyva Romero
Eran las nueve de la noche y Pedro aún no llegaba a la casa de su madre, como era habitual a esas horas hacía años. El ritual incluía, básicamente, que este se sentara en el taburete a las ocho de la noche y sin mirar al interior de la habitación cuya ventana se abría al portal, sostuviera una conversación con la “vieja”, como la llamaba cariñosamente.
La vieja vivía en una casa pequeña, de madera, de esas con ventanas bajas y puntal alto, con un horcón ya raído por el tiempo y los comejenes. Una valla de madera rodeaba su hogar, por la cual se escabullían los gatos cuando sentían olor a comida y a los cuales, con el tiempo había dejado de espantar porque la acompañaban en la inmensidad de aquel campo que se hacía cada vez más grande a medida que el Sol se perdía en el horizonte.
Ella era de estas ancianas de pocas arrugas, de las que se reconoce la vejez más en los achaques que en la apariencia; su andar era lento porque con 87 años no hay necesidad ni fuerzas para el apuro, y su cabello, que alguna vez fue copioso, largo y negro, ahora no llegaba a sus hombros y parecía una casita de campaña blanca sobre su cabeza.
Cuando Pedro, el hijo, llegaba a la casa, tras una larga jornada de trabajo, era recurrente que hablara con ella sobre la cosecha de frutabombas, que a veces se veía afectada por alguna que otra plaga, la sequía o un ladrón ocasional. La vieja solía decirle: “¡Ay, Pedro, la tierra se traga a los que mejor la tratan!”. Ella sabía de lo que hablaba, su esposo, de igual nombre que el hijo, fue capaz de abrir los surcos 50 años antes sin buey, según contaba, con la típica exageración de los guajiros que cuentan historias reales con atisbos de leyendas.
“Era un animal, con una espalda más ancha que el marco de la puerta y unas manos tan duras y fuertes que podrían solas enterrar un clavo en la pared con uno de sus cayos”. Así lo describía ella cada vez que tenía oportunidad, como para revivirlo en sus recuerdos.
La vieja había visto a Pedro, el padre, irse cada día antes de que el Sol diera la orden. Tenía la sensación de que nadie en el Universo trabajaba más que él y posiblemente así fuera, pero jamás logró que su sacrificio rindiera “frutos”, paradójicamente. En otras estancias contiguas las calabazas alcanzaban tamaños exagerados, que en cuentos de guajiros, podrían llegar al metro de diámetro; las papayas no eran simples papayas, eran LAS PAPAYAS y los aguacates tenían semillas que parecían carabelas, imaginen lo que rendían las masas.
Pero en sus tierras ni las yucas pasaban los 20 centímetros aunque Pedro, el padre, hubiera regado con su sudor las posturas. Ah, pero la felicidad sí que se daba bien en esa casa. Es verdad que nunca hubo abundancia para las cosechas pero los abrazos que germinaban allí eran los mejores. Pedro siempre llegaba a las seis de la tarde, se bañaba, vestía dignamente, perfumaba y a las siete estaba sentado para comer. El único día en que el viejo, no llegó a tiempo fue el día en que murió.
Por su parte, Pedro, el hijo, siguiendo la tradición, llegaba a la misma hora, conversaba con su madre y luego la despedía con un beso en la frente, le ponía el mosquitero y de alguna manera levantaba un muro de contención para que los ruidos y las malas vibras no entraran en sus sueños. Así dormía apaciblemente, tanto que en una ocasión pasó rendida un temporal y sus ronquidos competían con los truenos.
Por eso el día en que Pedro, el hijo, no apareció por el camino como de costumbre, la vieja supo que algo no andaba bien. Sintió a los grillos rompiéndole los tímpanos, las ranas masticando libélulas, las ramas crepitar cuando las gallinas se acomodaban y hasta las piedrecillas del río competir contra la inercia de la corriente.
Fue a su cuarto, como siempre, respiró hondo, puso el mosquitero ante la ausencia de su hijo Pedro, se acostó a dormir, con la certeza inexplicable del infortunio y cerró los ojos.
……………………………………………………………………..
-Mamá, ¿para qué puso el mosquitero? ¿No ve lo temprano que es? Venga, levántese que le voy a enseñar la clase de yuca que sacamos hoy de la estancia”.
-Pero, Pedro, muchacho, pensaba que te había pasado algo ¡Una acostumbrada a verlo siempre a la misma hora, me preocupé tanto!
-Mama, pero de qué habla, aquí estoy. Vamos, tiene que ver el clase de seboruco que sacamos de la tierra mi padre y yo. Ahora solo queda ver si ablanda bien, porque siempre que salen así de grandes están duras como un coco. Vamos, mire, las chancletas están en la esquina del escaparate-
-Pedro, ¿de qué hablas?
- ¡Venga!
-Y allá fue corriendo, con su bata blanca traslúcida, las chancletas desgastadas, su cabello negro por la cintura suelto al viento, sin apenas lavarse los dientes, para ver la primera de muchas yucas gigantes que sus dos Pedros le habrían ganado a la tierra.
Creo que es más largo q un microrrelato pero fue muy agradable de leer,triste y bonito a la vez, y retrató muy bien la inmensa soledad del campo en los lugares apartados y más de noche. Enhorabuena!
El hombre sin sueños y la mariposa
Y allí estaba en un rincón sentado un hombre sin sueños. Nada lo motivaba, nada lo levantaba de su pedazo de espacio. Estaba vestido de objetividad porque según él, era la mejor forma de no caer de desde una nube de ilusión. Delimitaba la esquina que poseía para que ningún soñador se acercara a contarle de proyectos, aspiraciones e imposibles.
El hombre sin sueños sabía poner los pies sobre la tierra. Nadie vendría a quitarle su paz con horizontes desdibujados ni story boards, ya su plan funcionaba a la perfección. Hacer todo sencillo, decir las cosas acertadas en el momento acertado, asentir y disentir si la mayoría lo hacía.
Una mariposa se posó en su brazo, era pequeña, llena de colores, parecía una pancarta motivadora de la vida. La espantó porque nada tenía que aportarle un insecto tan vulnerable, objetivamente hablando, las mariposas ni comen moscas como las ranas ni construyen telarañas. Las mariposas parecen modelos montadas en altos tacones, solo con glamour para inspirar a los ilusos.
La mariposa de brillantes colores se echó a volar, venía una tormenta, estaba todo gris.
-¿Y esta a dónde va? Bien que pudiera esconderse, una sola gota de agua le desplomará las alas-
Pero la mariposa seguía volando y voló hasta que el hombre sin sueños no pudo verla más.
Fue un gran temporal, todas los animales encontraron guarida, las personas se protegieron en sus hogares pero el hombre sin sueños permaneció bajo la lluvia. Y mientras el agua mojaba su cara, pensaba en aquella mariposa.
Pensó, pensó…
Cesó de llover y cuando casi lo habían secado los rayos del Sol, se posó una vez más la mariposa en su brazo. Y el hombre sin sueños sonrió. La mariposa había sobrevivido, a pesar de la tempestad, a pesar del viento, a pesar de los pronósticos. Esta vez no la espantó, pero una vez más la mariposa levantó vuelo y tras ella, el hombre sin sueños.
Y por el camino de los hombres ilusos iba aquel hombre que no había tenido sueños, persiguiendo una mariposa, otra mariposa…
FUGA Y REMEMBRANZA
Cinco astronautas robaron radios obsoletos. La Agencia se niega a dar declaraciones, pero todos sabemos que la nostalgia ha tenido parte en el delito: alguno de esos transistores de seguro sirve para avanzar hacia el pasado.
Wao!!! Muy bien!!!
La Luz de la Vela:
Pinto en mis manos de noche
la imagen de lo que sueño,
de esas sombras soy el dueño
para que mi imaginación desabroche
Tranquilo nene,atención
no parpadees y observa
como la vela conserva
mi humilde creación
Conejos y aves te creo
con mis dedos al mover
pues el sueño debes cojer
para dormir con deseo
cierra los ojos mi niño
que la vela casi se apaga
de la luna tu aliento embriaga
para darme un ultimo beso
pues no hay nada mejor que eso
para ser de mi esfuerzo la paga
a mi futuro hijo 21/4/22
Lentamente abro mis ojos y por un segundo no se donde estoy, me ciega la luz que entra a raudales por la persiana, me giro y miro al techo, reconozco el cielo que pintaste para mi, estiro mi brazo, mi mano a tiendas busca tu cuerpo al lado vacío de la cama, ya se ha vuelto costumbre, aunque sé que es imposible encontrarte junto a mi al despertar. Ya comienzo a aceptar que tu ausencia es permanente.
Hoy siento que duele menos, la botella vacía en mi mesa de noche es testigo de que ya poco a poco sigo adelante sin ti.
Entre noches de alcohol y hombres sin rostro y sin nombre perdí lo que quedaba de mí, porque la mayor parte de mi ser, la importante, te la llevaste tú, lo que quedó era solo un conjunto de confusión, rabia, llanto y dolor que entre tantas noches de borrosa algarabía, sin despedirse desapareció.
Cada día intento encontrar un nuevo sentido al pasar de la vida, lucho por buscarme una nueva identidad, la antigua yo esta hecha de partes de ti, y esa, ahora es solo ceniza que el viento se llevó. Así que cada amanecer es una lucha por construir un mundo nuevo para mi, donde no existan recuerdos de niñez compartida, de secretos susurrados en la oscuridad de mi cuarto, de miradas que se buscan, de besos con sabor a fresas, de infinitas noches de pasión y bailes a la luz de la luna. Quiero tener amnesia de ti. Quiero olvidar el amor, las risas, la felicidad, los desacuerdos, la soledad, la sangre, las noches de hospital.
Quiero hundirme en lo profundo del océano, dejarme llevar por la corriente y encontrar, allí, donde el cielo toca el mar, una estrella para mí, una nueva vida, una eternidad junto a ti.
Despertar
Otra noche normal como cualquier otra, me acuesto con el pensamiento enfocado en que el día de mañana será mejor que el de hoy, pero la triste realidad me atormenta, no logro conciliar el sueño como quisiera. Las sábanas se convierten en mi abrigo, el calor de mi cuerpo se desvanece poco a poco por el frío que entra por la ventana y en el último suspiro me quedo dormido.
¿Qué ruido es ese? - Me pregunto a mí mismo.
Cuando logro abrir los ojos con una resaca de cansancio, veo el teléfono.
Está sonando
¿Quién será a esta hora?
Ya ni dormir tranquilo uno puede
El corazón se me acelera
-No puede ser
-Deja mirar otra vez
- Sí, es ella
Esther me había escrito un mensaje a mi WhatsApp
-Hola Francisco, que tal estás, hace mucho no sé nada de ti, pronto iré a Cuba y me gustaría mucho poder verte.
La noche llega y con ella mis miedos.
Los días se hacen infinitos pero al caer la tarde el tiempo corre como un cobarde ante la llegada de la noche y a esa hora, en la oscuridad de mi cuarto es cuando mis monstruos salen de debajo de la cama y amenazan con tomarme en sus garras y arrastrarme con ellos al fondo del abismo. No tengo miedo a la oscuridad, o a la soledad, tengo miedo de mi misma, de los secretos que guarda mi mente, de los anhelos que tan celosamente escondo. En la soledad de mi cama, solo me queda guardar silencio, contenido la respiración en espera de la llegada de esos pensamientos a los que tanto temo.
Es la insatisfacción de lo no vivido, la desesperación de saber que estoy atascada en este lugar sin fuerzas ni valor para salir por la puerta. Es el corazón anhelante de un amor que no llega, la necesidad dolorosa de cambiar todo a mi alrededor, yo incluida.
Los días son fáciles, todo pasa entre vueltas, canciones y fragancias lejanas que trae el viento. Pero las noches se vuelven eternas en su corta duración y no puedo evitar el latido errante y loco de mi corazón al pensar en los sueños olvidados y entonces la humedad llega a mis pestañas y es cuando se derrumba todo en mi interior.
El miedo a ese futuro predecible que me espera, mezclado con las ganas de dejarlo todo y ser solo yo, sin nada a los espaldas, y el deseo de experimentar cada sensación que el mundo me pueda brindar, hacen que mi mano se acerque a la puerta sosteniendo en mis dedos temblorosos la llave para abrirla, pero no me creo capaz y dudo, así de cobarde soy.
Busco en mi mente un atisbo de paz, para callar mis latidos, con los ojos cerrados busco a tientas ese espacio donde encaje la llave que aún tiembla en mis dedos, lo encuentro, giro y siento el sonido del engranaje al moverse.
Aún es de noche afuera, aunque los colores de la madrugada ya van dando señas de que el día se acerca. Doy un paso tras otro, vacilante vuelvo la vista atrás, hacia lo conocido, lo familiar y al mismo tiempo sofocante que dejo detrás, vuelvo la vista al frente, y sin nada a mis espaldas voy hacia adelante mientras el amanecer me da sus buenos días.
Tengo que hacer un último intento, no quiero seguir viviendo a medias, nunca le di mi corazón, no completamente, siempre me guardé una parte en espera de que todo saliera mal, y lo hizo, pero fue el resultado de mis absurdos traumas, de mi miedo a la felicidad.
No quiero pensarlo más, levanto el teléfono y busco su nombre, llamo, antes de que la cobardía se apodere de mi. Espero, pero no responde, y lo entiendo, la culpa es mía, aun así hay cosas que necesito decir.
Hola:
Se que estás ahí aunque no respondas el teléfono, pero supongo que tu voz en el contestador es lo único que merezco.
Tenemos que hablar.
Se que todo terminó mal entre nosotros, pero no quiero vivir con más arrepentimientos. La última vez que nos vimos, cuando te fuiste, me quedé con la sensación de que lo hice todo mal, y no puedo dejar de pensar en que mereces una mejor explicación de la que te di. Es solo que es tan difícil abrirme a ti, pasamos tan buenos momentos, compartimos tanto de nosotros mismos y ahora ni siquiera somos capaces de estar en el mismo lugar al mismo tiempo, es mi culpa y duele. Pero no me gustaría que esa última vez fuese nuestra despedida, podemos hacerlo mejor, yo puedo hacerlo mejor, ya que ni siquiera fui capaz de darte la respuesta que merecías, la que tanto necesitabas.
Y esa respuesta es sí, fue la mejor época de mi vida, siempre estuviste ahí, pero en la sombra, nunca me tome el tiempo para verte, realmente verte, y darme cuenta de que esa faceta arrogante e infantil que mostrabas ante mi era solo la máscara que usabas para disfrazar el amor que me tenías, porque tu también tenias miedo, y no fue mi intención, pero inconscientemente desprecié tus sentimientos al no ver que de verdad me amabas, estaba tan concentrada en mi propio corazón que no supe escuchar al tuyo. Y me arrepiento tanto porque hoy podrías ser tú quien durmiese a mi lado en esta cama fría y vacía.
Se que ahora es imposible pedirte que al menos seamos amigos, todo se ha echado a perder. Estoy segura de que fuiste y siempre seras mi persona, esa que estaba destinada para mi, para ser solo mío. Fui una tonta que no supo ver con claridad lo que tenía delante y ahora, ya eres un imposible. Sé que ni tu ni yo vamos a ser completamente felices con otras personas, lo podemos intentar, pero siempre va a existir este magnetismo que nos atrae el uno al otro. Por mucho que nos evitemos, por mucho ignoremos la presencia del otro, para ti, siempre voy a ser yo y para mi, solo serás tú. Siento tanto amor por ti, que quiero morir cada mañana cuando despierto y recuerdo que no te tengo, que no eres mío. Nunca merecí ese amor infinito que me brindabas.
Si en otra vida nos volvemos a encontrar, espero que te pares frente a mi, y no dejes que siga de largo, átame a tu vida y si aún sigo estando ciega ante tu amor posa tu mirada en la mía y atrapame en el iris de tus ojos, has que siempre quiera vivir en ti
Las tumbas de las dos niñas estaban una al lado de la otra. La tumba de Nidia, a pesar de que no era visitada con frecuencia por lo lejos que vivía la familia, siempre estaba limpia y las flores crecían por todo su alrededor, como si alguien se ocupara de cuidarla. La de Rosa estaba perennemente rodeada de malezas que crecían rápidamente, aunque la familia se esforzaba por mantenerla limpia y con flores. La gente solía decir que ahí estaban enterrados el bien y el mal.
Alfa=mi beso a orillas del gélido río
Omega=mis sollozos en aquella playa vacia
Excelente "el Principio". Me entristeció "el Fin" ;-)
ESPERANZA
Con nuestro astro rey, haciendose sentir como si del meridiano se tratara, aun con el vespertino en declive, me dirigí con gran pesar a la parada de la guagua, a no vislumbro los rayos de luz y calor, hace par de horas oscurecó mi horizonte, sigo aquí varado, a´ñu no pierdo la esperanza, oh, oh, vislumbro una silueta a lo lejos, pero no, es la 20, es la 27, nada de 174, a lo lejos se hace eco el sonido de un cañón vacío, oh, no pierdo la esperanza.
Fin
Despedida
Se ve a si mismo arrodillado frente a la estatua de la Virgen del camino, a espaldas de esta puede ver el cielo tornarse de un color azul oscuro, observa perfectamente bien los truenos caer y la tormenta que se avecina.
Intenta ponerse de pie pero no puede algo o alguien lo presiona hacia abajo, el pánico lo invade, no puede levantar la cabeza para ver el rostro de quién está encima, a lo lejos ve al abuelo Alberto corriendo hacia el, intenta rescatarlo, mientras se va acercando cree ver algo "raro" . No logra distinguir que es, pero algo no está bien con el abuelo, cuando solo los separan unos escasos metros logra al fin analizarlo bien, su piel estaba muy extraña, casi gris, su dulce mirada ya no reflejaba vida alguna pero de sus ojos caían al suelo lágrimas con un profundo sentimiento de dolor y desolación. Alberto se arrodilló frente a su nieto, su rostro era el reflejo de la pena, por primera vez lloraba a cantos frente a su nieto, la tristeza inundó a Alejandro, ambos se miraron detenidamente, como si fuera la última vez que lo hicieran. Alberto lo estrecho en un fuerte abrazo y lo besó en la mejilla colocó ambas manos en la cara del joven y le mostró una sonrisa, una sonrisa dulce y sincera, Alberto mostraba así su orgullo al nieto amado. Alejandro intento aferrarse y hablar con el, preguntarle que estaba ocurriendo, pero se le hizo un nudo en la garganta y solo pudó llorar las últimas palabras que escuchó entre sollozos antes de despertar fuerón
Tienes que seguir...
Amor a primera vista.
Llegué a una feria y donde más personas se encontraban estaba ella. Rodeada de seres diminutos que la hacían parecer una reina, al momento se viró y me dejó ver unos ojos alegres que contrastaban con su tupido pelo negro, algo rolliza pero esto la favorecía, en este caso siempre me han gustado las carnes y como dicen: Es preferible embarrarse de grasa que lamer un hueso, me disculpan pero el cubano habla así. Llegué al borde de la tarima y ella sin importarle mucho los demás se acercó a mi, después de un intercambio de miradas se arrimó y dejó acariciarse la cabeza, es más, le gustó y se mantuvo tranquila a mi lado sin proferir ni un solo sonido. Fue en ese preciso instante que comprendí todo y al volver su cabeza vi en sus ojos mi prominente futuro, no importaba que tiempo me durara ni cuantos hijos me diera, con ella iba a empezar. Me decidí, con voz alta y segura dije: Oye amigo, ¿cuánto vale esta puerca? Pues si señores, desde hace buen tiempo pensaba fomentar en mis tierras una cría de puercos y mi esposa e hijos me habían incitado a ello, solo nos falta encontrar una buena madre para tener buen pie de cría con el semental 4 nalgas de Cuco y al fin di con ella, amor a primera vista sin duda alguna.
Despertar
Otra noche normal como cualquier otra, me acuesto con el pensamiento enfocado en que el día de mañana será mejor que el de hoy, pero la triste realidad me atormenta, no logro conciliar el sueño como quisiera. Las sábanas se convierten en mi abrigo, el calor de mi cuerpo se desvanece poco a poco por el frío que entra por la ventana y en el último suspiro me quedo dormido.
¿Qué ruido es ese? - Me pregunto a mí mismo.
Cuando logro abrir los ojos con una resaca de cansancio, veo el teléfono.
Está sonando
¿Quién será a esta hora?
Ya ni dormir tranquilo uno puede
El corazón se me acelera
-No puede ser
-Deja mirar otra vez
- Sí, es ella
Esther me había escrito un mensaje a mi WhatsApp
-Hola Francisco, que tal estás, hace mucho no sé nada de ti, pronto iré a Cuba y me gustaría mucho poder verte.
Saludos desde Radio Vitral Sancti Spíritus!!
A qué dirección de email se deben enviar?
Gracias!!
CONSUELO (*).
Era muy pobre. El viejo llegó a su casucha con la ropa empapada de sudor. Se quitó la camisa y la puso a secar sobre el respaldo de una desvencijada silla bajo la sombra de un árbol de aguacates.
Las vacas suelen merodear los patios de las casas. Buscan hierbas y retoños frescos alrededor de los recipientes de agua y la sombra de los árboles que los protege de la canícula.
El viejo se levantó tras la larga siesta. Encontró su única camisa prácticamente inservible, casi hecha jirones. A la vaca le había agradado el sabor salobre del sudor.
El hombre se quedó mirando los ripios de lo que había sido una camisa. -Bueno- dijo para sí mismo a modo de consuelo- el que tiene es el que pierde.
(Inspirado en hechos reales según un cuento de mi tío Juan)
Muy bueno
Se acercan seis años de su ausencia.... su ausencia fisica...pues está muy vivo en mi alma, en lo más profundo de mi corazón. Saben? Cada amanecer él aflora en mi pensamiento, me corre una que otra lágrima, miro por la ventana.... cuanta añoranza! Aún pienso que no ha partido... pero al ver la algarabía en la calle, las voces que llenan de optimismo, el renacer de una vida en los hospitales, a las escuelas con sus pupilos sonrientes... corro a mi puesto de lucha, me juro fidelidad eterna, en silencio converso con su obra, nuestra obra, nuestros sueños que cada día renacen y se tornan fuertes como un roble, como el Caguairan de mi h6istoria! Aprovecho para escoger en el jardín de mis sueños a la rosa blanca más bella,... y con aquellas palomas que siempre le cuidaron la envio al sagrado lugar donde reposa ... en el camino se unen miles de voces de su amado pueblo, que le susurran palabras y un Patria o Muerte: Venceremos!
Relatos ineditos ( estractos )
Desperté en lo que ayer fue trinchera y ahora era un desastre, no había nadie a mi alrededor, un fuerte dolor me partía las piernas, las dos, poco tardé en darme cuenta de que estaba mal herido y solo, aunque, que suerte para mí, tenía todavía conmigo a mi kalanicos, un cargador casi completo y dos más en la roída mochila. Aquí me quedo hasta que vengan esas mierdas y me maten, solo después de que yo acabé con unos cuantos, porque vivo no me cogen. Pero fueron precauciones infundadas, no había nadie, solo una luna desconocida, como lampara en desierto de lejanas arenas, tarde en la noche llegué a la conclusión de que no podía moverme. Dejé de sentir en momentos en los que al parecer se fugó de mi la conciencia. Los recuerdos de mis últimas horas en una trinchera lejana, pasaron por mi mente acostado en una cama de lo que en mi seminconsciencia visualicé como un hospital, nadie me preguntó que pasó, yo si pregunté por mis hermanos, aquellos que pensé me habían abandonado a mi suerte, pero me equivoqué, ellos volvieron por mí, solo tres fueron autorizados a aquella misión suicida, medio a rastros, medio en cueros, en una parihuela improvisada me devolvieron a la vida.
Relatos inéditos (extractos)
Desperté en lo que ayer fue trinchera y ahora era un desastre, no había nadie a mi alrededor, un fuerte dolor me partía las piernas, las dos, poco tardé en darme cuenta de que estaba mal herido y solo, aunque, que suerte para mí, tenía todavía conmigo a mi AKM, un cargador casi completo y dos más en la roída mochila. Aquí me quedo hasta que vengan esas mierdas y me maten, solo después de que yo acabé con unos cuantos, porque vivo no me cogen. Pero fueron precauciones infundadas, no había nadie, solo una luna desconocida, como lampara en desierto de lejanas arenas, tarde en la noche llegué a la conclusión de que no podía moverme. Dejé de sentir en momentos en los que al parecer se fugó de mi la conciencia. Los recuerdos de mis últimas horas en una trinchera lejana, pasaron por mi mente acostado en una cama de lo que en mi seminconsciencia visualicé como un hospital, nadie me preguntó que pasó, yo si pregunté por mis hermanos, aquellos que pensé me habían abandonado a mi suerte, pero me equivoqué, ellos volvieron por mí, solo tres fueron autorizados a aquella misión suicida, medio a rastros, medio en cueros, en una parihuela improvisada me devolvieron a la vida.