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Frank Fernández en Alemania, un rotundo triunfo

En este artículo: Alemania, Cultura, Frank Fernández, Música, Piano
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Concierto de Frank Fernández en homenaje a Fidel. Foto: Jorge Luis Sánchez/ Cubadebate.

Así, Frank Fernández se concentra en el teclado de su piano de cola Steinway: la comunicación con el público no podría ser más intensa. Es uno de los pocos pianistas de prestigio internacional que puede hacer vibrar una sala de conciertos desde el primer momento y asegurarse de que el mensaje musical llegue incluso hasta el oyente de la última butaca. En cualquier caso, la Allerheiligen Hofkirche de la Residencia de Münich (Iglesia de “Todos los Santos”), que fue en su día el lugar de culto del rey bávaro y su familia, es un lugar ideal para encuentros musicales tan intensos.

La basílica neorrománica, con capacidad para 500 personas, con su cálida y clara acústica de cámara, se agotó con días de antelación. Y ya en este momento se hizo evidente: cuando Frank Fernández venga a Münich la próxima vez, los organizadores tendrán que buscar un auditorio más grande. Especialmente considerando las impresiones que Fernández dejó en la tarde del 7 de febrero de 2020.

Con Tres transcripciones en estilo trovadoresco, basadas en canciones del famoso compositor cubano Sindo Garay (1867-1968), abrió esta velada atmosférica –y dejó claro desde el principio que viaja como embajador del verdadero pianismo cubano y no como músico de entretenimiento de carácter turístico-exótico–. Estas tres canciones La tarde, Mujer bayamesa y Perla marina, realizadas por él mismo, ya eran demasiado exigentes para eso.

A continuación, Seis danzas cubanas al estilo del Siglo XIX de Ignacio Cervantes (1847-1905), ante un público cautivado que casi nunca había encontrado tales sonidos en un recital de piano clásico en este país. Este compositor, que puede ser llamado con confianza el pianista, estilista y pedagogo cubano más influyente del siglo XIX, marca para Fernández el punto de partida de la pianística cubana: una escuela que, por un lado, se vincula al repertorio pianístico internacional con su virtuosismo, pero que, por otro lado, goza de un punto de vista absolutamente único gracias a su ritmo, su riqueza melódica y su seductora mezcla de elementos españoles y criollos.

Este “exotismo” se acentuó en la segunda parte del concierto con algunas composiciones del quizás más famoso representante clásico cubano Ernesto Lecuona (1895-1963). Sus obras para piano como Gitanerías –y sobre todo La Comparsa– aparecen una y otra vez en los programas de otros pianistas, a quienes les gusta probar su cosmopolitismo cultural.

Es, por supuesto, algo diferente –y una experiencia especial– escucharlos interpretados por Frank Fernández: un pianista cuyo ego musical está profundamente arraigado en la música de su patria cubana y que tiene la reputación de ser reconocido no sólo en el campo del piano clásico, sino también como colega y amigo de músicos como Chucho Valdés o los famosos Muñequitos de Matanzas, con los que inició el proyecto musical “Guaguanpiano” hace años: el fascinante encuentro entre el genuino folclore cubano y el piano de concierto. Y aunque Fernández mostró esa noche las Cinco danzas de las Suites española y afrocubana de Lecuona, como algo fácil y sencillo: su personalísima versión de La comparsa –con una modulación espontánea y posteriores improvisaciones muy cubanas– se convirtió en una verdadera lección del enorme potencial musical de esta isla caribeña.

Más inesperado aún es el contraste con el que Frank Fernández hizo sonar a Beethoven y Johann Sebastian Bach en medio de su recital de piano en Munich. Esto fue precedido por cuidadosas consideraciones programáticas, como explicó unos días antes en la conferencia de prensa en la Steinwayhaus de Münich (Casa de los Pianos Steinway de Münich, marca de la cual Fernández es parte de su catálogo). Porque Beethoven le parecía una obligación musical sólo por el actual Año Beethoven; y la Fantasía Cromática y Fuga de Bach BWV 903, a su vez, ha sido una preocupación musical del corazón durante años.

El aura místico-mágica que rodea la creación de esta obra: su gesto fuertemente improvisado, su virtuosismo y, por último, pero no menos importante, el desafío interpretativo. Es aún más fascinante poder presentar esta música desde la perspectiva de un pianista cubano que nunca dudó de que Johann Sebastian Bach era el genio mundial y el antepasado de la cultura musical occidental. Pero que no era de ninguna manera un matemático musical y un agrimensor musical, sino más bien quien era capaz de reconciliar armoniosamente el espíritu y la emoción de una manera conmovedora.

Y fue precisamente en esta estrecha cresta entre el ascetismo y la mediación pianísticamente sonora que Fernández interpretó “su” Bach: con una actitud musical muy despierta, acentos virtuosos y una poderosa conformación de las progresiones vocales lineales. Sin duda, se puede tocar a Bach de manera diferente, más sutil y distante. Pero es precisamente este enfoque sonoro –tal vez el elemento cubano poco ortodoxo para algunos– que hizo de esta Fantasía Cromática y Fuga una experiencia, no sólo para los conocedores de Bach. Y el hecho de que Fernández eligiera el Opus 31 No. 3 de Beethoven, una de esas sonatas que fueron escritas en la exacta interfaz entre el Clasicismo Vienés tardío y el Romanticismo naciente, fue una sabia decisión programática. Por un lado, evitó el efecto de ser “escuchado mil veces” y de alguna manera agotado –especialmente en el actual Año Beethoven– y por otro lado, se enfrentó a un reto enormemente exigente como pianista.

La sonata de cuatro movimientos, apodada “La Caza” (por su movimiento final que suena italiano), es un verdadero desafío pianístico. Me refiero a las sonatas Hammerklavier, Waldstein y Moonlight en igual medida, salpicadas con las dificultades técnicas de la escogida –por no mencionar Appassionata y Pathétíque– y sin embargo exige un enfoque único en cuanto a la técnica de interpretación. Fernández lo ha encontrado por sí mismo combinando el ingenio y la excentricidad típica de Beethoven de una manera imaginativa y sobre todo sonora.

El broche final de la noche fue su propia Suite para dos pianos. Esta suite de cinco movimientos ofreció quizás el encuentro más inmediato con la riqueza de la música cubana. En el centro hay una “conga” de aspecto atonal en la que los dos pianos se utilizan principalmente en forma de percusión, imitando los complejos polirrítmicos de la subyacente Conga de Los Hoyos de la tradición carnavalesca de Santiago de Cuba.

Fernández había grabado previamente uno de los dos pianos y luego improvisó en vivo en su Steinway D (gran cola). El resultado fue un enérgico espectáculo de fuegos artificiales que literalmente hizo saltar a todo el auditorio de sus sillas: una noche que probablemente no dejó a nadie sin impresionar por la energía con la que Fernández llevó su mensaje musical por la rampa del escenario. Puede ser que tenga sus competidores en la cúspide del concertismo mundial en cuanto a algún aspecto técnico o –con respecto a Bach o Beethoven, por ejemplo– la “tradición” histórica. Sin embargo, lo que sí es seguro es que pocos de ellos logren hacer que la música llegue tan directamente al corazón de su público como lo hace Frank Fernández.

Un aspecto que el pianista también planteó en la posterior recepción en el Instituto Cervantes, situado frente a la Allerheiligen Hofkirche. Allí, en la sala de conferencias totalmente ocupada, el director del instituto, Felipe Santos, lo recibió para una breve conversación con traducción simultánea. ¡Qué exitoso puente entre el compositor cubano Ignacio Cervantes y el homónimo literario del Instituto Cultural Español Miguel Cervantes y Saavedra! Aquí Fernández también dio a conocer su carrera musical, las particularidades de la escuela rusa de piano, de la que había podido disfrutar durante cinco años como becario en el Conservatorio Chaikovski de Moscú, y sobre todo su credo musical: “¡la mejor escuela no vale nada si no se llega a la gente!”.

(Tomado de Segunda Cita)

Se han publicado 6 comentarios



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  • Alexei R. dijo:

    Un grande de la cultura cubana. Qué bien!

  • J.U.H dijo:

    Maravilloso reportaje, casi oía la musica mientras leía.

  • LRA dijo:

    Realmente disfrute leyendo este reportaje. Recreo el autor con el teclado de su PC las teclas del Steinway D de Fernandez

  • Opinion dijo:

    Gran reportaje pero....
    ¿Cuánto deberemos esperar para disfrutar por televisión de ese maravilloso concierto?
    ¿Alguien tuvo el cuidado de grabarlo pensando que los cubanos también tenemos derecho a transportarnos con la música del Maestro Frank Fernández?
    Cuando lo ponen por televisión a mi mamá no le importa que se le queme la comida o se le caiga la casa, de delante del televisor no sale y ni siquiera se le puede hablar.

  • Espirituana dijo:

    B días, totalmente sin palabras, este reportaje ha hecho casi que escuche a Frank Fernandez, grande nuestro pianista, orgullo cubano. Gracias

  • Cira Velasco Elizalde dijo:

    Bravo¡¡¡¡¡¡¡ Felicitaciomes! Sólo a él se le ocurriría bailar en casa del trompo! Solo su experiencia, talento y corazón le permitieron lograrlo. En hora buena

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