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Y después de tanta lluvia, ¿qué es de la vida del hombre pararrayos de Las Tunas?

En este artículo: Cuba, Curiosidades, Electricidad
9 diciembre 2013 | 22 |

Después de las intensas lluvias que asolaron al país, Cubadebate publica un reportaje que nos hizo llegar el periodista de Las Tunas -ciudad del Oriente de la Isla-, Juan Morales Agüero, donde relata con lujo de detalles qué ha sido de la vida del “hombre pararrayos”, el campesino que ha sobrevivido a seis descargas eléctricas durante fuertes temporales y está aquí para hacer el cuento.

Jorge Márquez, el hombre que ha sido golpeado seis veces por los rayos. Foto: Miguel Díaz y Leonardo Mastrapa

Jorge Márquez, el hombre que ha sido golpeado seis veces por los rayos.

Por Juan Morales Agüero

Fotos: Miguel Díaz y Leonardo Mastrapa

La mala fortuna que hostigó toda la vida al comandante inglés James Summerford es como para persignarse. En febrero de 1918, en plena Primera Guerra Mundial. Peleaba él junto a sus hombres en Flandes cuando, de súbito, un rayo lo derribó de su montura. Se salvó en tablitas. Pero sus piernas no volvieron jamás a ser las mismas.

Summerford decidió irse a la ciudad de Vancouver. Una tarde de 1924, mientras pescaba con su caña desde la orilla de un río, un rayo despedazó el árbol bajo cuya sombra había buscado cobija. La descarga eléctrica no tuvo piedad: le paralizó el lado derecho del cuerpo.

Seis años después, el otrora oficial estaba tan mejorado que hasta se permitía dar cortos paseos. Andaba una mañana en ese menester cuando la luz de un relámpago le puso la carne de gallina. Un rayo bramó a su lado. Summerford lo sintió zarandearle el cuerpo y el alma. Quedó con vida, pero solo para eternizarse sobre una silla de ruedas.

La muerte –ineludible y categórica- resolvió llamarlo a sus filas en 1932. Si el antiguo comandante creía que con el descanso eterno los meteoros lo dejarían en paz, se equivocaba. Cuatro almanaques después -¡ay!-, una centella hizo explosión sobre el camposanto. ¿A que no adivinan qué hizo trizas? ¡Pues el panteón del comandante Summerford!

Relámpago introductorio

Historias como la anterior parecen absurdas. ¡Pero son reales! Varios sitios en Internet registran otras igualmente inauditas. Como la del rayo que fulminó a un hombre en el jardín de su casa italiana, en 1899. Su hijo murió de la misma forma y lugar 30 años después. En 1949, el nieto de la primera víctima e hijo de la segunda, también pereció en idénticas circunstancias. Sencillamente desconcertante.

En todos los casos, los afectados estaban en áreas abiertas. El mayor desastre causado por un rayo ocurrió, precisamente, al aire libre, durante una tormenta en Egipto. Cayó sobre un depósito de petróleo, en la cima de una loma, y lo incendió. La explosión generó un chorro de fuego que llegó a la aldea de Asiut. Murieron 265 personas.

Los expertos aseguran que la cifra global de víctimas ocasionadas por los rayos es de unos mil al año. Eso a pesar de que, según el sitio web Afinidad Eléctrica«cada día se generan más de ocho millones de esos meteoros». La probabilidad de que uno impacte a alguien es de una por 600 000. Y eso puede suceder mientras uno barre, conversa, viaja, lee o practica deportes. Por cierto, desde 1959, los rayos han matado en Estados Unidos a 2550 jugadores de golf, quienes, con sus palos «pararrayos», son propensos a ser alcanzados por sus descargas.

Otros portales aseguran que, como norma, el 10 por ciento de los impactos por rayo resulta fatal. Y a 90 de cada 100 sobrevivientes les transfiere parálisis, pérdida de memoria, trastornos síquicos, rotura del tímpano, cambios de personalidad, lesiones en la retina, paros cardiorrespiratorios, aumento de la temperatura corporal…

De cualquier forma, salir con vida luego de recibir la acometida de un rayo es algo como para contar a los nietos. Máxime cuando se sabe que puede alcanzar una temperatura de 28 000 grados centígrados, y descargar una potencia eléctrica suficiente como para iluminar toda una ciudad de mediano tamaño.

Un campesino tunero es uno de esos afortunados mortales. Sobrevivió al impacto de seis rayos y su casa ha sido blanco de 15 de ellos en los últimos dos años. Los invito a conocer su pasmosa biografía.

RELATORÍA DEL ESPANTO

"Ese rayo me perforó los tímpanos", relata Jorge Márquez.

“Ese rayo me perforó los tímpanos”, relata Jorge Márquez.

Fui a buscar a Jorge Márquez a su lugar de residencia, en el poblado de La Julia, al lado del puertopadrense San Manuel. «Anda para el trabajo –me informó su mujer-. No, no tengo idea de cuándo vendrá. A veces llega tarde. Si quiere esperarlo…». Y me ofreció un sillón.

Como no andaba abundante de tiempo, opté por volver sobre mis pasos. Pero era mi día de suerte. En una curva, nuestro vehículo se cruzó con un tractor que venía en dirección contraria. «¡Ehh, Márquez, pare un momento!», grité al divisar al timón a un hombre mediano y canoso, tal y como me lo habían descrito. Se detuvo y echó pie a tierra.

Nos saludamos como viejos conocidos. «Bueno, usted dirá», expresó. Le comuniqué, en pocas palabras, mi pretensión. «Me lo imaginada –dijo-. Viene a que le hable de los rayos. ¡Pues para luego es tarde!». Y ambos nos sentamos sobre la hierba fresca, a la vera del camino.

-Me llamo Jorge Márquez y eché los dientes en esta zona –precisa-. Nací el 10 de julio de 1947. Ahora tengo 66 años de edad. Soy pequeño agricultor, socio de una Cooperativa de Créditos y Servicios. Aquí fui una vez Vanguardia Nacional. Estoy casado y tengo tres hijos.

«El primer rayo fue el 5 de junio de 1982, en Santa Bárbara, aquí cerca –recuerda-. Se metió por el tubo de escape del tractor. Sentí enseguida en el cuerpo una frialdad como cuando entras a un lugar con aire acondicionado. Íbamos tres, pero nada más me afectó a mí.

«Caí redondito. Los otros gritaban: ´¡Corran, que el trueno jodió a Márquez!´ Como me estaba poniendo morado, uno de ellos, hijo del doctor Guillén, picó un trozo de caña, me abrió la boca y me atravesó el canuto entre los dientes. Así logró sacarme la lengua para que respirara. Estuve más de un día sin conocimiento en el hospital.

«Ese rayo me perforó los tímpanos y durante un tiempo no pude mover la mano derecha. Además, me quemó la espalda desde el huesito de la alegría hasta el cuello. El pelo me cogió candela como si lo hubieran prendido con alcohol y fósforos. Ahhh, ¡y no me dejó un empaste sano! Al tractor le fastidió la tapa del block, los espárragos…»

Lo que quizás Jorge Márquez tuvo por una jugarreta de la fatalidad, se repitió el 2 de junio de 1987, de nuevo en Santa Bárbara.

-Estaba de visita en casa de un amigo y en eso un aguacero –evoca-. Me asomé a la puerta para ver si escampaba. Y en eso, el fogonazo. Sentí que me recorría un cosquilleo raro. Y un sonido como el del hierro caliente al mojarse en el agua. Me tumbó y de nuevo tuvieron que acomodarme la lengua. Recuperé el sentido en el hospital.

Márquez, comenzó a preocuparse. «¿Tendrá algo mi cuerpo que atrae los rayos», se preguntó. Andaba todavía a la caza de la respuesta cuando una llamarada celeste lo llevó a la «lona» por tercera vez, ahora en el círculo social de San Manuel. Era el 23 de junio de 1987.

-Parece que solo me cogió de refilón, porque, aunque me tiró, no perdí el sentido como las otras veces –dice-. Aunque luego tuve dolor de articulaciones y dificultades para respirar. Lo raro es que no había ni una nube. Quemó uno de los transformadores de la zona.

«El cuarto rayo me tomó de sorpresa sembrando maíz en mi finquita, el 8 de julio de 1991 –recuerda-. Y el quinto, en 1998, mientras caminaba por el patio de la casa. Fueron los más débiles, pues casi no me afectaron. Y no porque cayeran lejos, sino porque parece que ya mi cuerpo se iba adaptando, si es que eso puede ser posible».

Márquez se acuerda como si fuera hoy de las consecuencias del sexto y ¿último? rayo inscripto en su insólito currículo. Se le abalanzó el 13 de junio de 2005, dentro de su propia vivienda en La Julia.

-Aquello fue el acabóse –afirma-. Fíjese que achicharró el televisor, el mando y toda la cablería de la casa. También fundió los bombillos de 220 voltios. En el patio mató una palma real y una guásima enorme. A mí me dejó abierta una mano y me resintió el tímpano derecho.

Revelaciones de un afortunado

Hombre pararrayos

Jorge Márquez.

Luego de que Márquez me hiciera la relatoría de los seis rayos el diálogo tomó por otros derroteros, aunque sin abandonar el tema. Para mi sorpresa, mi entrevistado resultó un excelente conversador, capaz de combinar muy bien en sus parlamentos la seriedad con el humor.

-¿Médicos? He visto a unos cuantos –atestigua-. Ninguno me ha dado una explicación que me convenza. Unos dicen que los rayos me caen por culpa de mi pelo. Otros culpan a mi sangre… Pero, en definitiva, nada que me permita saber por qué esos diablos coloraos me persigan. Antes de morirme quisiera que alguien investigara eso con profundidad.

«¿Miedo? ¡Pues claro que siento miedo! Siempre que comienza a llover me encomiendo a Dios. Yo siento los truenos antes de que caigan. ¡La carne me vibra! Se lo digo a otros y nunca me creen. Muchos piensan que estoy loco. Entonces, cuando caen, dicen: ´Márquez tenía razón´.

«Si estoy dentro de la casa y comienza a tronar, no hay quien me haga salir –comenta-. ¡Quieto en base! Algunas veces me han cogido de sorpresa en descampado. Enseguida trato de protegerme bajo techo, por si acaso. Porque tengo dulce para el ataque de esos malandrines.

«La sensación que uno siente cuando le cae un rayo es distinta a cuando lo coge la corriente. Una vez me bajé del tractor a alzar el arado. Y en eso sentí un ruido. Era que el arado había caído sobre un cable de 440 voltios que estaba en el suelo. EL fututazo reventó el radiador. A mí no me hizo nada, porque me aislé. No puedo explicármelo.

«¿Mi salud? Bueno, duermo poco. Ya llevo mucho tiempo así. Y padezco de un calor horrible. A veces, acabado de bañar, me empapo en sudor. Me sale un vapor del cuerpo como si tuviera una temperatura de 39 ó 40 grados. Sin embargo, me ponen el termómetro y la tengo normal.

«Por aquí la gente me conoce por Pararrayos. Me llaman así y yo respondo. ¿Entrevistas? Me han hecho varias. Los periodistas se sorprenden de mi buena suerte. También es mala suerte. Porque no es agradable estar expuesto a que una centella te parta la crisma.

«Cuando salgo por ahí, me identifican enseguida. Sí, esos seis rayos me han hecho famoso. Pero le diré algo: yo no hubiera querido serlo por esa causa. Me hubiera gustado más por ser un gran jonronero en la pelota, o por tener mucho dinero, o por gozar de buena salud…

«Todo lo que le he contado es cierto. Alguien puede pensar que soy un fantasioso. Pero se equivoca. Los católicos no mentimos. Soy un hombre de fe, y la Biblia dice que no se debe mentir. Pregúntele a la gente de la zona para que compruebe que lo que digo es verdad.

«¿Anécdotas? Tengo muchas. Le contaré una que me hace reír. Mire, varias mujeres con las que jaraneo me preguntan, pícaramente, que si los rayos no me han afectado aquello, ¿usted entiende…? Es decir, quieren saber… ¡si el caballo relincha! Yo les respondo que sí, que el caballo relincha y que está entero. La gente es maliciosa y chivadora. No lo hacen por nada malo, sino por divertirse un rato».

Epílogo entre centellas

Hombre pararrayos (4)

“Ese rayo me perforó los tímpanos”, relata Jorge Márquez.

Y ahora préstenle atención a esta extraordinario historia:
Cleveland Sullivan, guarda forestal nacido en Estados Unidos, lo conocieron en su país con el seudónimo de «El Pararrayos Humano», por haber sido alcanzado siete veces en 36 años por esos meteoros.

El primer rayo lo impactó en 1942. Por su causa perdió el dedo gordo de un pie. Pasados 27 años, un segundo rayo le chamuscó las cejas. El año siguiente, 1970, un tercer rayo le abrasó el hombro izquierdo.

En 1972, el cuarto rayo le incendió a Sullivan el cabello y le dejó la cabeza como una bola de billar. Desde entonces el hombre comenzó a llevar una gran vasija con agua en el interior de su automóvil.

El 7 de agosto de 1973, el pelo ya crecido del guarda forestal volvió a ser pasto de las llamas: un rayo le atravesó el sombrero, lo lanzó tres metros fuera del coche y le arrancó de cuajo los zapatos.
Sullivan fue alcanzado por sexta vez el 5 de junio de 1976. Salió con un tobillo lastimado. El séptimo rayo data del 25 de junio de 1977, mientras pescaba. Tuvo quemaduras en el estómago y el pecho.

El infortunado hombre murió el 28 de septiembre de 1983. Dos de sus sombreros, carbonizados en la copa por los rayos, se exhiben en un museo de los récords Guinness, en Nueva York.
La historia de Jorge Márquez puede aspirar a iguales lauros.

«Le puedo asegurar es que conmigo no funciona esa maldición que dice: ´¡ojalá que te parta un rayo!´ Seis lo intentaron. Y nada.

Se han publicado 22 comentarios



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  • Hugo Andrés Govin Díaz dijo:

    Oigan, ¡¡la OBE de Las Tunas debe ponerle “anclaje a tierra” a este hombre inmediatamente!!

  • kvf dijo:

    que suerte tiene ese hombre de estar contando el cuento de los rayos

  • El Trueno dijo:

    Candelaaaaa a la verdad que ha tenido mas suerte que la Puerca de Paneque pues eso se ve bien poco, tremendo eso, que se cuide del otro porque a la verdad que lo persiguen..

  • Mark dijo:

    El cuarto rayo me tomó de sorpresa sembrando maíz en mi finquita, el 8 de julio de 1998 –recuerda-. Y el quinto, en 1991, mientras caminaba por el patio de la casa. Fueron los más débiles, pues casi no me afectaron.

    NO ENTIENDO PK 1998 primero y luego 1991 por favor arreglen eso

    • lila dijo:

      mi vida ponte espejuelos por que ahi dice 1988, o lo que quieres es causar mal debate, es verdad que aqui hay gente para todo….

  • felito dijo:

    El cuarto, el 8 de julio de 1998
    Y el quinto, en 1991
    Nació en 1947 y tiene 64 años.
    Esto es mentira o los que escribieron aquí no saben nada de matemática.
    Me disculpan.

  • AB dijo:

    el periodista debe ahber estado loco por terminar la entrevista.

  • Lía dijo:

    Por favor, lean bien el texto y aqui incluyo al propio periodista, el cuarto rayo fue en 1988 y el quinto en el 91. Se debe leer bien antes de ponerse a criticar boberias. Además se trata de una entrevista muy simpática y amena.
    El cuarto rayo me tomó de sorpresa sembrando maíz en mi finquita, el 8 de julio de 1988 –recuerda-. Y el quinto, en 1991, mientras caminaba por el patio de la casa. Fueron los más débiles, pues casi no me afectaron. Y no porque cayeran lejos, sino porque parece que ya mi cuerpo se iba adaptando, si es que eso puede ser posible».

  • RRC dijo:

    Se lee claramente 1988 Mark, Felito me surgió la misma duda. De todas formas el Tunero es una antorcha.

  • lokip dijo:

    uf este debe de ser recargable porque si no explota jejejeje

  • Do Carmo dijo:

    Vaya…vaya… ¿que dicen los expertos?¿por qué no revisar las fechas? ¿donde estuvo por dos años? Nacio en el 1947 y tiene 62 “·$%!!… ¿Habrá sido abducido por un rayo?

  • aSi2 dijo:

    Y por que no se muda ese infeliz?

  • Alfredo F. dijo:

    Para Felito y MarK…. Aprendan a leer o a saber de numeros..En el texto dice claramente k el 4to. rayo fue en 1988 y el 5to. en 1991…LEAN DETENIDAMENTE Y OFREZACN DISCULPAS POR LA ESTUPIDEZ K ESCRIBIERON….

    «El cuarto rayo me tomó de sorpresa sembrando maíz en mi finquita, el 8 de julio de 1988 –recuerda-. Y el quinto, en 1991, mientras caminaba por el patio de la casa.

    • felito dijo:

      Alfredo F.
      Cuando yo leí estaba mal, hoy viernes 13 vuelvo a leer y veo que lo arreglaron.
      Me enseñaron a leer desde chiquito y no digo estupideces.
      Parece que usted será quien tenga que aprender a leer o por lo menos usar espejuelos, porque ahora no dice 1988, dice 1998.
      Saludos.

  • de la Rua ( Rey) dijo:

    Primero que todo respeten para que los respeten.
    En cuanto al hombre “pararrayos humanos” de Virginia EE.UU. lo único que le faltó al periodista fue decir que este no murió de un rayo; sino que se suicidó en septiembre de 1983, al parecer por haber sido rechazado por la mujer de quién estaba muy enamorado (tomado libros de records guinness).
    Otro punto que estoy muy de acuerdo con el entrevistado. ¿Por qué le tocan a él los sucesos? y además no muere!! (Taladrí podría quizás realizar un programa con este tema); quién les escribe es médico de un hospital en La Habana y todos los años atiende a personas de cualquier edad por lo mismo y hasta ahora todos han muerto sobre todo por PCR de origen cardiovascular (arritmias cardiacas como TV o FV) siendo muy angustiante no poder salvarles la vida.
    Para finalizar creo que pronto tendremos otro records guinness en nuestra isla (chiquita pero única en muchas cosas).
    Además, interesante artículo, felicidades……

  • Michel CR7 dijo:

    Cavilla y candela ese tipo no aguanta orta más.Hola a todos los usuarios.

  • DAVID dijo:

    La tragedia aqui relatada me aporta grandes carcajadas terapeuticas

  • IRENE dijo:

    «El cuarto rayo me tomó de sorpresa sembrando maíz en mi finquita, el 8 de julio de 1991 –recuerda-. Y el quinto, en 1998, mientras caminaba por el patio de la casa.
    QUE YO SEPA PRIMERO VA EL 1991 Y DESPUES EL 1998.

  • HUGOSTG dijo:

    No es necesario gastar correo en lo de la fecha y vamos a lo interesante y sus posibles causales.Eso es parecido a personas que cogen con sus manos dos cables de 110 y lo mantienen como si nada.Incluso tocan la 220. Dicen que su cuerpo contiene en celulas y fluidos alta concentración de hierro u otro metal conductor.Hay personas que un corrientazo de 12 volt casi los desmaya. Un vacuno con una cerca de pelos con electricidad de 6¡12 volt ni se atreven a tocarlo, Hay vaquerias que han usado ese tipo de cerca con muy pocos pelo y controlan el ganado. Mientras el cuerpo humano es más conductor,
    entonces le ofrece poca resisterncia a la circulacón de una corriente. Mientras menos resistencia menos calor despide. Me imagino que cuando llega al zapato entonces la corriente necesita continuar hacia algún lugar con su potencia y es donde se produce un **salto de corriente desde el zapato al conductor más cercano, que puede ser el piso, un objeto metálico, etc y ese salto bruzco le arranca el zapato y el pie. No conozco caída de rayo durante la lluvia y la tormenta a muchos ómnibus que transitan en el momento y llenos de pasajeros. Se plantean que las gomas aislan el polo negativo-tierra- del positivo -nube- y por ende la carga eléctrica positiva de la nube busca otro lugar y objeto.Si alguien conoce la muerte de un grupo de personas en viaje en omnibus o autos producto a un rayo me sería interesante conocerlo. Si estuve en un lugar que cayó un rayo sobre un blidado militar durante una tormenta y hubo 2 muertos y algún que otro herido.
    Estuve en un vuelo fuera de Cuba en donde nuestro avion fue tocado por un rayo y la pasamos muy mal.Todo indicaba que era el fin. El avión quedó sin sustentación de aire-lo que posteriormente produce el trueno cuando nuevas masas de aires ocupan el vacío que se forma durante el paso de la descarga. Es nuestro comentario. Lo que si está claro es que el que no se cuida con conocimiento ante una tormenta eléctrica se enreda en el dicho …**lo partió un rayo.**

  • José Molina Vidal dijo:

    Este relato es muy, muy interesante.-
    Tan interesante como los que tienen la capacidad de “dar con fuentes de agua” con la simple ayuda de un pedazo de alambre o una ramita sujeta entre las manos, y se denominan “Zaories”.-
    Pero Ud. en su relato ha expresado que sufre de “sudoraciones”.- Amigo Juan Morales Agüero el ser humano es como una batería de carro, lo que equivale a decir que funciona mediante electricidad, y el agua es la que logicamente conforma el electrolito en el cuerpo. Hace unos años se dió el caso en los EE. UU. según “El Nuevo Herald”, de una cuidadora que le dió a beber tanta agua a la niña que cuidaba que le produjo la muerte (sencillamente le alteró su sistema eléctrico biológico, y hasta aquí llego yo).-
    Honestamente su caso es digno de ser estudiado por un equipo de especialístas, entre los cuales debe haber químicos, fisiólogos, físicos y medicos, porque existen en el organísmo las glándulas sudoríparas. No debería despreciarse esta oportunidad, mi país Cuba tiene tremendas cabezas y entendidos.-
    Tengo entendeido que el “rayo” va de la tierra a hacia las nubes, pero desde la distancia mas cerca que encuentre, por eso fué que cuando se cobijó bajo un árbol, ja, ja, al árbol fue al que le cayó; “libraste en esa”. Pero realmente le estaba buscando a Ud.-
    Voy a guardar éste artículo mis saludos Juan. Gracias Molina

  • José Molina Vidal dijo:

    Perdón no es Zaories, sino “Zahories” (lleva h). Gracias de nuevo Molina

  • José Molina Vidal dijo:

    Perdón no es Zaories sino “Zahories” (con h). Gracias de nuevo, Molina

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