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El “Juguete nuevo” de Daniel Chavarría

En este artículo: Cuba, Cultura, Daniel Chavarría, Literatura
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Daniel Chavarría. Foto: Roberto Chile

Daniel Chavarría. Foto: Roberto Chile

Por Lyda Borges
Radio Rebelde

Para complacer a quienes disfrutan de la compañía de un buen libro, el programa “Visión”, de Radio Rebelde, se vistió de lujo con la presencia del escritor uruguayo, Daniel Chavarría, uno de los grandes de la literatura moderna en idioma español.

Los seguidores de su vida y obra saben que, aunque proviene de la parte oriental del Cono Suramericano, ha ratificado en disímiles ocasiones su condición de escritor cubano.

Como trabajador infatigable de la creación literaria, en esta oportunidad Chavarría sorprenderá al público lector con un conjunto de relatos titulados Juguete nuevo, su primera incursión en el género de cuento, que será presentado en la venidera Feria Internacional del Libro Cuba 2012.

El ejemplar vendrá acompañado de un disco, en el que se podrán escuchar en la voz del propio autor sus narraciones, hecho que constituye para él una novedad en el mercado, porque pudiera traer muy buenos resultados a las personas sin hábito de lectura; sin dudas una propuesta muy sugerente si se tiene en cuenta que Chavarría fue hace años “un actor bastante atrevido”, como él refiere.

En la fiesta internacional de las letras se publicará también la novela Joy, acontecimiento singular pues se trata en realidad de su primera obra en ese género, escrita hace 38 años y ahora rehecha. “… son exactamente los mismos contenidos, con la misma secuencia, la misma estructura pero yo ya sé escribir un poquito mejor que en el año 1978, cuando se produjo la primera edición…”

Chavarría, quien en ocasiones ha reflejado su preferencia por el género de la novela, explica que el cuento es como un Juguete Nuevo para él, de ahí el título de su obra.

Sobre el tema, refiere también “no sé si fue García Márquez quien dijo que cuando se escribe una novela se procede con la construcción de una casa: tú puedes hacerla, después no te gusta determinado elemento estructural, de organización y tumbas una pared, abres un espacio donde no lo había y la puedes hacer poco a poco; el cuento no, el cuento es como fraguar cemento, sale o no sale, de primera y de un tirón.”

Autovalorado como un escritor retórico, verboso, locuaz, que gusta de armar tramas complejas, afirma que el cuento no admite ese estilo, de ahí que en ocasiones anteriores intentara escribirlos y no funcionaran.

Sin embargo, hace un tiempo tuvo una idea que le pareció buena, decidió escribirla y le salió en tres horas de un domingo; así nació Juguete nuevo.

Según asegura, en menos de un año, ha logrado concebir alrededor de 40 cuentos, de ellos 16 estarán en el libro y 8 en el disco.

Además de Joy, se ofrecerá una reedición de sus novelas Príapos, Viudas de sangre y Una pica en Flandes.

Se han publicado 6 comentarios



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  • Krlitos dijo:

    Daniel es un escritor extraordinario y me siento orgulloso que el se sienta cubano pues lo veo mas mio. Lo conocí cuando yo ya tenia habitos de lectura y por él me convertí en adicto, sobre todo de sus libros los cuales los he releido al menos un par de veces desde “Completo Camaguey” Para ser breve GRACIAS DANIEL

  • Garibaldi dijo:

    Daniel Chavarría, sin ser un icono es tremendo escritor, es uruguayo y se hizo escritor en Cuba..aunque su vision de cuba y sus problemas siempre estuvo limitado por el compromiso y el agradecimiento a esta isla y su gobierno por acojerlo despues de huir de las dictaduras latinoamericanas…escribe para entretener..es muy realista, salvo cuba, insisto, pero me he leido casi todos sus libros..escritor franco nada despreciable..

  • Gina dijo:

    He leído muchas de sus novelas pero para mi no hay como sus memorias,excelente¡ realmente escribe con pleno conocimiento de causa porque ha sido un gran actor de su propia vida; estoy interesada en conocer esta nueva faceta en la que incursiona, debe ser tan bueno como en sus novelas.

  • argos dijo:

    EN ESTE LADO DE LA MUERTE

    A la memoria de Teresa.

    I

    El médico me dice que me prepare porque Magali se va a morir. Yo lo miro a los ojos tratando de descubrir dónde está la mentira. Y no la veo.
    Me dice que sea fuerte. No le hago caso y se va. Magali empieza a decir cosas. Le cojo una mano y se la aprieto. Necesito que me sienta aquí. Habla hasta que la enfermera viene y la inyecta. Es raro pero no siento dolor cuando le dan el pinchazo. Solo veo a una enfermera que hace su trabajo y después le dice algo a la otra enfermera. La otra me mira. La que la inyectó se va y la otra me dice.
    – Ahora se ha quedado dormida. Es mejor así para que descanse.
    Después, también se va. Me siento en la silla. Me recuesto. Miro al techo y veo una mancha. Miro esa mancha. Cuando no se puede hacer nada es mejor mirar cosas. Una hora. O dos. No sé.
    Al poco rato Magali empieza a hablar otra vez y la enfermera viene. Le digo que le dé una pastilla y me mira. Después mira en un papel.
    – Lo siento pero eso no está indicado aquí.
    Le pregunto si no puede hacer algo. Dice que sólo llamar al médico pero que ya sería la cuarta vez en la noche, que hay que ser humanos porque ese médico está doblando guardia.
    Por su cara me doy cuenta que eso no debe ser bueno para él. Entonces siento la peste. Magali no avisa cuando necesita la cuña.
    – Mejor ocúpese de eso- me dice la enfermera y se va.
    Voy al baño. Traigo el cubo y la limpio. Después le pongo talco y perfume. Le pido una bata limpia a la enfermera y me dice que no hay. Entonces le pongo una bata de casa. Magali me mira y trata de sonreír pero la cara se le hace una mueca. Entonces yo trato de sonreír y tampoco puedo.
    Veo que se queda tranquila y me recuesto otra vez en la silla. Todo el cuerpo me duele. Mañana vienen a relevarme. Aunque no quisiera irme. Me gustaría estar aquí hasta al último minuto. No sé por qué pero me gustaría.
    Pensando en eso me quedo dormido.

    II

    La señora de al lado me llama. Miro a Magali, parece que mejora. Es como si hubiera encontrado la forma de vencer al cáncer. Esa forma no existe. La señora de al lado me dice que llame a la enfermera porque ahora sí Magali se está muriendo.
    Voy hasta donde duermen las enfermeras y la veo allí. Con un ronquido suave y me da pena. Si Magali se va a morir de todas formas no hay por qué echarle a perder el sueño. La pobre, tan cerca de la muerte todos los días. A lo mejor sueña con algo hermoso. Su vientre sube y baja a un ritmo parejo, confiado.
    Tengo pena despertarla.
    Vuelvo a la sala. Magali me agarra una mano. Me aprieta y me hace una seña. Pero a mí me da pena despertar a la enfermera, la pobre. A lo mejor con esos sueños hermosos.
    Ahora Magali me quiere arrancar el brazo. La beso en la frente y llamo a la enfermera. Ella se pone la mano en la boca y bosteza. Se levanta. Camina delante de mí con otra jeringuilla en la mano.
    – Esa es una reacción lógica ante la enfermedad. No me puedes molestar cada vez que creas que se va a morir. Yo sé que es duro pero nosotros no podemos hacer nada.
    Dice y mueve el culo y simula que camina rápido. Por la manera en que lo hace se ve que le gusta su trabajo. Tengo deseos de preguntarle pero no me atrevo.
    Cuando llegamos parece que se da cuenta de algo que yo no sé. O que sé muy bien pero no quiero aceptar. Me mira. Ensayo una sonrisa nerviosa. Ella bosteza sin ponerse la mano, me dice que va a llamar al doctor y se va.
    A lo mejor después se acostará y seguirá con esos sueños.
    Ahora, en la sala, todo el mundo está despierto. Me miran. Yo miro a Magali. Sin tocarla. Me paso así mucho rato. Sin sentarme ni nada. Como si fuera un hombre de concreto. En la sala algunos se aburren. A otros les entra sueño y en diez minutos otra vez estoy solo. Con Magali. Sé que tengo que llamar por teléfono, pero sigo rígido, mirándola, como si en verdad fuera un hombre de concreto.
    Cuando el doctor aparece todavía me encuentra así. Dice que necesita trabajar y me aparto. Toca a Magali. Escribe en una hoja, y así por un rato. A lo mejor a él también le gusta su trabajo.
    Otra vez me siento. Apoyo el codo en la rodilla y un puño bajo la barbilla. En la pared encuentro un punto fijo, mío.
    – Sería conveniente que fuera a buscar al camillero.
    Me dice el doctor. Sin mirarme.
    Salgo a un pasillo infinito y con poca luz. Bajo unas escaleras y me encuentro otro pasillo igual. Camino despacio. Pienso en Magali. Sé que tengo que buscar un teléfono. Toco en una puerta pero no se abre. Vuelvo a tocar y una voz dice que ya va. Espero.
    Al rato un hombre con cara de sueño se para en el hueco de la puerta. Me mira y pregunta qué pasa.
    Le digo y me voy.
    Cuando llego a la sala el doctor me ve y respira satisfecho.
    – Debe esperar aquí al camillero – dice y se va.
    Han tapado a Magali con una sábana inmensa. Quiero verle la cara pero la enfermera entra en ese momento y me dice.
    – Ya no está permitido descubrir el cadáver.
    Entonces quiero sentarme en la silla pero la silla no está. La señora de al lado es la nueva dueña. Se da cuenta. Me mira y hace un gesto como diciéndome que no la voy a necesitar más.
    Ahora soy un hombre de cemento que espera al camillero. La enfermera me dice que si necesito algo no tenga pena en llamarla. Yo no le hago caso y se va. Pienso en Magali. Hace diez días estaba bien, o al menos eso creíamos.
    Después no pienso en nada.
    El hombre con cara de sueño aparece empujando una camilla. Pide permiso y la gente se aparta como si estuviera infestado. Me dice que coja a Magali por los pies y la movemos, sin quitarle la sábana. Después le da un empujón a la camilla.
    Yo lo sigo. Como un perro. Tengo las manos detrás y miro al suelo. Cuando hemos caminado unos metros se para en medio del pasillo. Se recuesta a la pared. Dice que con esa ropa no puede trasladar a Magali, que tiene que ser con un pijama con los cuños del hospital. Yo le digo que ya averigüé y no hay pijamas. Después no digo nada.
    Estamos así por un rato hasta que me dice que vaya a insistir, que a lo mejor entienden mi dolor. Eso dice el hombre con cara de sueño.
    Otra vez camino por el pasillo infinito pero ahora en sentido contrario. Subo unas escaleras, salgo a un cubículo y toco en una puerta.
    – ¿Quién es?
    Dice una voz.
    – Soy yo.
    – ¿Quién es yo?
    Pregunta y no respondo. Entonces la puerta se abre. Me dicen que no hay pijamas limpios. El país. La crisis. Me explican. Me voy.
    Le digo al hombre con cara de sueño. Él no entiende. Hace un gesto y sigue recostado a la pared. Miro a Magali, ahora es un bulto bajo una sábana inmensa. Son las dos y media de la madrugada. El hombre con cara de sueño bosteza y me pregunta.
    – ¿Qué vamos a hacer?
    Y yo no sé qué vamos a hacer. Sólo miro a Magali. Muerta. En medio del pasillo. Con una bata de casa porque falta un pijama con los cuños del hospital.
    – Espérame aquí – me dice de pronto el camillero y sale caminando rápido.
    Da unos pasos largos. A lo mejor le gusta su trabajo. Es posible que le pregunte. O a lo mejor no. La gente ahora no quiere hablar de su trabajo.
    Estoy sólo con Magali en medio del pasillo. Me duele la cabeza y siento un dolor terrible en el estómago.
    Creo que al hombre con cara de sueño le fue bien recostado a la pared. Y me recuesto pero no se está nada bien. De todas formas sigo así por un rato.
    – Menos mal que lo encontré – dice el doctor que me ve y respira satisfecho-. He estado buscándolo y no lo encontraba – me da un papel para que firme. Lo hago y respira tranquilo-. Gracias. Menos mal que me di cuenta – guarda la pluma en su bolsillo blanco-. Yo sé que es una situación difícil para usted pero debe saber que hicimos lo necesario para demorar este momento. Sea fuerte. Cualquier cosa que necesite no dude en localizarme – se va.
    Mañana irá a su casa, tranquilo. Al llegar se quitará la bata y le amasará las nalgas a una mujer blanca y hermosa que lo espera, dispuesta a abrirle las piernas. Es posible que después ella le pregunte.
    – ¿Un día malo, cariño?
    Y él le responderá que no, que todo normal.
    – ¿Algún fallecido, cariño?
    Insistirá ella. Pero él la besará suavemente en los labios y la convencerá de que está muy cansado.
    – ¡Ya está!
    Dice el camillero que llega con un pijama nuevo en la mano.
    – ¿Tienes veinte pesos ahí?
    Me pregunta y no le respondo.
    – Ayúdame a quitarle la ropa.
    Otra vez veo a Magali que ya no es Magali sino un cuerpo hinchado. Desconocido.
    Él se queda mirándola y después empezamos a vestirla.
    – Oiga, la compañera estaba gordita. Le queda un poco estrecho pero no importa. Esto sólo es para trasladarla hasta allá abajo- me vuelve a preguntar si tengo veinte pesos.
    Le digo que no sé.
    – Tengo que pagar este favor sino me pongo en mala en ropería- dice. Busco en los bolsillos y le doy un billete. Él lo guarda y le da un empujón en la camilla.
    Pienso en Magali. Desnuda. Con aquel pijama estrecho sobre el amplio cuerpo de cadáver hinchado.
    Llegamos frente al elevador y él dice que tengo que bajar por las escaleras. Lo miro fijo. Le pregunto si no le da miedo ir en un elevador solo, con un cadáver. Me dice que para él los cadáveres son como sacos de papas. Me muerdo el labio y miro al suelo.
    – Te espero allá abajo.
    Empiezo a bajar las escaleras y pienso en lo que ha dicho sobre los cadáveres. Está claro que no puedo hacer nada contra eso.
    Cuando llego abajo me dicen que ha seguido para “el cuarto de las papas”.

    III

    Un negro alto fuma de una cachimba. Está vestido con una bata blanca salpicada de sangre.
    – Ambia, tenemos que esperar a que pongan el agua.
    Miro a Magali. Ahora le cuelga un número. Como si fuera una vaca.
    – Siéntate por allá junto a la familia de los otros. Este ambiente no es bueno – el negro alto no se saca la cachimba.
    Después se pone a llenar un crucigrama, de pie, dice que para no dormirse. Al rato parece que se aburre porque se pone a hacer cuclillas hasta que le oigo decir.
    – Setenta y ocho.
    Lo miro pero no le digo nada. También miro al bulto que es Magali. Ya está mal vestida con un pijama con cuños del hospital pero ahora esperamos por el agua.
    – Valor, ambia, valor – dice el negro y sale.
    Soy un hombre de hielo y con hambre en medio de un montón de bultos a los que les cuelga un número. Cuando el negro alto regresa trae una bandeja repleta y empieza a comer.
    – Está fría, ¿sabe?, si no te brindara un poco. ¿Sabes cuántos esperan a que pongan el agua?
    Hago un gesto.
    – Cinco- dice y señala su colección de cadáveres perfectamente alineados en un cubículo tan hermoso como un matadero-. Esta es una noche cabrona. Y hasta las cinco no ponen el agua. Aquí abajo el agua es tan importante como los dólares. ¿Qué te parece?
    A mí no me parece nada. Él deja a un lado la bandeja y vuelve a ocuparse del crucigrama.
    – Hueso plano, triangular, que forma la parte posterior del hombro – dice y se queda pensativo, me mira-. ¿No te gustan los crucigramas, verdad, ambia?
    – Si consigo agua ¿tú crees que podamos…?-estoy diciendo pero no me deja terminar.
    – ¡Qué va, tú me quieres fundir la pincha! Si los cabrones de higiene te agarran trayendo un cubo, qué digo un cubo, una gota de agua, me desaparecen. Además, aquí cada ñampio tiene su número en la cola, ambia.
    Viene hasta donde estoy. Me pone la mano en el hombro. Me habla como si fuera el personaje de una telenovela o un padre grande que derrama todo el amor sobre una causa perdida.
    – De todas formas ya no se puede hacer nada, mi hermano.
    Me acerco a Magali y le acaricio los pies por encima de la tela.
    – ¿Era tu vieja, verdad? Mejor siéntate allá afuera. Coge un poco de aire. Ten paciencia- me dice él.
    Entonces me siento en un rincón, como un perro. Pongo los brazos sobre las piernas. Busco un punto fijo en el suelo. Y no lo encuentro. Por más que trato, no lo encuentro.

    Autor: Argenis Osorio Sánchez
    secdocente.iifrente@medired.scu.sld.cu

  • Gaitan Guaimare dijo:

    Excelente noticia. Lamentablemente aca en Venezuela nos cuesta conseguir sus libros. Lei Príapos y me encantó. Agradecería al que le compete hacer todo el esfuerzo por difundir su obra en nuestro país.
    Un saludo de fin de año.

  • Michel Vega Fuenzalida dijo:

    Otro reto para la feria de libro: conseguir su libro. Desde hoy comienzo a contactar con personas para que llegue a mis manos ese “Juguete nuevo”. Desde que leí “Joy” hace buen tiempo, me he bebido toda su obra menos “Viudas de Sangre” que la tengo, pero ese comienzo de los zares…… Espero leerla en el 2012. Tengo también su firma en uno de sus libros, soy muy feliz por esto, porque fue una carrera contra reloj, mi mamá me dijo con 1 hora de antelación dónde estaba usted ese día, yo estaba a más de 10Km con poca oferta de camellos, llegué a la sala donde había lanzado un libro suyo cuando solo quedaban 2 colas esperando por su firma, sin mirar compré el libro suyo que me faltaba, pacientemente esperé por quedar delate de usted y decirle: “Para Michel”. Solo 2 preguntas: ¿Cuándo vendrá a la Isla de la Juventud? hasta donde sé una pierna lastimada impidió el día antes que tomara el avión, no importa si es en Feria o no, no pregunte dónde se va a quedar, mi casa le tiene las puertas abiertas. “Una pica en Flandes” presenta a los buenos de la película, como decimos en Cuba ¿y los malos cuándo son presentados? Mucha salud Daniel, Feliz 2012.

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