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Jorge Pérez Ávila, director del IPK: Médico hasta sus nanopartículas

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Por Flor de Paz. Fotos: De la autora y cortesía del entrevistado. Fotomontaje: Adrián Agüero Zardón.

En la coyuntura devenida tras el cambio de gobierno de Eisenhower a Kennedy, lo conminaron a ser piloto, “porque era lo que hacía falta”, y llegó a volar algunos aviones, aunque cuando estaba en la altura se preguntaba qué hacía allí.

Consta en su diario, donde solo escribe sucesos que le impresionan, que jamás le ha perdido el miedo a esos aparatos. Y tanto, que la noche anterior a un viaje se mantiene despierto y así puede quedarse dormido durante todo el vuelo.

“De ser piloto me salvó Fidel, cuando llamó a la alfabetización. Esa fue mi oportunidad de dejar la aeronáutica. Enseñar pasó a ser lo primero y finalmente, años después, pude ingresar en la Escuela de Medicina”.

Nacido el siete de julio de 1945, Jorge Pérez es el segundo hijo de una pareja feliz. Cree que de su madre heredó el espíritu de solidaridad, la energía vital y la capacidad de “ver las cosas claras”. Del padre recuerda su inteligencia y organización, su actuar coherente entre el decir y el hacer.

“Él murió muy pronto, pero a mi madre la tuve más tiempo. Vivió hasta los 94 años.  El dolor de su pérdida todavía no me deja escribir sobre ella. Era una mujer muy perspicaz y especialmente en una ocasión llegó a asombrarme.

“Yo estaba en Estados Unidos dando clases en la Universidad de Harvard y sentí un dolor precordial que me asustó. Decidí regresar a Cuba enseguida, pero antes la llamé para avisarle de que en unos días estaría de vuelta. Inmediatamente, ella me preguntó:

— ¿Dónde sientes el dolor? A mí tú no me engañas.

“Del aeropuerto fui a verla, como hacía siempre, e insistió nuevamente en el tema. Yo le decía: no ‘vieja’, no estoy padeciendo malestar alguno. Pero a Fina no se le podía engañar. Cuando salí de su casa llamó a mis amigos, a mi mujer. Al ver al cardiólogo y descubrir que padecía una obstrucción coronaria de la que tenía que operarme fuera de Cuba no supe cómo enfrentar a mi madre. Le dije que necesitaba hacerme una prueba en otro país, pero no me creyó. En realidad, como yo no sabía si iba a poder sobrevivir, antes de irme hice una comida familiar, y la única que estaba llorando era ella”.

La silla difícil

Encabezar el Instituto de Medicina Tropical (IPK) le cayó encima como un mazazo, aunque le honra el desafío que el fallecido Profesor Gustavo Kourí dejó en sus manos hace casi tres años. El noble orgullo desborda la mirada de este hombre audaz y ocurrente, y el tono de su voz se agrava al recordar el día en que su amigo se fue. Solo habían transcurrido dos meses de que le pidiera sucederlo.

En ese momento casi todas las direcciones principales del complejo investigativo-hospitalario, del que ha formado parte durante más de tres décadas, pendieron de su intelecto; le tocó sentarse en la “silla difícil” y, definitivamente, su jornada de trabajo de cada día se extendió hasta la una o las dos de la madrugada.

Y fue así, sin tiempo para pensarlo, que el doctor Jorge Pérez Ávila se convirtió en otro de los herederos de la tradición de los Kourí, enrumbada por Pedro, el progenitor de Gustavo, quien durante los años de la república inauguró en la Isla el desarrollo de la parasitología. Y luego, continuada por el hijo, conductor de la medicina tropical en Cuba”.

Dirigir el IPK, uno de sus grandes desafíos. En la foto, el Consejo de dirección del Instituto.

Dirigir el IPK, uno de sus grandes desafíos. En la foto, el Consejo de dirección del Instituto.

Fue Jorge el cómplice más cercano que tuvo Gustavo desde la etapa en que comenzó a edificarse el nuevo IPK, a principio de la década de los 80, hasta un día del año 2011 en que este le dijo: “quédate en mi lugar”.

En los primeros años de ejercicio médico su interés profesional había seguido otros derroteros. Solía enrolarse entonces en el tratamiento de los casos más graves y en quienes habían sufrido un infarto del miocardio. La muerte de su padre, resultante de un evento cardíaco, atizó su necesidad de salvar vidas.

La búsqueda de nuevos conocimientos delineó también desde aquella época cierto estilo en su quehacer en el que el trinomio investigaciones-asistencia-comunicación se impondría como una constante. Así llegó a la farmacología clínica[i] y a una maestría de la especialidad en la Universidad McGill, de Montreal, Canadá.

De regreso a Cuba revolucionó en el aula los contenidos de la especialidad en la cual había obtenido avanzados conocimientos. El médico que nunca dejará de ser continuó en la sala de terapia intensiva del Calixto García y, a la vez, a cargo del departamento de Farmacología de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana (UH).

Recuerda que era feliz, “hasta que un buen día me dicen que tenía que irme a trabajar al IPK. No podía entenderlo; yo no sabía nada de parasitología, pero el rector de Ciencias Médicas en esos años de la década de los 70 solo argumentó que era preciso que cumpliera esa tarea.

“Al llegar me sorprendió encontrar a Gustavo. Lo conocía como vice-decano docente y vice-rector de la UH, pero en aquellos momentos empezaba a revitalizar el Instituto y había solicitado a la instancia académica una persona que supiera hacer investigaciones clínicas. Me dijo: ‘eres joven, puedes aprender de medicina tropical’. Y allí me quedé”.

Con el Profesor Gustavo Kourí compartió la amistad y el propósito común de llevar adelante el desarrollo de la Medicina Tropical en Cuba. Foto: Cortesía del entrevistado.

Con el Profesor Gustavo Kourí compartió la amistad y el propósito común de llevar adelante el desarrollo de la Medicina Tropical en Cuba. Foto: Cortesía del entrevistado.

  A la cabecera del paciente

No transcurrió mucho tiempo para que el doctor Jorge Pérez se entregara con tenacidad a la labor en el IPK. Llegó allí en 1978 y tan pronto se dio cuenta de que el diagnóstico del paludismo dependía de los técnicos, se incorporó con aquellos conocedores al aprendizaje de la “lectura” de las láminas de gota gruesa. Porque, “¿y si ellos se equivocaban?, el responsable del paciente era yo”.

En Cuba se había erradicado esta enfermedad desde 1967, pero entre 1974 y 1988 durante las guerras en Angola y Etiopía  cientos de cubanos fueron allá. Otros tantos africanos, vinieron a estudiar aquí. “Había que aplicar el tratamiento requerido de inmediato para que la enfermedad no se propagara en el país”.

Varias campañas en Angola y el desafío de un paludismo resistente a la cloroquina (antimalárico), que estaba afectando gravemente a muchos colaboradores cubanos, le llevó a formular el fármaco IPK1, cuya aplicación consiguió revertir la crítica situación en muy poco tiempo.  Aquel fue el primer protocolo que el doctor Jorge Pérez dirigió en el Instituto.

Mucho más aprendería sobre las enfermedades tropicales en la década de los 80 con quienes venían de África infectados por diferentes patologías. Y luego, en universidades de  Liverpool, Londres, Chicago, Cleveland y Tanale, Gahna —donde estuvo presente por encargo del Profesor Kourí y mediante el Tropical Disease Research (TDR), un programa especial de la OMS para la investigación en ese campo.

Jorge cuando escalaba la Gran Muralla China.

Jorge cuando escalaba la Gran Muralla China.

Inmerso en este universo científico, le llegó el cargo de vicedirector de atención médica del IPK y, codo a codo con Gustavo, se centró en el proyecto de edificación constructiva y humana del Instituto.

Nunca le ha gustado dirigir, confiesa. Pero reconoce en su sensibilidad y amor por el ser humano la razón por la que ha aceptado hacerlo. “Siempre y cuando no me vea obligado a abandonar la asistencia médica. Décadas atrás, porque era muy joven para dejarla y ahora porque tengo demasiado experiencia”.

A la cabeza de las investigaciones que respaldaron la certificación de los medicamentos antirretrovirales de fabricación nacional contra el VIH, que aplicados desde el 2001 consiguieron detener la mortalidad provocada por esta infección, estuvo el doctor Jorge Pérez, quien asimismo ha dirigido los estudios clínicos de las tres vacunas contra el virus que se han formulado en Cuba. La última, de perfil terapéutico, se halla en fase I de estudio clínico.

La troica de Pérez

De frente al primer paciente diagnosticado con el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) en Cuba, el doctor Jorge Pérez se vio ante el dilema humano que significaba comunicarle la infección que padecía. “Fue como dictarle una sentencia de muerte que nadie se atrevía a pronunciar, pero el paciente ya soportaba una enorme incertidumbre y, llegado el momento, era preciso decirle la verdad.

“Para entonces ya me sentía retado por esta epidemia y había leído incansablemente sobre el VIH y la enfermedad que provoca.  Tras aquel primer diagnóstico, comencé a atender extranjeros que vivían con el virus en el país, hasta que un día el doctor Terry (viceministro de Salud Pública) me pidió que asumiera la dirección del Sanatorio de Santiago de las Vegas. Sorprendido, solo puse una condición: que me permitieran continuar con mis funciones en el IPK. Y así fue, durante las mañanas estaba en el Instituto y por las tardes me iba para el Sanatorio.

Con Caristina Cañas Lugo, su enfermera durante 35 años.

Con Caristina Cañas Lugo, su enfermera durante 35 años.

“Pero nunca imaginé que dirigir un sanatorio resultara tan difícil. Era la época de Gorbachov y la perestroika. Y llegué al Sanatorio haciendo muchos cambios. Los pacientes me decían: ‘esta es la perestroika’. Y yo jocosamente les respondía: ‘no, esta es la troica de Pérez que soy yo. Y en nada se parece a la perestroika, porque a mí no me gusta Gorbachov’”.

De aquellos 12 años al frente del Sanatorio le quedaron experiencias muy enriquecedoras estrechamente vinculadas al ejercicio de la medicina del cuerpo y del alma. Muchas de ellas han sido narradas por él mismo  en sus dos libros titulados Confesiones a un médico. Pero quizás, entre los saldos más importantes de su entrega en aquellos años se halle el haber sido el precursor del tránsito al régimen ambulatorio de las personas con VIH, iniciado a fines de la última década del siglo XX. También, su incidencia puntual en la humanización de la enfermedad, al ubicar sus complejidades en numerosos espacios del entorno social. El doctor  Jorge Pérez se convirtió así en un héroe para muchos de sus pacientes.

Las distintas ediciones de sus libros "Confesiones a un médico" han sido vehículo de su ininterrumpida labor comunicadora y de humanización del VIH SIDA.

Las distintas ediciones de sus libros “Confesiones a un médico” han sido vehículo de su ininterrumpida labor comunicadora y de humanización del VIH SIDA.

­— ¿No ha sido una carga demasiado pesada lidiar con los disímiles problemas de sus enfermos?

— El médico está preparado para tratar de no afectarse con el sufrimiento de las demás personas. Y digo trata porque a mí hace poco se me murió una paciente que yo quería mucho. Entré en su habitación un poco antes de que falleciera y salí de allí llorando como si fuera un familiar mío. La atendí durante 20 años y en ese tiempo compartimos éxitos, amistad, cariño. Coño, ¡quién no iba a sentir esa muerte!

“En contraposición, experimento gran dicha cuando indico un tratamiento correcto, consigo sacar al enfermo de una complicación o  compruebo que está sin carga viral detectable, con un buen nivel de células de defensa contra el VIH, cumpliendo con los medicamentos”.

–Ahora usted toma parte activa en la preparación de nuestros médicos para combatir el ébola en África occidental. ¿Cómo evalúa esta nueva y riesgosa labor?

—Como un compromiso que pone a prueba nuestra capacidad para el sacrificio y nuestra voluntad humanista.

En Ginebra, a pocas horas de dado de alta Félix Báez, su primer paciente con ébola. A la derecha, el doctor Gerome Pugin, jefe del equipo que atendió al médico cubano. Foto: Cortesía del entrevistado.

En Ginebra, a pocas horas de dado de alta Félix Báez, su primer paciente con ébola. A la derecha, el doctor Gerome Pugin, jefe del equipo que atendió al médico cubano. Foto: Cortesía del entrevistado.

¿Cuál es su definición de la honestidad?

—Es el reverso del egoísmo, el individualismo, la autosuficiencia.

—   A estas alturas ¿qué le sorprende?

—  Que a veces exista tanto orgullo y desprecio en el ser humano.

¿Dónde y cuándo es feliz?

— Cuando me siento reconocido y percibo que las cosas me salen bien, con mi familia y con mi yo interno.

En momentos felices con sus nietos.

En momentos felices con sus nietos.

¿La muerte?

— Algo cotidiano que los médicos tratamos de evitar y de alejar; pero que como el nacimiento, rodea a la vida. Uno se regocija cuando logra que la persona tome precauciones tan simples para alejarla como dejar de fumar, beber y tener relaciones sexuales sin condón.

¿Y la vida?

—   Algo grandioso. Un tumulto de pasiones, así lo expreso en uno de mis poemas.


[i] El especialista dedicado a la farmacología clínica es un corrector de la terapéutica de acuerdo al movimiento de los medicamentos en cada una de las enfermedades y pacientes.

(Tomado de Juventud Técnica)

Se han publicado 20 comentarios



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  • Soraya alonso sanchez dijo:

    El profesor Jorge es una persona especialmente humana ,sencilla y humilde,un ejemplo nunca olvidare sus enseñanzas, en solo momentos que lo conoci en una palabra un excelente profesional y ser humano

  • Eduardo Macia dijo:

    Gracias a este medico hoy en cuba hay mucha espectativa de vida de muchos que estan con este padecimiento y le damos gracia y le deceamos muchas cosa buenas para el proximo año salud y que continuen apaereciendo las medicina para erradicar este mal y que las personas se continuen protegiendo gracias dtor Jorge por estar Dios lo vendiga muchas felicidades

  • mayelin dijo:

    Mi mamá trabajo con el hace muchos años, cuando en instituto se encontraba en Siboney, ella era enfermera (Teresita) y mi tía trabajaba en la lavandería (Berna), somos de Arroyo Arenas, hay muchas personas que recuerdo con mucho cariño como la enfermera Niovis, que no sé si sigue trabajando ahí, Aroldo y otros más, son personas maravillosas, y Jorge Pérez ni se diga, tengo tantas anectotas, jijiji ojalá y un día lo podamos ver. Un saludos y mis respetos para este hombre que es puro amor y sensibilidad, nos hacen falta muchos como él.

  • Rebk dijo:

    Leer sobre este DOCTOR siempre me sorprende. Hay hombres que son eternos, y creo este será uno de esos hombres cuyo legado será vital para las futuras generaciones. Algún día, cuando los hombres logren borrar la enfermedad, (no la muerte, porque la muerte es natural) será gracias a la labor de hombres y mujeres como Jorge Pérez. Sin conocerlo, sin tener nada que ver con lo que hace (porque me dedico a otra cosa) lo admiraré siempre, aunque sea en silencio. Este médico nos evoca a ser mejores personas cada día. Gracias.

  • R-3 dijo:

    Leer confesiones a un medico es una terapia contra la depresion , una maravillosa persona y un medico extraordinario Felicidades Dr.

  • Víctor dijo:

    Merecido reconocimiento, tengo la dicha de conocerlo, por ser el médico de mi hijo quién le consulta todo desde Holguín por teléfono y siempre le ha dado la respuesta y el tratamiento adecuado, le deseo lo mejor para el próximo año y que goce siempre de salud y dicha, el se lo merece con creces.

  • pablo perez dijo:

    bella biografia de este especialista eminente cubano que interesante la profesionalidad responsabilidad y humanidad de este hombre que al leerlo me resulta un hombre bien sensillo y es un eterno estudioso Gloria para este hombre Jorge perez este honor a el se lo ha Ganado y sus pacientes y pueblo en general se lo reconocen muachas gracias por tanto amor y fidelidad a sus principios Dr Perez

  • Papillon dijo:

    Muchas felicidades en el nuevo año al Dr Jorge, que Dios lo bendiga, que tenga una larga vida llena de exitos en su carrera, y que siga asi, siendo un ejemplo de humanismo , sapiencia y altruismo.Médico de la cabeza a los pies.FELICIDADES DR.

  • fe maria dijo:

    Decir Jorge es decir mucho. Mis felicidades.

  • Hugo Andrés Govín Díaz dijo:

    Jorge: Debes contar también de tus andanzas como machetero en mayo-junio de 1970 allá en el poblado de Vázquez, actual provincia Las Tunas, formando parte de la Brigada Latinoamericana “Victoria de Girón” compuesta por jóvenes revolucionarios procedentes de varios países de América Latina. Todavía hoy mantengo comunicación con algunos de ellos, ya no tan jóvenes. Un abrazo y muchísimas felicidades.

  • jose manuel dijo:

    Jorge
    Muchas felicidades. Creo q todos los q te conocen te admiran por ser ademas de un hombre de ciencias, un hombre de principios. Muchos no saben q te has tenido q convertir en un quijote y luchar contra los molinos de viento de nuestros tiempos: la mediocridad, la envidia y el oportunismo de muchos. Pero todos saben de tus valores, y por suerte para la medicina y para Cuba, con mucho trabajo, has salido triunfante, un abrazo

  • Lily dijo:

    Excelente hombre,mucha calidad para una sola persona,tuve la dicha de ser su alumna,escuchar sus historias y experiencias.De el recibi un regalo que guardo y dedique a mis padres:sus dos libros,firmados por su puño y letra.Gracias Dr.

  • Pelotero a la bola dijo:

    Excelente trabajo! Tuve la oportunidad de leer los dos libros Confesiones a un médico, y entendí la grandeza espiritual de este hombre, que coloca la mira sobre el ser humano todo el tiempo. Mis mejores deseos para Jorge Pérez y familia en el 2015.

  • leydis dijo:

    hasta ahora no lo conocia ni sabia de usted, pero despues de leer este articulo siento que cuba ya tiene otro logro con la existencia de usted,es verdad que esta profesion no es facil y apesar que tratamos de que no nos afecte las situaciones de los pacientes siempre hay algunos que nos tocan y dejan marcas,ojala que la vacuna terapeutica tenga exito para asi no salvar solo la vida de muchos cubanos sino del mundo entero.saludos y feliz fin de año.

  • America dijo:

    Me ha emocionado mucho leer esta entrevista. Soy admiradora del Dr. Jorge, especialmente de su humanidad, de su extraordinaria humildad y sencillez. Su vida y obra es testigo de ello.

  • Rodney dijo:

    Una vez me remitieron a Jorge por un análisis que resultó a la postre un falso positivo de Hepatitis C y ese gran científico y profesional me trató con una solicitud, amabilidad y sencillez que me dejaron anonadado, incrédulo y muy satisfecho. En el se cumple aquello de que mientras mas humilde mas grande. Salud, amor y felicidad Gran Doctor

  • Victor dijo:

    No lo conozco personalmente pero he oído hablar de él en mis consultas del IPK soy O+ al VIH. Muchas felicidades por esta gran obra q haces.

  • 100%cubano dijo:

    Decir Jorge Pérez Ávila, es decir más que un médico, porque es expresión de humildad, tal y como él lo definió en este maravilloso artículo. El doctor Pérez Ávila es expresión de un profundo sentido de ser humano. Para mí él es un ser imprescindible de la medicina tropical cubana, un paradigma de la lucha contra la epidemia contra el VIH/SIDA, una esperanza para su erradicación definitiva de este flagelo en la humanidad. Creo que Cuba y el mundo, depositan en el doctor Jorge Pérez esa esperanza. Su sapiencia y valores humanos, son bendiciones, su existencia es sinónimo de amor por la vida. Un fuerte abrazo fraternal a mi doctor Jorge Pérez y que Dios lo bendiga. Le deseo mucha salud, larga vida y muchos éxitos en su vida personal-familiar y profesional.

  • leo dijo:

    Jorge perez avila.medico y profesor cubano.hijo de pedro perez y fina avila . Lo conoci personalmente en lawton ciuda habana.en casa de su madre fina.compartiamos un cafe diario .es una persona maravillosa.

  • leo dijo:

    Conosco personalmente cosas hechas por el doctor jorge perez .que demuestran su amor por la humanidad.y su profesionalidad.increíble

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Flor de Paz

Flor de Paz

Periodista cubana y artista de la plástica.

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