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Papa encabeza multitudinaria celebración en Copacabana

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El Papa es aclamado por  la multitud reunida en Copacabana. 25 de julio de 2013

El Papa es aclamado por la multitud reunida en Copacabana. 25 de julio de 2013

Más de un millón de personas invadieron hoy la arena y el paseo de la playa Copacabana en Río de Janeiro para participar junto con el papa Francisco en la fiesta de acogida de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) católica.

Francisco saludó a los millones de jóvenes de más de 100 naciones congregados en esta actividad que se realizó bajo una persistente llovizna y una fría brisa, pidió a los jóvenes buscar una felicidad basada en los valores de justicia social, solidaridad y honradez, y evitar la embriaguez que ofrece el dinero y el poder.

Reclamó el esfuerzo de toda la juventud para cambiar el mundo y acabar con las desigualdades e inequidades sociales.

El santo padre rememoró que JMJ se celebra por segunda vez a América Latina, pues el primer encuentro fue Buenos Aires en 1978, y envío un saludo Benedicto XVI, quien -dijo- fue el que convocó a este evento en esta ciudad.

Previo a este acto, el máximo representante de la iglesia católica se reunió con cinco mil argentinos en la catedral metropolitana de Río, a donde llegó en el papamóvil y recibió una cálida bienvenida de los cariocas.

Durante la mañana, visitó la favela Varginha, ingresó a una vivienda, compartió con una familia y recibió a un habitante de esa favela, quien calificó de histórica su presencia ahí, donde residen "los olvidados por la sociedad y por el poder público".

Tras realizar un recorrido a pie por ese barrio pobre, Francisco criticó la corrupción y señaló que nadie debe permanecer indiferente ante las desigualdades que aún existen en el mundo

"No es la cultura del egoísmo, del individualismo, que muchas veces regula nuestra sociedad, la que construye y lleva a un mundo más habitable, sino la cultura de la solidaridad; no ver en el otro un competidor o un número, sino un hermano", aseveró ante 25 mil personas reunidas en una cancha de fútbol de esa favela.

El pontífice destacó asimismo la generosidad del pueblo brasileño, especialmente las personas más sencillas que, pueden dar al mundo una valiosa lección de solidaridad, una palabra, -dijo- con frecuencia olvidada u omitida.

Según la agenda del Vaticano, el santo padre asistirá a un vía crucis con los jóvenes en el paseo marítimo de Copacabana a Río de Janeiro y participará en otras actividades religiosas.

Se han publicado 12 comentarios



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  • r@f@ dijo:

    bien por el papa fco. que dios le de mucha salud y que le permita hacr todas las cosas que desea hacer aqui.

  • Amyas_el_pollo dijo:

    Gracias a Dios por este regalo que significa el papa francisco, una ves mas la barca de Pedro sobrevive a los embates del Mal, larga vida al papa francisco!!!!!

  • G. Bruno dijo:

    Se estima que la visita del Papa le costo a Brasil mas de 50 millones de dolares, mientras que las favelas continuan tan pauperrimas como siempre y seguiran en extrema pobreza por muchos besos que le den al papa en su mano.
    "Dadle un anzuelo a un hombre y comera toda una vida.
    Daldle religion y morira rezando por un pescado."

    • HectorAR dijo:

      Dice la biblia, "vivirás del sudor de tu frente"
      Si se espera las cosas del cielo, mejor comprate para que las vayas a buscar personalmente porque no funciona así la cosa.
      Tu le pides a Dios lo que quieras, pero tienes que poner de tu esfuerzo e interés.
      Yo tampoco entiendo esa gastadera de dinero por la visita del "representante de Dios en la tierra", el otro día criticando a uno de los suyos porque tenia el carro del año, y ahora un pais tiene que gastar 50 millones para sus vacaciones hablando portuguez.

  • Nelson Martínez Núñez dijo:

    ¿Entonces G.Bruno?

    ¡¡Me parece que el que continúen las favelas en Brasil es cosa del gobierno brasileñoy de una política que determine acabar con la pobreza en ese país!!

    ¿Qué es lo que te molesta? ¿Que el Papa haya visitado a Brasil, el país con la mayor población católica del mundo?

    Si de cotos hablamos para Brasil me parece que mas que la visita del Papa a ese país le costaran muchísimo mas las Olimpiadas y el Mundial de la FIFA, pero de eso Ud no ha hablado.

    Termino con una frase tal como Ud terminó en su comentario:

    "No hay Religión mas sublime que la del crucificado" José Martí.

    • pepito92 dijo:

      Una respuesta muy a la medida de aquel que no tiene medida de lo que habla.
      Muy bien por la frase del Apóstol de TODOS LOS CUBANOS.

  • Nelson Martínez Núñez dijo:

    Una cuenta muy sencilla:

    Brasil, pais con mayor número de católicos a nivel mundial, tiene alrededor de 164 millones de personas que profesan esa fe.

    Suponiendo que esas personas donen $1.00 cada una de ellas, entonces Brasil tiene para pagar 3 visitas del Papa y aun les sobraría dinero. Todo ello sin afectar al dinero del Estado.

    El pasado 25 de Julio del año en curso el canal multinacional de noticias Telesur publicó un reportaje donde se mostraba una favela a la cual no se le recogían los desechos de sus calles desde hacía muchísimos años, por primera vez el Estado de Brasil se dignó a recoger la basura acumulada y todo ello en conmemoración a la visita del Papa. Los pobladores estaban muy contentos con ese evento y pedían que NUNCA se fuera el Papa pues aseguraban que todo volvería a la "normalidad", es decir que volvería la basura a sus calles.

    ¿No tiene el Estado la obligación de recoger las insalubridades de las calles? ¿Es que Brasil siendo la sexta economía mundial, no tiene dinero para darse el "lujo" de organizar una visita del Papa sin que eso afecte las arcas estatales? ¿O es que el Estado Brasileño no ha desarrollado un verdadero programa para acabar con la pobreza sean cual sean las causas?

  • Francisco Rivero dijo:

    Al editor de Cubadebate seria de agradecer que ustedes consideraran la posibilida de editar de forma integra tres alocuciones del Papa Francisco, la primera dirigida a los jovenes argentinos participantes en estas jornadas de la juventud en la Catedral de Rio, la segunda en este mismo lugar a los representantes religiosos y la tercera la expresada a la representaciones civiles y publicas en el Teatro Municipal de Rio.

    Un saludo fraterno

  • Francisco Rivero dijo:

    Aqui adjunto en este comentario las palabras del Santo Padre dirigida a los representantes religiosos en Rio de Janeiro.
    Un saludo cordial

    SANTA MISA CON LOS OBISPOS DE LA XXVIII JMJ
    Y CON LOS SACERDOTES, RELIGIOSOS Y SEMINARISTAS

    HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO

    Catedral de San Sebastián, Río de Janeiro
    Sábado 27 de julio de 2013

    Amados hermanos en Cristo,

    Viendo esta catedral llena de obispos, sacerdotes, seminaristas, religiosos y religiosas de todo el mundo, pienso en las palabras del Salmo de la misa de hoy: «Que las naciones te glorifiquen, oh Señor» (Sal 66).

    Sí, estamos aquí para alabar al Señor, y lo hacemos reafirmando nuestra voluntad de ser instrumentos suyos, para que alaben a Dios no sólo algunos pueblos, sino todos. Con la misma parresia de Pablo y Bernabé, queremos anunciar el Evangelio a nuestros jóvenes para que encuentren a Cristo y se conviertan en constructores de un mundo más fraterno. En este sentido, quisiera reflexionar con ustedes sobre tres aspectos de nuestra vocación: llamados por Dios, llamados a anunciar el Evangelio, llamados a promover la cultura del encuentro.

    1. Llamados por Dios. Creo que es importante reavivar siempre en nosotros este hecho, que a menudo damos por descontado entre tantos compromisos cotidianos: «No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes», dice Jesús (Jn 15,16). Es un caminar de nuevo hasta la fuente de nuestra llamada. Por eso un obispo, un sacerdote, un consagrado, una consagrada, un seminarista, no puede ser un desmemoriado. Pierde la referencia esencial al inicio de su camino. Pedir la gracia, pedirle a la Virgen, Ella tenía buena memoria, la gracia de ser memoriosos, de ese primer llamado. Hemos sido llamados por Dios y llamados para permanecer con Jesús (cf. Mc 3,14), unidos a él. En realidad, este vivir, este permanecer en Cristo, marca todo lo que somos y lo que hacemos. Es precisamente la «vida en Cristo» que garantiza nuestra eficacia apostólica y la fecundidad de nuestro servicio: «Soy yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea verdadero» (Jn 15,16). No es la creatividad, por más pastoral que sea, no son los encuentros o las planificaciones los que aseguran los frutos, si bien ayudan y mucho, sino lo que asegura el fruto es ser fieles a Jesús, que nos dice con insistencia: «Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes» (Jn 15,4). Y sabemos muy bien lo que eso significa: contemplarlo, adorarlo y abrazarlo en nuestro encuentro cotidiano con él en la Eucaristía, en nuestra vida de oración, en nuestros momentos de adoración, y también reconocerlo presente y abrazarlo en las personas más necesitadas. El «permanecer» con Cristo no significa aislarse, sino un permanecer para ir al encuentro de los otros. Quiero acá recordar algunas palabras de la beata Madre Teresa de Calcuta. Dice así: «Debemos estar muy orgullosos de nuestra vocación, que nos da la oportunidad de servir a Cristo en los pobres. Es en las «favelas», en los «cantegriles», en las «villas miseria» donde hay que ir a buscar y servir a Cristo. Debemos ir a ellos como el sacerdote se acerca al altar: con alegría» (Mother Instructions, I, p. 80). Hasta aquí la beata. Jesús es el Buen Pastor, es nuestro verdadero tesoro, por favor, no lo borremos de nuestra vida. Enraicemos cada vez más nuestro corazón en él (cf. Lc 12,34).

    2. Llamados a anunciar el Evangelio. Muchos de ustedes, queridos Obispos y sacerdotes, si no todos, han venido para acompañar a los jóvenes a la Jornada Mundial de la Juventud. También ellos han escuchado las palabras del mandato de Jesús: «Vayan, y hagan discípulos a todas las naciones» (cf. Mt 28,19). Nuestro compromiso de pastores es ayudarles a que arda en su corazón el deseo de ser discípulos misioneros de Jesús. Ciertamente, muchos podrían sentirse un poco asustados ante esta invitación, pensando que ser misioneros significa necesariamente abandonar el país, la familia y los amigos. Dios quiere que seamos misioneros. ¿Dónde estamos? Donde Él nos pone: en nuestra Patria, o donde Él nos ponga. Ayudemos a los jóvenes a darse cuenta de que ser discípulos misioneros es una consecuencia de ser bautizados, es parte esencial del ser cristiano, y que el primer lugar donde se ha de evangelizar es la propia casa, el ambiente de estudio o de trabajo, la familia y los amigos. Ayudemos a los jóvenes. Pongámosle la oreja para escuchar sus ilusiones. Necesitan ser escuchados. Para escuchar sus logros, para escuchar sus dificultades, hay que estar sentados, escuchando quizás el mismo libreto, pero con música diferente, con identidades diferentes. ¡La paciencia de escuchar! Eso se lo pido de todo corazón. En el confesionario, en la dirección espiritual, en el acompañamiento. Sepamos perder el tiempo con ellos. Sembrar cuesta y cansa, ¡cansa muchísimo! Y es mucho más gratificante gozar de la cosecha… ¡Qué vivo! ¡Todos gozamos más con la cosecha! Pero Jesús nos pide que sembremos en serio. No escatimemos esfuerzos en la formación de los jóvenes. San Pablo, dirigiéndose a sus cristianos, utiliza una expresión, que él hizo realidad en su vida: «Hijos míos, por quienes estoy sufriendo nuevamente los dolores del parto hasta que Cristo sea formado en ustedes» (Ga 4,19). Que también nosotros la hagamos realidad en nuestro ministerio. Ayudar a nuestros jóvenes a redescubrir el valor y la alegría de la fe, la alegría de ser amados personalmente por Dios. Esto es muy difícil, pero cuando un joven lo entiende, un joven lo siente con la unción que le da el Espíritu Santo, este "ser amado personalmente por Dios" lo acompaña toda la vida después. La alegría que ha dado a su Hijo Jesús por nuestra salvación. Educarlos en la misión, a salir, a ponerse en marcha, a ser callejeros de la fe. Así hizo Jesús con sus discípulos: no los mantuvo pegados a él como la gallina con los pollitos; los envió. No podemos quedarnos enclaustrados en la parroquia, en nuestra comunidad, en nuestra institución parroquial o en nuestra institución diocesana, cuando tantas personas están esperando el Evangelio. Salir, enviados. No es un simple abrir la puerta para que vengan, para acoger, sino salir por la puerta para buscar y encontrar. Empujemos a los jóvenes para que salgan. Por supuesto que van a hacer macanas. ¡No tengamos miedo! Los apóstoles las hicieron antes que nosotros. ¡Empujémoslos a salir! Pensemos con decisión en la pastoral desde la periferia, comenzando por los que están más alejados, los que no suelen frecuentar la parroquia. Ellos son los invitados VIP. Al cruce de los caminos, andar a buscarlos.

    3. Ser llamados por Jesús, llamados para evangelizar y, tercero, llamados a promover la cultura del encuentro. En muchos ambientes, y en general en este humanismo economicista que se nos impuso en el mundo, se ha abierto paso una cultura de la exclusión, una «cultura del descarte». No hay lugar para el anciano ni para el hijo no deseado; no hay tiempo para detenerse con aquel pobre en la calle. A veces parece que, para algunos, las relaciones humanas estén reguladas por dos «dogmas»: eficiencia y pragmatismo. Queridos obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, y ustedes, seminaristas que se preparan para el ministerio, tengan el valor de ir contracorriente de esa cultura. ¡Tener el coraje! Acuérdense, y a mí esto me hace bien, y lo medito con frecuencia. Agarren el Primer Libro de los Macabeos, acuérdense cuando quisieron ponerse a tono de la cultura de la época. “¡No...! ¡Dejemos, no…! Comamos de todo como toda la gente… Bueno, la Ley sí, pero que no sea tanto…” Y fueron dejando la fe para estar metidos en la corriente de esta cultura. Tengan el valor de ir contracorriente de esta cultura eficientista, de esta cultura del descarte. El encuentro y la acogida de todos, la solidaridad, es una palabra que la están escondiendo en esta cultura, casi una mala palabra, la solidaridad y la fraternidad, son elementos que hacen nuestra civilización verdaderamente humana.

    Ser servidores de la comunión y de la cultura del encuentro. Los quisiera casi obsesionados en este sentido. Y hacerlo sin ser presuntuosos, imponiendo «nuestra verdad», más bien guiados por la certeza humilde y feliz de quien ha sido encontrado, alcanzado y transformado por la Verdad que es Cristo, y no puede dejar de proclamarla (cf. Lc 24,13-35).

    Queridos hermanos y hermanas, estamos llamados por Dios, con nombre y apellido, cada uno de nosotros, llamados a anunciar el Evangelio y a promover con alegría la cultura del encuentro. La Virgen María es nuestro modelo. En su vida ha dado el «ejemplo de aquel amor de madre que debe animar a todos los que colaboran en la misión apostólica de la Iglesia para engendrar a los hombres a una vida nueva» (Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, 65).

    Le pedimos que nos enseñe a encontrarnos cada día con Jesús. Y, cuando nos hacemos los distraídos, que tenemos muchas cosas, y el sagrario queda abandonado, que nos lleve de la mano. Pidámoselo. Mira, Madre, cuando ande medio así, por otro lado, llévame de la mano. Que nos empuje a salir al encuentro de tantos hermanos y hermanas que están en la periferia, que tienen sed de Dios y no hay quien se lo anuncie. Que no nos eche de casa, pero que nos empuje a salir de casa. Y así que seamos discípulos del Señor.
    Que Ella nos conceda a todos esta gracia.

  • Francisco Rivero dijo:

    Aqui adjunto en este comentario las palabras del Santo Padre dirigida a la representaciones civiles y publicas en el Teatro Municipal de Rio de Janeiro.

    Un saludo cordial

    Excelencias,
    Señoras y señores.

    Buenos días.

    Doy gracias a Dios por la oportunidad de encontrar a una representación tan distinguida y cualificada de responsables políticos y diplomáticos, culturales y religiosos, académicos y empresariales de este inmenso Brasil.

    Hubiera deseado hablarles en su hermosa lengua portuguesa, pero para poder expresar mejor lo que llevo en el corazón, prefiero hablar en español. Les pido la cortesía de disculparme.

    Saludo cordialmente a todos y les expreso mi reconocimiento. Agradezco a Dom Orani y al Señor Walmyr Júnior sus amables palabras de bienvenida, de presentación y de testimonio. Veo en ustedes la memoria y la esperanza: la memoria del camino y de la conciencia de su patria, y la esperanza de que esta Patria, abierta a la luz que emana del Evangelio, continúe desarrollándose en el pleno respeto de los principios éticos basados en la dignidad trascendente de la persona.

    Memoria del pasado y utopía hacia el futuro se encuentran en el presente que no es una coyuntura sin historia y sin promesa, sino un momento en el tiempo, un desafío para recoger sabiduría y saber proyectarla. Quien tiene un papel de responsabilidad en una nación está llamado a afrontar el futuro «con la mirada tranquila de quien sabe ver la verdad», como decía el pensador brasileño Alceu Amoroso Lima («Nosso tempo», en A vida sobrenatural e o mondo moderno, Río de Janeiro 1956, 106). Quisiera compartir con ustedes tres aspectos de esta mirada calma, serena y sabia: primero, la originalidad de una tradición cultural; segundo, la responsabilidad solidaria para construir el futuro y, tercero, el diálogo constructivo para afrontar el presente.

    1. En primer lugar, es de justicia valorar la originalidad dinámica que caracteriza a la cultura brasileña, con su extraordinaria capacidad para integrar elementos diversos. El común sentir de un pueblo, las bases de su pensamiento y de su creatividad, los principios básicos de su vida, los criterios de juicio sobre las prioridades, las normas de actuación, se fundan, se fusionan y crecen en una visión integral de la persona humana.

    Esta visión del hombre y de la vida característica del pueblo brasileño ha recibido también la savia del Evangelio, la fe en Jesucristo, el amor de Dios y la fraternidad con el prójimo. La riqueza de esta savia puede fecundar un proceso cultural fiel a la identidad brasileña y a la vez un proceso constructor de un futuro mejor para todos.

    Un proceso que hace crecer la humanización integral y la cultura del encuentro y de la relación; ésta es la manera cristiana de promover el bien común, la alegría de vivir. Y aquí convergen la fe y la razón, la dimensión religiosa con los diferentes aspectos de la cultura humana: el arte, la ciencia, el trabajo, la literatura... El cristianismo combina trascendencia y encarnación; por la capacidad de revitalizar siempre el pensamiento y la vida ante la amenaza de frustración y desencanto que pueden invadir el corazón y propagarse por las calles.

    2. Un segundo punto al que quisiera referirme es la responsabilidad social. Esta requiere un cierto tipo de paradigma cultural y, en consecuencia, de la política. Somos responsables de la formación de las nuevas generaciones, ayudarlas a ser capaces en la economía y la política, y firmes en los valores éticos. El futuro exige hoy la tarea de rehabilitar la política, rehabilitar la política, que es una de las formas más altas de la caridad. El futuro nos exige también una visión humanista de la economía y una política que logre cada vez más y mejor la participación de las personas, evite el elitismo y erradique la pobreza. Que a nadie le falte lo necesario y que se asegure a todos dignidad, fraternidad y solidaridad: éste es el camino propuesto. Ya en la época del profeta Amós era muy frecuente la admonición de Dios: «Venden al justo por dinero, al pobre por un par de sandalias. Oprimen contra el polvo la cabeza de los míseros y tuercen el camino de los indigentes» (Am 2,6-7). Los gritos que piden justicia continúan todavía hoy.

    Quien desempeña un papel de guía, permítanme que diga, aquel a quien la vida ha ungido como guía, ha de tener objetivos concretos y buscar los medios específicos para alcanzarlos, pero también puede existir el peligro de la desilusión, la amargura, la indiferencia, cuando las expectativas no se cumplen. Aquí apelo a la dinámica de la esperanza que nos impulsa a ir siempre más allá, a emplear todas las energías y capacidades en favor de las personas para las que se trabaja, aceptando los resultados y creando condiciones para descubrir nuevos caminos, entregándose incluso sin ver los resultados, pero manteniendo viva la esperanza, con esa constancia y coraje que nacen de la aceptación de la propia vocación de guía y de dirigente.

    Es propio de la dirigencia elegir la más justa de las opciones después de haberlas considerado, a partir de la propia responsabilidad y el interés del bien común; por este camino se va al centro de los males de la sociedad para superarlos con la audacia de acciones valientes y libres. Es nuestra responsabilidad, aunque siempre sea limitada, esa comprensión de la totalidad de la realidad, observando, sopesando, valorando, para tomar decisiones en el momento presente, pero extendiendo la mirada hacia el futuro, reflexionando sobre las consecuencias de las decisiones. Quien actúa responsablemente pone la propia actividad ante los derechos de los demás y ante el juicio de Dios. Este sentido ético aparece hoy como un desafío histórico sin precedentes, tenemos que buscarlo, tenemos que inserirlo en la misma sociedad. Además de la racionalidad científica y técnica, en la situación actual se impone la vinculación moral con una responsabilidad social y profundamente solidaria.

    3. Para completar esta reflexión, además del humanismo integral que respete la cultura original y la responsabilidad solidaria, considero fundamental para afrontar el presente: el diálogo constructivo. Entre la indiferencia egoísta y la protesta violenta, siempre hay una opción posible: el diálogo. El diálogo entre las generaciones, el diálogo en el pueblo, porque todos somos pueblo, la capacidad de dar y recibir, permaneciendo abiertos a la verdad. Un país crece cuando sus diversas riquezas culturales dialogan de manera constructiva: la cultura popular, la universitaria, la juvenil, la artística, la tecnológica, la cultura económica, la cultura de la familia y de los medios de comunicación, cuando dialogan. Es imposible imaginar un futuro para la sociedad sin una incisiva contribución de energías morales en una democracia que se quede encerrada en la pura lógica o en el mero equilibrio de la representación de intereses establecidos. Considero también fundamental en este diálogo, la contribución de las grandes tradiciones religiosas, que desempeñan un papel fecundo de fermento en la vida social y de animación de la democracia. La convivencia pacífica entre las diferentes religiones se ve beneficiada por la laicidad del Estado, que, sin asumir como propia ninguna posición confesional, respeta y valora la presencia de la dimensión religiosa en la sociedad, favoreciendo sus expresiones más concretas.

    Cuando los líderes de los diferentes sectores me piden un consejo, mi respuesta siempre es la misma: Diálogo, diálogo, diálogo. El único modo de que una persona, una familia, una sociedad, crezca; la única manera de que la vida de los pueblos avance, es la cultura del encuentro, una cultura en la que todo el mundo tiene algo bueno que aportar, y todos pueden recibir algo bueno en cambio. El otro siempre tiene algo que darme cuando sabemos acercarnos a él con actitud abierta y disponible, sin prejuicios. Esta actitud abierta, disponible y sin prejuicios, yo la definiría como humildad social, que es la que favorece el diálogo. Sólo así puede prosperar un buen entendimiento entre las culturas y las religiones, la estima de unas por las otras sin opiniones previas gratuitas y en clima de respeto de los derechos de cada una. Hoy, o se apuesta por el diálogo, o se apuesta por la cultura del encuentro, o todos perdemos, todos perdemos. Por aquí va el camino fecundo.

    Aqui adjunto en este comentario las palabras del Santo Padre dirigida a los jovenes argentinos que asistieron a la Jornadas en Rio de Janeiro.
    Un saludo cordial

    ENCUENTRO CON LA CLASE DIRIGENTE DE BRASIL

    DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO

    Teatro Municipal de Río de Janeiro
    Sábado 27 de julio de 2013

    Excelencias,
    Señoras y señores

    Gracias por su atención. Tomen estas palabras como expresión de mi preocupación como Pastor de Iglesia y del respeto y afecto que tengo por el pueblo brasileño. La hermandad entre los hombres y la colaboración para construir una sociedad más justa no son un sueño fantasioso sino el resultado de un esfuerzo concertado de todos hacia el bien común. Los aliento en éste su compromiso por el bien común, que requiere por parte de todos sabiduría, prudencia y generosidad. Les encomiendo al Padre celestial pidiéndole, por la intercesión de Nuestra Señora de Aparecida, que colme con sus dones a cada uno de los presentes, a sus familias y comunidades humanas y de trabajo, y de corazón pido a Dios que los bendiga.
    Muchas gracias.

  • G. Bruno dijo:

    Quien iba a pensar que Cubadebate borre un escrito de Marx y sin embargo le de plena luz a cualquier cosa que diga el Papa! Denle un dedo a la religion y perderan las dos manos.

  • Tukutú dijo:

    Dele un dedo a la Religión y arderas en deseos de entregarle tus manos.

    "Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios" Rom. 1.16

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