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Lorenzo, el sepulturero: Lecciones de un cubano común

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Lorenzo Rizos trabaja en el Cementerio de Colón hace diecinueve años en un oficio primordial para la sociedad.

Lorenzo Rizos trabaja en el Cementerio de Colón, de La Habana, hace diecinueve años.

La cita es a las nueve. La habíamos reprogramado ya dos veces, y la tercera era la vencida. Nos encontraríamos en la entrada del Cementerio de Colón, de La Habana. Aquel sería un encuentro especial. El cielo estaba gris y el viento soplaba tan fuerte que quedó grabado como testigo acompañante.

Al no verlo, me inquieto. ʻʻ¿Dónde puedo encontrar a Lorenzo?ʼʼ, pregunto al guardia del portón; ʻʻsigue el camino de la izquierda  hasta el final”. A medida que avanzo, dejo detrás los finos mármoles, esculturas y panteones de quienes, quizás, pensaron que aún después de muertos eran superiores al resto de los mortales.

Ahora el terreno es casi virgen en cuanto a arquitectura. Las tumbas son planas, sencillas, incluso, la mayoría colectivas. Solo las identifican los nombres de los que allí yacen. A lo largo de una calle transversal observo a un grupo de personas. En la acera hay ataúdes vacíos. Es día de exhumaciones. Mientras dirige a la brigada de sepultureros, Lorenzo conversa con los familiares citados aquella mañana. Cuando se percata de mi presencia, me saluda con gesto amigable. ʻʻEspera cinco minutos, ya casi terminamosʼʼ.

A sus cuarenta y ocho años se mantiene joven y fornido. Mide 1,83 metros y pesa alrededor de 85 kg. Su trato es amable, respetuoso. Aunque es un hombre alegre y amistoso, su trabajo lo ha enseñado a ser pausado, ecuánime, porque como después me confesaría: “aquí el tiempo tiene otra dimensión”. Para él ser sepulturero implica ʻʻser buena persona, compañero de tus compañeros, y respetar el silencio de los que aquí descansan y a sus familiaresʼʼ.

Inesperadamente me propone hacer la entrevista en el Monumento al Hombre Común, y acepto. Ya conocía la existencia del lugar, por referencia del propio Lesmes Larroza, subdirector de la escuela de arte San Alejandro y escultor que rescató este terreno del olvido. Una vez allí, se sienta en el estrecho muro que rodea el Monumento. Mira a su alrededor, deja escapar un suspiro y expresa:

ʻʻDicen que el amor de madre es inmenso, pero el de abuela nadie lo supera. La mía era alguien especial. Aún lo es para mí. Su nombre era Cecilia Dolores. Desde que falleció a los 64 años de edad, yo le traía flores todos los domingos.

“En aquel tiempo, la administración del cementerio estaba buscando gente joven, con más fuerza. Alguien había notado mi presencia semanalmente cerca de la llamada Galería de Tobías, y la entonces directora del cementerio, Gladis Valdés Valdés, al ver que me acerqué al portal donde radica la administración  me propuso trabajar aquí.

ʻʻEn ese tiempo era ayudante de cocina en el Hospital Manuel Fajardo. Sin pensarlo dos veces acepté la oferta. Así podía visitar la tumba de mi abuela cuando quisiera. Bueno, y qué te digo, ya han pasado diecinueve añosʼʼ.

La plática es amena. Le pregunto qué piensan sus allegados respecto a su labor. Vuelve a sonreír, como si los recuerdos le hicieran ʻʻcosquillasʼʼ.

ʻʻLo sobrellevan bien, aunque antes se asustaban un poco. Mi madre está muy orgullosa de que sea sepulturero. De hecho, tengo dos hermanos que trabajan aquí también. Uno en Áreas Verdes y otro es jefe de brigada, igual que yo. Llevan quince años ya. Mis hijos saben lo que hago y no tienen ningún problema con eso. Recuerdo haber tenido una novia que cuando le conté sobre mi oficio me dijo: ʻ¡¿Qué?! No me toques hasta que no te bañesʼ. En fin, una locuraʼʼ.

Deja escapar una carcajada. Toma aire para recuperarse. El viento arrecia fuerte. Las hojas de los árboles se agitan bruscamente. Lorenzo se frota las manos en busca de calor y agrega:

ʻʻMucha gente piensa que los sepultureros no tenemos sentimientos y, ¡es un grave error! Somos seres humanos. Uno se sensibiliza con los dolientes, te pones en su lugar. Convivir a diario con la tristeza, te va curtiendo el alma y te obliga a ser mejor persona. Pero si lloramos en todos los entierros, no se termina nunca el trabajo. Para mí los peores entierros son los de niños. No logro asumirlos, casi siempre trato de no estar presente. No es lo mismo enterrar a un anciano de ochenta años, que ha vivido y dejado un legado, que a un crío. A veces, las madres se aferran al ataúd. Es muy duro.

ʻʻEstos sepelios casi siempre los realizan los que no son padres. Pero ahora con la nueva metodología de rotación a veces me toca y siempre hablo con mi brigada para que me dejen a un lado. Tengo cinco hijos y es duro imaginar que ese podría ser uno de los míos.

ʻʻHay quienes todavía nos subestiman, piensan que somos escoria, que hacemos esto porque no podríamos desempeñar otra labor y no se da cuenta, de que si no existimos la sociedad tampoco existe. Nosotros somos los que paleamos para que la sociedad marche perfectaʼʼ.

Lorenzo está tan comprometido con su trabajo y compañeros, que habla en primera persona del plural. Para él no existe el yo. Su oficio es llamado de muchas formas en todo el mundo: sepulturero, enterrador, zacateca. Se labora de lunes a lunes bajo lluvia, sol y sereno. Con frío y en medio de ciclones. Las tareas necesitan hacerse en grupos de no menos de cinco trabajadores, puesto que conllevan gran desgaste físico. La tapa de una bóveda pesa muchísimo  si falta uno aumenta el esfuerzo del resto.

ʻʻLa brigada es como un puño cerrado.  Para formar parte de esta hay que ganárselo. Se comienza de chapeador  y/o  jardinero. De acuerdo con tu rendimiento, pasas a ser sepulturero o no, porque es la plaza de mayor responsabilidad. Aquí también hay escalafónʼʼ, se ríe y sigue: ʻʻDebes estar conciente de que tienes que trabajar el día de tu cumpleaños, días festivos, día de las madres. Es una responsabilidad muy grande y que no todos quieren asumirʼʼ.

Se dice que hace tres años existe una ley que no permite a los sepultureros restaurar los panteones, bóvedas, obras en general del camposanto. Comentan que la nueva administración encarga a cuentapropistas las reparaciones de todo tipo: cortar el césped, pulir mármol, pintar. ¿Acaso no es más caro?

ʻʻConsidero que no está bien. Nosotros conocemos los materiales que se necesitan para la restauración de las obras y algunos de los negocios particulares, no. Solo vienen por el encargo, cobran y se van. No dan mantenimiento. Pero bueno, son decisiones de arriba y no puedes cuestionarlas. Las órdenes se cumplen y luego se discuten.

ʻʻAquí entra mucho dinero. Dólares por el cobro a los turistas y moneda nacional por el pago de los osarios y las incineraciones. Pero no pertenece a la administración del cementerio. Ese caudal lo distribuye la empresa de servicios necrológicos de acuerdo a las necesidades de todas las unidades.

ʻʻLa mayoría de los trabajadores que se marchan es por la paga. No hay incentivo material ni monetario. El almuerzo está malo. La vida fuera de los muros del cementerio ha cambiado y la gente piensa diferente también. Muchos prefieren emplearse en cooperativas que les pagan dos CUC diarios y los mandan a chapear nuestros céspedes. Mientras que el salario de un empleado del cementerio es de 450 a 470 MN. Si sacas la cuenta, en la cooperativa ganan 1200 pesos al mes. Son aproximadamente 730 pesos de diferenciaʼʼ.

Mientras seguimos conversando, le pregunto qué es, entonces, lo que lo ha hecho permanecer diecinueve años, en el lugar que muchos visitan, pero nadie quiere quedarse para siempre.

ʻʻTodo lo que sé, se lo debo a Pedro Márquez, al que cariñosamente le decían Papo ʻEl Blancoʼ. Trabajó aquí por más de 47 años y a la vez, fue discípulo de Julio Hernández, ʻla eminencia del cementerioʼ: 78 años de sepulturero. Sus ejemplos te inspiran a querer el oficio.

ʻʻEn el trato con familiares y personas en general se establecen lazos de comprensión muy bonitos. De una forma u otra, acompañarlos y apoyarlos en los momentos más difíciles, te hacen sentir como un buen samaritano.

ʻʻAdemás, mira a tu alrededor. Estoy rodeado todo el día de obras de artes únicas, irrepetibles. La mayoría fueron traídas en barcos de madera, y hechas por hombres que ya no existen. ¿Cuándo llegaron a Cuba? ¿Cómo las trajeron desde el puerto?. Nadie se pregunta. Hoy descubres este panteón olvidado, vas donde el historiador y conoces la historia de cientos de personas. No terminas nunca de aprenderʼʼ.

Existen comentarios sobre la profanación de sepulturas en el Cementerio de Colón, lo cual constituye una falta de respeto a los que descansan aquí, a sus familiares y a los trabajadores del recinto. ¿Verdad o mentira?

ʻʻEl cubano es muy conversador. Yo te cuento algo y tú lo repites, con la buena intención de hacer el comentario, pero le agregas algo tuyo. Y al cubano le ha dado por decir que la gente se roba la ropa, las prendas, los huesos. ¿Quieres que te diga la verdad? Sí, hubo tiempos donde había un sinnúmero de profanaciones. Pero ahora gracias a los sistemas de vigilancia que hay en Cuba, ya esto no pasa.

ʻʻAdemás, ¿qué van a robar? Si los vivos venden sus prendas y pertenencias para comprar carros, casas; poner pequeños negocios; arreglarse el pelo; viajar; ir a hoteles en Varadero. Y que yo sepa, nada de eso se puede guardar en una bóvedaʼʼ.

Llaman a Lorenzo, el trabajo apremia y debemos terminar la entrevista. Nos ponemos de pie y antes de despedirse me pregunta: ʻʻ¿Puedo decir una última cosa?ʼʼ.

ʻʻQuisiera incentivar a la gente a que cuide el cementerio. Sobre todo los jóvenes. En otras partes del mundo, desde los 18 años pagan su sepultura y en Cuba es un derecho. Sin embargo, muchos vienen y destrozan estatuas, jardineras, bóvedas… y no se dan cuenta de que están acabando no solo con el patrimonio nacional sino de la humanidad porque los valores que hay aquí son universales.

ʻʻ¡Ah, otra petición¡ Quisiera que el Estado se esfuerce por cuidar esto un poquito más. No solo la calle principal, por donde pasean a los extranjeros, sino todo el cementerio. Aquí hay muchas tumbas de héroes mambises, guerrilleros e internacionalistas, luchadores clandestinos de cuando la tiranía de Batista y grandes intelectualesʼʼ.

Nos despedimos y le doy las gracias por esta lección de sabiduría y bondad. Al verlo alejarse feliz con su brigada pienso en la grandeza del hombre común, en este ilustre desconocido que hace de la vida y la muerte un acto de amor.

A sus cuarenta y ocho años se mantiene joven y fornido. Mide 1,83 metros y pesa alrededor de 85 kg. Su trato es amable, respetuoso.

A sus cuarenta y ocho años se mantiene joven y fornido. Mide 1,83 metros y pesa alrededor de 85 kg. Su trato es amable, respetuoso. Foto: María Carla O’Connor

ʻʻ¡Ah, otra petición¡ Quisiera que el Estado se esfuerce por cuidar esto un poquito más." Lorenzo Rizos.

ʻʻ¡Ah, otra petición¡ Quisiera que el Estado se esfuerce por cuidar esto un poquito más.” Lorenzo Rizos. Foto: María Carla O’Connor.

Se han publicado 24 comentarios



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  • JB dijo:

    Me gustó el artículo. Una persona que ama lo que hace y lo grandioso es que ninguna de las 2 peticiones que formuló tenían que ver con beneficios personales.

  • emilio.soriano manganelis dijo:

    Gracia a la bondad y la humildad de ese caballero ,que sabe cuando ha de amarse la vida para respectar y querer prevalecer la historia de un campo santo,a él nuestro mayor respecto y admiración.para nuestro pueblo y ciudabania el deseo que en toda la nacion halla miles de Lorenzo.

    • REY dijo:

      AHORA SIIIIIII

  • José Molina Vidal dijo:

    Muy ilustrativo éste artículo; pero vergüenza que situaciones como esta se produzcan en nuestro país, me refiero al reconocimiento al trabajo de sepulturero, un trabajo como otro cualquiera. Cierto es que esta actitud se producen en donde vivo, donde la avaricia económica, o el elemental sustento, es superior al respeto a los muertos, nuestros o ajenos. Me refiero a la violación de tumbas. Todo tipo de trabajo dentro del socialismo es igual de dignificante. Éste es mi criterio. Gracias, Molina

  • Laburo dijo:

    Mis saludos para Lorenzo es una gran persona; cuando uno ama lo que hace y lo hace sin esperar reconocimiento alguno el trabajo sale bien y cuando menos te lo esperas biene el gran reconocimiento y es cuando vez que no fuen vano tu trabajo.

  • María de los Angeles dijo:

    Muy buen trabajo hace falta unos cunatos Lorenzo, lo felicito por la labor que realiza y como lo hace

  • josus dijo:

    Gran articulo..Gracias Cubadebate,Gracias Maria Carla

  • Pablo Albiol dijo:

    Espero que las autoridades del Cementerio o del Municipio al que corresponda le pongan atencion a este humilde y ejemplar trabajador del campo Santo de la ciudad de la Habana , y en verdad hay que estimular a estos Hobreros , espero le pongan verdadera atencion , acuerdense que esto no se ve solamente en la Habana , esto se ve en el Mundo Entero por la WEB Pablo Albiol Lake Forest California USA Gracias

  • sglez dijo:

    felicidades hermano, ers un ejemplo a seguir y orgullo para todos nosotros

  • Tell dijo:

    Bueno, muy bueno, no comento, porque me parece muy bueno el trabajo de la periodista, logró captar el sentimiento del hombre de pueblo, de a pie. Muy educativo, debemos respetar al ser humano por sus sentimiento más que por sus oficio, porque como dice la canción del maestro, mi canción no es tan solo del que pueda escucharla porque a veces el sordo lleva más para amárala.

  • Carlos Parra Zaldivar dijo:

    Gracias por publicar un día como hoy, Día del Trabajador de los Servicios Comunales, este artículo. Trabajadores de Comunales, como Lorenzo, hay muchos a lo largo y ancho de la isla, personas desinteresadas y honestas que aman lo hacen, sin pedir nada a cambio, dedicando su trabajo a la familia cubana acompañándoles en momentos tristes y doloroso al perder un ser querido. Su obra es anónima y poco reconocida, Qué pasaría, pregúntense todos, de no existir los trabajadores de Comunales?.

    Saludos

    Carlos Parra Zaldivar

  • EL TITAN DE BRONCE dijo:

    MUY BUEN ARTÍCULO…….FELICIDADES PARA LA PERIODISTA.

    LES COMENTO QUE EN MI ÉPOCA DE ESTUDIOS EN LA ESCUELA NACIONAL DE ARTE EN CUBANACAN HICE UNA TESIS SOBRE EL CEMENTERIO CRITÓBAL COLÓN…….UN AMIGO Y YO HICIMOS UNA INVESTIGACIÓN MUY SERIA SOBRE ESE IMPORTANTE SITIO QUE GUARDA MUCHAS OBRAS DE ARTE DE RELEVANCIA MUNDIAL ADEMÁS DE INTERESANTES HISTORIAS……………SI MAL NO RECUERDO EN ESA ÉPOCA NOS ATENDIÓ UN SEÑOR QUE SE LLAMABA TOMÁS SUÁREZ………..BUENO ME DISCULPAN PERO REALMENTE NO SÉ SI ESE ERA EL NOMBRE YA QUE HACEN UNOS 26 AÑOS DE ESO……………RECUERDO QUE ERA MUY ATENTO Y CORTÉS Y A PESAR DE ESTAR SIEMPRE MUY OCUPADO NO DEJABA DE ENCONTRAR UN TIEMPO PARA ATENDERNOS.

    LA COSA ES QUE CON ESE SEÑOR APRENDIMOS MUCHÍSIMAS COSAS INTERESANTES, NOS DIJO QUE DESDE NIÑO VISITABA EL CEMENTERIO JUNTO A SU PADRE QUE TRABAJABA AHÍ Y QUE ECHÓ TODA SU VIDA LABORANDO EN ESE IMPORTANTE LUGAR.

    ERA IMPRESIONANTE VER COMO SABÍA ESE SEÑOR SOBRE TODO LO RELACIONADO CON LA HISTORIA DEL CEMENTERIO.

    FELICIDADES TAMBIÉN PARA ESTE JOVEN ( DISCRETAMENTE PAGADO) TRABAJADOR…………MUY NOBLE SU LABOR.

  • sierra dijo:

    Muchas gracias a este hombre por su humildad, y no hay labor menor, todos somos importantes, lo imprescindible es la profesionalidad y la humanidad, sea lo que se sea. Hay que ir también a estas historias cotidianas, no todo son los grandes héroes ni la epopeya de la revolución, en el pueblo hay miles, millones de hombres u mujeres valiosos, de verdaderos y anónimos héroes.

  • luis s.b. dijo:

    Saludo se publique en Cubadebate un artículo periodístico donde se refleje el criterio de un trabajador sencillo de la Necrópolis Cristóbal Colon.
    También soy trabajador del cementerio, pero cumplo funciones como Guía de Turismo y soy testigo de que mucho de lo que expresa Lorenzo es cierto. Desearía añadir que aplaudo el hecho de que se reconozcan las cualidades humanas de los trabajadores vinculados a esta actividad, algo que poco es expresado en el ámbito público , pero que es necesario se haga.
    Detrás de cierta rudeza física o de carácter que puedan mostrar los empleados vinculados a los entierros , doy fe de que tienen una fibra humana muy sensible , y que sin reparo por lo complejo de las funciones que tienen que desempeñar , añadiendo las condiciones para hacerlo que no siempre son las mas favorables , estos trabajadores , como Lorenzo , lo hacen éticamente digno.
    Sirva el reconocimiento para recordar a Julio Hernández , a ese viejito bueno ,alma , historia e inspiración de la generación actual de los que allí laboramos , que descanse en paz .
    Aprovecho para hacer un llamado a la población a cuidar nuestro patrimonio, a observar a la Necrópolis no solo como última morada de muchos capitalinos, sino también como un lugar donde se conserva la memoria y la trascendencia de nuestros seres queridos y de la nación.
    LA VIDA DE LOS MUERTOS ESTÁ EN LA MEMORIA DE LOS VIVOS.
    Gracias.

  • luis dijo:

    Saludo se publique en Cubadebate un artículo periodístico donde se refleje el criterio de un trabajador sencillo de la Necrópolis Cristóbal Colon.
    También soy trabajador del cementerio, pero cumplo funciones como Guía de Turismo y soy testigo de que mucho de lo que expresa Lorenzo es cierto. Desearía añadir que aplaudo el hecho de que se reconozcan las cualidades humanas de los trabajadores vinculados a esta actividad, algo que poco es expresado en el ámbito público , pero que es necesario se haga.
    Detrás de cierta rudeza física o de carácter que puedan mostrar los empleados vinculados a los entierros , doy fe de que tienen una fibra humana muy sensible , y que sin reparo por lo complejo de las funciones que tienen que desempeñar , añadiendo las condiciones para hacerlo que no siempre son las mas favorables , estos trabajadores , como Lorenzo , lo hacen éticamente digno.
    Sirva el reconocimiento para recordar a Julio Hernández , a ese viejito bueno ,alma , historia e inspiración de la generación actual de los que allí laboramos , que descanse en paz .
    Aprovecho para hacer un llamado a la población a cuidar nuestro patrimonio, a observar a la Necrópolis no solo como última morada de muchos capitalinos, sino también como un lugar donde se conserva la memoria y la trascendencia de nuestros seres queridos y de la nación.
    LA VIDA DE LOS MUERTOS ESTÁ EN LA MEMORIA DE LOS VIVOS.
    Gracias.

  • flora dijo:

    MARIA CARLA MUY BUENA TU ENTREVISTA PERO DEBES DE PROPONERLA AL DIARIO GRANMA PARA QUE SALGA EN LA PRENSA DE LO CONTRARIO TODO LO DICHO Y HECHO POR LORENZO QUEDARIA EN EL ANONIMATO

  • Aristides Rondón Velázquez dijo:

    Primero: Toda la gloria del mundo cabe en una grano de maíz.
    Fuera muy interesante que los que subestiman estas labores hablaran con este Héroe anonimo, pero mas lo fuera que los que deciden sobre economia y finanzas tomen nota de los absurdo de las medidas economicas desistimulantes de que él habla.
    A los que destruyen algo en ese lugar sagrado, casa de todos alguna vez, algunas multas les vendrian bien. Las exhortaciones en Cuba ya no surten los efectos deseados.

  • LUIS EL CIENFUEGUERO dijo:

    PERIODISTA QUE EDAD TIENE UD…………..ME LLAMA LA ATENCIÓN CUANDO ESCRIBE: A sus cuarenta y ocho años se mantiene joven y fornido. Mide 1,83 metros y pesa alrededor de 85 kg. Su trato es amable, respetuoso. Foto: María Carla O’Connor, CON ESA EDAD TODAVIA SE ES JOVEN NO?????.

    LUIS.

  • laura beatriz pola dijo:

    De visita por la Habana pude visitar este bello cementerio,, el trato y la atención,, para el que visita el cementerio es muy bueno,, y son agradables todos los que trabajan en el cementerio

  • Wilson dijo:

    Muy buen artículo, felicidades a la periodista. Nos hacen falta muchos Lorenzos en nuestra sociedad, casi nadie ama su trabajo y menos todavía tratan bien a las personas incluso cuando en esto consiste su labor diaria.

  • eli dijo:

    Verdad que ese trabajo muy pocos, poquisimos lo quieren. Tan necesario como deprimente. Y de que siguen los hurtos, siguen. Hace apenas unos días estuve allí a visitar el panteón familiar y vi con pena que habían partido una jardinera de mármol para robarse la parte de atrás y apenas dejar el “librito” sobre la lápida, y tras igualmente rotas. En cuanto al salario, en verdad es insuficiente (como el de muchos, incluidos los profesionales), pero al menos muchos dolientes pagan el servicio a los sepultureros.

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María Carla OˊConnor

María Carla OˊConnor

Es estudiante de Periodismo y colaboradora de Cubadebate.

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