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Edna O’Brien: La palabra es lo más cercano que tenemos de Dios

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Edna O'Brien. Foto: Charles Sykes/ AP.

Edna O’Brien. Foto: Charles Sykes/ AP.

Mantova, Italia.-En la noche del domingo cerró el Festival Internacional de Literatura de Mantua con una entrevista en público a Edna O’Brien, la más irreverente de las escritoras irlandesas contemporáneas. Fue la presentación número 291 en cinco días frenéticos. Transcurrió al atardecer, en una plaza que existe desde mucho antes del nacimiento de Cristo y en la cual se divisan los tejados de un castillo renacentista por los que deambulaba, indiferente, un gato barcino. Si no supiéramos con certeza que el encuentro sucedió en esta pequeña ciudad de Lombardía cercada por tres lagos de nombres fáciles -superior, inferior y medio-, cualquiera podría imaginar al ver las imágenes que todo sucedió en el siglo XVI, en los ambientes habituales de Shakespeare y que una de sus heroínas ponía voz a la historia que aquí se contaba.

“La lengua es la misma, aunque los irlandeses la utilizamos de una manera totalmente distinta, con otra vitalidad”, advirtió O’Brien, que llevaba una elegancia algo bohemia para quien en diciembre cumplirá 86 años. Ella fue, en realidad, la estrella del Festival. Hubo cola para verla desde tres horas antes de su presentación, a pesar de que no era gratis la entrada al patio mayor del Palacio Gonzaga, una ciudad dentro de la ciudad de Mantua que guarda las obras más famosas del pintor Andrea Mantegna.

Edna O’Brien (Tuamgraney, County Clare, Irlanda, 1930) ha sido comparada con Virginia Woolf, escritora a la que admira, pero se negó rotundamente en la conversación de este domingo a aceptar que su literatura fuera reducida a la historia de su propia vida, por muy controversial que esta haya sido –al punto de que algunos de sus libros fueron quemados en una hoguera en el pueblo donde nació.

“Las mujeres no escriben solo autobiografías”, comenzó cortante. “Si hubiera querido escribir algo autobiográfico habría utilizado otro estilo. La primera persona del singular permite llegarle al lector más íntimamente. Eso no quiere decir que esté haciendo la historia de su vida. Como dijo Flaubert, la objetividad brota de las pasiones profundas”.

En marzo leyó en el National Theatre, de Londres, el poema de Sylvia Plath, “Edge”, que hace referencia al cuerpo de la mujer. “Parece ser autobiográfico porque hay dos niños y dos jarros de leche –añadió con ironía. Pero es un poema que te lleva hacia donde deberían ir todos los escritores, a un salto del yo a la creatividad. Ese el camino donde habita la realidad y la grandeza de la literatura.”

Quiso preguntas “fuertes, difíciles y precisas” en Mantua, a conciencia del lugar donde se encontraba. La pequeña ciudad de 50 000 habitantes se duplica cada año, desde 1997, en que se inauguró el primer Festival de Literatura, y tras 20 ediciones se ha consolidado como el festival en su género más importante del país mediterráneo. Pero este no es un evento hijo de la burocracia. Aquí la historia y la cultura se respira en cada piedra. El poeta Virgilio nació en las proximidades de Mantua y la irlandesa habló desde la Plaza Sordello, dedicada al poeta Sordello de Goito, que Dante sitúa en el Purgatorio, y está circunscrita por el castillo de San Jorge, el Palacio Ducal, el obispado, el Duomo y la supuesta casa del legendario bufón Rigoletto, protagonista de la ópera de Giuseppe Verdi.

Mantua vista desde el lago superior.

Mantua vista desde el lago superior en la tarde del domingo.

“Vengo de una aldea muy pequeña en Irlanda donde no había libros de ningún tipo. Salvo los de oraciones, algunos de caballería que leía mi papá y los de cocina. Yo tenía una vocación por la escritura y cuando comencé a escribir libros no pretendía que generaran controversias. Las muchachas de campo –su primer libro- le daba mucha vergüenza a mi madre. Una mujer dijo que deberían arrastrarme desnuda por el pueblo. Y yo pregunté: ¿por qué desnuda?”

Las muchachas de campo es la historia de dos mujeres en el contexto de la Irlanda a principio de los años 60 del siglo pasado. Un país atrasado y represivo, especialmente en las zonas rurales, donde transcurre la vida de Caithleen y Baba, las dos protagonistas, desde que son niñas hasta que, ya adolescentes, son enviadas a estudiar internas a un convento. Hartas del cautiverio urden un plan para salir: escribir una nota con falsas acusaciones sexuales, sin otro objetivo que ser expulsadas, cosa que consiguen. O’Brien se enfrentó a una persecución en toda regla. “El catolicismo lo impregnaba todo y ha penetrado mi obra”, comentó.

Al punto de que en una entrevista en la tarde del domingo, antes del encuentro en el Festival, dijo que “cuando era joven mi corazón era un tabernáculo abierto a todo lo que ocurría. Después pensé: ‘si utilicé la palabra tabernáculo en el 2016 quiere decir que todavía traigo la fe, los ritos y el dogma de la Iglesia Católica. Pero cuánto de todo eso se ha quedado en mí y cuánto he perdido, es una conversación privada que tal vez pudiéramos tener en el futuro o quizás nunca”.

Reconoció que la han criticado tanto las mujeres como los hombres “porque no he sido suficientemente feminista en mis libros. El feminismo es para los editoriales de los periódicos. Escribo sobre heroínas enamoradas. El amor, como sabía Shakespeare más que yo, vuelve loca a la gente. Me acusaban de presentar a la mujer como víctima. Eso es ridículo. Si una mujer es victimizada en mi obra no quiere decir que apoye semejante cosa. Tolstoi escribió de Ana Karenina, quien termina suicidándose, y todos reconocen que es un gran libro. Nadie lo culpa de victimizar a la mujer. Es muy desigual la percepción sobre las escritoras y los escritores, pero fíjate, si me dan la posibilidad de volver a nacer y escoger mi sexo, querría regresar como mujer y como escritora otra vez”.

Nadie le puede regalar a una mujer sus convicciones internas, su fe, su confianza, y debe dar por descontado que muchos se las tratarán de quitar. Recordó un poema de la escritora Rosario García, que habla del amor como entrega, pasión y perseverancia: “Esas tres palabras las quiero sobre mi lápida.”

Pero el momento más intenso del diálogo llegó con Edna O’Brian hablando del poder de la palabra. “Traducido a literatura –como teatro, poesía o prosa-, el lenguaje es lo más cercano que tenemos de Dios. Eso es para lo cual yo vivo y por lo cual yo vivo. Trato, trato, trato de mantenerlo puro, con todas mis fuerzas. Como mismo el lector trata de cuidar y guardar los libros que ama, y las frases que ama de esos libros. La palabra no puede hacerlo todo. No puede detener las guerras, pero es lo más sagrado de nuestra intimidad; es lo que nos permite mantenernos vivos.”

El público en el Palacio Ducal, en la Plaza del Castillo, para ver a Edna O'Brien.

Edna O’Brien respondió preguntas del público en la Plaza del Castillo, ubicada en el Palacio Ducal de Mantua.

Edna O'Brien este domingo en Mantua. Respondió preguntas de la escritora Lella Costa y del público.

Edna O’Brien este domingo en Mantua, junto a la escritora Lella Costa y la traductora al italiano.

Se han publicado 9 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • Pedro Urra dijo:

    La palabra es lo más cercano que tenemos de Dios… el título vale la crónica. Muy bueno Rosa.

    • Rogelio dijo:

      Si la palabra es lo mas cercano que tenemos estamos en la misma oscuridad que los monjes medievales porque evidencias, hasta ahora no hay ninguna que pueda sobrevivir al escrutinio de la ciencia.
      El que inventa una hipótesis esta en la obligación de demostrarla, de lo contrario es solo eso ….una hipótesis mas y otro dios mas de los miles que ha adorado la humanidad.

      • jorge dijo:

        Rogelio si de verdad te interesa el tema te recomiendo a C.S LEWIS el autor de las crónicas de Narnia.

      • Rogelio dijo:

        Jorge: igualmente te invito a que leas “Why I´m not a Christian”, escrito por el filosofo, matemático, humanista y pacifista Británico Bertrand Russell, quien, al igual que el francés Voltaire, rechazaba la idea ilógica de un creador divino.

        A esa lista puedes añadir a Albert Einstein en su carta escrita unos meses antes de su muerte, también a Thomas Alva Edison, Carl Sagan, Michael Shermer, Richard Dawkins, Stephen Hawking, Carl Marx, Frederic Engels, Brian Greene, Mark Twain y Neil DeGrasse Tyson, entre otros muchos.
        No estamos en la época en que los libros solamente estaban en manos del clero y de los ricos.
        Saludos

  • la caimana dijo:

    Me necantaría aceder a algunos de sus títulos. Existirán en Cuba?

    • CARLOS dijo:

      Las Chicas De Campo……lo encuentra en edicion digital.

  • Minerva dijo:

    Su prosa es exquisita y es una mujer brillante, con un humor muy irlandés Gracias Rosa Miriam como siempre tu pluma vuela

  • HECTOR Y EL HERMANO dijo:

    ……….buen artículo, motiva a leer sobre ella

  • Domenico dijo:

    Muy buen articulo me encanto esta mujer no la conocía

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Rosa Miriam Elizalde

Rosa Miriam Elizalde

Periodista cubana y editora del sitio Cubadebate. Es Doctora en Ciencias de la Comunicación y autora o coautora de los libros “Antes de que se me olvide”, “Jineteros en La Habana”, “Clic Internet” y “Chávez Nuestro”, entre otros. En twitter: @elizalderosa

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